HITSUZEN







Volumen 18 - Capí­tulo 93

Pasado















Touya la miró en shock, sin poder discernir el significado de lo que ella estaba diciendo.

—Estás mintiendo —dijo cuando por fin salió de su estupor.

Arashi agitó la cabeza.

—Himura Soujiro frecuentó Amaterasu en la misma época que Setsuna y yo —comenzó ella con voz cansada, los ojos perdidos en algún tiempo y lugar que Touya no podía alcanzar—. Yo lo amaba... y él amaba a Setsuna. Al igual que tú, él descubrió que querer a la hime no era una tarea fácil; ella intentó huir de él de todas las maneras posibles.

La mujer suspiró y bajó la cabeza, dejando que los recuerdos la inundasen, que la cicatriz se abriera de nuevo. Necesitaba sacar todo eso para afuera; Touya se merecía saber la verdad. Si él debía pasar por la misma experiencia que ella de tener el corazón roto, que al menos supiera que había una razón para ello.

—Yo estaba allí... yo era la persona que siempre estaba allí —se rió sin humor—. Los dos eran mis amigos y, si yo pudiera, habría hecho todo para verlos felices... Pero Setsuna lo lastimaba todos los días y yo... decidí que estaba cansada de eso... que estaba cansada de estar a un lado, sólo observando.

Él la miró en silencio, sin saber qué hacer con esa confesión, sin saber si quería continuar escuchando, las palabras trabadas en su garganta. Arashi continuó:

—Estuvimos juntos por algún tiempo... pero él no llevaba bien la proximidad de ella... y aunque sabía que él la amaba e intentaba aceptarlo, él decía que no podía tolerar la idea de que me estaba engañando... —sintió escapársele una lágrima en contra de su voluntad—. Himura decidió irse de Japón y, en la noche de la víspera de su partida...

—No quiero escuchar más.

La Jueza alzó la mirada y su expresión se volvió ceñuda.

—Tienes que hacerlo.

Touya meneó la cabeza, los labios entreabiertos y respirando con dificultad.

—¡No quiero escucharte!

Arashi se puso de pie.

—Necesitas saberlo. Necesitas entender, Touya. Por más doloroso que sea, yo...

—¿Por qué me estás contando esto recién ahora? —preguntó, la voz casi en un susurro, el rostro contorsionado de dolor—. ¿Por qué me haces esto?

—Porque tu destino fue todavía más cruel que el mío —respondió la mujer—. Me fui a China cuando supe que te estaba esperando. Mi padre no quería que yo te tuviese pero yo no podía renunciar a ti. Himura volvió algún tiempo después y Setsuna finalmente reconoció que lo amaba... Él fue el Consorte en la ceremonia de concepción de Otsu.

—¡NO QUIERO ESCUCHAR MÁS! —gritó él, apartándose de ella y dirigiéndose hasta la puerta.

Las lágrimas corrían ahora libres por el rostro de la Jueza. Ella aún no había terminado.

—Él murió en China, cuatro años después.

—¡ES MENTIRA! —Touya dio un puñetazo a la puerta, de espaldas a ella—. ¡Estás mintiendo! Me estás mintiendo para separarme de Otsu. Tú...

—Nunca te he mentido, Touya —se defendió Arashi—. ¡Omití la verdad pero no porque quisiera engañarte, sino porque era demasiado doloroso! ¡Aún lo es! Tienes que entender, Touya, que yo jamás haría nada que te dañara.

Él cerró los ojos, tratando a toda costa de luchar contra las lágrimas que se amontonaban. Sin detenerse para decir nada, abrió la puerta y la cerró con fuerza al salir.

La mujer sintió las piernas ceder bajo su peso, incapaz de ir tras él. Esperaba que algún día su hijo pudiera perdonarla pero sabía que jamás lo haría. Las lágrimas volvieron a salir y por un momento Arashi dejó que la máscara de fuerza que usaba se le cayera, todo el resentimiento reprimido con el transcurso de los años volviéndole a pesar sobre los hombros.

Sin embargo era demasiado tarde para hacer las paces con el pasado...