HITSUZEN







Volumen 15 - Capítulo 81

Traición
















El picaporte giró suavemente antes de que la puerta fuera empujada suavemente. Haruhiro tardó casi un minuto entero en decidirse a alzar la cabeza y mirar la expresión ansiosa y un tanto alegre de su mejor amigo.

Sonrió tentativamente, pero fue una sonrisa que no alcanzó ojos. Touya cerró la puerta tras sí y se apoyó en la misma mientras observaba el semblante de Haru, tratando de decidir por dónde empezar la conversación.

No obstante fue salvado cuando el otro se echó a reír sin ganas, pasándose una mano por el pelo antes de sentarse con las piernas cruzadas sobre la cama.

—Así que... tú y la hime... Tienes un gusto extraño, Touya.

Éste no pudo dejar de sonreír ante ese comentario.

—Bueno, primero ella es una chica... y guapa también. Parece llenar tu requisito de material para citas. Así que, ¿por qué entonces tendría yo un gusto extraño?

Anō... ¿porque ella es complicada? ¿Y porque tiene toda esa cosa tenebrosa de ceremonia y destino y visiones y no sé qué cuernos más? —Haru volvió a sonreír, esta vez más relajado.

—Con algunas pequeñas diferencias, Kitsune acaba de decirme lo mismo —señaló Touya—. Pero eso no cambia lo que siento por ella.

Haru lo miró por unos segundos.

—¿Eso significa que la vas a invitar a salir?

El otro estrechó ligeramente los ojos y respiró hondo. De no ser por la seriedad de la situación, estaría riéndose de la idea.

—En realidad somos novios... hace un tiempo.

Asintiendo contemplativamente, Haruhiro dejó vagar la mirada sobre su amigo antes de que la total comprensión de lo que acababa de escuchar cayera con todo el impacto sobre su mente.

Por un momento se vio imposibilitado de hablar, varios pensamientos superponiéndose a una velocidad aterradora. Touya estaba saliendo con la hime. Touya era novio de la hime hacía ya un tiempo. Touya no le había contado nada al respecto.

Sintió una punzada incómoda en el estómago, una sensación de pesar y rabia mezclados formándosele como un nudo en la garganta. Con cierto esfuerzo pudo controlarse lo suficiente para continuar la charla, manteniendo un tono neutro.

—¿Hace... cuánto tiempo?

—Desde Navidad —respondió Touya dejando escapar otra sonrisa, el alivio de haberlo confesado ya haciéndole efecto.

Haru apretó inconscientemente los puños sobre la colcha.

—Eso es hace casi un año, Touya —señaló.

—Lo sé.

—¿Y nunca pensaste que una noticia como ésta era digna de ser compartida? —inquirió.

Sólo entonces Touya percibió la postura tensa del otro chaval, su expresión ceñuda, tan opuesta al buen humor constante de su amigo. Estrechó lentamente los ojos y adoptó sin querer una postura defensiva.

—No era algo que pudiera ser divulgado por ahí, Haru. Como tú mismo dijiste, Otsu es la hime. Mantenerlo en secreto era lo mejor para protegerla. No podía...

—¿Creíste que yo saldría por ahí divulgando tus secretos, Touya? —el tono de Haruhiro ahora era de incredulidad—. ¿Cuánto tiempo hace que me conoces? ¡Somos amigos desde que usábamos pañales, Yamamoto! ¿Y pensaste que no podías confiar en mí?

—Nadie lo sabía, Haru —meneó la cabeza despacio, como corrigiéndose—. Quiero decir, excepto Rika, que fue quien hizo las veces de casamentera, pero...

—¡Rika! ¡Se lo contaste a Rika y no me lo contaste a mí! —Haruhiro se puso de pie, casi vociferando—. Diablos, Touya, qué...

—¡HARU! —lo interrumpió su amigo, serio—. ¡Chico, estás actuando como una novia celosa! Hasta Kitsune recibió las buenas nuevas con un poco más de entusiasmo que tú.

—¿Buenas nuevas? —Haru se rió ácidamente—. Esto sólo puede ser una broma. ¿Quieres saber lo que pienso, Touya? Creo que todo esto es una gran mentira. Creo que eres un idiota... Todos estos años estuve equivocado creyendo que te conocía, creyendo que éramos amigos y que podíamos confiar el uno en el otro... Eres probablemente la mayor decepción de mi vida.

—Haruhiro, definitivamente lo que estás diciendo no tiene sentido...

—¡No, Touya! En realidad esta es la primera vez que hago algo coherente en mucho tiempo. ¡Me mentiste todo este tiempo, no sólo a mí, sino a todo el mundo! —Haru respiró hondo, tratando de controlar la rabia que parecía querer dominarlo—. Engañaste a todo el mundo con esa pose de niño bueno mientras a nuestras espaldas te manoseabas con la princesita.

Esa fue la gota que colmó el vaso para Touya, que sin pensarlo dos veces se abalanzó sobre Haruhiro y le dio un puñetazo directamente en la nariz. El sonido de huesos rompiéndose fue audible y el joven Mihara cayó de espaldas con una mueca de dolor, la sangre que manaba abundantemente manchándole la camisa.

No llegó a registrar la aproximación de su compañero hasta que fue agarrado del cuello de la camisa y se encontró con la faz lívida de Touya a pocos centímetros de la suya.

—Nunca más te atrevas a hablar así de ella. No sabes nada, Haru.

—¡Por supuesto que no sé nada! —bramó Haruhiro en respuesta—. Lo escondiste todo este tiempo. Traicionaste nuestra amistad... por una chica. ¿Por qué, Yamamoto? ¿Creíste que serías aceptado volviéndote el Consorte de la Oráculo? ¿Que dejarías de ser un bastardo, un renegado en tu propia casa? ¿Que tu abuelo dejaría de despreciarte?

Haru volvió a caer sentado cuando el otro le soltó la camisa, sabiendo que lo que acababa de decir dolió mucho más que su nariz rota. Nunca antes nadie le había dicho esas palabras directamente, aunque Touya sabía lo que la gente hablaba a sus espaldas... Lo que decían de él y su madre.

Su abuelo nunca le había faltado el respeto ni tampoco dicho una sola palabra agresiva, pero Touya siempre sintió la distancia que había entre ellos. La única persona a quien le había confiado esos temores era justamente la misma que le echaba eso en cara.

Haruhiro observó al otro levantarse con la mirada fija en él, absolutamente inexpresivos.

—Estás equivocado, Mihara —dijo, dándole la espalda—. Fuiste tú quien traicionó nuestra amistad. Yo también creía que te conocía pero estaba equivocado con respecto al tamaño de tu egoísmo. El mundo no gira a tu alrededor y yo definitivamente nunca te debí ni te debo explicaciones.

No hubo respuesta a este último comentario. Haru observó a Touya abandonar el cuarto sin titubear y cerrar la puerta tras él, dejándolo solo. Por unos minutos permaneció sentado en el suelo mirando la puerta, el nudo en la garganta volviéndose casi insoportable.

Por primera vez en muchos años Mihara Haruhiro lloró.