5. La novela: alaridos de largo aliento
En un principio, la atmósfera lo era todo en el terror; por tratarse de un género casi por completo limitado al ámbito de los cuentos cortos, la caracterización no sólo pasaba a segundo plano, a veces desaparecía por completo; es, en cambio, esencial para la novela. Esto dejó de ser así cuando la aparición de El exorcista convirtió a la novela de horror de excepción en regla. Ahora, la caracterización se ha vuelto indispensable. La clave se encuentra en crear unos personajes sólidos y tridimensionales, convenciendo al lector de su «realidad», inspirando simpatía en él; hacer que los comprenda, estime, se preocupe por ellos. Y si se preocupa por ellos, cuando el horror comience, el lector sentirá lo que ellos sientan.
Stephen King nos ha dado el modelo para la novela de horror, del mismo modo que Lovecraft nos dio el modelo ara el cuento de horror medio siglo antes, y este modelo que vemos repetido en un gran número de autores contemporáneos, como T.E.D. Klein, John Skipp & Craig Spector, Dean R. Koontz consiste en algo que, de hecho, se remonta a la serie de Rod Serling Dimensión desconocida (Twilight Zone): colocar a personas ordinarias en situaciones extraordinarias y observar sus reacciones. Podemos ver que muchos autores no pertenecientes a un género específico, hacen exactamente lo contrario: poner a personas extraordinarias en situaciones ordinarias. Los ejemplos van desde El idiota, de Dostoievski, hasta El Lobo Estepario, de Hesse. Y este es, según creo, el motivo del auge de ventas del horror contemporáneo, que tanto ha minado su «respetabilidad»: el público amplio -la gente de la calle, digamos- puede comprender, e identificarse con, personajes que son tan ordinarios como ellos mismos; en cambio, un individuo extraordinario, que se conduce en la vida con parámetros distintos, como un lobo estepario, un inadaptado social, ya sea que trasciende o es aplastado por ella, no va a ser no va a ser asimilado por quienes carecen no sólo de dicha calidad extraordinaria, sino también de la inclinación por los juegos intelectuales de un conocedor de literatura.
En el horror también solemos encontrar a personajes extraordinarios, por supuesto; pero la razón de que predomine el protagonista ordinario es que en una obra, por ejemplo, El Lobo Estepario, el objetivo de la novela se encuentra en explorar esa personalidad extra con el mundo cotidiano, cuestionando éste por tales medios; en cambio, una novela de horror no busca analizar un personaje extraordinario sino las reacciones de las personas normales al enfrentarse a lo terrible.
Semeterio de mascotas (Pet Sematary) de Stephen King, por ejemplo, nos muestra una familia que sirve de ejemplo para explorar las diversas maneras de afrontar la muerte en la cultura norteamericana, desde su trivialización, hasta la hipocresía de las normas sociales fúnebres, y la actitud ante ella de diversas personas de acuerdo con sus experiencias personales. El mundo cotidiano es cuestionado no por ser visto fuera de perspectiva, sino quebrantando sus cimientos, convirtiéndolo en una máscara que oculta una realidad desconocida.
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