Tsuioku no Joukei
Volumen 09 - Capítulo 54
Caminos
Y entonces, antes de que pudieran darse cuenta, estaban en la última semana de vacaciones de su último año de escuela. Cuando volvieran de Amaterasu, al finalizar el año, no iban a ser más unos adolescentes divirtiéndose a inicios de la primavera, sino adultos comenzando sus vidas independientes, poniendo en práctica todo lo que aprendieron en ocho años de estudio.
Pero por ahora todo lo que querían era aprovechar el hecho de que eran gloriosamente jóvenes y libres; ¿y qué mejor para ello que pasar un día en la playa?
Haruka se rió bajito y se desperezó mientras contemplaba el mar calmo a través de la ventana de la casa de verano de los Miuura, actualmente utilizada por ella y sus amigos para la despedida de las vacaciones. Al otro lado de la sala, por tercera vez en diez minutos, Yuji bufó.
—¿Por qué tenemos que esperar a Masaka, al fin y al cabo? —preguntó cruzando los brazos.
—Porque estamos en mi casa y yo he dicho que sí —Haruka se volvió hacia él aún sonriendo.
El otro puso los ojos en blanco.
—¿Cómo es que alguien se tarda tanto en ponerse protector solar?
La respuesta vino esta vez en forma de cojín por detrás, cortesía de Tetsu.
—¿Podrías estarte quieto?
—Estás conviviendo demasiado con Masaka —rezongó Otsuki—. ¿Por qué siempre se la agarran conmigo?
—Otsuki, Masaka-san no llega a ser albina como su padre... pero es aun más blanca que todos nosotros juntos —le señaló Hisashi pacientemente—. Y estoy seguro de que es mejor demorarnos un poco más esperándola que terminar el día en el hospital con Masaka-san sufriendo quemaduras de tercer grado.
De esta forma su amigo se aquietó. Ciertamente a ninguno de ellos le gustaría estar cerca en caso de que Masaka sufriera alguna “quemadura de tercer grado”. Su humor definitivamente se tornaría... peligroso...
Por fin Maho y Kikuri aparecieron en el living, la médium con la cara blanca de protector solar, usando sombrero y anteojos oscuros, aparte de una camisa larga sobre los shorts blancos.
Tetsuya miró a su novia por unos instantes, su atención vuelta sobre las piernas de la joven. Nunca fue un secreto su obsesión por aquellas piernas... incluso antes de que fueran novios, cuando ambos todavía deseaban que el otro sacara un pasaje de ida al infierno.
Eran piernas largas y bien torneadas, que parecían extenderse por millas... leguas... No eran pálidas, sino rosadas como las mejillas de Maho, y tan suaves...
Él soñaba con aquellas piernas. Especialmente en los últimos tiempos. Principalmente en los últimos tiempos, cuando ella se paseaba por la casa de sus padres en shorts cortos, los rizos dorados recogidos en una cola de caballo, la curva del cuello completamente al descubierto, quejándose por culpa del calor, el rostro jadeante y expresivo.
Y a Tetsu nada le parecía más injusto en esos momentos que el que Maho tuviera por compañeros a dos fantasmas camaradas que funcionaban como los viejos cinturones de castidad y que últimamente parecían cronometrar hasta el tiempo en que se pasaban besándose.
La joven se paró delante de él y sonrió irónica, los ojos escondidos detrás de los cristales oscuros, pero que él bien sabía brillaban con aquella malicia suya particular.
—Ya puedes parar de babear, Tetsuya.
Éste volteó los ojos y se puso sus propios anteojos oscuros al tiempo que tomaba la mano de ella firmemente; los demás ya estaban dirigiéndose a la salida.
—Cuento contigo para arruinar el momento —masculló.
Ella se rió, meneando la cabeza, pero no respondió. Poco después caminaban por la playa, observando a sus amigos mientras cada uno de ellos se organizaba para tratar sus prioridades: Haruka y Hisashi sentados en la arena, discutiendo la mejor manera de construir un castillo; Kikuri extendiendo la toalla y preparándose para broncearse; Yuji observando una cancha de tenis situada en el malecón no muy lejos de donde estaban.
—Siento que estaremos en aquella cancha al final del día —señaló Maho mientras avanzaban, aprovechando el comienzo de la mañana y el sol aún débil para caminar.
—Comparto esa sospecha —concordó él—. Lo que hasta me sorprende un poco. Años atrás no lo creería si me dijeran que Otsuki intentaría convencerte de jugar con él, tampoco que aceptarías la invitación.
La médium se encogió de hombros y entonces permanecieron en un cómodo silencio, mientras se alejaban poco a poco de sus amigos. En un determinado punto ella se soltó de él y comenzó a recoger conchitas bajo la mirada divertida de su novio.
No obstante Tetsu se guardó cualquier comentario sobre la singularidad de la escena, era bueno ver que Maho tenía un lado un poco más suave, casi infantil. Él la conocía prácticamente de toda la vida y fueron raras las veces en que la vio actuar de acuerdo a su edad, sin mayores preocupaciones sobre quién la atacaría a continuación; y sin la petulancia y el sarcasmo con que ella acostumbraba a tratar a todo el mundo.
Lanzando una mirada de reojo, observó al lobo de Henro trotando dolientemente un poco más atrás de ellos. La mayoría de las veces Maho ignoraba olímpicamente a su silencioso guardián, pero él no siempre era capaz de hacerlo.
El lobo, al igual que Frederick y Clarisse, era parte de lo que ella era. Parte de lo que estar con ella significaba. Parte del inmenso rompecabezas que, sin percatarse, estuvo armando desde aquel día, años atrás, cuando observó a la niña de cabello dorado acompañada del mastín de ojos rojos.
Maho se volvió hacia él e inclinó ligeramente la cabeza en un gesto que denotaba curiosidad.
—¿Qué ocurre? —preguntó.
—Sólo estoy pensando en el camino hasta aquí.
Él notó que ella arqueaba una ceja, sin comprender exactamente de qué camino estaba hablando —probablemente en su cabeza Maho se estaba preguntando qué había de extraordinario en el camino que habían hecho en la playa—.
Sin embargo él no elaboró su respuesta. Sólo sonrió mientras imaginaba qué otras piezas del rompecabezas le revelaría aquel camino.
Por primera vez en mucho tiempo Tetsuya descubrió que estaba en paz.
*Fin de la segunda fase*