HITSUZEN







Volumen 17 - Capítulo 89

Secreto















Septiembre había comenzado y Meisaku Yuri estaba perdida en sus cavilaciones, contemplando el movimiento de las aguas del mar. El día estaba finalizando y la joven había decidido aprovechar el intervalo antes de cenar para caminar por la costa de Amaterasu. .

A fin de mes iba a hacer un año de noviazgo con Kenmei Itadaki. Él seguramente estaba planeando algo, una sorpresa, ya que no tocaba el asunto o lo eludía cuando ella lo mencionaba. Ya lo conocía lo suficiente para saber algunas cosas, como cuando él no quería hablar de algo.

Si mirase para atrás no creería todo lo que pasó y menos aún cómo pasó. Itadaki era un heredero del Consejo y eso le acarreaba responsabilidades; como miembro de una familia tradicional y rica, era considerado mimado por varios compañeros de la escuela.

Para Yuri, sin embargo, él era el muchacho del que se había enamorado a primera vista.

Ninguno de los dos podía explicar bien cómo pasó, pero cuando quedaron parados uno al lado del otro no quisieron soltarse más.

La joven tomó una pequeña piedra y la arrojó al agua, tratando de distraer un poco su mente.

Sus amigos, Aiko principalmente, ya se habían cansado de decirle que sólo podía pensar en su novio y hablar de los dos. Su amiga protestaba por algo importante: Yuri casi no estaba más con ellos. Este año su única actividad extra eran los ensayos de Nekomata y a veces Itadaki asistía.

¿Qué podía hacer si, cuando estaba lejos de Ita, su añoranza aumentaba? Y sabía que él sentía lo mismo.

Los dos estudiaban en la misma clase y pasaban prácticamente todo el día juntos. Cuando se encontraban al día siguiente, Itadaki se esforzaba en demostrarle lo mucho que la había echado de menos en las horas que estuvieron separados.

Yuri se agachó y tomó otra piedra. Trató de lanzarla más lejos que la primera.

Por más que intentaba desviar su mente, sus pensamientos pronto regresaban a los ojos castaños que brillaban todo el día a su lado.

Ni cuando fue presentada a su familia Itadaki se separó de su novia. Se encargó de dejarles bien claro a todos que su relación no estaba en discusión.

Kenmei Yumi, la matriarca de la familia, no dijo nada cuando la vio por primera vez, pero sus gestos fueron más que suficientes para que Yuri supiera que no era bienvenida en esa casa. No fue una novedad para ella, pero esperaba que fuese por no tener tantos modales, no por ser mestiza y por tener algunos rasgos no orientales.

Al contrario que la abuela de su novio, el padre y el tío de Itadaki fueron bastante receptivos y varias veces dijeron que «por fin vamos a tener a una mujer bonita en la familia». Sin embargo, en el momento en que lo conoció, Yuri no encontró nada agradable la mirada que le dirigió Yupparau.

«Quién dijo que reflexionar sobre tu vida al lado de alguien era fácil...», pensó al sentarse en el césped.

Su hermano la alertó de los rumores que su relación estaba provocando... No por el tiempo que llevaban juntos, sino por el modo como los dos se trataban enfrente de todos, sin molestarse en ocultar sus sentimientos.

Por más que él la amase, Itadaki nunca iba a dejar de ser un heredero del Consejo y ella ya era considerada la futura esposa de una Sombra del Poder, aun cuando no cubría los requisitos necesarios.

Ashitaka se quedó en el cuarto de su hermana después del regreso de ésta de la primera fiesta con la alta sociedad de Suzuko y escuchó lo que ella le contó sobre el lugar y la gente. La propia Yuri le dijo que no encajaba con esa gente, pero consideraba que era algo que debería aprender para poder permanecer al lado de su amor.

«¿Cuántas veces te he dicho ya que eres importante para mí y que no me importa lo que digan? Asumiré mi lugar en el Consejo por mi competencia y no por la persona que estará conmigo. No me importa lo que digan o lo que opinen de nosotros, tú eres mía y no del Consejo o la sociedad».

Itadaki le repitió esas palabras muchas veces durante las vacaciones y unas cuantas después de regresar a clases. Él no entendía bien por qué ella se quedaba tan preocupada, pero no fue él quien oyó cuchicheos diciendo que ella no pertenecía a un lugar tan importante.

Aun con todo esto en su mente, la muchacha miraba el reloj preguntándose dónde estaba su novio. Lo echaba constantemente de menos. Su madre le dijo que tuviera cuidado, que él podría terminar enojándose, pero Yuri no estaba de acuerdo. Ellos eran “pegajosos”, como los definió su hermano varias veces.

—Yo también te eché mucho de menos —le dijo Itadaki al oído con voz suave, demostrando así que había llegado. Se sentó a su lado y la abrazó, dejando que ella apoyase la cabeza sobre su hombro.

—¡Has tardado! —masculló Yuri en respuesta mientras lo envolvía con sus brazos y se acurrucaba contra su cuello.

Él le dio un ligero beso en la frente y dejó que su mente se perdiera en el mar que tenía delante.

Itadaki quería que Yuri creyera que lo que escondía era algo relacionado al aniversario de noviazgo de ellos, por eso no comentó ni una sola vez sobre la tira que salió en el Tsuru sobre la relación de la hime con Yamamoto. No es que ella no lo supiera —cielos, a estas alturas toda la sociedad mágica ya lo sabía y lo comentaba—, pero prefería que ella no asociase ese acontecimiento con ellos.

No le importaba a él lo que pasaría después de la revelación del noviazgo secreto, siempre y cuando su relación no se volviese el objetivo. Era su deber proteger a Yuri e Itadaki se había prometido a sí mismo que lo iba a hacer.