Turning Point







Volumen 01 - Capítulo 04

Primeras prácticas















Ya era nuevamente la hora. Su nueva rutina apenas había empezado y Kazuya ya podía estar seguro de lo mucho que no le gustaba. Comenzando por la ropa: ¿por qué tenía que ser tan floja? Se sentía perdido dentro de ella y más de una vez ya se enredó de alguna forma con la tela, ya fuera cuando se la ponía, fuera durante el entrenamiento en el club, fuera cuando se la quitaba. Le gustaban las camisetas con menos “forma de bolsa”, pues no era naranja ni papa para estar dentro de bolsas...

El primerísimo día de reunión de los miembros sólo se familiarizaron con algunos términos sencillos del deporte, como “saque”, “bola cruzada”, “bola paralela”, “smash”, “volley” y otros, además de, claro, combinar los horarios de entrenamiento. El buchō tuvo que compaginar con ensayos de coro, entrenamientos de artes marciales y kendo, clases de ikebana y juegos de ajedrez para poder encontrar un momento en el que todos pudieran participar en las clases. Enseguida se dividieron y, luego de ocupar sucesivamente las canchas del gimnasio techado, se disputaron juegos individuales. Obviamente Natsuo no renunció a su compañía y ambos compartieron una cancha siempre que, por rotación, les llegaba el turno.

Bueno, tal vez “compartir” no fuera la palabra adecuada, a menos que caerse al suelo y pegarse con la raqueta formaran parte de las prácticas. Hacía lo que podía y el Huracán tenía mucha paciencia, pero Kazuya no conseguía sostener la raqueta y golpear la pelota con el dichoso objeto al mismo tiempo... El instrumento se le escapaba de las manos siempre que intentaba darle a la pelota amarilla y brillante que Natsuo normalmente le lanzaba siempre a su alcance. Olvidándose de no tener aliento para correr tras la bola, el vocalista estaba más preocupado en mantener la raqueta en la mano.

Al segundo día apenas había empezado a devolver las pelotas —tan sólo algunas— cuando Otsuki-senpai hizo sonar su silbato, anunciando el fin del juego. Tatsumaki corrió en dirección al músico, saltando la red que dividía la cancha en dos, y le dio un gran abrazo.

—¡Te felicito, Cebollita! ¡Mejoraste mucho hoy! ¡Muy bien! ¿Viste cómo ayudan mis consejos?

De hecho, basándose en la performance del solista en el primer día, Natsuo le dio algunos consejos para mejorar su desempeño en el juego. Kazuya aún no consiguió tener el control necesario sobre la raqueta, pero —al menos— ya podía darle a alguna bola sin que el instrumento le volase hasta el otro lado del gimnasio. La verdad sea dicha, sólo lo logró entre unas cinco y diez veces —como máximo— durante toda la tarde de aquel día, pero si Natsuo afirmaba que eso era progreso, no iba a ser Kazuya quien dijera lo contrario.

—Gracias, Tatsu. Okage-sama de —respondió algo ruborizado y sonriendo con timidez mientras caminaban juntos en dirección al vestuario, con el brazo de su amigo sobre sus hombros.

Mientras se alejaban, sin saberlo eran observados por el buchō, quien, curioso, no pudo dejar de notar la complicidad entre el Huracán y el Cebollita. Él también tenía amigos y le gustaba estar siempre cerca de ellos, pero nunca vio nada como lo que tenían esos dos. Siempre que veía a uno, estaba acompañado por el otro. Bueno, no era como si fueran gemelos siameses ya que, para empezar, cursaban años distintos y eran de clubes de ramos distintos —excepto el tenisbu, como fue apodado cariñosamente el club que él fundó—, pero nunca vio a uno sin que el otro estuviera cerca... Incluso en el club Tatsumaki y Negishi preferían permanecer juntos, aunque el karateka no tuviera problemas para comunicarse con otras personas.

Es más, una gran diferencia que Yuji notó entre los dos amigos estaba justamente en ese punto: el solista era callado, hablaba sólo cuando era necesario y cuando alguien le dirigía la palabra primero —cosa que rara vez sucedía— o cuando Tatsumaki estaba cerca. Casi era como si guardara su voz y sus sonrisas, por pequeñas que éstas fueran, sólo para su amigo, pues sólo charlaba con normalidad con el deportista. Y Natsuo hablaba con todo y con todos, sin restricción y sin perder el ánimo, pero prefería estar con el pelirrojo.

Otsuki llegó a preguntarse por qué no le tenía a Kazuya la misma animosidad que a Maho, ya que los dos eran callados, no se involucraban, no hablaban y, en general, parecían muñecas de porcelana, siempre con la misma expresión. Sin embargo, bastaba con agregar un Huracán para que la situación tomara rumbos distintos: por lo que Yuji notó hasta el momento, a diferencia de la médium, Negishi no mantenía una cara de pocos amigos para alejar a los demás ni siquiera porque fuera tímido... Lo hacía porque realmente no le importaba si otras personas hablaban con él o no, si era ignorado o no. Mientras que para el solista no hacía la menor diferencia si nadie hablaba con él, la médium quedaba ofendida si la ignoraban, aun cuando le tomó años al buchō darse cuenta de ello y ascenderla a la categoría de “probable humana”. Para Negi, además, la simple compañía de Natsuo ya parecía sustituir al mundo.

Definitivamente la otra gran diferencia estaba en la capacidad atlética de los dos varones, o mejor dicho en la de Natsuo, pues la del Cebollita era cero: éste apenas conseguía, cuando intentaba darle a una bola, mantener la raqueta en las manos. Pero el Huracán parecía haber nacido sabiendo usarla, lo que debe de haber hecho sufrir mucho a la señora Tatsumaki a la hora de tener a su hijo, pensó Otsuki.

Bueno, dejando esa idea de lado, Yuji retomó las ponderaciones iniciales que lo habían encauzado a esas observaciones: estaba algo preocupado por el solista y quería encontrar una manera de ayudarlo. Como buchō estaba encargado de instruir a los miembros de su club y por eso intentaba auxiliar a todos de forma equivalente, siempre alerta para no cometer injusticias. Obviamente, no obstante, él solo no iba a ser suficiente para enseñar a más de quince alumnos... Estaba empezando a sobrepasar su capacidad.

Por otro lado Negishi Kazuya había capturado su atención y cada vez más Otsuki tenía la impresión de que le habían puesto imanes en los ojos, pues parecía que su vista estaba siempre abarcando la figura del tenor. No podría mantener la concentración en las actividades del club si estaba siempre buscando preocupado el rostro del chico pálido, pero tampoco sabía cómo hablarle a éste sin tener al “guardaespaldas” cerca.

¡Él no quería separarlos, claro que no! Admiraba mucho la amistad entre esas dos personas tan opuestas, pero quería conocer más al pelirrojo, quería hablar con él... y sin terceros cerca.

Los dos eran un misterio pero formaban un dúo interesante... ¡Dúo! Yuji agrandó los ojos cuando la palabra hizo que se le ocurriera una idea. Estaba consciente de que estaba desarrollando cierta curiosidad por el solista pero aún no había tenido la oportunidad de tal vez satisfacerla hablando a solas con él.

... Hasta ahora.