HITSUZEN







Volumen 17 - Capítulo 91

Presentación















Ella estaba impecable. Parecía una muñequita de porcelana hecha por un meticuloso y delicado artesano. El cabello recogido con esmero, el rostro maquillado casi como si fuera una obra de arte tradicional. Vestía un kimono de rico corte, azul con detalles blancos y dorados. Los colores de la casa de su familia.

En los amplios salones de la villa de las videntes, todo el Consejo estaba presente, así como los demás miembros de los clanes principales y por lo menos un representante de cada una de las demás familias tradicionales del mundo mágico. Muchos políticos nashi atae también comparecieron... Sólo los niños del Consejo fueron excluidos. Aquella noche era de los adultos y oficialmente ella estaba siendo incorporada a ellos.

Después de todo aquella noche todos estaban allí sólo para verla, la próxima Myrai-no-kami. Aquélla que, al igual que Setsuna, había sido bendecida con la videncia completa, aquélla en cuyas manos reposaba el futuro del mundo mágico.

Aunque a Otsu le incomodaba ligeramente ser el centro de todas las atenciones de la fiesta, una parte dentro de sí estaba tranquila. Tantas cosas pasaron en los últimos días que aquella formalidad no parecía tan complicada.

Mucho no le era exigido esa noche. Era formalmente presentada por su madre a cada uno de los presentes, a quienes saludaba con la deferencia formal que la ocasión requería. Nada más que eso...

Por el rabillo del ojo Setsuna notó la figura de Arashi surgiendo en la entrada del gran salón, impecable e imperturbable como de costumbre. De ser otra la naturaleza de lo que tenía que discutir con ella más tarde, la Oráculo se habría reído imaginando la reacción violenta que tendría seguramente la Jueza cuando le diese las noticias.

Sus pensamientos no obstante fueron cortados por la aproximación de otra persona, otro personaje que se estaba volviendo cada vez más familiar... en su realidad y en sus pesadillas.

Sayaka Hiromi, el ministro del Interior, se detuvo frente a ellas haciendo una reverencia educada con la cabeza, a lo que fue inmediatamente correspondido por las dos.

—Es un placer volverlo a ver en nuestra villa, ministro —señaló Setsuna—. Espero que esté disfrutando de las comodidades en casa de Kou-san, así como su estadía... prolongada con nosotros.

Había una ligera nota de inquietud en su tono. Otsu volvió la atención a su madre, sorprendida de ver la máscara de Myrai-no-kami tambalearse ni aunque fuera por un segundo. ¿Qué estaba pasando allí exactamente?

—Kou-san me invitó tan gentilmente que me fue imposible no aceptar —respondió sonriendo, aunque no había nada de agradable en la manera como el hombre hablaba.

La tensión entre los dos era palpable, parecían estar midiéndose fuerzas y Otsu se vio preguntándose si no sería la primera vez que entraban en conflicto tan abierto. Aunque sólo se habían intercambiado palabras gentiles, algunos invitados los miraban, como si esperasen que se lanzaran chispas por los ojos.

El ministro fue el primero en apartar la mirada y se volvió completamente hacia la hime.

—Estoy realmente encantado de conocerla formalmente, Myrai-san. Espero que sea un poco más espabilada y menos presa al pasado que su madre.

Otsu sintió un escalofrío recorrerle desde la nuca hasta la base de la columna. Algo en ese hombre parecía provocarle una fuerte señal de peligro y, dado el diálogo que acababa de presenciar, aquella sensación no era infundada. Alguien que lograba arañar —aunque apenas— la máscara de Setsuna y encima tenía la suficiente osadía de dirigirle palabras tan arrogantes y evidentemente agresivas con respecto a Myrai-no-kami, a pesar de no ser dirigidas directamente a ella, era alguien de temer.

—Todo lo que deseo es estar a la altura del trabajo de mis ancestros —optó por una respuesta neutral, temiendo que cualquier otro tipo de contestación pudiera volver la situación todavía más tensa, ya de por sí precaria.

El hombre sonrió de medio lado, como si ya se lo esperara, mientras Setsuna lo miraba ya sin esconder su contrariedad.

Konbanwa —se escuchó la voz suave y tranquilizadora de Arashi detrás del ministro—. Ministro, Setsuna-san, Otsu-san.

La jueza estaba acompañada por Kikushi Akira, que sonrió al recibir un saludo de Setsuna para enseguida dirigirse al otro hombre:

—Sayaka-san, hay algunos asuntos que me gustaría discutir un momento, si es posible —pidió, su tono tan suave como el que empleó Arashi poco antes.

—Claro, Kikushi-san. Con su permiso, señoras.

La Oráculo fijó sus ojos carmín en los de la Jueza, que continuaba impasible aunque una pequeña sonrisa —en nombre de las apariencias, claro— estaba en sus labios.

Otsu observó a los hombres alejarse; de no ser por la intervención de Kikushi y Yamamoto, estaba segura de que la situación habría terminado rayando en la tragedia. Volvió su atención sobre la madre de Touya y dejó que una discreta sonrisa se formara en la comisura de sus labios. Ella respetaba y admiraba a Arashi, aun antes de haberse vuelto novia de su hijo.

—Yamamoto-sama —se dirigió a la mujer—. Me alegro de volver a verla.

—Lo mismo digo, Otsu-san —esta vez su sonrisa no fue formal ni afectada. En realidad parecía casi afectuosa.

—Otsu, quédate con Yuuko-san un momento. Necesito hablar con Arashi-san —dijo Setsuna sin mirar a su hija.

La hime, acostumbrada ya al comportamiento seco y a veces áspero de su madre, aceptó la sugerencia sin cuestionar. Buscó con la mirada a la representante de la familia Minamoto y, mientras se dirigía en dirección a ésta, Otsu imaginó que, debido a la discusión con Sayaka, Setsuna tendría mucho que discutir con Arashi...

Aunque sentía la necesidad de comprender mejor lo que estaba pasando realmente entre Myrai-no-kami y el ministro nashi atae, aquello no le incumbía... Por lo menos no todavía.

Setsuna se volteó y comenzó a caminar sin esperar a que Arashi la acompañase, sabiendo que de una forma u otra ésta la seguiría. En cuestión de minutos las dos estaban en el despacho privado de la vidente y Myrai-no-kami pudo quitarse completamente la máscara.

—Qué se piensa él... —comenzó, estremeciéndose de rabia.

—Se está volviendo cada vez más osado —concordó Arashi mientras tomaba asiento cómodamente en uno de los sillones junto a la chimenea encendida—. Creo que esta prolongada estadía que está pasando en casa de Kou se le está subiendo a la cabeza.

—Hace quince días que llegó al pueblo y yo sólo lo vine a descubrir dos días después del hecho —respondió Setsuna con la voz cargada de rabia—. Kou intentó encubrirlo cuanto pudo... Y yo no comprendí mi visión hasta que su presencia ya estuvo confirmada, no es que eso sirva de algún consuelo. No tenemos ninguna idea de lo que pueden estar tramando juntos.

—¿Sayaka es tan difícil de leer como Kou? —preguntó la otra.

—Sería capaz de apostar que Kou hizo algo para tornar la mente de su secuaz a prueba de intrusos —respondió la Oráculo, sentándose enfrente de Arashi mientras cerraba brevemente los ojos—. Las visiones se están volviendo cada vez más frecuentes pero no logro discernir lo que él va a hacer realmente. Parece que está cambiando constantemente su decisión.

Arashi la miró en silencio por unos segundos, tomando nota de la apariencia estresada de Myrai-no-kami.

—No estás así sólo por culpa del ministro —no era una pregunta.

Setsuna volvió a abrir los ojos y los fijó en el rostro serio de la Jueza.

—No —admitió—. Hay asuntos más importantes que tenemos que tratar —sus ojos carmín casi parecían quemar cuando terminó de hablar—. Es sobre tu hijo.