Hay una cosa invisible tras el aura de los cuerpos, agonía de luz que las nubes barren, rosa que en tu útero se abre, martirio de amor, duda entrañable.

¿Qué espíritu sin dios contruye la arquitectura de los sueños?

¿Qué indicio ignoto?

Hay una cosa invisible tras los pezones de titanio de estos androides que pululan por las calles anónimas, bombas inocentes, criaturas bastardas, toda la abstracción del arte moderno.

¿Qué voz cantará la última nota del réquiem?

¿Quién osará negar el advenimento del silencio?

Hay una cosa invisible tras el urinario de Duchamp, en el espacio interior de Chillida, el anhelo trágico, saturnal y fáustico, los balcones de La Pedrera, las grutas del Parc Güell, el viejo Maragall en la fuente de Camprodón: He assaborit els secrets de la terra misteriosa (he saboreado los secretos de la tierra misteriosa), la patria más antigua, la palabra.

¿Quién nos salvará del infierno nihilista, de la tiranía de la industria, la máquina y el comercio?

La alquímia del verbo, la música de los místicos, el ángel mensajero: escucha, escucha, la materia habla, hablan los pájaros, habla la hoja verde, la llama que somos, el barro, el semblante del viento: escucha, escucha, la huella de los muertos bajo la lluvia, el templo solar de los íberos, el eco de la luna, liturgia de mar y de estrellas, cosmogonía creadora: escucha, escucha, Llull en la cima de Randa, entre el cielo y el infierno, Al Aaraaf, el exorcismo de la lengua, la casa del ser, paisajes del alma, atlántidas hundidas, Machado enterrado en Collioure, la sangre y la ceniza: escucha, escucha, la nueva geometría, los nombres de los árboles, el milagro de la vida que vuelve a renacer, el deseo hecho carne, un hombre sucesivo que se escribe con sombras, dice Rosales, la casa más íntima del hombre, la patria más antiga, la palabra.

TONI IBAÑEZ