HITSUZEN







Volumen 17 - Capítulo 90

Interesante















Ya atardecía. Sentado en uno de los bancos junto al Senpaku, contemplaba las nubes bailando en el cielo, desplazándose con la brisa suave que soplaba desde el mar. En breve cambiarían nuevamente de estación; el verano se avecinaba a su fin y los árboles ya empezaban a sentir los primeros efectos del otoño.

Hacía ya algún tiempo que no se sentía tan en paz: desde la publicación de la edición anterior del periódico de la escuela... desde la tira que Haruhiro dibujó...

Era ciertamente increíble cómo el mundo podía cambiar en poco más de quince días. ¿Cómo una amistad que creía eterna pudo arruinarse de un momento a otro? Traición... ¿De veras creía Haruhiro que fue él quien lo traicionó?

Touya se rió sin humor y cerró los ojos. Mil y un rumores de su relación con Otsu habían estallado; hasta la extravagante idea de que en realidad ellos habían sido forzados a consumar la ceremonia de concepción de la nueva vidente más pronto porque la actual Myrai-no-kami descubrió que tenía una enfermedad incurable y que estaba por morir.

No sabía bien qué podía hacer ante ello. Después de todo fue exactamente por tal motivo que habían decidido mantener todo en secreto. No tanto por él, aunque no se sentía a gusto teniendo toda su privacidad expuesta de esa manera... sino por Otsu.

La última vez que estuvieron solos fue cuando ella lo buscó para hablar de su padre, exactamente en este mismo lugar. Le hubiera gustado poder hacer algo más que sólo escucharla; sentía muchas veces un insano deseo de protegerla, de levantar una pared entre ella y el mundo.

No eran celos ni un sentimiento de posesión lo que lo hacían querer hacerlo. No necesitaba que la joven dijera nada para saber lo lastimada que quedó... lo mucho que sufrió. Tal vez ni siquiera la misma hime estuviera consciente de ello, pero aquella siempre fue la impresión más fuerte que él tenía de ella, de cuando eran niños, incluso antes de entablar relación.

—Vas a terminar pillando una gripe si continúas durmiendo a la intemperie.

Touya se incorporó despacio y se encontró con la figura de su prima parada junto al abrigo de los árboles, mirándolo con expresión preocupada. Él sonrió apenas y se acomodó en el banco, a fin de cederle lugar a Kitsune.

—No estoy con muchas ganas de sociabilizar ahora mismo pero voy a hacer una excepción contigo.

Ella meneó la cabeza y se sentó al lado de su primo, sus ojos perdiéndose en los movimientos calmos del río. Los dos permanecieron en silencio, a gusto con la presencia mutua.

—¿Cómo estás? —preguntó la muchacha sin volverse hacia él.

—Estoy bien. Estoy más preocupado por Otsu —se rió y meneó la cabeza—. Irónico, ¿no? Es irónico que sea justamente contigo con quien vaya a desahogar mis desgracias amorosas, especialmente después de nuestra última conversación.

—No he cambiado de idea sobre lo que dije antes —respondió Kitsune—. Tu relación con la hime es un problema... Pero voy a apoyarlos cuando me necesiten.

—La parte más divertida es que no ves esto como una posibilidad, sino como una certeza —replicó con una sonrisa triste—. ¿Qué vas a hacer, Kitsune? ¿Golpear a los de seguridad mientras yo huyo en barco con Otsu-chan?

—Si estás con ánimo suficiente para hacer bromas, entocnes las cosas no están tan mal como pensé —se volteó finalmente hacia su primo—. Haruhiro tampoco quería hacerte mal, Touya. Actuó sin pensar.

—Hirió a una persona importante para mí.

—¿Acaso tú no lo heriste también? —espetó ella.

Esta vez él no respondió. Kitsune suspiró y volvió su atención al cielo, como hizo él más temprano.

—Habrá una reunión del Consejo mañana —señaló lentamente—. La hime será presentada oficialmente como la futura Myrai-no-kami.

Touya suspiró.

—Lo sé... Pero no fuimos invitados esta vez.

—No logro imaginar por qué... —el tono de ella era ahora casi irónico.

Touya meneó la cabeza mientras la miraba de soslayo, su expresión casi deformada en una mueca.

—Eres muy buena consolando a la gente, Kitsune.

—Gracias.

—Estaba siendo sarcástico.

Ella sonrió y lo miró casi con diversión.

—Lo sé.

Él suspiró profundamente y echó los brazos hacia atrás para apoyar la cabeza en ellos.

—Kitsune... ¿crees que Myrai-no-kami tenga algo en contra mía?

—¿Fuera de que sales con su hija a escondidas? No lo creo... A no ser que ella haya echado un vistazo a tu currículum escolar y visto todas las veces en que te tuvieron que llamar la atención porque te dormías en el salón de clase.

—Oye, Kitsune... estoy hablando en serio.

—Yo también —respondió ella—. ¿Qué más podría tener ella en contra tuya, Touya? Eres miembro de una de las familias más tradicionales de Suzuko; probablemente uno de los partidos más codiciados de nuestra sociedad. Poder, fortuna, inteligencia... Cumples con todos los requisitos necesarios para ser Consorte de la Vidente.

Touya suspiró una vez más. Kitsune sonrió, esta vez de manera más gentil, y apoyó una mano sobre su hombro.

—¿Por qué no hablas con Arashi-obasan? Con su apoyo las cosas pueden volverse más fáciles, incluso con respecto a Myrai-no-kami.

Él sonrió a medias. Kitsune tenía razón. Si había alguien lo suficientemente cercano a la madre de Otsu que podía interceder por él, ése era su madre.

Arigatō, Kitsune.

Ésta tan sólo asintió en respuesta.

*****


Tooru movió su alfil y acorraló a uno de los peones de su adversario. Esbozó una media sonrisa antes de recostarse nuevamente en su sillón mientras observaba con atención la expresión sombría de Itadaki.

—Es una pena que tengamos que abdicar de la diversión esta noche, ¿no, Kenmei? —señaló al tiempo que cruzaba las manos frente a su rostro y le sonreía de manera casi simpática.

—Como si fuera a pasar algo diferente de lo usual —respondió Itadaki sencillamente, retirando su peón de la línea de fuego del otro.

—Yo no estaría tan seguro de eso. Las cosas se han puesto divertidas por aquí —continuó Kou.

—Pensé que ya habías tenido suficiente diversión después del fiasco con Akiba-san —replicó con malicia.

Tooru sonrió.

—A veces tenemos que sacrificar algunas piezas en el camino —bajó ligeramente la mirada antes de hacer su jugada—. Jaque.

Itadaki se mordió el labio por dentro pero no hizo mención de responder esta vez. En cierta forma Kou tenía razón. La realidad de ellos se estaba modificando. Como en el juego, las piezas del Consejo estaban empezando a moverse.

¿En qué posición estarían ellos cuando les llegara el momento de decidirse? Tooru sonrió para sus adentros.

Definitivamente las cosas estaban empezando a ponerse interesantes...