HITSUZEN







Volumen 18 - Capítulo 92

Noche silenciosa















A pesar de la situación, no podía dejar de sentirse un poco contento mientras caminaba a lo largo de los pasillos, pasando por la biblioteca y dirigiéndose a una de las pequeñas salas de conferencia.

Su madre era una mujer ocupada y, claro, sabía que aquella no era una simple visita de cortesía. Con seguridad Arashi ya sabía de su relación con Otsu y, considerando la fiesta de presentación oficial de la hime como sucesora de las Myrai, la propia Myrai-no-kami debía de haber hablado con ella.

Touya contempló el cielo de afuera mientras pasaba por un conjunto de ventanales, notando que empezaba a anochecer. El cielo estaba pálido en donde el sol desaparecía bajo el mar, el azul negro de las noches sin luna tomando lugar rápidamente, envolviendo al mundo en un manto de oscuridad.

Tal vez más tarde podría llevar a Otsu a ver las estrellas. En una noche sin luna como aquélla estarían aun más brillantes, más visibles; siendo el final del verano no haría tanto frío.

Entonces podrían hablar de verdad, no como en sus últimas reuniones, en las que casi no tenían tiempo de disfrutar de la mutua compañía, ni hacer planes, ni discutir sobre todo el lío en el que se habían metido.

Hasta entonces tenía que hablar con su madre, convencerla de sus sentimientos por la hime, demostrarle que sus intenciones eran las mejores posibles. Arashi le iba a creer. Iba a saber que no estaba siendo inconscuente. Con ella de su parte estaba seguro de que podría conseguir la aprobación de Myrai-no-kami.

Llegó por fin a la sala donde lo esperaba su madre. Con una media sonrisa serena el joven Yamamoto empujó las puertas corredizas y dio un paso al frente. Sus ojos se fijaron en la figura conocida que, al igual que él poco antes, contemplaba por la ventana los últimos minutos del ocaso.

Okaasan —dijo a modo de saludo mientras cerraba la puerta tras sí.

Arashi se volteó lentamente y Touya sintió un vuelco en el pecho al ver la mirada de su madre, la misma mirada infinitamente triste que notó varias veces en su rostro... Una mirada que siempre le hacía pensar en su padre y en el sufrimiento silencioso que ella nunca compartió con su hijo.

Sin pensarlo dos veces atravesó el recinto a largas zancadas, se paró delante de ella y tomó una de sus manos, notando vagamente lo heladas que tenía las palmas.

—¿Madre? —llamó bajito, mirándola preocupado.

La Jueza levantó apenas los ojos. Touya era por lo menos una cabeza más alto que ella. Una pequeña sonrisa, casi imperceptible, afloró a sus pálidos labios; no obstante el pesar no desapareció de sus ojos.

Daijōbu, Touya —respondió a la pregunta que él no formuló mientras entrelazaba sus dedos con los suyos, para luego tomar asiento uno enfrente del otro—. Ya sabes por qué estoy aquí, ¿verdad?

Él asintió.

—Tenía pensado hablar contigo cuando fuera a casa... Pero parece que las noticias llegaron más rápido... La directora habló contigo, ¿no es cierto?

Fue el turno de Arashi de asentir y adoptó una postura más seria.

—Setsuna-san me pidió que interviniera. Al parecer no quiso entrar en más detalles con la hime sobre tu opinión al respecto.

—¿Qué tiene ella contra mí? —preguntó Touya, estrechando ligeramente los dedos de su madre entre los suyos.

Arashi suspiró.

—Ella no tiene nada contra ti, Touya —cerró los ojos por un momento, preguntándose cuánto más debería profundizar en la historia.

Los volvió a abrir y los fijó en su hijo, la expresión ansiosa de él casi partiéndole el corazón. El muchacho merecía saber la verdad. No podía escondérsela por mucho más tiempo; de ser completamente sincera, el haber guardado secretos como aquél por tanto tiempo era lo que los habían llevado por ese camino.

No quería que Touya sufriera como ella lo había hecho. Si tuviera elección estaría del lado de su hijo; haría todo lo posible para que fuera feliz. Si las circunstancias fueran otras se enfrentaría a Setsuna por él.

Pero no podía permitirse flaquear en ese momento. No sabía cuál iba a ser su reacción ni tenía cómo saber si las cosas iban a salir bien... si él la iba a perdonar.

Arashi respiró hondo y puso una vez más el deber por encima de su corazón. Debía continuar. Tenía que contarle la verdad.

—¿Cuán en serio vas con Otsu-san, Touya? —preguntó, mirándolo con firmeza.

Él parpadeó por unos instantes.

—Estoy enamorado de ella, okaasan.

—¿Dormiste con ella?

Touya agrandó los ojos en respuesta.

—¡Mamá! ¿Al fin y al cabo por quién me tomas?

—Un hombre enamorado —replicó Arashi—. Esas fueron tus palabras, Touya. El amor es un sentimiento que nos vuelve irracionales. Ahora responde: ¿dormiste con ella?

Touya tuvo ganas de preguntarle si lo decía por experiencia propia, siendo él la consecuencia de tal irracionalidad, pero se contuvo. Nada ganaría con lastimar a su madre, a menos que quisiera enfrentarse más tarde a sus sentimientos de culpa.

—No, no dormí con ella. Sé el papel que Otsu tiene que representar y, aunque no esté de acuerdo con muchas cosas, yo no haría nada que la colocara en una posición delicada.

Arashi lo miró en silencio, sopesando las palabras de su hijo. Finalmente soltó un pequeño suspiro de alivio y bajó la cabeza para mirar sus manos entrelazadas sobre la mesa.

—Madre... —la voz de Touya hizo eco en sus oídos. Aun así ella no levantó la cabeza—. Me vas a apoyar, ¿verdad?

Lentamente ella meneó la cabeza. El joven sintió un nudo formársele en la garganta, retiró las manos del regazo de su madre y se levantó inconscientemente. Arashi alzó finalmente la mirada y él se sorprendió nuevamente de ver cuánta tristeza y dolor había en los ojos de la Jueza.

Aunque sus expresiones fueran firmes y muchas veces imposibles de leer, todo lo que él necesitaba era mirarla a los ojos para saber lo que su madre sentía en realidad.

—No puedo apoyarte, Touya. Lo siento mucho... yo... —respiró hondo—. Tienes que terminar tu noviazgo con la hime.

—Pero ¿por qué? ¿Qué hice de malo? ¿Por qué ni siquiera tú puedes entenderme? —inquirió respirando pesadamente, sus ojos ardiendo—. Okaasan, yo amo a Otsu-chan. La amo...

—Ella es tu hermana, Touya —respondió Arashi por fin con voz amarga, casi sollozante—. No puedes estar con ella porque Myrai Otsu es tu media hermana.