HITSUZEN







Volumen 15 - Capítulo 80

Poniendo los puntos sobre las íes
















Touya cerró despacio la puerta tras sí y observó el cubículo a donde su prima lo había guiado; era la sala de limpieza del club de kendo. Bueno, era la salida más obvia, ya que aquel era el edificio que estaba más cerca y definitivamente no quería tener este diálogo en un ambiente abierto, donde cualquiera pudiera oírlos.

—¿Cuánto tiempo hace que están juntos? —preguntó Kitsune.

Directo al grano. Él no sabía si admirar la practicidad de la joven o exasperarse con la falta de tacto que a veces ella demostraba. De cualquier forma, en estos momentos era mejor ser simple y sincero. De nada iba a servir darle vueltas al asunto y Touya prefería terminar con esto lo más rápido posible.

—Desde Navidad —respondió por fin.

—Diez meses de secreto. Lograron ser muy discretos —señaló Kitsune, cruzando los brazos al tiempo que se apoyaba contra la pared y relajaba ligeramente el cuerpo.

Él suspiró y se pasó la mano por el pelo para apartar un mechón que tenía sobre los ojos.

—Lamento mucho no habértelo contado, Kitsune.

—Yo habría hecho lo mismo estando en tu lugar —respondió ella, mirándolo con expresión neutra—. Sabes que una relación con Myrai Otsu definitivamente significa problemas, ¿verdad?

Touya le devolvió la mirada y dejó que se le escapara una fugaz sonrisa.

—Pensé que habría mucha más cantidad de palabras rabiosas cuando me revelaste tu opinión —señaló.

Kitsune arqueó una ceja.

—No le veo la ventaja perder tiempo y energía cuando es obvio, por la manera como ustedes se miraban, que nada de lo que yo diga va a cambiar tu decisión. Estoy un poco decepcionada porque no me lo hayas contado, Touya, pero creo que, considerando mi pasado con ella, tuviste razón en no hacerlo —se calló por unos instantes, pensativa, antes de continuar—. No es que apruebe tus sentimientos pero no hay mucho que yo pueda hacer al respecto.

—Estoy verdaderamente sorprendido de que estés recibiendo las nuevas con tanta naturalidad —Touya sonrió nuevamente.

—¿Me estás acusando de no ser racional? —inquirió con sarcasmo en su voz—. Touya, de todas las cosas estúpidas que podías hacer, te enamoraste de una Myrai... Y no cualquier Myrai, sino de la heredera —meneó la cabeza—. El número de cosas que pueden salir mal en esta ecuación es casi infinito. Para empezar, ¿qué harás cuando llegue el tiempo de la Ceremonia? Seguramente estás pensando en postularte para Consorte, pero ¿y si no fueres elegido? ¿Podrás vivir con eso? ¿Podrás vivir con la presión, con el hecho de que jamás vas a ser prioridad en la agenda de la futura Oráculo, que vas a vivir a su sombra? ¿Esto es realmente lo que quieres?

La expresión de Touya se tornó seria. Muchos de los puntos que Kitsune acababa de enumerar nunca se le habían pasado por la cabeza antes. Había asumido que sería una elección natural para Consorte. No pensó tampoco en lo mucho que sus elecciones serían controladas por el hecho de que Otsu era, queriéndolo o no, una persona pública.

—¿Touya?

La voz de su prima lo hizo volver a enfocar su atención en ella. Kitsune sonrió a medias, descruzó los brazos y se apartó casualmente de la pared para enseguida posar una mano sobre el hombro de su primo.

—Realmente la quieres, ¿verdad? —preguntó con sorprendente gentileza.

Él asintió con la cabeza, no confiaba en su voz. La joven parpadeó y soltó un suspiro casi inaudible y resignado.

—No me voy a hacer su amiga de la noche a la mañana, Touya, pero haré un esfuerzo por comportarme más civilizadamente con la hime.

Él le devolvió la sonrisa y puso una mano sobre la de ella.

—No podría pedirte más, Kitsune. Arigatō —dijo, los ojos brillando con gratitud. Al fin y al cabo, de todas las alternativas que había pensado de lo que podría pasar en esta conversación, ciertamente fue la que menos esperaba.

—Tendrás que hablar con Haruhiro también —señaló—. Estaba conmigo cuando nos encontramos.

Touya asintió.

—Considerando el hecho de que hablar contigo salió mejor de lo que jamás podría haber previsto, Haru va a ser pan comido —se rió—. Tal vez podamos marcar una cita doble.

Kitsune volteó los ojos.

—No abuses de tu suerte. Ahora ve a buscar a Haruhiro. Se merece una explicación.

—Sí, señora —respondió él antes de inclinarse ligeramente y darle un fugaz beso en la frente—. Gracias, Kitsune.

—Vete ya antes de que te pongas a llorar —lo empujó con suavidad, aún sonriendo.

Touya se echó a reír y abandonó el cubículo respirando hondo y sintiéndose increíblemente aliviado, un gran peso habiendo sido quitado de sus hombros. Sólo se le olvidó decirle a Kitsune que Rika lo sabía... Pero su prima seguramente terminaría llegando a esa conclusión sola. Estaba completamente seguro de que desde el momento en que se fue ella se puso a analizar toda la situación, incluyendo todo lo que pudieran haber dejado transparentar él y Otsu.

—Ahora, a encontrar a Haru —murmuró para sí mismo, volviéndose en dirección a los dormitorios, el primer lugar donde pensaba buscar a su amigo.