
El santo mártir y diácono Vicente vivía en Zaragoz en los tiempos del emperador romano Maximiano, es decir, en el siglo III después de Cristo. Otros autores sitúan su vida y martirio bajo la persecución de Diocleciano (año 304). En la Hispania romana gobernaba Daciano, conocido por su dureza contra los cristianos. En Zaragoza, que entonces se llamaba Caesaragusta, el trono episcopal fue ocupado por el santo obispo Valero, y este mismo Santo Valero es hoy día el santo patrón de la ciudad. En otros santorales le encontramos con el nombre helenizado de Hilario. Vicente, al lado de su obispo, enseñaba con celo al pueblo de Dios los sagrados dogmas de la Fe Ortodoxa provocando la ira del gobernador Daciano, que arrestó al obispo y al diácono, les encerró en la cárcel y, después de encadenarles con pesadas cadenas, les trasladó a Valencia y les metió en una celda sucia y oscura. De este terrible presidio, a los pocos días, sólo sacó a Vicente para torturarle hasta que renegara de su fe. El salvaje Daciano ordenó que desgarrasen las carnes de Vicente con hierros puntiagudos; a continuación le clavaron a una cruz de madera y le golpearon en todo el cuerpo.
Lleno de heridas le desclavaron de la cruz y le torcieron sus miembros, golpeándole y, al mismo tiempo, quemando sus costados con fuego. Una vez que todos los miembros hubieron sido desarticulados y colgasen inertes de sus articulaciones dañadas, continuaron con el martirio bestial colocándole hierros candentes en el pecho y traspasándole con espetones pasados por el fuego. El santo soportó todos estos sufrimientos con perseverancia y, de una manera milagrosa, permaneció vivo. Enfurecidos, los verdugos le volvieron a meter en la cárcel. Vicente, ya en prisión, fue digno de recibir visita y ayuda divinas. Muy felíz y reconfortado por su visión, entregó el espíritu a su Señor rezando y sucumbiendo a sus graves heridas. Una multitud de ángeles se apresuraron a cubrir el cielo azul de Hispania para recibir el alma del gran mártir, cantando himnos y glorificando la victoria de la iglesia militante de Cristo. Los sagrados restos mortales de San Vicente fueron enterrados en Valencia, pero su memoria se celebra cada año, tanto en Oriente como en Occidente, el día 11 del mes de noviembre. San Vicente es el más insigne de los mártires hispanos y su culto se propagó enseguida por todo el mundo. San Agustín lo elogia escribiendo de él:
"Quosque vel Romanum Imperium vel christianum nomen extenditur natalem non gaudet celebraret Vicentii?" (PL. 38, 1257)
¡Oh! Santo Mártir de la bellísima tierra de los españoles, ruega por la salvación del pueblo de Zaragoza, tu tierra natal, de España y de todo el mundo, para que nosotros, como tú, confesemos a Cristo por los siglos. Amén.
Megalinarion
Salve, antorcha divina de España,
gloria de Zaragoza, tesoro de Valencia,
salve, inagotable torrente de milagros,
bienaventurado Vicente, orgullo de diáconos.
[Texto recogido de Santoral Ortodoxo Hispano]
Create a free website at Webs.com