Turning Point







Volume 01 - Capítulo 02

Inscripciones















Natsuo se carcajeaba a gusto mientras él y su amigo se paseaban entre hileras y más hileras de stands de clubes. Kazuya llegó a pensar que nunca había visto tantos en un solo lugar antes de que el otro muchacho le agarrara firmemente el brazo. Éste no necesitó hacer ningún esfuerzo para literalmente arrastrar al pelirrojo entre corredores de stands.

—¡Vamos, Cebollita! —gritó Tatsumaki—. ¡Estoy casi desesperado por unirme a ese club!

Negishi se dejó llevar por su amigo. Sabía que de nada iba a servir hacer algún movimiento en contra y además ya se había comprometido a unirse al tal club de tenis, aunque en contra de su voluntad. En realidad ya estaba allí contra su voluntad, puesto que no podía exponerse al sol.

Dios sabe cómo Tatsumaki lo convenció de practicar ese deporte... No recordaba ningún momento de la conversación que tuvieron momentos atrás —o mejor dicho, no recordaba ninguna palabra que su amigo dijo después de que él mismo expresó un «no» a la propuesta inicial—. Todo el diálogo que hubo —o mejor dicho, todo el monólogo que hubo— entre su negativa y el «¡De acuerdo, de acuerdo, entraré a ese club!» era una bruma en su mente.

Su amigo sabía ser muy convincente, de una forma u otra.

Hasta intentó esbozar alguna resistencia verbal, aun sabiendo que sería equivalente a nada.

—¡Tatsu, aún sigo creyendo que no sirvo para esto! ¡Nunca hice nada parecido en mi vida! ¡Voy a ser un desastre! ¡Voy a terminar en el suelo sin aliento antes de tener oportunidad de usar la tal “raqueta”!

Por respuesta el otro se rió sonoramente antes de revolverle el pelo.

—¡Qué idea absurda, Negi! ¡Puedes cantar esas cosas de dieciocho tiempos, o qué sé yo como ustedes cuentan, sin ninguna dificultad! ¡El aliento no va a ser ningún problema para ti!

Kazuya aún intentó replicar pero le pareció menos inútil callarse. No podía discutir con Natsuo, no porque éste fuera arrogante o egoísta, sino porque el propio Negishi Kazuya no tenía muchos deseos de contrariar a su amigo, independientemente del tema. Admiraba a ese muchacho y tenía una enorme deuda moral con él.

Sin decir una sílaba más, dejó que el otro lo arrastrara, sus ojos color olivo fijos en el suelo mientras era conducido. De haberlos levantado tal vez podría haber visto la figura de una chica de pelo largo y negro alejarse del puesto al que se dirigían. En vez de eso, cuando por fin alzó la vista, se topó de frente con un muchacho de pelo oscuro y desordenado y una amplia sonrisa estampada en el rostro.

No conocía ese rostro —o al menos no recordaba haberlo visto antes—, no obstante por alguna razón que no comprendía esa sonrisa pareció llegarle al alma. Eran los susurros de una sonrisa pura y sincera, exactamente igual a la de Natsuo... Tal vez fuera por eso que el desconocido le brindó cierta paz de espíritu, pero de alguna forma sabía que no era ésa la razón.

Cuando por fin ambos firmaron el formulario, el desconocido se presentó.

—A propósito, soy Otsuki Yuji, fundador del club, y seré yo quien les enseñe a los miembros a jugar.

Tatsumaki estrechó con mucho ímpetu la mano que Otsuki le extendió al finalizar su presentación. Mientras su amigo se ocupaba en sacudir al pobre buchō, Kazuya aprovechó el momento para examinar un poco más al senpai. Aparte de su pelo negro despeinado, el adolescente tenía la piel bronceada —aunque menos que Natsuo— y ojos muy oscuros, de manera que el iris parecía la extensión de las pupilas... Sería el típico estereotipo visual de un japonés de no ser por su sonrisa contagiosa y natural.

Sintió que las comisuras de los labios se le curvaban en una sonrisa minúscula. Pero esta situación no duró mucho: enseguida un tirón del cuello de su camisa lo arrancó en su distracción temporal. No tuvo siquiera la oportunidad de esbozar ninguna reacción mientras su amigo lo arrastraba, al tiempo que le decía algo sobre el club de música.

Cuando se alejaron del stand del club de tenis y se perdieron entre los otros, Kazuya le dirigió una mirada inquisitiva a Natsuo, y ya estaba a punto de verbalizar la pregunta cuando el otro respondió:

—Club de música. Aún no te has inscripto, ¿cierto? —dijo Natsuo con la sonrisa de siempre en los labios y una mano posada sobre los mechones rojos de su amigo.

El chaval de ojos verdes asintió levemente con la cabeza pero no dijo ni una sola palabra. De camino al puesto objetivo, se ajustó el chaleco con motivos de otoño que se había puesto para ese día, un gesto que Tatsumaki sabía era indicador de nerviosismo o ansiedad. A Negishi no se le daban bien los extraños, por eso no prestó mucha atención al gesto.

—¡Buenos días, Negishi-kun! —se escuchó la voz alta y melodiosa de Goseki Miyu mientras le ofrecía la tablilla con los formularios y un bolígrafo—. ¡Hasta que por fin! ¡Ya estaba creyendo que nuestro astro del coro pensaba abandonarnos! ¡Takashiro-senpai me dijo que eras siempre de los primeros en inscribirte!

—Mi camino fue interrumpido —dijo él en respuesta, sus ojos verdes apuntando al joven que estaba a su lado—. Un Huracán* desvió los vientos que me llevaban.

—¿Eso fue una indirecta, Cebollita? —provocó Natsuo divertido.

—No, fue toda una directa. No estaba ni un poco dispuesto a participar en las clases de tenis. Fuiste tú quien desvió mi atención de la música —respondió categórico.

—¡Así me entristeces, Cebollita! —replicó su amigo, haciendo pose de drama al posar el dorso de una mano sobre la frente—. ¿No ves que todo esto lo hice por ti?

Una ceja levantada fue la única respuesta que obtuvo de Kazuya. Mientras tanto, a estas alturas Miyu ya había captado la broma y, parada al lado del “Huracán”, se dispuso a continuar la escena.

—¡Pero, querido! —empezó, con una mano extendida hacia Tatsumaki y la otra sobre su propio corazón—. ¡Papá está diciendo la verdad! ¡Estás muy pálido y te pasas todo el tiempo dentro de casa! ¡Necesitas sol! ¿No sabías que los rayos UV queman y dan cáncer de piel? ¡Es bueno correr ese riesgo de vez en cuando!

Tomando la mano que le era ofrecida, Natsuo acercó a la joven hacia sí para después descender las manos hasta la cintura de la buchō del club de música.

—¡Podrías al menos quitarte ese chaleco y ese suéter en un día de calor como el de hoy! ¡Tomar sol no mata, hijo mío! Ponte un protectorcito y ya está, ¿no es así, mamá?

—Claro que sí, mi tesoro —respondió Miyu casi cantando, tanta era su alegría.

A estas alturas la gente ya se estaba aglomerando alrededor del puesto del club de música, creyendo probablemente que aquella era una promoción. Kazuya no se intimidó con el pequeño show, pero eso no le impidió esbozar una expresión que tradujese su espanto al ver a dos estudiantes de 8º año actuando de esa manera. Conocía a su amigo y ya había aprendido que la personalidad de Goseki no era muy diferente, pero saberlo no le impedía sorprenderse en esos momentos.

Suspirando, terminó de escribir los kanjis que formaban su nombre en el papel y le entregó la tablilla con los formularios a la buchō.

—Listo. Problema resuelto; estoy inscripto. Tatsu, ¿podemos volver al dormitorio? —le pidió a su amigo, sus ojos tratando de transmitirle algo más.

La mirada de Negishi no expresaba muchas emociones, por eso buena parte de los estudiantes y de la gente en general no sabían interpretar sus expresiones con precisión. Para esa mayoría él siempre estaba con cara de serio y un aire de tristeza. Natsuo no obstante era diferente: había convivido algunos años con el solista, tiempo suficiente para descubrir o descifrar la mayor parte de sus secretos. Para él fue fácil entender lo que el joven pálido tenía en mente.

—Claro, de acuerdo —respondió Tatsumaki por fin, al tiempo que soltaba a la violinista—. Ya cumpliste con lo prometido, creo que puedo hacerte esa pequeña concesión... Pero sólo por hoy, ¿me oíste? Mañana yo me inscribo en los clubes de artes marciales y ping pong.

Los alumnos que se habían aglomerado comenzaron a dispersarse, algunos mirando de manera sospechosa a los dos varones. Al de 8º año no obstante no le importó y, por el contrario, les sonrió ampliamente a todos mientras rodeaba los hombros de Kazuya, ya llevándose a éste en la dirección solicitada.

Miyu tan sólo sonrió al ver al dúo tan dispar desaparecer entre la multitud de alumnos y stands de clubes.



Glosario
* “Tatsumaki” en japonés significa “tornado”, de ahí el cambiazo con “huracán”.