HITSUZEN







Volumen 15 - Capítulo 79

La novia de Touya
















—Haruhiro, ¿estás seguro de que lo viste venir para acá? —preguntó Kitsune con una nota de irritación en su voz mientras se dejaba casi arrastrar por el aludido.

—Así me ofendes, Kitty —sonrió y le guiñó un ojo pícaramente—. Hasta donde yo sé tengo una vista perfecta y es obvio que yo jamás confundiría a Touya con otra persona.

La joven liberó su brazo de un tirón, haciendo que él se detuviera de sopetón y se volviera hacia ella.

—Ya que me recordaste que tienes una vista perfecta, tal vez deba recordarte que sé caminar sola —señaló—. Te agradecería que no salieras arrastrándome por ahí, Haruhiro.

Él la miró en silencio antes de esbozar su mejor sonrisa.

Sumimasen, Kitsune-chan. ¿Me perdonas?

Ella puso los ojos en blanco y sin responder pasó delante del otro para continuar caminando por el sendero que él señalaba. Haru sacudió la cabeza con resignación, aunque seguía sonriendo.

Kitsune tenía el pelo húmedo, el aroma del champú hacía que se volviera más fácil seguirla. Detrás de ella, Mihara podía escuchar la respiración acompasada de la muchacha, un poco sin aliento —bueno, había estado entrenando hasta hacía un rato; la encontró justo cuando ella estaba saliendo del vestuario—.

En los últimos meses fue difícil poder pasar algún rato con ella. No sólo era el último año de Haruhiro en la escuela —lo que significaba doble trabajo y estudio—, sino que también ella adquirió más responsabilidades después de ser electa vicepresidenta del Consejo Estudiantil.

Él casi se arrepentía de haberse negado a participar en las elecciones del Consejo. Al menos, si fuera representante, podría verla durante toda la semana. Con horarios y calendarios tan diferentes, los dos prácticamente se encontraban sólo cuando Kitsune iba a ver a su primo o viceversa.

Haruhiro no quería comprender su necesidad de pasar algo de tiempo con la muchacha; no quería reconocer que muchas veces inventaba excusas para poder verla, aunque de refilón. Le bastaba con la idea de que, siendo ella una de sus mejores amigas, era natural que él se preocupase e intentase saber cómo estaba ella.

Volvió a sonreír, acordándose de que, cuando él y Touya llegaron al club de kendo más temprano, su amigo se excusó diciendo que tenía que encontrarse con Kitsune para hablar de una carta que recibió en casa. Al final Touya desapareció y Haru fue quien encontró a la joven primero.

El joven Mihara tenía una ligera sospecha de que en realidad su amigo no estaba buscando a su prima. Después de todo él vio a Touya alejarse en dirección al bosque justo después de salir del vestuario, ya listo para el entrenamiento del día.

Tal vez Touya hubiera conseguido una novia. Haruhiro se rió íntimamente con la idea. Aunque era conocido como el más quietito del “dúo dinámico”, Haru sabía bien que su amigo no era ningún santo, sólo era más discreto con sus conquistas... y más serio también. Si había algo de verdad en que Yamamoto estaba con una chica, no iba a tardar mucho en ser formalmente presentada.

Sumergido en sus ideas, apenas se percató cuando Kitsune se detuvo de golpe al borde de uno de los muchos claros en donde los estudiantes acostumbraban a aprovechar su tiempo libre.

Touya estaba efectivamente allí... acompañado. Aunque en los últimos cinco o diez minutos Haruhiro estuvo considerando la posibilidad de que el otro estuviera con una chica, nada pudo prepararlo para la escena que lo esperada tan pronto dejó de caminar, a centímetros de chocarse contra la espalda de Kitsune. Nada pudo prepararlo para la mirada tan íntima y tan entregada entre su amigo y Myrai Otsu. El único contacto entre los dos eran las manos de ella entre las de él y aun así Haru se sentía como si acabara de invadir una escena muy privada.

Sin pensar en lo que hacía, giró sobre los talones y abandonó el claro, ignorando la exclamación de Kitsune que lo llamaba. No quería saber. No quería ver. No quería entender lo que estaba delante de él.

Touya y Otsu se separaron bruscamente al oír la exclamación de la Raposa y los ojos de la hime se agrandaron ligeramente al darse cuenta de quién estaba allí.

La joven Yamamoto volvió su atención hacia los dos, los ojos grises brillando con una emoción incontenida. El chaval no sabía qué estaba pensando exactamente su prima y no estaba muy seguro de si quería descubrirlo.

No obstante no tenía cómo escapar de esa conversación. Con una última mirada a su novia murmuró un casi inaudible «todo va a salir bien» antes de avanzar un paso y enfrentarse a la otra muchacha.

—Creo que tenemos que hablar —señaló.

—Estoy segura que sí —fue todo lo que ella respondió antes de darle la espalda y comenzar a caminar.

Él la siguió en silencio.