"Opinar del trabajo de un AMIGO-VECINO, es difícil, por cuanto entraña recuerdos juveniles de compartir exposiciones juntos, él peleando con el pincel y quien escribe con los rotrings, compás y compitiendo con VASARELLI".

No es fácil, no. Al igual que cuando se le preguntó a MONET octogenario, sobre el tema pictórico de su predilección: "NENÚFARES... A SER POSIBLE". Las variantes de sus obras e insistencias constantes sobre una permanencia estructural antepuesta daban infinidad de circunstancias para que pudiera ofrecer su tema elegido.

No hablo de sus musas vespertinas, tampoco de sus sentimientos y destrezas, siempre en constraste y progresos discordantes.

CASTANEDO dejó el pincel de acuarela, la plumilla, el óleo, la fotografía y en progreso LUCHADOR trabajó el cincel, la gubia, el formol para dar rienda suelta al ser o no ser de las figuras que se yerguen expectantes úna de la otra, mirándose al rostro del úno, de la otra, y surcando ambas de un mismo tronco, de la tierra, testigo de su nacer , confundidos sus rostros en la proximidad cercana: ¿amor?

LUIS CASTANEDO no es Henry Moore, ni Zadkine Ossip ni Bárbara Hepworth, a los que el autor no conocía en vida, pero siguen una línea CONVERGENTE, en la distancia, sin saber todos que los otros existían, trabajaban y lograban formas que daban vida, similares.

Cuando CASTANEDO ve la obra de los dos ingleses y del ruso, no puede evitar un OOOOH! que se les escaparía a los extranjeros viendo la obra suya.

Es en él, el ser vivo: Temas lúdicos sobre danzas sinfónicas del esfuerzo titánico del deporte, de la soledad pensativa, de la madre e hijo, cual si canguro y cría fueran, de esa metamorfosis del camello con una joroba al dromedario con dos, de esa mujer en danza silenciosa que sobre una barra recuerda un cabaret, de ese baile humano, alternando brazo y pierna arriba y abajo en dudoso equilibrio siguiendo un ritmo bifurcado o de esa pose infantil sentada manos en las rodillas, pensando, o, por último de esa figura de pié curvilínea sinuosa hermafrodita y... del amor.

En el AMOR el escultor se recrea: Amor en pareja, que discuten, amor de amantes qe muerden sus pies mientras copulan. Siempre el hombre a la izquierda, en actitud de poder, la mujer, a la diestra, mira, dice, obliga, siente la presencia del otro, y le domina.

CASTANEDO, no se estanca. Asalta con crudeza tras dejar sus riendas otro soporte: EL BRONCE. Tira con fuerza de martillo, de esmeril, de cortafríos. Sigue una idea fija y aparecen: DOS CUERPOS, ser, haber y estar, erguidos, figuras expectantes úna la otra, mirándose, naciendo de mismo tronco, tierra testigo de su nacimiento y confundiéndose sus rostros en la proximidad de un beso cercano de vida.

El escultor pone a la vista del espectador todo un mundo cambiante con recreamiento de sus nuevas técnicas en progreso contínuo mostrando sus destrezas, sensibilidades y sentimientos de la vida que transmiten en el tiempo letargos, sinuosidades curvas estilísticas y belleza henchida sin fin de la vida.

EMILIO ROMERO ROBLEDO -MAESTRO-

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Diseño: Diego Bolívar Muñoz