La zona de sombra del alma

Exploraciones sobre la literatura de horror

1. Libros de sangre

 

 

Una conocida frase del escritor británico Clive Barker reza:

 

«Todos somos libros de sangre; dondequiera que nos abran estamos rojos».

 

Más que un mero chiste, ésta es una posible metáfora para la psiqué humana: cada uno de nosotros, de una u otra manera, en mayor o menor grado, posee muchas clases de temores. Al dolor, al hambre, a las alturas, a la responsabilidad… y es por eso que la ficción de horror funciona. Lo que hace el escritor de este género es elegir, de forma a veces causal, a veces consciente, uno o varios de esos miedos innumerables que el libro de sangre de nuestra mente puede contener. Pasa las páginas y busca aquellas que son particularmente «rojas», esos puntos sensibles que producen una reacción violenta con el más leve roce. La literatura de horror se ocupa de cualquier cosa que sea remotamente capaz de perturbar, de aterrar, a un ser humano, y por muy estoico que sea el lector, tarde o temprano habrá una obra capaz de dar con su miedo particular. No importa cuán íntimo y secreto sea; de hecho, mientras más íntimo sea, más implacable será el dedo puesto en la llaga. Porque nuestros miedos son legión, pero también son sólo retoños del miedo primero y ultimo: el miedo a la muerte.

 

Lovecraft decía: «La más antigua e intensa emoción humana es el miedo, y el más antiguo e intenso tipo de miedo es el miedo a lo desconocido».

 

Y lo Desconocido-Definitivo, añadiría yo, es la muerte. Cito de nuevo, ahora al filósofo Francisco González-Crussi:

 

«En el ámbito de la experiencia humana, sólo hay dos temas sobre los que vale la pena escribir: El Amor y la Muerte. Y, si tuviéramos que abreviar, podríamos bastarnos con uno…»

 

Los dos únicos temas universales para la poesía, la ficción…, y nuestros sueños. Y si el miedo, la angustia, el horror y la muerte son una parte inexplicable de la vida humana, ¿qué es la literatura sino el arte de plasmar por escrito de manera estética los diversos aspectos de la experiencia humana?

 

Cierto que el horror suele ocuparse de sucesos y conceptos sobrenaturales, irreales y fabulosos; pero esto no quiere decir que sea un mero instante de evasión de la realidad. En lo sobrenatural permean obras tan dispares como Pedro Páramo, Macbeth, Don Juan Tenorio, La Metamorfosis, Fausto, Ulises; ¿son por lo tanto, obras de evasión? Eso sí, lo fantástico hace más difícil la lectura de cualquier obra; para lograr la «suspensión de la incredulidad» necesaria, requiere una imaginación l bastante intensa, lo bastante fuerte, para derribar por un momento la barrera de la razón. La gente que dice no leer relatos fantásticos porque «nada de eso es real», o que, si lo hace, se ríe de los acontecimientos sobrenaturales como escéptico exacerbado, lo hace porque su imaginación es muy débil; porque a su mente le falta la «fuerza» necesaria para suspender su propia incredulidad y disfrutar de lo fantástico.

 

Antes de continuar, pongámonos de acuerdo en la terminología. Hasta ahora he utilizado la palabra «horror» como término genérico, pero los puristas del idioma pueden protestar. Hay muchas definiciones aplicadas a las palabras principales que dominan a este género, todas contradictorias; la que yo prefiero en lo personal es la siguiente:

 

El terror es la variante más sutil, limitada a las emociones, a la atmósfera; es ver una puerta cerrada, escuchar pasos arrastrados al otro lado y, sin verlo, saber que algo esta ahí.

 

El horror es lo que nos resulta físicamente horrible; es cuando la puerta se abre a medias y vislumbramos a una criatura espantosa salida de la tumba.

 

El gore o asco es lo que nos causa la repugnancia y asco de manera directa y profunda; es cuando la puerta se acaba de abrir y vemos la carne amoratada y podrida del ente, los gusanos removiéndose en las cuencas de sus ojos.

 

Aclarado esto, regresemos en el tiempo. Regresemos hasta el principio.

 

 

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