Sergio-Jesús Rodríguez

El estupor y la niebla

 

 

 

El autor nos entrega ahora este volumen de poesía novísima, que busca su razón de ser en la innovación, sí, pero también en la tradición: los sonetos.

En El estupor y la niebla se nos desvela una insospechada realidad poética que no niega, antes bien afirma y abraza a los desamparados, al amor y a la sabiduría. Aquí, la pluma de este escritor jalisciense nos ofrece su credo al tiempo que los frutos de su obra.

 

 

Diseño: Carlos Alberto Hernández Castellanos, fotografía: Marco Aurelio Rivera Sáenz. Acento Editores, 2001, Guadalajara, Jalisco, México, 102 páginas. Este libro, al término de su tiraje, fue integrado junto con otros poemas, en La niebla y otras geografías, a partir de 2003.

 

 

 

Los hijos del estupor

[Fragmentos]

 

 

 EN LA sombría transparencia

de esta ciudad informe

con sus diversos tonos del asombro,

las avenidas y sus múltiples epidermis

desvelan bajo la piel clara del día

lo que la noche engendra en sus penumbras.

 

Un limosnero ciego

con la mirada fija en el espíritu

del caos invicto,

que le ha quemado con su cal viva las pupilas,

se incorpora y avanza

entre la multitud y el tráfico de autos

para proclamar voz en grito

los nombres de los hijos del estupor

y el de las calles

por donde se deslizan como sombras.

 

                        ***

 

EN EL estupor del espejo

que se asoma a las alcobas,

el tálamo es de arena,

los amantes de polvo,

el amor una fragancia que gotea.

 

                        ***

 

BROTAN DEL espejismo incurable

de una placenta prodigiosa

en el torrente del asfalto vivo.

 

Brotan aún con ceniza en el ombligo

y en sus pechos, cautiva con espinas,

la castísima flor de la inocencia,

dispuestos más que nunca

a la consagración del estupor.

 

Brotan de la rabiosa ortiga

a la hora puntual y humeante

en que las piedras descarnadas

se desgajan sin prisa.

 

Brotan temibles y cainitas

del alcohol profundo de los vidrios.

¿Acaso las vidrieras

no son las uñas muertas de un cadáver?

 

Éste cadáver: la ciudad entera,

con el cáncer letal

que gangrena sus úteros

y calcina sus próstatas.

 

Brotan en su perfecta desnudez

sucios, con hambre, caprichosos,

sus andrajos son alas

con que bordonean

en plazas y mercados populares.

 

Su lengua escupe lava de almendros

que deja piedras a su paso

con que se construyen

catedrales y torres de Babel

todos los siglos de los siglos.

 

 

 

De

La niebla florece

 

Juan José Arreola

 

                               A un hombre de honor

   EN EL congreso de los hombres sabios

arde la llama de tu voz prudente,

porque fuiste raíz, fruto y simiente

de un pueblo que te lleva a flor de labios.

 

   El siempre Justo nos libró de agravios

a España y a la América durmiente

cuando sembró en su página doliente

el volcán del idioma entre tus labios.

 

   Maestro de consciencia generosa,

lazarillo de Dios en la palabra

custodia nuestro sueño y nuestra lengua.

 

   Sé un corazón gemelo que sin mengua

nos enseñe a nombrar mientras se labra

el amor en tu estirpe vigorosa.

 

 

***

 

 

Las agujas de Casandra

 

   EL MÍNIMO estertor de la escafandra,

la brújula y su rosa legendaria,

la piedra, el escorpión, la milenaria

alcoba perfumada de Casandra.

 

   El naufragio precoz de la balandra,

pergamino es de riscos la precaria

ínsula de cristal en su palmaria

escritura de humeante salamandra.

 

   De nuevo el sauce imaginado en llamas,

la atmósfera y su arpón boreal de agujas,

la sirena en su cántico de escamas.

 

   De nuevo el girasol y las cartujas

húmedas de la lluvia, las retamas,

el abismal espejo y sus burbujas.

 

 

***

 

   EN MI pecho prendiste con un beso

la carnal joya de tus labios tiernos,

mas también por desdicha los infiernos

en que soy sombra entre las sombras preso.

 

   Y tu cuerpo en las sábanas impreso,

el cabello revuelto hasta perdernos

como dos lenguas y como dos pernos,

son el culto y la fe que yo profeso.

 

   Sabes que creo en Dios y en tu mirada,

en tus hombros dorados por el mar,

en tus altos pezones orgullosos.

 

   Creo en tu pubis crespo, en tus suntuosos

muslos de ágil gacela que al saltar

me otorgan del amor su encrucijada.

 

 

***

 

                                               A ti, que te conocí tan tarde

   PORQUE TU boca exacta es una flor

que nombra el fruto tierno del deseo,

han trazado en mi cuerpo su aleteo

tus manos mariposas del fulgor.

 

   He soñado contigo, tu calor,

el descenso en feliz caracoleo

de tu cabello rubio cual fraseo

que describe en mi lengua tu sabor.

 

   Mi pecho es el santuario de tus besos,

de tu ombligo legítimo, amoroso,

de la audaz alpinista de tus dientes.

 

   Y cuando en tus pezones florecientes

broto desde mis labios tumultuoso,

sé que hemos vuelto del abismo ilesos.

 

 

***

 

El puente en la alcoba

 

                      Para mi Ariadna

   DE INSONDABLE ternura tu mirada

es un extenso puente que nos lleva

de un que sólo soledad abreva

a un nosotros de amor en la alborada.

 

   De los labios emerge platinada

la amante voz de mar que urgente eleva

dos babélicas lenguas de piel nueva,

mas ruinosas sucumben en la nada.

 

   Feliz pasión enhiesta como el plexo

de tus pechos mojados, jadeantes,

y el beso eterno, sin escapatoria,

 

   en la lívida almendra de tu sexo

—grávida flor solar de los amantes—

hacia un cíclico puente sin memoria.

 

 

Derechos reservados ©2007 Sergio-Jesús Rodríguez

 

 

 

 

 

 

 

 

La niebla y otras geografías

 

 

 

Escribir poemas es un ejercicio de juventud. Quien traza un poema intenta salvar la palabra de su desgaste natural, restituirla en su misterio primigenio. Así pues, leer y escribir poesía es preservar el corazón joven, creer que no todo está perdido.

Con La niebla y otras geografías, Sergio-Jesús Rodríguez nos ofrece un muy personal jardín, en el que brotan flores diversas y entrañables: minerales, criaturas angélicas, los desposeídos, la mujer, la vida... Realidades poéticas, a veces brutales, que son en el credo y los frutos de este escritor jalisciense, una búsqueda del amor y la sabiduría.

Esta publicación es una segunda edición de El estupor y la niebla, aumentada con textos que incluye entre otros «Mineral de dos reynos», «Cantos en el Main» y «Santuario en la hojarasca».

 

 

Ilustración y diseño: João Rodríguez, diseño: Sergio Araht Ortiz Rosales. Foto anteportada: Marco Aurelio Rivera Sáenz. Ediciones Euterpe, 2a. edición, 2006, Guadalajara, Jalisco, México, 184 páginas.

 

Derechos reservados ©2007 Sergio-Jesús Rodríguez

 

 

De

Reyno naciente

 

                   CON SABIDURÍA de otro Diógenes

                   urde su andar de caracol traslúcido

                   echa andamios raíces pulsaciones

                   aovillada quietud de estrellas

                   que insospechada edifica

                   una catedral impía,

                   el contumaz recinto donde mora

                   un triste murciélago de penumbras

 

                   Qué solitaria castidad de zarza

                   Qué soledad de espejo en su placenta

 

                   También hay signos claros y videntes

                   un llanto cálido de sal en flor

                   el reflujo del guano en que palpita

                   un crujiente rumor de hembra en celo

                   Proserpina y su sombra siamesa

                   la plata insomne que arde sobre el agua

 

 

 

***

 

ADVINO CON las sombras, su espíritu era el mantillo carbonífero de la madrugada. Una iridiscencia metálica templaba su risa, crispación de savia impredecible. Su nombre corresponde a la santidad de los óleos que fatigan cálices, inscripciones y arboladuras rupestres en las cavernas

El cristo de esa concordia de minerales preciosos llevaba por corona la virgen del carbón y la amatista señera; por túnica el intrépido cobalto en su feliz textura de seda, y por sangre, el rojo cobrizo, casi sacrílego, de un metal impronunciable para los lobos, que suelen llevar por signo, entre su pelaje en llamas, el nitrato de sodio

Así, pues, bajo la luna entorpecida, descendió por fisuras labradas en rocas silvestres, era su guía un cabello de fósforo, con el fin de desnudar la gota en su perfecta geometría de rubí, ante el rostro del mercurio legítimo y volcánico

 

 

De

Reyno poniente

 

[RELOJ]

Hay organismOS CUYOs latidos son pequeños y ardientes rubíes. Sus engranajes compiten con los pulsos del silicio: sombra de sombras en la transparencia. Nítida guadaña que devana y ataja el frío cristal.

 

 

[RASTRILLO]

Lleva poR CORBATÍN el signo de Átropos. Cigüeña mudable, anda en un pie a salto de mata, en busca del cabujón en la barbilla, pues su amo, como el mantis, será seducido por otra encarnación de Afrodita.

 

 

[VAJILLA]

En su mayor virtud hogareña, la porcelana es el ama de llaves en la mansión del paladar. Hay nombres insignes en su árbol de caolín, cuarzo y feldespato, pero el amor es su raíz meticulosa, su llama santa.

 

 

 

 

De

Cantos en el Main

 

 

6

                            HABLEMOS del corazón

                            con la elegancia del trébol,

                            sabedores de que la memoria

                            es un relámpago de nardos

                            y el dolor la encrucijada del fuego.

 

                            Desconozco tu historia

                            ángel de amorosa lluvia,

                            mas cada amanecer a tu lado

                            me viene con la ráfaga de tu cuerpo

                            el sortilegio de tus promesas

                            y la castiza premonición

                            del alba en llamas.

 

                            Duérmete a mi lado

                            salamandra de ceniza blanca.

                            Duerme con la paz del cazador.

 

 

 

20

                            EN TU corazón, España

                            también yo

                            con el corazón desnudo

                            me baño en la saliva mineral

                            de esta luna catalana

 

                            Barcelona prueba el cáliz

                            de mi sangre joven y amarga:

                            soy un ruiseñor de América,

                            una sílaba, un grano de arena.

 

                            Soy el suspiro

                            de un árbol fecundo

                            con dos ausencias en las costillas:

                            una se quedó junto al Main

                            a orillas del Taunus,

                            y otra me ha dado

                            gota por gota las palabras

                            todas mis palabras.

 

 

 

[FRANKFURT]

34

                   LA VIDA es un interminable inventario

                   de encuentros y despedidas,

                   ¿cuántas veces debemos amar?

                   ¿cuántas debemos llorar?

                   ¿y a cambio de qué, o por qué?

                   Claro, las promesas, las fatigosas promesas...

 

                   Pero somos criaturas rituales,

                   nos gusta repetir hábitos

                   como mi beso en tu brazo

                   mientras dormías profundamente.

 

                   Qué entrañable es despedirse

                   con lágrimas en nuestras bocas

                   con el anhelo de retornar

                   al jardín de tu sexo, a la orilla de tu río,

                   al cálido esplendor de tus pechos.

 

                   Llevo el corazón dividido.

                   Hice maletas, hicimos el amor

                   y dejé en tu armario una camisa,

                   una parte de mi sombra.

                   A cambio, llevo conmigo

                   tu frágil polen y otros obsequios.

 

                   En el aeropuerto has prometido

                   ante decenas de testigos

                   y decenas de lenguas: soy tuya

                   dices adiós, yo digo te amo

                   te doy un beso y vuelo a México.

 

                   Prendiste una fíbula en mi pecho,

                   y ¿qué me queda?

                   ¿Una promesa más para otro inventario?

 

                   El tiempo tiene sus posdatas

                   y el corazón sus motivos,

                   no más preguntas, no más promesas:

                   un viento agazapado salta

                   y él tiene las respuestas.

 

 

 

De

«La niebla florece»

 

 

[BOSQUE]

                      EN MI LENGUA tus párpados navegan

                   con la preñez de dos vientres dormidos,

                   mi boca es un naufragio de latidos

                   yerba que sólo tus suspiros siegan.

 

                      Dibujo la sonrisa que me entregan

                   tus labios, dulces pájaros heridos,

                   con su flora de besos presentidos

                   si las hogueras de tus manos niegan.

 

                      Pero qué niegan si tu cuerpo abraza,

                   si en mi espalda tus dos leonas bravas

                   rugen, retozan, rasgan a la caza.

 

                      Soberana indefensa entre mis brazos

                   heme aquí tal y como me esperabas

                   que sediento a tus muslos van mis pasos.

 

 

 

***

 

                      DESCANSA ángel amargo del dolor,

                   la noche es clara y sueña enfebrecida

                   en lenguas que se dan en su embestida

                   los bondadosos frutos del amor.

 

                      Como la transparencia de un licor

                   hay caricias que muestran una herida,

                   la ráfaga de luz desconocida

                   que nos deja en el sexo su temblor.

 

                      Al mirar nuestro solitario ombligo

                   vemos la ardiente soledad de un beso,

                   la copa de ternura en la desgracia.

 

                      Por tanto, mi buen ángel estás preso

                   justo a orillas del mundo, aquí, conmigo,

                   donde la mutua entrega es una audacia.

 

Derechos reservados ©2007 Sergio-Jesús Rodríguez

 

 

 

 

 

 

 

Alhajas

 

 

 

La invención del ser es invención de lo inefable, fugaz tesoro apenas aprehensible mediante palabras, metáforas, signos. En estas Alhajas, Sergio-Jesús Rodríguez celebra lo que en sí mismo es celebración, efímero y realidad absoluta: la vida.

 

Diseño: Sergio-Jesús Rodríguez. Ediciones Euterpe, 2007, Guadalajara, Jalisco, México, 64 páginas. 

 

  

Piel

 

I

        MI empeño es descifrarte a ciegas

        con mi lengua y con mis dedos,

        si abro los ojos

        tu resplandor todo lo alumbra…

                —Silencio, corazón,

                que ella bajo mis besos tiembla.

 

  

II

        TU piel —transparencia, luz y eco,

        es misterio en claridad.

        Nada te nombra.

        Cuando deshojas tu vestido

        las palabras se esfuman.

        Sólo queda el amor. Su asombro.

 

 

 

 

Pluma

 

I

                COMO una brújula perdida,

                gira en mitad de la nada:

                norte de ausencias.

                ¿De qué golondrina ha caído?

                ¿Qué desplumada nube

                lanza entintado su relámpago?

 

II

                LA arrastra un soplo misterioso,

                trémula boga en lo blanco

                del sepia al negro,

                como follaje de árbol crece y

                jamás llega a la orilla,

                nuez rota que late en un río.

 

  

 

Lengua

 

I

                ENTRE el ardiente sol del cielo

                y el de esta escritura pálida

                mucho se pierde,

                como su calor matinal

                tirados en la playa,

                mas ganamos su alma sonora.

 

II

                HÚMEDA y tibia teje el tiempo,

                sus frutos son las palabras,

                transparente árbol

                del más allá y del más acá,

                frontera de los besos,

                llama que salva o nos condena.

 

 

 

 

Pies

 

I

                LA belleza es licor que embriaga,

                tus pies son raíces, pétalos

                y colibríes,

                cada paso andas sobre nubes,

                perfume inapresable

                tocas sin que nada te toque.

 

II

                ¿ACASO imprime el pez en agua

                sus nerviosos coletazos?

                El hombre, sí,

                y también la mujer descalza

                que el sol tuesta en la playa.

                Nuestra huella es la transparencia.

 

 

Otoño

 

II

                LOS árboles a diario escriben

                y el viento es un buen cartero,

                bajo tus pasos

                cuánto amor y cuántas desdichas

                arderán en la senda

                que los robles han alfombrado.

 

 

Perfume

 

I

                CRIATURA de ponzoña tersa

                ni medusa, ni diamante

                ni ceiba en llamas,

                dispara sus agujas ciegas

                y la luz es más luz

                y la noche, noche estrellada.

 

 

Derechos reservados ©2007 Sergio-Jesús Rodríguez

  

 

Alma negra

 

 

El misterio de nuestra naturaleza humana es inagotable; Sigmund Freud le dio nombre a ese abismo y lo llamó «subconsciente», los credos de fe, más orientados a lo mágico, prefieren denominarlo «alma». Independientemente de su nombre y de la cosa que le dé consistencia, es el despeñadero y la superficie del misterio esencial, lo más obscuro y lo más diáfano. De eso trata Alma negra, una indagación poética sobre algo que figura, desfigura y transfigura nuestra realidad y nuestros sueños.

 

Diseño: Sergio-Jesús Rodríguez. Ediciones Euterpe, 2007, Guadalajara, Jalisco, México, 120 páginas.

 

 

 

De

Alma negra

 

 

Lo que es del río

 

TODOS saben que tengo el alma negra, todos,

y es verdad, ¿por qué no?

En nosotros hay un río: somos un río.

Toda frontera hacia el infierno

—qué importa cuál,

colinda con un río carnal,

a veces su rostro es tierno

y otras, monstruoso.

Yo soy el río negro, la negra mancha en la camisa,

     en el mantel, en el asfalto de la calle. Soy

     negro, profundamente negro…

 

 

¿Mar, río?

 

¡BASTA! Quién eres tú y tú, y yo: quién rayos

   somos...

Somos más que nosotros...

Somos Yo haciéndose pedazos en las palabras.

La Transparencia inunda todo.

Nos une el lodo

Nos une la locura del verbo

Nos une un ombligo acerbo

Somos negrura…

Esos que pregonan el misterio detrás del mis-

   terio, en verdad que nada saben. El misterio

   es claridad y transparencia; de nada sirve

   ocultar a nuestros ojos lo que es diáfano,

   ni siquiera nos interesa. Si bien el mar pro-

   fundo es obscuro, no es menos cristalino y

   los peces que lo habitan a su modo «ven».

   Estamos ciegos por elección. No te hace

   falta despertar: estás despierto. Sólo mira

   en torno, aprende a ver, la Transparencia

   hablará contigo...

[fragmentos]

 

 

 

De

¡Destella, luciérnaga, destella!

 

[…]

          —Te sentí por primera vez aquí,

                el crujir de las hojas dijo es ella,

                tu perfume atrapó como una ola

                abrumadora, nítida y caliente

                la transparente brújula de mi alma;

                dijiste algo y tu voz me iluminó.

 

                —Qué quieres decir con eso…

 

                —Tu cuerpo es luz, la luz que necesito

                para alumbrar mis pasos. Me iluminas.

 

                —Tú qué sabes de la luz,

         tus ojos nacieron muertos;

                nada sabes de la luz

                y nada sabes de mí…

 

                —Te equivocas, yo sé tocar la luz.

                Bajo la superficie de tu piel

                sentí la luz profunda de tu cuerpo

                y eras una cascada luminosa.

 

                —Dos veces ciego y dos tonto:

                tú pagaste por caricias.

                Si viste y tocaste luz,

          hice bien y valgo más,

                soy una puta, recuérdalo.

                Tú quieres mi corazón

                y ése no lo tengo en venta.

 

                —No importa, con el mío basta y sobra.

                En un país de ciegos como el nuestro

                que no ven lo profundo y nada ven,

                con mis dedos te veo y eres luz.

                Permanece a mi lado, yo te cuido…

 

                Tu silencio parece un muy largo…

 

                ¿Por qué callas así, te has esfumado?...

 

                Tu perfume se borra, ¿será un no?...

 

Cualquier momento es bueno para amar

al fin que el sacrificio, si hay que hacerlo,

no será el corazón sino sus lágrimas

y soledad tan pura tan sutil

que el dolor será un árbol cristalino

a orillas del abismo: a sus orillas.

                                                                         [fragmento]

 

 

 

De

La casa del mundo

 

 

  

[…]

   En esta alcoba un corazón escribe          

no tú, ni yo, ni nadie, pero escribe,

el rumor de su lápiz nos fabula

tú lees mientras yo escribo y respiramos…

si te detienes, el rumor se apaga

no obstante alguien respira en lo profundo, 

tu voz suena en mi voz, y en nuestras voces

habla mi padre igual que un sabio río.

 

A veces equivocas las palabras,

entonces retrocedes y las borras

para apuntar las mías con tu voz       

y sin embargo no soy yo el que escribe

sino la voz en una vaina de ecos,

corregir tus palabras es pulir

la transparencia sílaba por sílaba.

 

Somos un árbol de raíces frescas          

que beben el licor de los cadáveres,

la escritura es el pálido follaje

al que la voz se trepa como un pájaro

y decir lo que digo es no decirlo

sino poner en labios de otro un canto,   

el que entonan los vivos y los muertos.

 

Cada una de estas letras, cada signo

despierta un latir sobre esta blancura

tan transparente que al ojo es obscuro;

mi padre dice por tu boca soy,                      

y en verdad es él cuando nos pronuncia

y en la punta de nuestra lengua vibra

el gusto salitroso de sus lágrimas:

sí, el amor es la herida de la muerte.

[fragmento]

  

 Derechos reservados ©2009 Sergio-Jesús Rodríguez