HITSUZEN







Capítulo 82 - Expuestos


















Otsu se puso maquinalmente el uniforme y, luego de salir del cuarto que compartía con Rika, se puso a caminar por los corredores de Amaterasu igual de absorta y ajena al mund.

En menos de pocos días su noviazgo con Touya había sido descubierto, primero por su tía, después por Kitsune y Haruhiro. Tal vez, después de casi diez meses juntos, ella y Touya estuvieran volviéndose demasiado descuidados.

Aunque estaba plenamente consciente de las razones que llevaron a ambos a mantener la relación en secreto por tanto tiempo, una parte de Otsu se sentía aliviada por haber sido descubiertos. Al menos por su tía y por algunas de las personas más importantes en la vida de Touya. Ella siempre se había sentido un poco culpable porque su posición como heredera de las Myrai había puesto sobre su novio todo el peso de esa mentira.

No obstante esta revelación terminó causándole a Touya un sufrimiento que sabía él no merecía. Touya no entró en detalles pero le confesó que, para su sorpresa, fue Haru y no Kitsune quien reaccionó negativamente al noviazgo de ellos. Los dos amigos discutieron y —a pesar de que Touya le dijo que él y Haru estaban sin hablarse pero que todo iba a salir bien— la joven vidente podía percibir lo infeliz que era su novio.

Era Touya quien le preocupaba realmente. Le importaban su bienestar y su felicidad.

Preguntándose si debería o no buscar a Mihara para hablar con él, Otsu comenzó a percibir murmullos y miradas dirigidas a ella a medida que se acercaba más y más al comedor de la escuela para desayunar.

Rika estaba sentada en la mesa que solían compartir cuando ésta no estaba en compañía de Kitsune. Tenía los ojos agrandados y su piel parecía más pálida de lo normal, especialmente en contraste con el rojo de su pelo. Otsu se acercó temerosa.

—¿Viste ya esto? —le extendió una copia del Tsuru a la vidente.

En la página señalada por su amiga había una tira cómica en donde la hime podía identificar sin dudarlo una versión de Touya vestido de novio, con el semblante nervioso. En el siguiente cuadro aparecía ella misma con un vestido de novia y las mejillas visiblemente ruborizadas. Para finalizar, el tercer cuadro mostraba la sombra de los dos y una leyenda en letras rebuscadas, en donde se podía leer la siguiente frase: “¿Una pareja escrita en las estrellas?”. Haruhiro hasta lo firmó, diciendo ser aquello el regalo de bodas para su mejor amigo y lo “feliz” que estaba por la elección de Touya.

Otsu sintió la respiración fallarle por unos minutos y las piernas flaquearle. Toda la escuela sabía del noviazgo entre ella y Yamamoto, lo que significaba que pronto llegaría a oídos de su madre. Pero ya se enfrentaría a Setsuna cuando fuese el momento. Touya era quien le preocupaba ahora; se preguntaba si lo habría visto y cómo habría reaccionado, considerando especialmente la reciente pelea entre él y Haru.

No tardó en soltar los libros sobre la mesa, por una vez en su vida sin preocuparse por el “protocolo”, y se dirigió a Rika murmurando con ansiedad.

—Tengo que encontrar a Touya.

La pelirrojita apenas balanceó la cabeza en asentimiento y observó a su amiga desaparecer por las puertas que llevaban al hall principal del dormitorio. La joven Myrai no llegó a ir muy lejos, pues se le apareció una figura delante, bloqueándole el paso.

Kitsune.

Otsu se detuvo de sopetón, sin saber cómo reaccionar. Después que la otra descubrió el noviazgo, era la primera vez que se veía cara a cara con la Raposa. Se habían visto en clases pero no llegaron a hablar. Touya le dijo que su prima había reaccionado relativamente bien frente a las novedades, pero aun así la hime no sabía qué decir.

—Buenos días, Yamamoto —fue todo lo que pudo decir.

La otra inclinó la cabeza en respuesta.

—Está en su “lugar de observaciones” —dijo—. Creo que no es necesario darte indicaciones, ¿cierto?

Otsu asintió y su plan inicial fue irse rápidamente. Pero antes de ponerse en camino se volteó ligeramente y miró a Kitsune a los ojos.

Arigatō...

Dicho esto la vidente prácticamente echó a correr por los terrenos de la escuela, sin importarle quién la estaba mirando. Sólo quería encontrar a su novio.

Touya sintió los pasos de la joven aun antes de que ella apareciera en el lindero del pequeño claro. Se incorporó hasta sentarse en la hierba y volteó la cabeza a tiempo de verla aparecer con la cara colorada por la carrera y la respiración ligeramente alterada.

—¿Estás bien? —preguntó él al tiempo que apoyaba la mano sobre el césped y se daba impulso para ponerse en pie.

Otsu asintió.

—Estoy bien... Estoy preocupada por ti... —dijo con la respiración todavía entrecortada.

El joven Yamamoto sonrió con tristeza y le acarició la mejilla con la punta de los dedos antes de soltar un largo suspiro.

—Nunca pensé que él podría hacer una cosa de ésas —murmuró—. Entiendo que quisiera herirme pero... tú no hiciste nada —suspiró de nuevo y dejó caer la mano.

La hime lo miró con tristeza y cariño, tomó su mano con delicadeza y entrelazó sus dedos con los de Touya. En el fondo de su mente estaba preocupada por las futuras consecuencias de esa publicación, especialmente en lo que se refería a su madre, pero ahora su prioridad era su novio y podía ver lo triste que estaba él con todo esto.

Se acercó un poco más a él, estrechando el espacio que había entre ambos. Se puso de puntillas y le besó los labios delicadamente para después rodearle la espalda con los brazos y abrazarlo.

Él le devolvió el abrazo y apoyó suavemente el mentón sobre la cabeza de ella.

—En último caso Kitsune se ofreció a golpear a cualquiera que se atreva a hacer un chiste del asunto —comentó con una punzada de humor.

—Podría unirme a ella si eso no empeorase la situación —Otsu se rió bajito. Era extrañamente reconfortante que la Raposa estuviera de parte de ellos.

—Mi ego se fue al espacio hoy... Dos chicas ofreciéndose a protegerme. ¿Dónde queda mi orgullo? —preguntó él, separándose de la hime para poder mirarla.

Otsu notó que Touya estaba haciendo lo posible para que la situación fuera menos tensa para ella y se sentía agradecida porque él se esforzara tanto, aun sabiendo lo difícil que debía de estar siendo todo para él también.

—Bueno... Tu prima y yo somos mejores en el kendo que tú... pero si quieres podemos entrenarte para que puedas defender tu honor tú solo —bromeó. Era tan fácil ser más informal con Touya.

Después de esto Otsu se puso un poco más seria y posó la mano en la mejilla del joven con delicadeza y ternura. Fue entonces el turno de Touya de acercarla a sí y dejar que el calor de ambos los reconfortara.

Mientras estuvieran juntos iban a estar bien.