Se puede leer en los registros del estado de Anginskoe, del distrito de Irkoutsk, en Siberia Oriental, esta común inscripción: el 26 de agosto de 1797, la mujer del sacristán de la iglesia San Elías el profeta, Eusebio Popov, ha dada nacimiento a un hijo que ha sido denominado Juan.
Así comienza la vida terrestre de aquel que sería el gran y santo obispo Inocente Veniaminov. Su padre, que tenía una salud mala, se ocupó él mismo de la instrucción del niño desde que éste alcanzó la edad de 5 años, y en menos de un año supo leer y escribir. Eusebio murió poco después, a la edad de cuarenta años, dejando a su mujer y sus cuatro niños en una gran privación. Su hermano, Dimitri Popov, diácono de la misma parroquia recogió a los niños y tomó en sus propias manos su educación. Juan era muy dotado, tanto es así que a la edad de siete años estuvo a cargo de la lectura de la epístola durante
En el seminario, Juan se hizo rápidamente el mejor alumno de su clase. Él era grande, gallardo y de una bella apariencia, pero su carácter estudioso, y su madurez precoz, no lo hacían muy popular entre sus condiscípulos, y además pasaba gran parte de sus horas de ocio en el taller de mecánica del padre David. Adquirió así un conocimiento de mecánica que le sería muy útil luego. El joven hombre leía mucho; sobre todo obras espirituales, le gustaba estudiar historia, astronomía, botánica y otras materias científicas.
El año 1817 representa un momento decisivo para el joven hombre. Tenía que elegir, en esta época, entre el matrimonio y los estudios superiores. Optó por el matrimonio y esto cambió el curso de su vida. Terminó sus estudios en el seminario en 1818. Juan había sido ordenado diácono en 1817 y destinado a
En 1823, el Santo Sínodo pidió al obispo de Irkoutsk, nombrar un presbítero para la isla de Unalaska (isla del Archipiélago de las Aleutianas, que prolonga Alaska) cuyos habitantes habían abrazado la fe cristiana. El padre Juan Veniaminov había conocido a Juan Krukov, un ruso que había vivido en Unalaska, con los aleutianos, durante casi cuarenta años. Volvió a Irkoutsk para intentar convencer a un presbítero para ir a Unalaska. El padre Juan cuenta: "yo estaba presente cuando Jean Krukov se despidió del obispo. Comenzó a hablar del ardor de los aleutianos en la plegaria y en la audición de la palabra de Dios (¡que el nombre de Dios sea bendito!). De repente yo me sentí lleno, como de un fuego devorante, del deseo de ir hacia esa gente. Me acuerdo claramente como ardía de impaciencia esperando el momento de informar al obispo de mi intención, y como éste pareció estar sorprendido, respondiéndome simplemente ‘veremos...’"
El obispo, no queriendo perder a un presbítero tan excelente, hizo esperar su decisión durante un cierto tiempo. Finalmente, viendo que el joven presbítero estaba resuelto a partir, le dio su bendición y lo nombró misionero para la región de Unalaska. Fue el 7 de mayo de 1823 que con un pequeño grupo partió para la extraordinaria aventura. Este estaba compuesta por cinco personas: el padre Juan, su mujer y su pequeño hijo Kenya, la madre de su mujer y el hermano del padre Juan, Esteban, ordenado lector antes de la partida. Se detuvieron en la ciudad natal del padre Juan, donde este último celebró
Una de las primeras tareas del padre Juan fue la de construir una gran iglesia. Los Aleutianos estaban llenos de admiración frente a la habilidad y la destreza de su presbítero y mostraron un gran deseo de aprender todo lo que él podía enseñarles. El padre Juan construyó el iconostasio y el altar con sus propias manos. La iglesia fue acabada después de un año de trabajo y consagrada el 29 de julio de
Otra tarea muy importante fue la de aprender la lengua del país y la de familiarizarse con los numerosos dialectos de esta inmensa parroquia.
La parroquia de Unalaska se extendía sobre una extensa distancia, comprendiendo numerosas islas. El padre Juan hacía sus rondas en pequeñas piraguas aleutianas (Bidarka), donde se debía encontrar muy estrecho. El clima era excesivamente rudo: nieblas y vientos muy fuertes casi todo el año, con cincuenta días por año, como máximo, de buen tiempo.
Él relata un episodio extraordinario de uno de sus viajes, que revela el fervor profundo con el cual ciertos aleutianos acogían la fe ortodoxa, lo sagrado no estaba ausente de sus vidas antes de la llegada del presbítero.
"En 1828, cuenta el padre Juan, me fui en bidarka a la isla de Akun. Fue durante
Diez años de fecundo trabajo transcurrieron para el padre Juan en Unalaska. Durante este período, reeditó su famoso sermón Sobre la vida que lleva al Reino de Dios, en dialecto Fox-aleuta, traducido después en Tlingit, en francés y en inglés y que tuvo 46 ediciones en ruso. Su Catecismo y su Historia sobre
El padre Juan y su familia pasaron los primeros años de su estadía en una choza subterránea esperando que se termine la casa de madera que el padre Juan construía. Todo en la casa fue hecho por él, incluso el reloj. No estaba nunca inactivo, pasaba sus tardes trabajando de mecánico o enseñando a los niños. Amaba llevarlos a hacer largos paseos y hacerles conocer la naturaleza.
Al cabo de diez años de esta vida, el padre Juan se mudó a la nueva Arkhangelsk (hoy Sitka). Él y su familia llegaron allí en 1834 durante la gran epidemia de viruela que se llevó mas de diez mil personas de Alaska meridional. Mas de la mitad de la población Tringlit pereció.
La epidemia no tocó la región de Sitka mas que en 1836. El padre Juan aún no había podido establecer con los Tringlit lazos de amistad que le hubiesen permitido penetrar en sus casas. No se lamentó de esto pues, como dirá más tarde: "Imaginaos lo que hubieran pensado los Tringlit si la epidemia se hubiese repartido después de mi visita a sus hogares" Sin embargo fue esta epidemia la que le permitió ganar la confianza y la amistad de sus habitantes. Comenzó a hablar su lenguaje e intentó, después de un cierto tiempo, hacerles aceptar la vacunación, a la cual ellos eran muy hostiles. Los shamanes estimularon, por otra parte, esta reticencia. Sin embargo, al cabo de poco tiempo, los Tringlit advirtieron que la enfermedad afectaba menos a los rusos que a ellos. Comenzaron, en fin, a comprender que el presbítero ruso intentaba sinceramente ayudarlos y venían entonces a pedir ser vacunados.
El padre Juan acompañó al médico, el doctor Bliashke, en las ciudades donde vacunaron a todos aquellos que así lo quisieron. El hecho de que la epidemia terminó poco tiempo después de la campaña de vacunación impresionó profundamente a los Tringlit, que se mostraron desde ese entonces muy dispuestos a escuchar al presbítero, tanto más cuanto que este último les hablaba en su propia lengua. El padre Juan se puso con su ardor habitual a traducir los libros Santos en Tringlit, a abrir escuelas y a establecer programas de instrucción para los adultos.
Para subvencionar las necesidades de la misión, creó un taller de mecánica, donde se fabricaban organillos para exportarlos a los territorios españoles de California. A los Tringlit y los Haidas les gustaba la tecnología y se mostraron llenos de celo para secundar a su presbítero. Durante cinco años, trabajó sin descanso, con amor y paciencia, para hacer en este nuevo lugar lo que ya había cumplido en Unalaska. Es durante este período que escribió sus Notas sobre el Tringlit, el Konlak y otras lenguas de
Este gran misionero llevó asi una multitud de hombres a
En San Petersburgo, el padre Juan presentó sus peticiones al Santo Sínodo y, esperando sus decisiones, emprendió la tarea de hacer conocer al pueblo ruso Alaska y las misiones ortodoxas. Visitó diversos centros y fue después a Moscú para encontrarse con el Metropolita Filareto. La simpatía entre los dos hombres fue inmediata. El Metropolita decía a menudo de Veniaminov: "hay algo de apostólico en este hombre." Finalmente, mucha gente se interezó en sus asuntos y una suma considerable se reunó para la misión.
Cuando el padre Juan volvió a San Petersburgo en el otoño, supo que sus pedidos habían sido aceptados: sus traducciones serían publicadas, presbíteros serían enviados a Alaska, y la misión sería sostenida.
Durante
Volvió con la resolución de aceptar la tonsura monástica. Se le concedieron becas a sus hijos: sus dos hijos fueron inscritos en
Entretanto, el Santo Sínodo había elevado la misión de Alaska al rango de obispado. El emperador Nicolás habiendo elegido entre tres candidatos, designó a Inocente Veniaminov como obispo de Alaska. Es el 15 de diciembre de 1840, en
El nuevo obispo partió hacia la nueva Arkhangelsk (Sitka), el 10 de enero de 1841. Se detuvo en Irkoutsk para rezar sobre la tumba de su mujer, aquella que había sido su compañera de tantos años de pena y gozo compartidos. Los ciudadanos de Irkoutsk le hicieron un recibimiento entusiasta. Muchos de entre ellos se acordaban aún del presbítero de parroquia caluroso, lleno de amor y de compasión. Las campanas de las iglesias sonaron y todo el clero vino a ofrecerle votos de larga vida. Celebró
El obispo Inocente Veniaminov llegó a la nueva Arkhangelsk el 27 de septiembre de 1841. Se puso rápidamente a trabajar con impetuosidad, para recuperar los tres años de ausencia. Para comenzar tomó la decisión de hacer reconstruir la vieja iglesia de San Miguel Arcángel, construida en 1816 por el padre Alexei Sokolov, y que cayó en ruinas. Puso la primera piedra de un seminario que continuó existiendo hasta 1859. Hizo construir numerosas escuelas para los Tringlits, así como un orfelinato e hizo con sus propias manos una gran parte de los bellos muebles de esta residencia.
Su diócesis era inmensa, saltando los mares septentrionales de un continente a otro. Los habitantes pertenecían a tribus nómadas o seminómadas y los pueblos y ciudades se encontraban diseminadas en extensas regiones salvajes aún poco conocidas. A pesar de esto, el apóstol de Alaska, estaba resuelto a ocuparse personalmente de su rebaño. Emprendió entonces largas y azarosas jornadas para ir de visita a las más lejanas extremidades de su territorio. Es así que necesitó tres meses para llegar a Petropavlovsk en Kamtchatka (ciudad fundada por Vitus Bering, que da su nombre al estrecho). Por todos lados este buen pastor fundaba escuelas, tanto que los indígenas tuvieron rápidamente una tasa de alfabetización superior a aquellos rusos que habitaban en Siberia. El famoso comerciante de libros itinerante I. I. Golubev, afirma que él distribuyó más de 18.000 libros en la diócesis del obispo Inocente en el curso de una sola jornada, lo que constituía un buen testimonio sobre la obra educatriz del apóstol.
Inocente logró en 1844 poner en obra la construcción de una nueva catedral que fue terminada en 1848 y consagrada durante la fiesta de
Dos años más tarde, el obispo, fue elevado al rango de arzobispo y mudado a Yakoutsk. La archidiócesis incluía ahora Alaska y Kamtchatka. En Yakoutsk, el infatigable Inocente, comenzó la traducción de los Libros Santos y los oficios en la lengua Yakoutsk. El 19 de julio 1859 el arzobispo mismo celebró gozosamente
En junio 1857, Inocente volvió a San Petersburgo para participar del Concilio General de Obispos. Fue entonces que dos obispos fueron designados para asistirlo en su tarea: el obispo Pablo para Yakoutsk y el obispo Pedro para Sitka. Sobre el camino de retorno el arzobispo pasó por la región del río Amour, visitando las parroquias y comunidades para juzgar sus situaciones y sus necesidades espirituales. Todo a lo largo del río, en cada ciudad, se detenía para celebrar los oficios.
Le sucedía, además, de pedir bruscamente que se parara el barco en una aglomeración costera y se ponía a predicar a todos aquellos que se encontraban allí. Nada quedaba oculto al pastor: viajaba y comprendía todas las miserias y todas las necesidades del pueblo tanto sobre el plano material como sobre el plano espiritual.
Finalmente, sentía tal compasión por toda esta gente que decidió vivir entre ellos. El 1862 se instaló en Blagoveshchensk. El cansancio y la edad comenzaron a hacer sentir sus efectos y la vista de Inocente descendió mucho. Creyó necesario pedir al Santo Sínodo permiso para tomar su retiro. Pensó que los fieles tenían necesidad de un obispo más joven y más enérgico. Pero Dios decidió otra cosa una vez más. El 19 de noviembre de 1867 el Metropolita Filareto rindió su alma bendita a Dios. El Sínodo y los otros obispos fueron unánimes en pensar que el arzobispo Inocente debía sucederlo.
Cuando recibió el mensaje pidiendole ir inmediatamente a Moscú, fue fuertemente turbado. Pero había sido siempre obediente a la voluntad de Dios y después de una noche de plegaria, comenzó los preparativos del viaje. Su viaje a través de Siberia fue triunfal pues era profundamente amado y venerado. Por todos lados multitudes lo acogían con lágrimas y plegarias, mirando partir a su buen pastor y sabiendo que ellos no volverían a ver en este mundo su rostro bendito.
El 25 de mayo de
El prelado ahora anciano, de más de 72 años, olvidando que estaba enfermo, extenuado y casi ciego, se puso a la tarea con la fe, esperanza, amor y entusiasmo del que siempre hizo prueba. Reorganizó la administración de
El Metropolita Inocente tenía la edad de 81 años en 1879. Consagró 58 años de su vida al servicio de
Él reposa en el cementerio del monasterio de
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