Turning Point







Volumen 01 - Capítulo 05

Fukubuchō















Yuji sonrió para sus adentros. Sus compañeros lo miraban como si de repente tuviera dos narices, pero él ni siquiera lo notó. Era obvio para todos los que estaban sentados en esa mesa que el payaso de la clase estaba con la cabeza en otro lugar.

Haruka soltaba carcajadas mientras miraba la expresión embobada del tenista.

—¡Creo que está completamente out! ¡No sabía que Otsuki-kun fuera del tipo que se queda embobado cuando está enamorado!

—Entonces no hizo mucha diferencia. Ya es naturalmente bobo —comentó Maho.

Los otros se rieron brevemente con ese comentario. No era un secreto para nadie que, desde que Yuji conoció a Otome, él se había interesado en ella aunque no era el único, ya que ella era muy guapa. Siendo así, cuando la joven lo abordó y enseguida le pidió salir, Yuji no podría haber estado más feliz.

El aura de enamorado brotaba de la figura de Otsuki para quien quisiera verlo. Eso ocurría principalmente cuando los dos estaban en el mismo lugar pero no lo suficientemente cerca para conversar ni estar a solas. Como ejemplo de ello, siempre que la joven entraba al comedor a la misma hora en que ellos estaban, Yuji se perdía mientras sus ojos se fijaban en su novia y no se despegaban de ella hasta que Otome salía del recinto o se acercaba lo suficiente para despertarlo del trance.

Cierta vez Tetsu le preguntó por qué no la invitaba a comer con ellos pero el otro sencillamente no respondió. Takagi sospechaba seriamente que, a pesar de estar juntos hace casi ocho meses, la pareja todavía no se había habituado a estar juntos en presencia de sus compañeros... O sino, lo que era más probable, Otsuki temía quedar como un bobo delante de su novia. De cualquier forma, al menos hasta que se empalagasen, aquella escena era muy divertida.

Fue entonces que la joven Satou miró en dirección a la mesa de ellos, sus ojos negros fijos en el rostro de su novio. El grupo entero se dio cuenta y se volteó hacia su amigo, ansiosos por ver la reacción de éste. Yuji sonreía todavía más embobado que antes y la saludó discretamente antes de levantarse y despedirse de sus compañeros.

—Gente, me voy yendo. Le prometí a Otome-chan que la llevaría a dar una caminadita hoy antes de empezar las clases. Si no aparezco no se preocupen por mí, pues estaré en buenas manos... tal vez literalmente —dijo, sonriendo casi maléficamente al finalizar la frase.

Se acercó a la mesa de su novia y le extendió una mano, que la joven aceptó. Tomados de la mano, la pareja atravesó la puerta y desapareció por los corredores de la escuela.

Aún sentados en la mesa, Tetsuya y los otros estallaron en carcajadas.

*****


—Yuji-kun —lo llamó Otome con voz bajita y serena mientras caminaban para fuera del edificio del dormitorio, alejándose de los otros estudiantes—. Gracias.

Él hizo una ligera mueca de sobresalto, sin entender el porqué de ello. Otome comprendió lo que él quiso preguntar aun antes de que éste lo hiciera y se explicó.

—Nunca te di las gracias por aceptar mi petición, ne? No sabes lo feliz que me hizo el que aceptaras —sonrió genuinamente.

Otsuki sonrió ampliamente antes de rodearle la cintura con el brazo para atraerla hacia sí y responderle:

Dō itashimashite! Y digamos que no fuiste sólo tú quien quedó feliz por ello. Además, hay más de una manera en la que te puedo hacer feliz, Satou-chan.

La joven se rió de buena gana con ese comentario, notando la maliciosa insinuación que ya le parecía natural en su novio. A él le encantaban ese tipo de comentarios y no perdía la oportunidad de hacerlos, característica que Otome encontraba muy divertida.

—Ya lo haces muy bien. Sabes, he sido más feliz en estos últimos meses de lo que creo que fui en toda mi infancia —dijo.

Al oír eso y mirar el rostro de Otome, Yuji no tuvo dudas de que, de ser otra persona, esas palabras habrían sido proferidas en tono melancólico. No era el caso de ella. La forma como su novia lo dijo no evocaba pena ni pretendía hacer drama; Otome lo dijo con voz de contento, con una sonrisa bailando en sus labios sonrosados y también en sus ojos negros. En otras palabras, le estaba dando las gracias otra vez.

Otsuki volteó la cabeza y besó la frente blanca de la joven, para enseguida detenerse para abrazarla por detrás.

—Puedo ser la alegría de tu vida, Satou-chan, pero nada sustituye la sensación de correr con un montón de personas más mientras se juega al onigokkō, por ejemplo. Son formas diferentes de disfrutar de la vida.

Esta vez no obstante la joven se calló. No fueron necesarios más de dos minutos para que Otsuki se diera cuenta de lo que ella pensaba. La hizo girarse para mirarla a los ojos.

—Oye, no me digas que nunca has jugado al onigokkō o al kakurenbō —preguntó atónito.

Otome se mordió el labio inferior y desvió la mirada, las mejillas enrojeciéndole ligeramente. Al ver su reacción Yuji pensó que sería mejor que su novia dejase de hacer ese gesto cuando no sabía qué decir, pues no se iba a responsabilizar de sus actos si ella continuaba haciendo eso... En realidad ya no pudo resistirlo: le alzó el mentón y cubrió su boca rosada con la suya.

Sus ojos oscuros parecieron por un segundo duplicar su tamaño cuando sintió el contacto, tomada por sorpresa. Otsuki la besaba como si la felicidad de ella dependiese de ello, como si todo el mundo girase alrededor de ella. No pudo evitar que el corazón se le acelerara bruscamente en ese instante y le devolvió el beso.

Cuando se separaron poco después, él murmuró contra sus labios:

—Tienes cinco segundos para huir de mí, Satou-chan... y es toda la ventaja que te voy a dar, ya que no tengo ningún deseo de soltarte.

La muchacha no entendió lo que él quiso decir pero tampoco tuvo oportunidad de preguntar. Poco después de decirlo Yuji la empujó con suavidad antes de taparse los ojos con las manos.

—Cinco, cuatro...

Otome alzó las cejas al comprender lo que él quería y una sonrisa afloró a sus labios. Entonces se preparó para correr lo más rápido posible.

—Tres...

Ella se rió con fuerza, absolutamente divertida. Nunca había jugado a eso.

—Dos...

Apresuró el paso, tratando de poner más distancia entre ellos.

—Uno...

Ella se dirigió rumbo a los árboles en una tentativa de dificultarle la tarea a Yuji.

—¡Ya!

Otome corría canturreando entre los troncos altos del bosque. Lejos y muy delante de ellos, el río Senpaku absorbía la poca luz del sol otoñal. Tenían apenas un poco más de media hora para disfrutar de la mutua compañía.

La risa relajada de Otome al escapar de su novio era como música para los oídos de éste. Podía parecer una escena muy estúpida siendo protagonizada por dos personas casi adultas, pero eso a él no le importaba. Tenía que admitir que ella era rápida, pero no lo suficiente para escapar de él.

En pocos minutos ya la había alcanzado. Estaba a punto de tomarle la mano cuando otra idea más... interesante le vino a la cabeza. Con un poco más de impulso él se lanzó sobre ella y la arrojó al césped.

La joven Satou abrió despacio los ojos pero se sorprendió al darse cuenta de que no le dolía nada, a diferencia de lo que sospechó cuando estaba cayéndose al suelo segundos antes. Se volteó lentamente y notó entonces que Otsuki la había protegido absorbiendo él el impacto que causó. Ése se incorporó un poco con ayuda de los brazos pero apenas lo suficiente para fijar los ojos en los de ella.

Esta vez fue Otome quien salvó la distancia entre ellos y se acercó a su rostro. Se detuvo a pocos centímetros para murmurarle una petición, su aliento refrescado por las pastillas de menta que se comió después de desayunar.

Ne, Yuji. Tengo que pedirte algo.

Él no pudo evitar dejar escapar una sonrisa.

—¿Qué es, Satou-chan?

Apoyando los labios contra los de él, la joven respondió:

—Deja de llamarme por mi apellido. No me gusta...

Moviendo la boca contra la de su novia, fue el turno de Otsuki de murmurar:

—Nada me haría más feliz, Otome-chan —dijo él para enseguida ocupar el espacio vacío entre ellos y presionar el cuerpo de ella con el suyo contra el suelo, los labios de ambos unidos.

Bajo el cielo azulado y los árboles que ya presentaban los colores anaranjados de otoño, ambos permanecieron así por un rato. Si dependiera de la pareja, no saldrían más de allí, pero el sonido de pasos rápidos y pesados acercándose los alertó de la presencia de alguien más. En los pocos segundos que les llevó poner un mínimo de distancia entre ellos apareció el Huracán todo sudado.

Yuji sonrió para sus adentros. En verdad estaba deseando tener unas palabras con su compañero de clase. No perdió el tiempo.

—¡Felicidades, Tatsumaki! —exclamó, a lo que Otome y Natsuo lo miraron con semejantes expresiones de incomprensión en sus rostros—. Eres el nuevo fukubuchō.



Glosario
Onigokkō - Juego japonés conocido como “atrápame si puedes” o “tú las traes”
Kakurenbō - Variante japonesa del juego del escondite
Fukubuchō - Vicepresidente