HITSUZEN







Volumen 17 - Capítulo 88

Padre















En los últimos días iba siempre allí a buscar refugio. Odiaba percatarse de las miradas que la gente le lanzaba en su dirección o escuchar los cuchicheos mal disimulados cuando pasaba. No es que le pareciera particularmente malo tener por compañía al río y los árboles, nunca necesitó de excusas para quedarse solo.

Con los ojos cerrados y uno de los brazos sobre la cara, tumbado en el suelo, cualquiera que pasase por allí pensaría que estaba dormido... Pero Touya estaba lo suficientemente despierto para sentir los pasos que se acercaban y se detenían después a pocos metros. Cuando abrió los ojos se encontró con el rostro invertido de Otsu, que lo miraba con expresión pensativa.

Enseguida sonrió y se sentó, invitándola con un gesto de la mano a sentarse también.

Ohayō, Otsu-chan. No pensé que te vería tan temprano. ¿No tienes clase?

—Sí... —respondió, aún mirándolo seria— pero quería hablar contigo, necesito hablar contigo.

El semblante de Touya adquirió una expresión más seria, al igual que ella, y asintió apenas.

—¿Es sobre lo que hablaste con tu madre? —preguntó—. Rika me dijo que habías sido llamada al gabinete de la directora por segunda vez en menos de quince días.

Extendió la mano para tomar la de ella con cuidado y dejó que su mirada se demorara un poco en los dedos entrelazados antes de desviar nuevamente su atención al rostro de la joven.

Ella asintió ligeramente antes de sentarse a su lado en el césped y contemplar el río. Tomó una pequeña piedra redondeada que estaba cerca de sus pies, la arrojó al agua y se quedó mirando las ondas que el impacto había causado. El río, al igual que Otsu, parecía ser el mismo pero algo había cambiado, algo había sido agregado.

—Descubrí quién es mi padre —dijo finalmente, volviendo a mirar a su novio.

Touya se quedó en silencio, sin saber qué responder y prefiriendo que ella continuase a su propio ritmo.

—Mi madre terminó mencionándolo en nuestra plática... sobre que él fue su sacrificio... Ella lo amaba... —murmuró Otsu, dejando que las palabras borbotearan de sus labios, aunque parecieran un tanto incoherentes—. Tía Tomoe me confirmó la historia... Su nombre fue Himura Soujiro. No sé... tal vez esté haciendo una tormenta en un vaso de agua, pero desde que supe la verdad me siento como si mi vida entera fuera a cambiar por culpa de ese hecho.

Él sonrió apenas.

—Recientemente pasaste por el Otemise. Tal vez sea por eso que estás con esa impresión —señaló—. Los cambios no siempre son malos, Otsu. Tal vez esta sea la oportunidad de acercarte a tu madre... O por lo menos de entenderla mejor.

La joven suspiró de forma audible y posó la cabeza sobre las rodillas ahora flexionadas.

—Tienes razón. Tal vez sea sólo una sospecha equivocada. Pasaron tantas cosas en estos últimos días: el papelón en el Tsuru, el Otemise... y encima va a celebrarse la fiesta de presentación al Consejo. Tal vez sólo esté un poco cansada.

Touya asintió, sin saber bien qué decir para dejar a su novia más tranquila... Pero Otsu aún no había terminado.

—Pero ¿sabes una cosa? —lo miró con una discreta sonrisa—. Nunca pensé en mi padre hasta el día de hoy; no obstante la sensación de saber quién fue él, cuál fue su nombre, hasta inclusive que él y Setsuna se amaron en algún momento de sus vidas... Eso me deja... contenta.

—Eso es bueno —respondió él y se arrastró un poco en el césped hasta ubicarse detrás de la hime, para entonces rodearle la cintura con los brazos y hacerle apoyar la cabeza en su hombro—. Yo tampoco conocí a mi padre... y no sé prácticamente nada sobre él... Pero sé que mi madre lo amó lo suficiente para concebirme —le sonrió—. ¿No es una buena sensación?

—Sí que lo es —asintió la hime y dejó que su sonrisa se ampliara, aunque ínfimamente.

Era una buena sensación saberse fruto de un acto de amor y, por más que Setsuna fuera una persona difícil, Otsu sentía un cierto aliento en saber que su madre fue feliz algún día... Tal vez tan feliz como lo era ella ahora con Touya.

Se acurrucó un poco más en los brazos de su novio y se dejó tomar por esa sensación de bienestar, sin importarle quién los pudiera ver juntos.

—Touya-kun... —lo llamó casi en un susurro—. Gracias. Por todo... Por estar aquí conmigo.

Él sonrió y jugueteó con la mano de la joven, en donde tenía el anillo que le había regalado en su cumpleaños.

—Siempre que me necesites, Otsu-chan.