Turning Point







Volumen 01 - Capítulo 03

A cada uno su horario















Si había algo que Tatsumaki Natsuo nunca entendió era por qué existía gente a la que no le gustaba levantarse temprano. En lo que a él respectaba sólo se sentía completo cuando despertaba justo después de salir el sol y, una vez terminados los clásicos preparativos matinales, practicaba alguna actividad física durante al menos cuarenta minutos. Después, claro, de largar tanta agua por los poros de su piel seguía un merecido baño y entonces ya tenía acumulada energía hasta medianoche, de ser necesario.

Era curioso que en ese punto Negi estuviera de acuerdo con él. El Cebollita podía huir del sol como un vampiro teóricamente huye de la luz —lo que ya lo llevaba a sospechar de la verdadera naturaleza de su amigo—, pero inclusive él entendía la importancia de despertarse temprano. Bueno, por lo menos lo entendió después de saber que no era saludable cambiar la noche por el día... ni productivo, ya que el resto del mundo sólo funcionaba cuando el sol estaba en alto. ¿Cómo iba a hacer él para ir a un banco o a comprar algo que no se vendiera en tiendas de veinticuatro horas?

Natsuo soltó una pequeña carcajada al acordarse de la cara de terror que Kazuya puso cuando descubrió eso. El pobre pelirrojo parecía que se iba a deshacer en lágrimas cuando entendió finalmente que no podía escapar del sol, como máximo sólo podía protegerse de él. El solista fue muy expresivo, aunque la diferencia no era tanta entonces. En aquella época todavía una persona podía saber si el pequeño Negishi quería llorar o sonreír.

Independientemente de eso, era hora de levantarse. Aún en la cama, Natsuo soltó un largo bostezo, se desperezó bien y enseguida despertó a su compañero de cuarto más cercano, Takagi Tetsuya.

—Hey, Takagi, despierta. Despierta a Sasaki mientras me cepillo los dientes.

El aludido llegó a acurrucarse más bajo las cobijas, como protestando, pero enseguida parpadeó y abrió los ojos. Saludó a su compañero entre bostezos.

—Ah, ohayō, Tatsumaki... uah...

—Ohayō —respondió el otro—. Anda, ya es hora.

Aquella era la rutina matinal del dormitorio Fuyu M8-4. Normalmente era el deportista quien primero abría los ojos. Después de estirarse despertaba a Tetsu y se iba a cepillar los dientes mientras éste se estiraba y despertaba al último compañero de cuarto, Sasaki Kyoichi, actualmente buchō del club de kendo. Por su parte, mientras el espadachín hacía su estiramiento, Takagi ocupaba el baño ya vaciado por el primero en levantarse.

Llegaba a ser gracioso cómo hacían eso naturalmente, sin cronómetros ni tampoco marcar ningún tiempo. Era como si el reloj biológico de uno se complementase con el del otro. Una vez que estaban todos listos, los tres se iban juntos al comedor a fin de comer algo liviano antes de dispersarse para desempeñar sus actividades matutinas escogidas.

Poco después, con un enorme vaso de yogur con avena en la mano, Natsuo estaba charlando con Tetsu respecto al nuevo club de Amaterasu.

—¡Me muero por comenzar! Parece que pasaron siglos desde la última vez que jugué un partido de tenis... ¡y es un deporte que le va a hacer muy bien a Cebollita, estoy seguro!

Sin saber bien qué responder, el otro sólo le sonrió.

—Sabes, Tatsumaki, por más que hables de Negishi-san, nunca lo vi... No tengo la más mínima idea de quién es. ¿En serio va a entrar al club?

Sonriendo casi maliciosamente, el Huracán respondió:

—No sólo va a entrar, sino que ya entró. Nos inscribimos ayer mismo.

—¡Un momento! ¿No me habías dicho que te ibas a inscribir en tus clubes hoy? —preguntó el otro, alzando una mano como si fuera un inspector de tránsito y arqueando una ceja.

—Sí, y lo voy a hacer. Sólo hicimos las inscripciones en el club de tenis y la de Cebollita en el club de música. Es que él detesta el sol... Sólo accedió a participar en este club porque las canchas son cubiertas, sino nunca habría aceptado por más que yo insistiese.

De alguna forma Tetsuya dudaba que eso fuera a pasar pero no le dio voz a ese pensamiento. En vez de eso prefirió dirigir la conversación al mismo rumbo donde comenzó.

—¿Y por qué no te inscribiste después que él se fue?

Sonriendo nuevamente con malicia, Natsuo explicó:

—Es que me pidió para volver al dormitorio y yo pasé la tarde con él... y parte de la noche también. Así que hoy me inscribo primero y después voy a buscarlo.

Tetsuya no sabía qué hacer con esa respuesta, por eso le pareció mejor no decir nada más. Hacía mucho tiempo, incluso antes de que su compañero viajara a China, que Tatsumaki hablaba del tal Negishi Kazuya, alias Cebollita. Las circunstancias en las que conoció al “vampiro” ya no las recordaba —si es que Natsuo llegó a decírselo— pero recordaba no haber hablado nunca con el misterioso amigo de su compañero de cuarto, aunque tal vez ya lo hubiese visto sin reconocerlo. Bueno, el que ese chico huyese del sol explicaba mucho, ya que Tetsu, muy por el contrario, apreciaba mucho la luz del día y el ambiente exterior de la escuela. Además se iban a conocer el primer día de reunión en el club, así que no iba a seguir siendo un misterio para siempre.

Los dos caminaron juntos hasta la puerta que daba al jardín del dormitorio Fuyu antes de despedirse. De ahí en adelante, durante la siguiente hora, iban a seguir rumbos distintos, pues Tetsuya acostumbraba a dedicar sus mañanas al club de artes marciales (y a su novia, pero no necesariamente en ese orden) y el otro prefería dar una vuelta corriendo alrededor de todo el campus, lo que le llevaba toda la mañana.

—Hasta luego, Tatsumaki.

—Hasta más tarde, Takagi —y se separaron.

Poco más de una hora después, mientras Kyoichi terminaba de ducharse, ya que era siempre el primero en regresar, Tetsuya preparaba su uniforme y su mochila para el día. Generalmente, mientras ocupaba el baño después de su compañero, Natsuo llegaba, arreglaba sus propias cosas y después era el último en bañarse. Hoy sin embargo las cosas fueron un poco diferentes. El joven Takagi ya había terminado de arreglarse y estaba por tomar su verdadero desayuno cuando Natsuo, haciéndole justicia a su nombre, entró al cuarto casi echando la puerta abajo, muy animado.

—¡Hey, hey! ¡Escucha esto, Takagi! ¡Estaba volviendo de inscribirme cuando vi el cuadro de avisos! ¡Adivina: Otsuki-buchō ya publicó los horarios del club! ¡Empezamos pasado mañana, un día después del plazo final para las inscripciones!

—¿A qué hora? —indagó el otro.

—A las quince cuarenta y cinco, horario local —respondió el deportista, sonriendo al agregar la segunda parte.

—¡No me digas!

—¡Muuuy en serio! ¡Estaba loco por comenzar pero no creí que sería tan rápido! ¡Como mínimo sospechaba que las prácticas iban a empezar la otra semana! ¡Qué maravilla! ¡Voy a contárselo a Negi! Creo que ya volvió de su caminata.

Tetsuya no escondió una sonrisa torcida al oír al otro mencionar de nuevo a su amigo misterioso. Pero una palabra llamó su atención.

—¿Él también hace caminatas de mañana?

Sonriendo, Natsuo respondió mientras se desvestía rápidamente en medio del cuarto para tomar su baño:

—Sí, pero dentro del edificio principal. Desayuna a la hora en que regresamos a ducharnos y después se queda deambulando en el edificio principal de Amaterasu hasta que las clases dan comienzo. Si ves a una persona con cara de enferma y pelo color fuego, es él. Si está haciendo ejercicios de garganta, ahí sí que es él sin ninguna duda...

—¡¡¡TATSUMAKI!!! ¡Ya te dije que no tires la ropa en el cuarto! ¡Ten un mínimo de decencia! —gritó Sasaki al ver el desorden que Natsuo estaba haciendo.

Tetsuya no pudo contener una sonrisa. No era en balde que su compañero tenía ese apellido y el apodo “Huracán”; adondequiera que fuese, siempre dejaba a todo el mundo agitado con su personalidad eléctrica.

La respuesta de Natsuo provino ya desde el baño:

—¡Si sabes que después guardo todo!

—Sí, pero ¿qué tal no hacer desorden para después ordenar, eh? —replicó Sasaki aunque de buen humor, obteniendo por respuesta sólo el ruido del agua corriendo.

Con una mano en la espalda de su compañero como para consolarlo, Tetsuya lo empujó en dirección a la salida.

—Vamos ya a desayunar. Tengo hambre y creo que tú también. De cualquier forma estoy seguro que esto no va a quedar desordenado por mucho tiempo. Tatsumaki puede tener tendencia a desparramar las cosas pero estoy seguro de que no le gusta ver el resultado.

El otro asintió con la cabeza y se dejó llevar.

La puerta del cuarto se había cerrado hacía unos minutos cuando la del baño se abrió y reveló un cuerpo bastante bronceado aún mojado y parcialmente envuelto en una toalla. Natsuo no se demoró más de cinco minutos en secarse, vestirse y pasarse rápidamente un peine por el pelo para intentar domarlo. Después, en menos de ese tiempo, ordenó el caos que había hecho antes con su ropa y la guardó en el ropero después de enjuagarla para quitarle el mal olor a sudor.

«No sé por qué Sasaki se queja tanto. Es tan fácil resolver esto...», pensó mientras corría hasta el comedor.

Cuando llegó allá buscó la figura del pelirrojo, murmurando para sus adentros «Dónde está Negi, dónde está Negi, dónde está Negi» antes de gritar finalmente el apodo del solista:

—¡Cebollita!

Nadie respondió aunque mucha gente se sobresaltó y se volteó hacia él. Obviamente el aludido no estaba allí, lo que a esta hora de la mañana sólo podía significar una cosa: el edificio principal de Amaterasu.

Siguió corriendo hasta su destino sin siquiera derramar una gota de sudor. No fue difícil encontrar al pelirrojo: sólo había que buscar por los corredores que conducían al salón de música o al anfiteatro... y fue justamente en el segundo lugar que Natsuo lo avistó.

No necesitó llamarlo, pues en menos tiempo de lo que tardaría en hacerlo el Huracán alcanzó a Cebollita y se colgó sobre su espalda.

—¡Negi, Negi, Negi, Negi, Negi! ¡Adivina, adivina!

El solista arqueó una ceja rojiza antes de responder:

—No tengo idea, Natsu, pero hasta puedo intentar adivinarlo si me sueltas el cuello.

El otro lo obedeció inmediatamente pero no le pidió disculpas, ni tampoco Kazuya las necesitaba ni las quería. En vez de eso el Huracán respondió a su propia pregunta y le informó a Negishi sobre la publicación de los horarios del club de tenis.

—¡Vaya, sí que fue rápido! —exclamó—. Pensé que recién íbamos a comenzar la otra semana.

—Yo también —Natsuo le rodeó los hombros con un brazo al tiempo que acercaba su cara al rostro pálido de Kazuya—. Oye, Negi. ¿Ya elegiste tu guardarropa?

Ruborizándose de forma casi imperceptible, el vocalista dirigió la mirada al suelo.

—No, todavía no.

—¡Excelente! —respondió Natsuo de inmediato—. ¡Estupendo! ¡Entonces te presto uno o dos equipos míos y después —apoyó la frente en la del otro— nos vamos a comprar unas camisetas! ¿Qué opinas?

Negi agrandó sus ojos verdes y los dirigió hacia su amigo.

—¡¿Ropa tuya?! ¡Natsuo, me voy a ahogar! Ni hablar, no puedo tomar sol y por eso no voy a usar tu ropa, que no tiene mangas, y...

—A ver, un momento, Cebollita —lo interrumpió el otro, a lo que el vocalista se calló al instante—. Las canchas son techadas, no vas a coger sol... ¿y quién dijo que mis camisetas no tienen mangas? Tal vez tengamos que hacer algún ajuste, ya que soy más grande y más alto...

—Perdón por ser más chico que tú... —masculló Kazuya en voz baja, interrumpiéndolo y apartando la mirada.

Ante la reacción de su amigo, Tatsumaki esbozó una sonrisa.

—¡Qué dices! ¡Si sabes que me gustas así! ¡Ahora vamos! ¡Las clases ya van a comenzar!