Turning Point







Volumen 01 - Capítulo 01

El buchō del club















Los banderines se agitaban sobre ellos, mezclados con los pétalos de cerezo que volaban libremente con la ligera brisa que soplaba del mar. El patio abierto que antecedía al puerto estaba tan adornado como en cualquier otro día de festival.

En sus stands, los alumnos responsables de los clubes de la escuela distribuían panfletos y charlaban animadamente para tratar de convencer a sus compañeros de firmar sus peticiones.

Después de todo aquel era el día de la verdad. Si no conseguían un mínimo de cinco adhesiones, el club en cuestión sería disuelto.

Cualquiera en la escuela podía crear un club y presentárselo a sus compañeros el día de la inscripción... Y había grupos para todos los gustos: los tradicionales, como el de kendo e ikebana, los populares de música y periodismo, fuera de los excéntricos, como el club de cosplay y de los jedis, que casualmente estaban justo en el puesto de al lado.

El muchacho volteó los ojos al ver a sus vecinos. El club de cosplay hasta era muy concurrido en la escuela —inclusive ya había ganado algunos premios en concursos por el país—, pero no podía negar que todos los que llegaban allí parecían un tanto... fanáticos. En cuanto a la gente de los jedis... casi llegaba a tener miedo de pensar cuáles serían las actividades desarrolladas por dicho grupo.

No tardaría mucho en aparecer el club de Spock...* Nerds... El mundo estaba experimentando una invasión de ellos.

—¡Otsuki-kun!

Él se volteó, la sonrisa fácil aflorando rápidamente a sus labios. Ya hacía ocho años que estaba en la escuela pero él seguía considerando aquel pequeño grupo, con el que creció en el templo de Kyoto, como sus mejores amigos.

Haruka se paró delante de él, ya blandiendo un bolígrafo en el aire. Detrás de ella, Kikuri empujaba ligeramente a su hermano mellizo, que jugueteaba nerviosamente con los anteojos. Increíble cómo después de tanto tiempo Hisashi seguía siendo tímido de esa manera siempre que estaba cerca de Miuura Haruka.

Al final venía la nueva pareja discutiendo algo en voz baja. Yuji observó a Maho voltear los ojos a lo que fuera que Tetsu acababa de decirle antes de percatarse de su presencia. Una sonrisa un tanto maquiavélica se formó en su rostro pálido.

Ohayō, baka —saludó la médium con su amabilidad de siempre.

—Hey, Masaka. ¿Olvidaste el bozal hoy?

La otra arqueó una ceja con la broma pero no entró en estado berserk.** De haber sido como en años anteriores, él probablemente estaría masticándose su propio pie a estas alturas. Tetsuya le había hecho bien a Maho. Casi podía considerarse un ser civilizado ahora.

—¿En dónde firmamos, Otsuki? —preguntó Hisashi con educación.

Yuji sonrió nuevamente y le entregó una tablilla a su amigo. La hoja todavía estaba en blanco; el día apenas había comenzado pero él estaba seguro de que su empresa iba a ser un éxito. Después de todo, tenía enfrente a cinco alumnos listos para firmar la inscripción a su club. Ya no tendría que preocuparse más por conseguir o no un sitio para practicar.

—Saben, podríamos crear un club de buchōs aquí... —señaló Kikuri—. Después de todo tenemos a onii-san en ajedrez, Masaka en kendo, Takagi en teatro y ahora Otsuki. Aunque eso significa que tú y yo quedamos fuera, Miuura.

—Ni que fueran a dejarnos afuera, Kiritsugu —Haruka sonrió y firmó justo debajo de Kiritsugu Hisashi, luego volvió a mirar a Yuji—. Tengo un presentimiento de que este va a ser un año muy divertido, Otsuki... ¿Estás seguro de que vas a poder enseñarnos a jugar esto?

—En última instancia podríamos arrojar las raquetas y sencillamente tratar de acertarnos unos a otros con las pelotas. Estoy seguro de que a Masaka-san le encantaría —respondió él, llevándose los brazos hacia atrás en una pose relajada.

—Efectivamente, Otsuki, me encantaría tirarte algunas pelotas por la cabeza. No es que me tenga que preocupar mucho por perder a mi bolsa de arena favorita. Siempre te puedo encontrar en el club de artes marciales —la aludida le dirigió una sonrisa que mostraba todos sus dientes blancos.

—Me siento honrado, Masaka —respondió divertido—. Pero creí que Takagi era tu bolsa de arena favorita.

—Yo sirvo para otras actividades, Otsuki —replicó Tetsu, guiñándole un ojo detrás de su novia—. Además, es conveniente tenerte cerca para dirigir la furia de Maho.

Los demás se echaron a reír mientras Maho ponía los ojos en blanco nuevamente.

—Hablando así, parece como si estuviera con una katana afilada escondida detrás de mi espalda, lista para ensartárselas en la garganta —señaló con aburrimiento.

—Maho-chan, definitivamente no estás consciente de que el que todos nos hayamos inscripto en artes marciales y kendo apenas entramos a la escuela tiene que ver con la necesidad de defendernos de ti, ¿no? —comentó Haruka divertida—. No es que los varones lo admitan en voz alta, claro, pero...

—Puedes ser muy aterradora cuando quieres —completó Kikuri.

—Claro, claro... —la médium agitó una mano, aburrida—. Lo que ustedes digan. ¿Dónde firmo?

Yuji le entregó el formulario y desvió entonces la mirada hacia la multitud de alumnos que recorría los puestos.

—Oigan, ¿han visto a Satou-chan?

—Se estaba inscribiendo en el club de ikebana hace un momento —respondió Kikuri—. Estaba un poco detrás de mí en la fila. No te preocupes, Otsuki, no va a demorar mucho.

—Hablando de eso, ¿quién es la senpai del club de ikebana ahora? —preguntó Haruka—. Sakaguchi dejó la escuela. Es más, un montón de clubes perdieron a sus jefes del año pasado para acá. Takashiro se graduó, los otros chicos de Maggots lo siguieron...

—Rostand quedó responsable del club de periodismo. Quien está en el de ikebana es Sunako-chan —respondió Kikuri—. Está Akiba-san en el club de danza... Sasaki-san se volvió senpai de kendo junto con Masaka... Takagi también fue promovido... El club de música parece que fue bastante complicado, porque la mayoría de los alumnos más grandes y de carrera se fueron el año pasado: Shiroyama, Akio, Mitsuaki, Katsuo... Sugirieron a Zaimoku pero ella no quiso; entonces Goseki asumió una parte junto con Takenaga.

—Me estoy mareando... Demasiados nombres, Kiritsugu —Yuji sacudió la cabeza—. Definitivamente eres nuestra reina del chisme. ¿Cómo conseguiste reunir tanta información?

—Tengo mis contactos —respondió ella sonriendo.

—Pero su conocimiento es útil, Otsuki-kun —señaló Haruka—. Por ejemplo, sé que el club de música ahora va a pasar por una fase surrealista con Goseki Miyu como una de las responsables.

Los demás se rieron en respuesta.

—Sí, con seguridad los festivales de este año van a ser algo muy interesante con Goseki-san ayudando a organizarlos —continuó Tetsu—. Pero creo que ya estamos abusando de nuestra escapada aquí. Maho, Kiritsugu y yo tenemos que volver a nuestros propios stands. Va a ser un día bien ocupado el de hoy.

—Y todavía tenemos dos días más de inscripciones, fuera las elecciones de representante —agregó Hisashi—. A propósito, ¿quién creen ustedes que tiene más oportunidades de ser electo presidente del Consejo?

—Mihara ya avisó que se rehúsa a participar en las elecciones esta vez. No tenemos ningún candidato realmente fuerte en nuestra clase —Maho entró en la conversación—. La gente de 7º año tiene a Kenmei; creo que no hay nadie que vaya a competir con él... Pero no sé si tiene el carisma suficiente para entrar como presidente. Mucha gente lo considera algo mimado, lo que nos lleva a la representante de 6º año... Dudo que alguien vaya a competir con Yamamoto Kitsune y, aunque no siempre se destaque por su simpatía, todos saben que es extremadamente responsable y organizada. Fuera que probablemente ella tiene los votos de la mayoría de los alumnos del curso regular gracias a las clases de refuerzo que ayudó a crear para los de 1º y 2º año.

—Si su primo decidiera postularse, ganaría sin esfuerzo —señaló Haruka—. Él tiene todas las características de su prima, aparte del evidente carisma. Es difícil que Yamamoto-kun no te caiga bien. Es una pena que parezca tan inamovible como Mihara para el cargo.

—Deberíamos sugerir a Kiritsugu como nuestro representante —Yuji cruzó los brazos.

—Gracias, Otsuki, pero es demasiado trabajo para mí —respondió Kikuri.

—Obviamente no estaba hablando de ti —él volteó los ojos, aún risueño—. Pero sinceramente toda esta charla sobre los meandros políticos de la escuela me cansó. Dime, Masaka, ¿a quién estás planeando matar este año?

La médium arqueó una ceja.

—No tienes aprecio por tu vida, ¿verdad, Otsuki? —lo interrumpió Tetsu antes de que su novia pudiera hacer alguna demostración en vivo de sus habilidades como senpai del club de kendo—. Es mejor irnos ya; realmente tenemos que volver a nuestros stands.

Yuji sonrió mientras Tetsuya prácticamente arrastraba a Maho lejos de allí, con un brazo en su cintura. Hisashi también se disculpó y pronto se fue en dirección al stand del club de ajedrez junto con Haruka, que ahora se iba a inscribir allí.

Kikuri por su parte permaneció allí un rato, sonriendo con malicia mientras observaba a su hermano alejarse con su amiga.

—¿Cuánto tiempo crees que tardarán aún en ennoviarse? —le preguntó a Yuji con discreción.

—Si tu hermano no toma una actitud pronto... nunca —él también sonrió—. Este es nuestro último año aquí. Era de esperarse que él hubiese tomado ya coraje después de diez años de conocerse.

Ella se rió bajito.

—Tal vez deberíamos planear algo infalible para juntarlos... quién sabe. Bueno, ya me voy, Otsuki. Todavía hay algunos clubes a los que quiero echar una mirada. Además estoy viendo a Satou-chan venir para acá. Diviértete y no hagas nada que yo no haría, ne?

Él meneó la cabeza riendo mientras ella se alejaba. Poco después, exactamente como ella había previsto, Satou Otome, su novia, se paró delante de él sonriendo.

Ohayō, buchō-san —canturreó—. ¿Dónde debo firmar?

—Puedo pensar en uno o dos lugares —respondió él guiñándole un ojo.

Otome se echó a reír y agitó la cabeza.

—No tienes remedio, Yuji.

—¿Qué puedo hacer? Soy un chico carenciado. Aquí —replicó, entregándole el formulario—. Con toda esta confusión del club casi no pude verte. Realmente no puedes culparme por querer un poco de mimos de mi novia.

—Hmm —carraspeó ella—. Mimos. Claro —volvió a mirar la tablilla y contó los nombres que ya estaban allí antes de inclinarse sobre la mesa para poder firmar.

Fue en ese momento que una voz fuerte y alegre sonó a sus espaldas.

—¡Un club de tenis! ¡Es exactamente lo que estábamos necesitando! Hasta que por fin tenemos un deporte de verdad por aquí. Sin tradicionalismos ni frufrúes. ¡Perfecto!

Ella alzó apenas la mirada y se deparó primero con el rostro sonriente de su novio antes de girarse para encontrarse con dos muchachos. El primero y más entusiasta estaba parado sosteniendo a otro en una llave de brazo.

Otome arqueó ligeramente una ceja cuando su mirada se posó sobre el más bajo. Sin embargo, antes de que ninguno de ellos pudiera decir nada, ella les dio la espalda a los recién llegados y le dirigió una sonrisa a su novio.

—Te veo en el almuerzo, Yuji-kun.

Él asintió en silencio, sonriendo, antes de volverse hacia sus dos nuevos “clientes”.

—Muy bien... Sean bienvenidos al club de tenis. ¿Tienen alguna experiencia en este deporte?

—Yo la tengo —el muchacho más alto soltó a su compañero y extendió la mano—. Soy Tatsumaki Natsuo... y éste de aquí es Negishi Kazuya. Él no sabría sujetar una raqueta ni para defender su propia vida, pero respondo por él.

El otro chaval puso los ojos en blanco.

—No lo escuches. Tatsu tiene la costumbre de exagerar en lo que dice —interrumpió a su amigo con una voz grave y profunda que contrastaba enormemente con su apariencia.

Yuji sonrió.

—Creo que me acuerdo de ti, Tatsumaki. Eres de mi clase, ¿verdad? ¿No estabas en Hong Kong?

—Estuve dos años allá por los negocios de mi padre, pero ahora estoy de vuelta —respondió él—. Quien me habló de tu club fue Takagi; él comparte el dormitorio conmigo. Estaba ansioso por venir a inscribirme. Él me aseguró que eres muy bueno.

Arigatō —se rió—. Bueno, al parecer me fue mejor de lo que imaginaba... Conseguí más asociados de los necesarios para abrir el club.

—Como te dije, estaba haciendo falta un club de este estilo —Natsu se dirigió a Kazuya—. Tú también vas a firmar.

—Te dije que lo haría —respondió serio—. Suelo cumplir con mi palabra, Natsu. No necesitas cobrármelo.

Yuji observó la interacción de los dos amigos con una sonrisa. Tatsumaki era más alto y fuerte y tenía una forma de ser muy parecida a la suya propia. Podía presentir que los dos se iban a llevar bien.

En cuanto a Negishi, también le era familiar pero no sabía decir de dónde, lo que era extraño, ya que con su pelo castaño que se acercaba al rojo se destacaba fácilmente.

Él no era de su clase, lo que sólo podía significar que era menor. Tenía una personalidad más seria; los ojos, de un tono de verde, bastante oscuros y profundos que, en ciertos aspectos, le recordaban a Hisashi; pero a diferencia del senpai del club de ajedrez, había una aura de tristeza detrás de ellos.

Por un momento Yuji se sintió impelido a preguntarle a Negishi si se encontraba bien o si había algo que pudiera hacer para ayudarlo... Lo que era relativamente extraño, pues él nunca fue conocido por su empatía o sensibilidad; muy por el contrario, nunca se le dieron bien las sutilezas.

Tal vez fuera por el hecho de que iba a ser su senpai. Cuando empezó a organizarse para fundar el club, él habló con sus amigos, que tenían ya cierta experiencia, y uno de los principales puntos que ellos tocaron fue que, como buchō del club, en cierta forma iba a ser responsable de todos los alumnos que estarían a su cargo. Era como desarrollar una especie de síndrome de hermano mayor.

Tatsumaki y Negishi terminaron de firmar y le entregaron entonces la tablilla, haciendo que despertara de sus cavilaciones. Yuji sonrió nuevamente.

—Las prácticas comienzan la semana que viene. Voy a poner los horarios en el cuadro de avisos del edificio de los dormitorios. Si hay alguna superposición de horarios, después podemos reunirnos para resolverlo.

—De acuerdo, chico. Nos vemos por ahí —Natsuo le guiñó un ojo antes de rodearle el cuello de vuelta a Kazuya y desordenarle el pelo—. ¡Vámonos, Cebollita! Todavía tenemos que inscribirte en tu amado club de música.

Yuji sonrió ladeado con la interacción mientras los dos amigos se alejaban. Negishi, su apodo debía de ser Negi***.

Fue entonces que por fin se dio cuenta de que conocía a Negishi Kazuya. El chaval era considerado como una de las estrellas del coro de la escuela. Nunca le había interesado mucho la música, lo que explicaba el motivo por el que no lo hubiera reconocido de inmediato. Aparentemente el chico era el Pavarotti de Amaterasu...

Era de sorprenderse que un chico tan menudo tuviera un vozarrón como el que le atribuían. Tal vez en la próxima presentación del coro él debería echar un vistazo... Tenía curiosidad ahora.

—Muy bien, Yuji. Deja de interesarte en la vida de los demás. Tienes un club que organizar —se estiró de buen humor—. Ganbatte!

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Glosario
*Personaje de “Star Trek”
**Estado de espíritu, mezcla de coraje e ímpetu, que se apoderaba de los guerreros vikingos antes del combate, tornándolos invencibles. Los berserkers se volvieron temidos y respetados hasta por sus enemigos debido a la pasión y eficiencia con que se enfrentaban a las más desafiantes batallas. (Fuente: Wikipedia).
***Negi en japonés significa "cebollita".
Buchō - presidente
Ohayō, baka - hola, idiota
Arigatō - gracias
Ganbatte! - ¡a trabajar!