«Por apremio de la fe, estamos obligados a creer y mantener que hay una sola y Santa Iglesia Católica y la misma Apostólica,
y nosotros firmemente lo creemos y simplemente lo confesamos, y fuera de ella no hay salvación ni perdón de los pecados,
como quiera que el Esposo clama en los cantares:
Ella representa un solo cuerpo místico, cuya cabeza es Cristo, y la cabeza de Cristo, Dios.
En ella hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo [Ef. 4,5].
Una sola, en efecto, fue el arca de Noé en tiempo del diluvio, la cual prefiguraba a la única Iglesia, y, con el techo en pendiente de un codo de altura, llevaba un solo rector y gobernador, Noé, y fuera de ella leemos haber sido borrado cuanto existía sobre la tierra.
Mas a la Iglesia la veneramos también como única, pues dice el señor en el Profeta:
Oró, en efecto, juntamente por su alma, es decir, por sí mismo, que es la cabeza, y por su cuerpo,
y a este cuerpo llamó su única Iglesia, por razón de la unidad del esposo, la fe, los sacramentos y la caridad de la Iglesia.
Esta es aquella túnica del Señor, inconsútil [Jn. 19,23], que no fue rasgada, sino que se echó a suertes.
La Iglesia, pues que es una y única, tiene un solo cuerpo, una sola cabeza, no dos, como un monstruo,
es decir, Cristo y el vicario de Cristo, Pedro, y su sucesor,
puesto que dice el señor al mismo Pedro:
Si, pues, los griegos u otros dicen no haber sido encomendados a Pedro y a sus sucesores, menester es que confiesen
no ser de la ovejas de Cristo, puesto que dice el Señor en Juan que hay un solo rebaño y un solo pastor [Jn. 10,16].
Por las palabras del Evangelio somos instruidos de que, en ésta y en su potestad, hay dos espadas: la espiritual y la temporal...
Una y otra espada, pues, están en la potestad de la Iglesia, la espiritual y la material.
Mas ésta ha de esgrimirse en favor de la Iglesia; aquella por la Iglesia misma.
Una por mano del sacerdote, otra por mano del rey y de los soldados, si bien a indicación y consentimiento del sacerdote.
Pero es menester que la espada esté bajo la espada y que la autoridad temporal se someta a la espiritual...
Que la potestad espiritual aventaje en dignidad y nobleza a cualquier potestad terrena, hemos de confesarlo con tanta más claridad, cuanto aventaja lo espiritual a lo temporal...
Porque, según atestigua la Verdad, la potestad espiritual tiene que instituir a la temporal, y juzgarla si no fuere buena...
Luego si la potestad terrena se desvía, será juzgada por la potestad espiritual;
si se desvía la espiritual menor, por su superior; mas si la suprema, por Dios solo, no por el hombre podrá ser juzgada.
Pues atestigua el Apóstol:
Ahora bien, declaramos, decimos, definimos y pronunciamos que someterse al Romano Pontífice
es de toda necesidad para la salvación de toda humana criatura.»
Redactada por el PAPA BONIFACIO VII ( Ver Biografía )
Volver a la página del MISTERIO de BABILONIA