HITSUZEN







Volumen 16 - Capítulo 84

Picnic bajo las estrellas















Cuando Rika le entregó el sobre pardo, sonriendo de a oreja a oreja como si hubiese ganado un vale de compras sin límite de una tienda de telas, Otsu supo de inmediato que lo que su amiga le traía era un mensaje de Touya.

Aquella se volvió la manera habitual de marcar sus encuentros, con Rika haciendo el servicial papel de mensajera entre la pareja. Aunque después de todos estos meses de secreto toda la escuela sabía de la relación de ambos, a Touya le pareció más prudente mantener el viejo hábito... O tal vez justamente porque ahora todos lo sabían fue que decidió continuar con la costumbre, imaginando que esta sería la mejor manera de preservar la privacidad de ambos.

Mientras caminaba por el sendero casi escondido que llevaba al rincón preferido de Touya para observar las estrellas —en donde muchas, muchas veces se reunieron después del primer beso—, Otsu reflexionaba sobre la actual situación. En su interior había una mezcla de preocupación y determinación.

Cuando vio a Touya inclinado sobre el telescopio, parte del peso que tenía en su corazón se desvaneció y la hime se permitió sonreír con suavidad.

Konbanwa, Touya-kun —dijo—. Perdona la demora; hace poco que volví de cenar con Tomoe-obasan.

Él se apartó del telescopio al tiempo que le sonreía y agitaba la cabeza.

—No estás atrasada, no te preocupes, pero espero que aún tengas algo de apetito. Tengo suficiente comida en esta cesta como para unas quince personas. Cortesía de Rika, claro.

Otsu se permitió otra sonrisa mientras Touya se acercaba a ella con los brazos abiertos. Sin pensarlo dos veces le devolvió el abrazo y sintió su respiración cálida sobre su frente antes de recibir un beso en la misma.

—¿Cómo estás? —preguntó él bajito.

—Ahora estoy bien —respondió la joven, dejando que la calidez de su abrazo paliase todo el cansancio y preocupación que pudiese sentir aún.

Touya se quedó en silencio, acariciándole los bucles sueltos, perdido en sus propias cavilaciones. Mientras organizaban las cosas para el picnic, Rika le contó que Otsu fue llamada al despacho de la directora.

No sabía si debería preguntarle qué había pasado en esa reunión. Touya entendía que su madre era un asunto difícil para la hime y ella siempre evitaba hablar de ello. Quería ayudarla pero no sabía bien cómo.

Odiaba sentirse de esta manera, tan impotente y de manos atadas. Kitsune se lo había advertido cuando hablaron justo después de que ella y Haruhiro descubrieron su noviazgo con la heredera de las Myrai.

—¿Y tú, cómo estás? —preguntó Otsu después de unos minutos, apartándose de él.

Él sonrió, pero la sonrisa no le llegó a los ojos. ¿Cómo estaba él? Buena pregunta; no sabía responderla. Estaba sin hablarse con Haruhiro, evitaba a la mayor parte de sus compañeros... Las únicas personas con quien podía hablar libremente eran Rika y Kitsune y se sentía sumamente agradecido porque su prima no lo hubiera juzgado ni nada por el estilo.

Tal vez subestimó a la Raposa. Siempre pensó que, el día que esa historia saliese a la luz, sería ella quien reaccionara más violentamente... Pero no debería estar pensando en sus problemas, no esta noche.

—También estoy bien —respondió Touya con voz suave y se inclinó para capturar los labios de ella en un beso dulce—. Omedetō gozaimasu, Otsu-chan.

Dōmo arigatō, Touya-kun —respondió ella, sintiendo las mejillas enrojecerle y una sonrisa se insinuó en sus labios rosados—. Me siento feliz de poder pasar mi cumpleaños contigo.

Él sonrió una vez más, esta vez de forma más genuina. Con una mano en la cintura de la joven, la guió hasta el mantel que había extendido sobre el suelo y la hizo sentarse antes de hacer él lo mismo.

—Tengo un regalo para ti —dijo, sacando algo del bolsillo para luego extendérselo—. Espero que te guste.

Otsu abrió la pequeña cajita de terciopelo oscuro y contempló el pequeño anillo dorado que había en su interior. El brillo escarlata del delicado rubí que adornaba la joya parecía reflejar el brillo que apareció también en los ojos escarlatas de la joven.

Alzó la cabeza con una expresión extasiada en su rostro, revelándole a Touya toda la felicidad que su obsequio le había proporcionado a su kanojyo. Con una sonrisa semejante a la que ella le dirigía, tomó la mano de Otsu y le colocó el anillo en uno de los dedos.

—Te queda perfectamente —señaló Touya—. Debo darle las gracias a Rika por eso también.

La hime soltó una risita baja y melodiosa, imaginando lo contenta que Carrot-chan debía de sentirse haciendo de hada madrina de ellos.

—Este anillo es una promesa, Otsu —dijo él sonriendo ligeramente, jugueteando con los dedos de ella entre los suyos, antes de alzar la cabeza y mirarla profundamente—. La promesa de que siempre estaré aquí para ti.

La joven dejó que sus ojos rubíes se fijasen en los oscuros de su novio. La decisión que vislumbró al salir de la oficina de Setsuna se volvió certeza en este momento.

—Yo también te prometo estar siempre a tu lado, Touya-kun.

Él sonrió y la atrajo a sus brazos para abrazarla con fuerza. Cuando la luna salió de detrás de las nubes, los encontró deleitados: ella con la cabeza apoyada sobre el pecho de él mientras Touya la acariciaba, los ojos de ambos fijos en las estrellas.

Aishiteru, Otsu-chan —confesó Touya, su voz casi demasiado baja para ser escuchada.

Otsu contemplaba las estrellas; sin embargo, el cariño que él le daba y el calor tierno que exhalaba su cuerpo hicieron que sus párpados comenzaran a pesarle. A pesar de todos los problemas recientes, a pesar del Otemise que iba a celebrarse al día siguiente, supo que nada de eso importaba mientras tuviera a Touya a su lado.