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F

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H

 

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La letra H

Hola chicos. Hoy tenemos que aprender algo muy. Muy difícil y complicado y por eso deben prestar mucha atención. ¿Y saben por qué es tan difícil? Porque tenemos que aprender una letra que cuando nació. No le dieron voz. No tiene sonido. No suena. Es muda. Nació mudita. Le comieron la lengua los ratones. ¿Conocen esa expresión? Cuando un niño no quiere hablar le preguntan si le comieron la lengua los ratones y a esta letra parece que así fuera porque nunca dice nada. Quizás sea muy tímida. Muy vergonzosa. El asunto es que nunca nos dice nada la muy atrevida y por eso se hace tan difícil saber cuando y donde está. Porque cuando hablamos ella no nos lo dice. Las demás letras las escuchamos. ¿Recuerdan todas las letras que aprendimos? Si decimos amar que empieza con a, si decimos Bebé. Sabemos que comienza con b y así todas las letras hablan. Tienen un sonido. Eso nos complica mucho. Porque no siempre sabemos cuando está y cuando no y hay que aprender cuándo y dónde usarla. Por ahora solo vamos a estudiar que existe y más adelante aprenderemos cuando ponerla. Porque sólo hay que recordar, ya que como dije, ella nunca nos lo dirá y sólo al leerla lo sabremos. Ahora les contaré un cuento con muchas muchas haches y después la vamos a escribir. Pero ustedes no sabrán donde están estas haches mudas.

 El hornero y sus amigos

Había una vez una pareja de horneros. La hembra iba a tener pichones. Tenía 3 huevitos para incubar y habían construido su nido en el árbol de una huerta. El nido del hornero. Es de barro y hierbas secas y es redondo. Como eran hace muchos años los hornos. Tiene una puerta. Dentro es hueco para poder habitarlo. Los papás horneros se preparaban para que los pichones salgan de los huevitos. Pero ese día apareció un hombre con un hacha para cortar un árbol. El hombre empezó a pasearse por la huerta buscando un árbol para obtener leña para encender su horno.

Los horneros se pusieron muy nerviosos y no sabían que hacer. Ya que si el hombre elegía el árbol donde se encontraba su nido y lo cortaba el nido caería al piso y allí no había hierba blandita sino tierra seca. Así que: ¿qué le iba a pasar al nido si el hombre con el hacha cortaba el árbol? Pues se caería y se rompería. El hornero se puso a revolotear alrededor del nido sin saber qué hacer. La mamá hornero temblaba de miedo pues sus huevitos eran muy frágiles y le dijo al papá hornero: haz algo y rápido.

El hornero salió volando a pedir ayuda a su amigo el halcón, que es un pájaro muy grande y fuerte y el hornero pensaba que era un héroe porque no temía a nada y volaba muy alto y muy rápido. El hornero voló y voló por el cielo casi una hora y al fin llegó al nido del halcón. Los halcones ven desde muy lejos. Así que  mucho antes de que el hornero llegara lo vio en el horizonte y se dio cuenta que el hornero necesitaba ayuda porque volaba muy por encima de sus fuerzas y se veía que estaba asustadísimo. Cuando llegó le preguntó: ¿Qué te pasa hornero que se te ve tan nervioso y asustado?

 

Y el hornero le habló: Entró en el huerto un hombre con un hacha de hierro y busca árboles para cortar y tenemos miedo que corte nuestro árbol, donde está nuestro nido con los huevitos. Necesitamos tu ayuda para impedirlo.

 

El halcón enseguida salió hacia el huerto y el hornero iba detrás volando muy rápido. Pero el halcón es mucho más grande y tiene alas enormes y volaba más ligero que el hornero y también este se había herido de volar tan rápido y se demoraba. Enseguida llegó el halcón al huerto. Estaba altísimo en el cielo y distinguió al hombre porque llevaba un cinturón con una hebilla que brillaba por el reflejo del sol.

 

El hombre justo se había detenido frente al árbol de los horneros y levantando su hacha de hierro se disponía a cortar el árbol de los horneros. Pero en ese momento sintió un ruido muy fuerte y ¿saben qué era? Pues la mamá hornero. También había pedido ayuda y envió a la hormiga a buscar al hipopótamo que habitaba un lago de por allí y él también es muy grande. Gordo y fuerte. La hormiga había corrido y corrido hasta el lago para llamar al hipopótamo y este  venía en camino y con sus pasos hacía que la tierra temblara.

 

El hombre se detuvo para entender de donde venía ese ruido y por qué la tierra temblaba y puso su hacha en el piso. El halcón estaba bajando del cielo. El hipopótamo ya había entrado al huerto con la hormiga sobre su lomo y la mamá hornero temblaba de miedo.

Cuando llegaron frente al hombre con el hacha de hierro se dieron cuenta que ninguno hablaba la lengua de los hombres y no sabían cómo le dirían que no cortara el árbol. En ese momento apareció un humo azul y enseguida se convirtió en la hermosa hada del bosque y como era hada sabía hacer hechizos con su varita mágica y le enseñó al hombre a hablar la lengua de los animales.

 

El halcón se paró sobre el hombro del hombre y le dijo: señor leñador. Tú no puedes cortar ese árbol. El hombre lo entendió y le preguntó por qué y el halcón, el hipopótamo, la hormiga y el hada le dijeron juntos: Porque en ese árbol está el nido de los horneros y están esperando que sus pichones salgan de los huevitos y si cortas el árbol se caerá el nido y se romperán los huevitos y no nacerán los pichones.

El hombre miró hacia arriba y vio que realmente había un nido y extrañado por entender la lengua de los animales les dijo: Queridos amigos. Yo quiero mucho a los animales y no vi que allí había un nido. Pero necesito leña para encender mi horno y poder cocinar las habas con harina para darle de comer a mis hijos que tienen hambre.

En ese momento el hada con un hechizo hizo aparecer un montón de leña para el hombre y lo llamó por su nombre y le dijo: Señor Horacio, aquí tienes suficiente leña para que enciendas tu horno y también te daré unos helados antes que llegue el invierno y el huerto se hiele.

Y le dio muchos helados para los hijos del hombre y de pronto el hada se convirtió otra vez en humo y desapareció. Pero el hombre, los horneros, el halcón y la hormiga se miraron con mucho gusto porque ya el hombre no cortaría el árbol y se despidieron del hombre que aún entendía la lengua de los animales y le dieron las gracias y los que tenían alas revolotearon a su alrededor y el hipopótamo bailaba y hacía temblar la tierra tanto que le dijeron que no saltara que el nido se caería por sus saltos y todos se reían y se veía un humo azul con olor a flores del huerto. Era el hada que se había hecho invisible y ya se iba a ayudar con sus hechizos en otras hazañas por el huerto y los bosques. Y colorín colorado. Este cuento se ha acabado.

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 LA FOCA FILOMENA

Una vez, en una feria de flores y frutas, donde había frutillas, frambuesas y fresas, ocurrió algo que se hizo muy famoso. Y fue justo el día que yo fui. Había una fuente donde vivía la foca filomena y ese día apareció un domador con una fusta y quiso fustigar a Filomena. Decía que quería domarla y hacerse famoso. El domador era muy fuerte y muy feo. Pero un señor muy flaco que era muy amigo de Filomena se puso muy furioso y cuando el domador golpeó fuerte con la fusta en el piso, el señor flaco le tiró una flecha y lo frenó. El señor de la fusta se puso furioso y quiso pegarle muy fuerte al flaco. Pero entonces apareció el fantasma amigo de Filomena y le quitó la fusta. El domador, que con su fusta parecía tan valiente, se asustó y salió corriendo. Entonces, la foca Filomena, el flaco y el fantasma se sintieron muy felices e hicieron una fiesta con fuegos artificiales y yo le di un abrazo muy fuerte a la foca Filomena, al flaco y al fantasma y comimos fresas, frambuesas, frutillas y pusimos flores. Y este es el fin de la historia.

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F f

El gato goloso

Yo conocí un gato. Se llamaba Gustavo y era muy gris y gordo. Le gustaba mucho tocar la guitarra y lo malo que tenía es que era muy goloso y glotón. Le gustaban mucho las golosinas y la gaseosa que era lo único que comía y bebía. También era muy elegante. Siempre andaba con gorro, guantes y gabán y a veces hasta galera se ponía. Pero una vez le pasó un percance, por ser tan goloso y glotón. Vio una botella y creyendo que era gaseosa ¿saben lo que se tomó? Se tomó gasolina. Ay. Ay. Ay. Pobre gato qué dolor. Enseguida le empezó a doler la garganta y la barriga, y en vez de maullar, gemía y gruñía, lloraba y gritaba. Enseguida se acercaron el gallo, la gallina y el grillo, que escucharon sus gritos y le preguntaron qué le sucedía. El decía: Me duele la barriga. Me tomé la gasolina. El gallo le dijo: Eso te pasa por goloso y glotón y llamó al gusano que sabía mucho de medicina. El gusano le recomendó una dieta de guindas y gotas de jugo de granada. Pero al gato no le gustaban las guindas ni las granadas y gateaba de aquí para allá gritando y gruñendo y también gimiendo. El gusano les hizo una guiñada a la gallina, al gallo y al grillo. Agarraron al gato del gabán. Le quitaron el gorro y los guantes y le pusieron las gotas de granada. Directamente en la garganta. El gato hizo un gesto de disgusto pero se las tragó y el dolor de panza se le pasó y enseguida pidió más golosinas. Pero el gallo las había escondido porque no querían después escuchar los gritos y gemidos del gato y le dieron la guitarra. Al gato le gustaba mucho guitarrear. Se puso a tocar y cantar. Todos se pusieron a bailar al compás de la guitarra. A cantar y a gritar. Pero ahora gritaban de alegría y no de dolor de garganta ni de barriga.

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Juana. Julia. José y Javier.

Era un jueves de Junio y hacía mucho calor. Los 4 hermanos: Juana. Julia. José y Javier estaban en su casa. Decidieron salir al jardín a jugar. Hicieron jugo, lo pusieron en una jarra y prepararon pan con jamón. Salieron y se sentaron a la sombra del jacarandá. No tenían juguetes por lo que debían inventar algún juego. Javier dijo: Ya sé. Jugaremos a los animales de la jungla y yo seré el jefe. Todos juntos le contestaron: Noooooooo. Esto es un jardín y no una jungla. Javier respondió: ¿Y qué. Aquí hay juncos, jacintos, jengibre y está el jacarandá y lo que nos queda es imaginarnos a los animales de la jungla. Sus hermanos juntos respondieron: Noooooooo. Imaginar es muy difícil. Juguemos a otro juego. Pero de pronto Javier escuchó un ruido muy extraño: Bbrrrrrrr. Jjjjjjjrrrrrrrr. Brrrrrrr. Jrrrrrrrrrrr. 

Javier preguntó: ¿Escuchan? Juro que escuché el rugir de un animal. BRRRRRRRR; JRRRRRRRR. Pero todos sus hermanos conocían a Javier y sus imaginaciones y no hicieron caso de él. Pero el ruido volvió a escucharse. BBBBBBRRRRRRRRR; JJJRRRRRRRRR.

Sus hermanos también escucharon el rugido. Se levantaron de debajo del jacarandá y miraron a todos los costados muy asustados. ¿Qué pasa, qué es ese ruido? Dijeron Juana, Julia y José. Todos juntos. Javier empezó a reírse: JAJAJAJA; JEJEJE. Les dije que jugáramos a los animales de la jungla y aquí estamos en ella. Pero no había terminado de decir su frase cuando purrrruuuuuuuuuuummm, apareció un animal extraño que corriendo tiró el jarro con el jugo y chocó contra el jacarandá. Juana. Julia, José e incluso Javier se hicieron a un lado y miraron al animal con cara de pánico. Juana, Julia y José dijeron: Qué feo es. Hay que matarlo. Y Julia que era muy decidida corrió a traer una jabalina para matarlo.

Javier, que amaba a los animales dijo: Nooooo ¿cómo vamos a matarlo si no sabemos ni siquiera quién es? Sus hermanos le respondieron: ¿Qué importa quién es? Es muy feo y nos botó el jarro con el jugo y casi voltea al jacarandá.

Javier respondió: Para ti es feo, pero para él tú eres fea. Parece herido. Veamos qué tiene. El animal se retorcía de dolor en el jardín debajo del jacarandá. Julia amenazaba con la jabalina y Javier se interponía entre el extraño animal y sus hermanos para que no lo dañasen. De pronto escucharon a alguien jadear. Ahahaha. Entre los árboles vieron la cabeza de la jirafa acercándose al jardín. La jirafa estaba muy agitada y por eso jadeaba. Venía corriendo desde muy lejos y al llegar al jardín vio a Julia con la jabalina queriendo matar al animal herido en el piso. La jirafa gritó: Nooooooooo. No le hagan daño por favor.

Los hermanos asombrados preguntaron: ¿Qué es eso? Señalando al animal. La Jirafa respondió: No es qué. Sino quién y es un jabalí. Los hermanos todos juntos preguntaron: ¿Un jabalí? ¿Qué es un jabalí y qué hace en nuestro jardín debajo de nuestro jacarandá? La jirafa, que ya jadeaba menos respondió: Es un animal que vive en los montes... en realidad vive en cualquier parte dónde lo dejen vivir. Fue herido por un cazador y se perdió. Los jabalís no ven muy bien, pero oyen mejor que los seres humanos y tienen un olfato muy desarrollado. Este jabalí al haber sido herido perdió el olfato y no escucha bien. Yo odio a los cazadores que matan animales. Si no lo atacan no les hará daño. Llevo horas buscándolo. Como soy muy alta, puedo ver desde lejos y decidí salir en su busca. Varios animales estamos buscándolo.

Y en ese momento escuchan otro ruido. Pero esto no era un jadeo. Sino un rugido: Gruuuuaaaaaaaahaaa. Los niños saltaron de susto y Julia otra vez levantó la jabalina para defenderse. De entre los juncos apareció oyyyyyyyyy ¡que animal tan salvaje! ¿Saben qué era? Juana, Julia, José y Javier lo miraban asombrados. No se lo podían creer. Era un hermoso animal  jaspeado. Era un jaguar. Que susto se llevaron los niños. Otra vez Julia intentó tirar la jabalina pero Javier la detuvo y le dijo: Preguntémosle que quién es.

El jaguar enseguida contestó: Soy el jaguar y también yo vivo en la jungla y como la jirafa estaba buscando al jabalí. Veo que lo han encontrado. El jabalí se quejaba en el piso por su herida que sangraba. El jaguar y la jirafa lo miraron con pena. El jaguar le dijo a la jirafa y a los niños: Escuchen. Y en ese momento se escuchó un canto muy hermoso. Es un pájaro, dijeron los niños. Sí, dijeron la jirafa y el jaguar. Pero no cualquier pájaro. Es un jilguero y canta muy bonito.

El jilguero venía también jadeando como la jirafa porque había volado desde la jungla pero igual cantaba. Los niños lo miraron con admiración porque era hermoso. Tenía colores muy bonitos y traía entre sus alitas algunos objetos que ellos no distinguían. El jaguar y la jirafa dijeron juntos: ¡Júpiter! Qué suerte que llegaste. Vemos que has traído las medicinas.

El jilguero enseguida sacó de entre sus alitas una jeringa, jarabe y jalea para curar al jabalí. El jabalí se quejaba y cuando vio la jeringa se puso a gritar: Jamás. Jamás me inyectarán el jarabe. No quiero. Tengo miedo. Pero la jirafa y el jaguar lo calmaron y le dijeron: Debes ser juicioso. Debes curarte. Estás herido y por eso tienes que tomar este jarabe y debemos inyectarte un antibiótico con la jeringa. El jarabe es muy rico. También deberás tomar mucha jalea. Tus amigos te esperan en la jungla.

El jabalí se calmó con las caricias de la jirafa y el canto del jilguero y sin que se diera cuenta el jaguar le inyectó la jeringa. Le dio mucho trabajo porque el jabalí se baña en barro y tenía mucha costra. Los niños miraban la escena cautivados. Cuando el jabalí se tomó el jarabe. Julia dijo: Bañemos al jabalí con mucho jabón para quitarle la costra de barro.

Pero el jilguero le dijo: No. No hay que bañar al jabalí. El barro los protege del calor y frío y no necesita jabón. Solo necesita volver con sus amigos los jabalís. A la jungla. En un rato el jabalí se sintió mejor y se levantó. La jirafa, el jaguar y el jilguero se rieron contentos: jajajaja  cuando vieron al jabalí levantado y curado. Habían estado toda la jornada buscando al jabalí perdido y herido.

Juana, Julia, José y Javier también rieron jajajaja al ver en su jardín, bajo el jacarandá, a los animales de la jungla. Los animales se despidieron de los niños y los cuatro volvieron a la jungla. Los niños. Se quedaron en el jardín pensando en otros juegos que pudieran jugar sin juguetes. Solo con la imaginación.

Y colorín colorado. Este cuento se ha acabado.  

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Jabalí

 

 

Jaguar

 

 

 

Jirafa

 

 

 

Jilguero

 

 

 

Jacarandá

 

 

Los magos del mar

Al lado del mar, cerca de la montaña, vivía una familia de magos. La mamá Marisa y muchos hijos, del mayor al menor, eran todos magos. El menor se llamaba Mauricio y aún no sabía hacer todas las magias que sabían los demás. Por eso, la mamá Marisa no le permitía hacer magia ni usar su maleta de objetos mágicos y le decía siempre que aún debía estudiar mucho.  Mauricio viendo las magias maravillosas que su mamá y sus hermanos mayores hacían, quería también, como todos hacer magia.

Mauricio era un poco haragán, estudiaba lo mínimo y faltaba mucho a la escuela a la que debía ir todos los martes y miércoles. Por eso, la maestra  le daba más tarea y le decía que si continuaba así, no merecía ser mago ni jamás podría hacer las magias que hacía su mamá y sus mayores.

Mauricio estaba cansado de que lo tratasen siempre como al hermanito menor y un día decidió hacer una travesura. Se levantó de madrugada, a la mañana muy tempranito, y sin que nadie lo vea fue a la habitación donde su mamá guardaba la maleta de las magias que estaba bien cerrada con un candado. Mauricio agarró un martillo para romper el candado y cogiendo la maleta, decidió irse al molino de la montaña  para hacer magia. Él pensó: Me iré al molino de la montaña y allí, donde nadie me vea, haré las magias que hacen mis hermanos mayores y podré sentirme mayor yo también.

Agarró la manzana y la mandarina, que su mamá le había preparado para la merienda, puso miel en un tarro, agarró un mantel y salió afuera. Como era de madrugada, estaba muy oscuro, y sintió un poco de miedo, pero igual continuó con su idea. Encendió el motor de la moto de su mamá y se fué camino al molino de la montaña.

Viajó muchos minutos. No sabía manejar bien y por eso, la moto y el manubrio se le torcían. Se cayó más de una vez . Se pegó un golpe en el mentón y las mejillas se le pusieron muy coloradas, pero él continuó, tanto quería hacer magia.

Cuando llegó al molino de la montaña, con mucha emoción puso el mantel en el piso y con el martillo rompió el candado. La maleta de su mamá se abrió, pero –uyyyy-  al abrir la maleta salió de allí una música con una melodía muy rara, colores, ruidos y murmullos, había allí un montón de cosas que el jamás había visto. Se quedó mudo, no podía hablar ni hacer nada del miedo que le dio. Casi, casi que agarra la moto y se vuelve a su casa, pero sus ganas podían más que él y recuperándose de la emoción, comenzó a sacar lentamente los objetos de la maleta.  Eran elementos muy extraños  que él nunca había visto.  Sacó de allí una cosa que parecía una masa de torta, algo de metal como una medalla que brillaba mucho y era magnético, algunas monedas, un frasco lleno de una mezcla que parecía mayonesa y una muñeca muy extraña. 

De pronto, saltó de la maleta una momia de color morado con unos gritos extrañísimos y un monstruo horrible la acompañaba. Mauricio pegó un grito espantoso e intentó salir corriendo de allí, pero la momia y el monstruo lo agarraron de la manga de la chaqueta y lo devolvieron al molino. Mauricio se puso a lloriquear de miedo. La momia le dijo: Mauricio, ¿què haces aquí de madrugada con la maleta de magia de tu mamá?

El monstruo pegó un grito espantoso y con su mano lo atrajo hacia él, porque el monstruo era miope y no veía bien. Mauricio temblaba y empezó a llorar como un niño mimoso y malcriado. El monstruo y la momia murmuraban entre ellos. Mauricio no podía comprender lo que decían, porque murmuraban muy bajito. La momia masticaba algo que tenía olor a menta.

Mauricio tironeaba y tironeaba de la manga para poder escaparse, pero la momia y el monstruo eran muy fuertes y no le dejaban irse. Después de varios minutos, dejaron de murmurar y le dijeron: -Mauricio, queremos que hagas una magia para nosotros, es decir más que una magia, queremos que hagas un maleficio, una maldición. - ja,ja,ja,ja, mmmmm.

Mauricio comprendió que su mamá tenía razón y no debía haber tomado su maleta sin haber estudiado antes, pero ya era tarde y se encontraba en el molino con una momia con olor a menta de color morado, y un monstruo miope que le pedían que haga un maleficio.

Mauricio casi mudo, murmurando despacito, les preguntó: -¿Y de qué se trata ese maleficio? La momia y el monstruo se rieron muy fuerte y con malhumor le contestaron: -Toma el manual de tu mamá y ábrelo en la página número mil. Allí  leerás como debes hacer el maleficio.

Mauricio, temblando agarró el manual de su mamá y lo abrió en la página mil. Estaba tan confundido y tenía tanto miedo que las páginas se le cambiaban del mil, al mil uno y al mil dos y al mil tres y no podía dejar la página en su lugar. Cuando quiso leer, no veía nada puesto que había unas marcas muy raras y él no sabía que decían. Miró con lágrimas en los ojos al monstruo y a la momia y les dijo:
-No comprendo que está escrito allí. Yo soy el menor de mis hermanos y aún no sé leer las magias de mi mamá.

La momia y el monstruo se enojaron mucho con él y le dijeron:
- Ni siquiera eres mago, eres un niño mimoso y malcriado.
Acto seguido se miraron a los ojos fijamente. Mauricio tenía un miedo espantoso y no sabía que le harían esos dos. La momia y el monstruo, agarraron el manual de magia y la momia leyó, pero la momia no sabía leer muy bien, así que inventó parte de lo que leía. Ella le dijo a Mauricio:

- Sale fuera del molino,  pon el mantel en la maleza, cerca del maíz. Luego toma unas flores de malva marchitas y  ponlas en el mantel. Pon al maní, mójalo con la miel que trajiste y muéstramelo después.

Mauricio hizo lo que la momia le dijo. Salió afuera, puso el mantel en la maleza cerca del maíz,  agarró maní que había por allí y lo mojó con la miel. Al finalizar, se quedó mirando a la momia para saber que debería hacer. La momia se meneó de un lado a otro porque no sabía qué decirle, pero enseguida se le ocurrió. Lo miró  fijo a los ojos, muy seria, y le dijo: -Ahora dí estas palabras y mueves el dedo meñique así: Abracadabra, pata de cabra, desde hoy desaparecerán todas las "emes" de nuestro idioma.

Mauricio muy obediente hizo lo que la momia dijo. De pronto, fiuuuuuu, el molino y la montaña se pusieron extrañísimos. La moto, parecía que le faltaba una parte, no tenía manubrio, ni motor. La maleta de su mamá no tenía manija, el mantel desapareció, y también la maleza, el maíz y el maní habían cambiado su forma.

Mientras, en el bosque, todos los animales que su nombre comenzaba con la letra eme se sintieron raros. De pronto el mono empezó a ser el -ono, la mula la -ula, la morsa la -orsa, la medusa la -edusa, y la marmota la -ar-ota; tambièn la momia la -omia y el monstruo el -onstruo. No habían mas emes en ninguna parte. Los ani-ales se juntaron y se preguntaron que había pasado.  No podía ser que entonces el mono comenzase a ser un -ono. Enseguida comprendieron que era un maleficio de la momia y el monstruo porque los conocían muy bien. Se juntaron todos aquellos que habían perdido las emes de sus nombres y corrieron a la montaña.

Cuando llegaron a la montaña vieron a Mauricio medio muerto de miedo y a la momia y al monstruo riéndose de él.  A pesar de ser Mauricio un niño muy mimado y malcriado por ser el menor, los animales decidieron ayudarlo porque no querían dejar de ser lo que eran. Mauricio muerto de miedo murmuraba sólo tonterías. Los animales empezaron a correr a la -omia y al -onstruo para devolverlos a la -aleta sin -anija. La -oia se -eneaba y era difícil atraparla, pero al -onstruo, co-o era -iope y no -iraba donde ca-inaba, lo atraparon enseguida y lo -etieron en la -aleta sin -anija. Después de -uchos -inutos atraparon ta-bién a la -omia. Luego agarraron el -antel cerca de la -aleza, el -aíz y el -aní, y le dijeron a -auricio que dijera las palabras que la -omia le había dicho. Esta vez no para que desapareciera la e-e, sino para que volviera a aparecer.

-auricio hizo lo que le dijeron, te-blando, pero pasó lo que era lógico que pasara, cuando quiso decir la eme para devolverla, no pudo pronunciarla porque había desaparecido del idio-a. Así que dijo:
-
Abracadabra pata de cabra, que aparezca la letra e-e.

Todo seguía igual, la letra e-e no aparecìa. Los ani-ales estaban preocupados. La -ula pensó y pensó y dijo: -Ya lo tengo, dibujare-os una e-e con nuestros cuerpos en la tierra cerca de la -aleza,  el -aìz y el -anì, y asì -auricio, podrà en vez de decir la letra e-e, tocarnos y deshacer la -aldiciòn.

El -ono, la -edusa, la -orsa, y la -ula, e-pezaron a for-ar en la tierra la for-a de la e-e, pero no les alcanzaban sus cuerpos porque eran pocos. Entonces pensaron y pensaron qué otro ani-al u objeto podía ayudarlos a for-ar la ee sobre el -antel. De pronto la -ula vio al -urciélago confundido volar por enci-a de la -ontaña y el -olino. Los ani-ales le explicaron del proble-a. El -urciélago había visto a la -ariposa volar y chocarse por todos lados y la -ar-ota yendo y viniendo. Presto a ayudar, salió corriendo a buscarlos y en el ca-ino se encontró con el -a-ut y con la -osca.

 -auricio y los ani-ales juntaron -onedas, -edallas con –agnetis-o, el -etal, agarraron incluso un -icroscopio que había en la -aleta y así pudieron for-ar la for-a de una e-e. -auricio, te-blando de -iedo dijo otra vez: -Abracadabra pata de cabra, deshace el -aleficio de la -oia y el -onstruo y devuèlvenos la e-e.

 Y tocò con una vara la e-e que habían for-ado en el -antel. De pronto fiuuuuuu, todo volviò a la normalidad. Ya Mauricio se llamaba Mauricio y los animales no eran mas ani-ales. El -ono fue mono otra vez, la -ula mula, el -a-ut fue mamut, la morsa, el murciélago, la mariposa, la marmota. A todos los animales y los objetos les volvió la EME a sus nombres.

Mauricio asustadísimo agarró la maleta de su mamá que ya tenía manija, y el martillo con el que había roto el candado y puso todo el material en la maleta. Dijo muchas gracias a los animales, encendió el motor de la moto y salió corriendo hacia el mar, donde estaba su casa.

Era de madrugada y comenzaba a haber luz, pero cuando Mauricio entró a la casa su mamá y sus hermanos mayores aún dormían. Devolvió la maleta a su lugar y se metió en la cama, se tapó con la manta rogando que su mamá no se diera cuenta de lo que había hecho.

Al rato escuchó: -auricio, -auricio, levántate, -auricio, tus her-anos -ayores ya estàn coi-endo la -anzana con -iel y -andarina. La -esa ya está lista, tienes pan con -ayonesa. Hoy es -ièrcoles y la -aestra te espera.

Mauricio casi se pone a llorar porque pensó que la magia que había hecho para hacer desaparecer el maleficio no había servido de nada. La mamá como era maga, sabia todo lo que había hecho Mauricio aunque este hubiera dejado todo como estaba y decidió asustarlo un poco. Entró al dormitorio de Mauricio, levantó la manta con la que se tapaba y le dijo: -Mauricio, que te sirva de escarmiento, nunca más vuelvas a agarrar mi maleta de magia, hasta que no sepas usarla bien. Debes ir todos los martes y miércoles de Marzo a Mayo a la escuela de magia para  que la maestra te enseñe todo lo que debes saber. Hasta que no seas mayor y puedas dominar a la momia que mastica menta y al monstruo miope, puedes hacer desastres. Esos dos son muy malos y traviesos, y les gusta mucho hacer maleficios y maldiciones. Tu eres un malcriado. Desde ahora, yo te llevaré a la Escuela en mi moto.

Mauricio, que sentía mucha vergüenza por lo que había hecho, salió de debajo de la manta calladito y no dijo nada a su mamá. Sabía que ella tenía razón y que él no merecía de su confianza; así que se dejó llevar por su mamá en la moto. Desde entonces fue todos los martes y los miércoles a la Escuela, de Marzo a Mayo para aprender todas las magias.

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MAGO

 

 

 

 

 

MAR Y MONTAÑA

 

 

 

 

 

MARIPOSA

 

 

 

 

 

MEDUSA

 

 

 

 

 

MONO

 

 

 

 

 

MOLINO

 

 

 

 

 

MAMUT

 

 

 

 

 

MORSAS

 

 

 

 

MOMIA

 

 

 

 

MARMOTA

El parque donde vivía Pedro

 Había una vez un un perro, panzón, petiso de patas cortas y muy simpático, se llamaba Pedro y le gustaba mucho andar en patines por la pista que había en el prado, revolcarse por el pasto, patear la pelota, ir a la playa, mirar películas y pasear por el parque. Pedro tenía varios amigos, el puma, la pantera, el puercoespín y algunos otros, que no recuerdo.

Cuando Pedro iba a la playa, le gustaba ver los peces en el agua y visitar al pelícano y al pavo real. Pero Pedro, quería también tener amigos perros y por el parque no encontraba aunque él tenía paciencia y esperaba que en algún momento llegue un perro como él.

Un día de primavera, después que Pedro se había comido unos pasteles y una pizza, salió a pasear por la pista de patinaje para bajar su prominente panza. Cuando Pedro miraba el paisaje, de pronto vio a lo lejos una pelota rodar y algo peludo detrás de ella, Pedro que le encantaba jugar a la pelotas, corrió hacia ella y oh sorpresa, eso peludo, era una perrita muy pituca, Pedro se quedó paralizado, el corazón le palpitaba pues al fin una perrita!!! y se puso a patear la pelota.

Ella, tenía un peinado muy bonito y ni bien vio a Pedro, empezó a parpadearle con sus largas pestañas. Ellos patearon y patearon la pelota, hasta que de pronto el patrón de la perrita que se llamaba Periquita, los vio revolcarse en el pasto y patear la pelota. Enseguida se levantó y con mucha prisa tomó a Periquita y le dijo:
Ven aquí mi princesa, yo te protegeré de ese perro pulguiento y piojoso.
Pedro lo miró muy triste porque él no era ni pulguiento ni piojoso, pero más porque él quería continuar jugando con Periquita.

El señor empezó a irse y Pedro los perseguía, quería saber donde vivía Periquita. Pasaron por una plaza y después un puente caminaron por el pavimento mucho rato, Pedro empezó a temer de no saber como volverse, pero estaba decidido a saber donde vivía esa perrita tan pituca.

Después de mucho rato, llegaron a un lugar muy extraño, era todo paredes y un portón inmenso, había un portero vestido de color púrpura, parado al lado del portón, cuando vio al señor con Periquita, presionó un botón y el portón se abrió y entraron.

Pedro se quedó afuera mirando, había un cartel muy grande que decía: PROPIEDAD PRIVADA. (si traspasan el portón, vendrá la policía)

Pedro miró el cartel y no entendió, pues el parque era de todos ¿porqué ese parque estaba emparedado y con portones? ¡Qué era propiedad privada. Pedro dejó de pensar en esas palabras y se decidió entrar en ese parque, empezó a dar vueltas alrededor de las paredes buscando un agujero un hueco, algún resquicio por el cual entrar, de pronto vio una plataforma y se subió, desde allí se veía el parque y un enorme palacio, había una piscina y cerca, estaba Periquita sobre un almohadón y un peluquero la peinaba.

Periquita tenía cara de muy aburrida y lo primero que Pedro decidió fue sacarla del palacio.

La plataforma era tan alta que Pedro tenía miedo de saltar y romperse una pata, así que pensó en otra posibilidad, después de un rato, se le ocurrió, cavaría un pozo muy profundo por debajo de la pared y así entraría, cavó y cavó hasta que pasó del lado del parque del palacio, no sabía mucho donde estaba porque ese parque era inmenso, pero fue detrás del perfume de Periquita y enseguida se encontró frente a la piscina.

Se acercó a ella muy feliz presumiendo, de su habilidad de haber podido entrar. Pero pasó algo que Pedro no previno, de pronto se levantó el patrón del palacio totalmente pálido y perturbado por ver al perro del parque público en su palacio y pegó un grito espantoso y agarrando una porcelana que estaba sobre la mesa, se precipitó sobre Pedro para lanzársela mientras le decía:
Piojoso, pulguiento, pestoso, no te acerques a mi princesa.

Pedro que era un perro enseguida sintió el peligro y agarró a Periquita de su patita y comenzó a correr alrededor de la piscina.

Era todo muy gracioso, ya que Periquita, corría de tras de Pedro y el patrón detrás de los dos.

Al pasar muy cerca de la mesa donde había panqueques y pasteles, Pedro la tiró y todo el relleno de los pasteles se le pegoteó en el pelo, se sentía todo pegajoso, por lo que decidió lanzarse a la piscina, Periquita lo perseguía y hacía todo lo que él hacía, así que los dos pataleaban en el agua y el patrón que no quería meterse porque tenía puesto el pantalón, les tiraba todo lo que encontraba, una plancha, una palta, los pasteles, la pasta, Pedro y Periquita salieron corriendo de la piscina y empezaron a dar vueltas por el palacio, Pedro procuraba encontrar el pozo profundo que había cavado para escaparse, al pasar al lado de un pintor que pintaba una pared, tiró la pintura que calló sobre el pelo peinado de Periquita, ahora, parecía parda, pasó sobre el piano de un pianista que tocaba al lado de la piscina y le tiró la peluca, los tres seguían corriendo alrededor del palacio, Pedro y Periquita estaban muy divertidos, pero el señor parecía cada vez más perturbado y estaba decidido a no permitir que saliera Periquita. Al fin el señor se dio un porrazo y calló en el pavimento.

En ese momento el portón se abrió para dar paso a un gran auto y los dos aprovecharon para escaparse, el señor que ya se había levantado corría detrás de ellos y les gritaba: Periquita mi princesa, vuelve, te daré un premio, vuelve. Y también decía: Y vos pestoso, piojoso pulguiento, pronto te voy a agarrar y te daré una paliza con un palo, perro sin prestigio, lo que haces no tiene precio, llamaré a la policía, iré al presidente, piojoso.

Pero Periquita y Pedro, corrían y corrían para llegar al prado y revolcarse por el pasto y jugar a la pelota, pasaron por el puente muy rápido y llegaron a la plaza, procurando todo el tiempo, escapar del patrón.

Periquita nunca había corrido así libremente por donde ella quería, siempre estaba dentro del parque privado y si no la ataban a un poste y ahora se sentía feliz sin peinados, ni perfumes corriendo entre los pinos y nunca, nunca más volvió al palacio y se quedó a vivir en el parque con Pedro, aprendió a patinar y hasta pedalear en una bicicleta.

Y así vivieron los dos perros muy felices sin palacios, ni parques con paredes, ni persianas, ni portones, iban al mar a visitar al pelícano y mirar los peces que era mucho más divertido que sentarse en un almohadón al lado de una piscina. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

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Perro Pedro

 

 

Perrita Pomerania

 

 

Puercoespín

 

 

Pelícano

 

 

Pavo real

 

 

Puma

 

 

Palacio

 

 

Piscina

 

La ballena

Una vez, estaban el burro y el búho en el bosque charlando. Estaban muy tranquilos los dos bebiendo y comiendo unos buñuelos, cuando de pronto escuchan unos gritos fortísimos. El búho voló a lo alto de un árbol y miró a lo lejos. Así vio al buitre bastante mojado acercarse  hacia ellos. El burro preocupado le pregunta:

-- ¿Ves algo? ¿Quién grita? Dime búho ¿Quién grita?

El búho que por su naturaleza era un pájaro tranquilo, le dijo.

-- Es el buitre, viene hacia nosotros y parece preocupado.

Cuando llegó el buitre le preguntaron.

-- ¿Qué pasa buitre, por qué gritas de esa manera?

El buitre, que nunca hablaba con nadie bajó hasta la donde estaban el burro y el búho y les dijo:

-- He visto algo espantoso, la ballena y su bebé tienen problemas, debemos ayudarla. En el mar, allá adentro, hay un barco enorme, quieren cazarla, ella corre de un lado a otro pero ya está muy cansada y el barco la persigue.

El burro, al escuchar esto, montó en su bicicleta y como una bala y tocando la bocina para que lo dejasen pasar, fue hasta donde estaba el buey a ver si se le ocurría como ayudar a la ballena y a su bebé.

El buey estaba sentado en su banqueta con su amiga la babosa comiendo bizcochos y se sobresaltó al escuchar la bocina de la bicicleta del burro y se calló de la banqueta. La babosa que era bizca, se arrastraba por una berenjena  y preguntó.

-- ¿Qué pasa burro, porqué haces tanto ruido?

El burro les contó lo que le había contado el buitre y los tres fueron corriendo hacia el mar sin saber qué harían, (la babosa se montó sobre la pata del buey, porque no podía arrastrarse tan rápido como el burro en su bicicleta y el buey que era enorme.)

Cuando llegaron al mar, el búho ya los estaba esperando con un bote para meterse en el agua y acercarse donde estaba la ballena.

El búho y el buitre, se internaron en el bosque volando, para buscar mas ayuda.

 El burro, el buey y la babosa no sabían nadar ni conocían demasiado el mar, pero sin pensar se subieron al bote y comenzaron a remar a lo profundo buscando a la ballena y a su bebé.

El bote se bamboleaba de un lado a otro y el burro, el buey y la babosa estaban mareados pero siguieron adelante.

La babosa estaba muy nerviosa y empezó a decirle al pobre burro.

-- Bruto, bestia. ¿Cómo pretendemos ayudar a la ballena si ni siquiera sabemos nadar?

Todos se quedaron en silencio pero estuvieron de acuerdo en que no importaba cómo, tenían que ayudar a la pobre ballena, incluso la babosa que después de decir esto enseguida se arrepintió y pidió perdón.

Estaban muy temerosos porque el bote continuaba balanceándose mucho y casi casi que se caían al mar. Todos temblaban y deseaban que suceda algún milagro que los ayude.

De pronto el burro vio brillar en el cielo una luz blanca, miró y miró y vio a la Bruja Brenda montada en su escoba. La bruja Brenda era muy buena amiga de todos los animales y también de la ballena y su bebé. Ella también había escuchado los chillidos del buitre cuando volvía del mar y agarró su escoba de barrer y salió volando hacia al mar. Al ver a los animales muertos de miedo bamboleándose en el bote, les preguntó que sucedía y que hacían allí el

El burro, el buey y la babosa le explicaron que los cazadores intentaban cazar a la ballena y que debían ayudarla, pero que ellos no podían porque no sabían nadar.

 La Bruja Brenda tampoco sabía nadar, pero en cambio, sabía muchas brujerías que podrían ayudar a la ballena perseguida.

Los animales le contaron a Brenda que el buitre y el búho, habían ido por más ayuda.

La Bruja se internó en el cielo con su escoba y pidió a las nubes y al viento provocar una borrasca tan grande que haga balancearse al barco de los cazadores, pero que no toque al bote que tan solo con un poco de brisa se podría dar la vuelta.

El barco ya casi tenía atrapada a la ballena entre sus redes, pero de pronto comenzó una borrasca terrible y el barco de los cazadores comenzó a bambolearse de aquí para allá.

El burro el buey y la babosa miraban asombrados desde su pequeño bote como semejante barco inmenso se balanceaba como una cáscara de nuez en el mar las olas lo cubrían  y lo bamboleaba de un costado a otro. Pero su pequeño bote casi ni se movía. Eran las brujería de Brenda la Bruja buena.

 La ballena pudo así salir de entre las redes e ir en busca de su bebé que también estaba enredado en unas redes de cazadores y hundido en el mar muy profundo.

La ballena no lograba liberar a su bebé porque era una red muy complicada y temía que se ahogara. Empezó a llorar de preocupación y pedir más ayuda a la Bruja Brenda, pero esta tan concentrada en bambolear el barco ballenero no podía ocuparse del bebé de la ballena porque donde dejara de bambolearlo y la borrasca amainara, el barco iría por la ballena inmediatamente.

Todos estaban llorando de miedo y viendo como el bebé se enredaba más y más y a la ballena que trataba de liberarlo y pensaron y pensaron como ayudar a la pobre ballena desesperada.

El burro, el buey y la babosa se acercaron hasta las redes donde estaba atrapado el bebé y desde su pequeño bote empezaron a tironear y tironear de las redes por un lado y la ballena por el otro, el burro con sus dientes cortaba hilos de la red y el buey los enganchó en sus cuernos, la babosa producía baba para que los hilos patinaran mas rápido y se desenreden y el bebé cada vez respiraba con más dificultad y cuando ya parecía que todo estaba perdido, apareció en el mar un buque con varios hombres buzos y un equipo completo para cortar las redes.

Mientras los animales en el mar trataban de ayudar a la ballena, el búho y el buitre habían ido en busca de unos hombres buzos que luchaban contra la caza de ballenas y llegaron justo a tiempo para liberar al pobre bebé que ya casi no podía respirar. Y así lo liberaron de las redes.

Todos los animales estaban felices y gritaban y bailaban encima del barco, que si no hubiera sido por las burjerías de Brenda se hubiera dado vuelta por tanto brinco y baile. El burro había llevado la bocina de su bicicleta y hacía mucho barullo para demostrar lo contento que estaba.

La ballena y su bebé daban vueltas alrededor del bote y el buque y echaban chorros de agua, por su orificio.

La bruja Brenda dava vueltas en su escoba junto con el buitre y el búho.

El barco ballenero seguía bamboleándose y balanceándose porque Brenda los dejó allí con la brujería para darles un buen susto, se escuchaban sus gritos, estaban muertos de miedo ya que el barco no se detenía ni un momento y todos estaban muy mareados.

Después de tanta alegría, los animales de tierra volvieron a la orilla e hicieron un banquete con muchas cosas ricas, comieron muchos buñuelos, bizcochos, bananas, berenjenas y al burro le trajeron unas bellotas muy especiales que le gustaban mucho.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.

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Ballena y ballenato

 

Burro

 

Búho

 

 

Babosa

 

 

Buitre

 

 

Bici

 

 

Buey

 

 

Bruja

Los rinocerontes

En un rincón de la selva, vivía una pareja de rinocerontes que se querían y respetaban mucho. El rinoceronte, siempre le regalaba ramos de rosas rojas a la rinoceronte y la rinoceronte le traía al rinoceronte remolachas, rábanos y repollo que era lo que más le gustaba comer.

Él se llamaba Roberto y ella se llamaba Rita. Tenían algunos amigos, no demasiados porque los cazadores habían cazado a muchos animales para llevarlos al zoológico y encerrarlos en jaulas con rejas. Ellos siempre intentaban rescatar a los animales que los cazadores robaban de la selva, pero no siempre lo lograban.

Un día después de haberse revolcado por el barro, algo que les gustaba mucho hacer, y meterse debajo de unas ramas para resguardarse del reflejo del sol, los rinocerontes escucharon un ruido muy ruidoso que enseguida reconocieron, habían vuelto los cazadores.

Se quedaron muy quietos debajo del ramaje, tratando de no hacer ningún ruido y esperando al ratón Ramón que siempre venía a visitarlos. Como el ratón era pequeñito y no interesaba a los cazadores, quizás pudiera ayudarlos. Al poco rato, por una ranura de la roca, apareció Ramón el ratón haciendo mucho ruido. Los rinocerontes enseguida le dijeron: SSSSSSSHHHHHH, no hagas ruido y ve a observar qué sucede detrás de aquellas rocas.

Ramón que enseguida se dio cuenta lo que sucedía, salió corriendo hasta detrás de las rocas y vio allí a los cazadores. Entonces volvió corriendo hasta los rinocerontes y les dijo: Sí, allí están, son varios, tienen un remolque de ruedas muy grandes, con jaulas con rejas, revólveres y rifles. Debemos hacer algo enseguida. Yo iré a buscar ayuda, ustedes no se muevan de aquí.

Los rinocerontes se quedaron muy quietos, porque aunque eran muy grandotes y fuertes, los revólveres y los rifles matan también a los animales fuertes. El ratón corrió a reunirse con el reno, eligiendo la ruta mas corta para llegar. Buscó al reno porque era muy responsable y serio, y siempre sabía resolver problemas de este tipo.

Mientras el ratón Ramón corría rumbo a la casa del reno, se enocontró con la rana Rosita que lo paró repentinamente y le preguntó: ¡Alto! ¿Adónde corrrrrres, tan rrrrrrrrrápido Rrrrrrrramón? A Rosita le encantaba recalcar y repetir las errrrrres. Ramón se puso muy nervioso y siguió corriendo, pero Rosita nunca renunciaba a sus propósitos, así que brincó detrás de él repitiendo y repitiendo su pregunta: ¿Adónde vas con tanta prrrrrrrisa y corriendo así Ramón?¿Qué rumbo llevas?

Ramón sin dejar de correr, le dijo: Han vuelto los cazadores, tienen revólveres y rifles. Vienen en busca de los rinocerontes, quieren sus cuernos, tenemos que ayudarlos, voy a ver al reno Rafael.

Rosita dijo: ¿Han rrrrrevuelto los cazadores? ¿con rrrifles y rrrevólveres? Pues tienes muchísima rrrazón, el rrreno Rrrafael nos ayudará. 

- Rosita, no han revuelto los cazadores, solo han vuelto. La rana Rosita era muy buena, pero a veces era un poco pesada. Le encantaba recitar con la errrrrre, rimar sus recitales y nunca se daba cuenta del peligro. Le dijo a Ramón: ¿Puedo irrrrrrrrrrr contigo Rrrrrrrrrrramón?

Ramón le contestó:-Si piensas ayudarme sí, pero si sólo me vas a recitar y recitar y parlotear, no. Estoy nervioso y debo resolver este problema.

-Pues tienes muchísima rrrrrrazón, intentaré también yo pensar y rrepensar en una rresolución. Rosita brincó detrás de Ramón, debían llegar al río y remar hasta la ribera opuesta, donde vivía el reno Rafael. Cuando llegaron a lo del reno, le explicaron el problema. Éste enseguida se puso a pensar y repensar en una solución. Y dijo: Haremos así: tú Rosita, reclutarás al rebaño que hay en el rancho, ellos siempre están dispuestos a ayudar. Tú Ramón vendrás conmigo a buscar al león que ruge muy fuerte y al caballo que relincha también muy fuerte. Trataremos de encerrar entre todos a los cazadores. Si estamos juntos, no podrán disparar a todos a la vez, así los rodearemos y ...

Rosita empezó a gritar:Yo rrrrrrepudio a los cazadores, me rrrrepugnan, siento rrrrrrepulsión por ellos...los rremataremos. El reno Rafael interrumpió a Rosita y siguió con su plan: Nos reuniremos cerca del río y desde allí iremos todos juntos hasta el remolque de los cazadores.

La ranita Rosita, salió saltando y saltaba tan alto que parecía una pelota rebotando. En poco rato, ya estaban todos yendo hacia el remolque donde estaban los cazadores con sus rifles y revólveres. Primero, llegaron el león de rugido fuerte y el caballo que sabía relinchar. Después, llegó Rosita con el rebaño de vacas y toros, que como eran tantos les llevó más tiempo desplazarse hasta el lugar. Ya todos estaban reunidos al lado del río y fueron rumbo a las rocas donde habían quedado los rinocerontes. Sin embargo, cuando llegaron vieron que los rinocerontes ya estaban en el remolque detrás de las rejas.

La Ranita Rosita se puso muy nerviosa y empezó a gritar: Hay que rrrescatar a nuestros amigos. Los han rrrraptado. Nos hemos rrretrasado, tenemos que rrrecuperar el tiempo perrrdido. Rrrreventemos las rrruedas del rrremolque; rrrrompamos las rrrejas; tomaremos rrrepresalias.

Los animales no sabían como callarla, pues distraía a todos. Los cazadores, con tanto ruido que hizo Rosita, se dieron cuenta que pasaba algo raro y apuntaron con sus rifles a todos lados. Los animales tenían mucha rabia. El caballo comenzó a relinchar y el león a rugir. Junto con el rebaño comenzaron a acercarse al remolque. Los cazadores se asustaron y empezaron a disparar al aire porque no sabían bien que pasaba, había mucho ruido y confusión. Nadie sabía qué hacer.

Enseguida el reno reorganizó a los animales que hicieron lo que éste les dijo. El rebaño debería adelantarse hasta los cazadores. El caballo y el león ir por detrás de ellos y rugir y relinchar. Los cazadores al ver que los animales se acercaban continuaron disparando, pero ahora apuntaban a los animales. Ningún animal quería morir, pero había que salvar a los rinocerontes, así que continuaban acercándose y acercándose con mucho miedo de ser heridos.

 Rosita gritaba y brincaba por todos lados. Ramón, había logrado acercarse al remolque. Repentinamente algo sucedió: una ráfaga de viento hizo volar mucha tierra que entró en los ojos de los cazadores. Esto hizo que perdieran su seguridad, pues la tierra les molestaba en los ojos. No los dejaba ver con claridad. En cambio, a los animales no les molestaba la tierra, pues estaban acostumbrados a vivir en la selva. Después aparecieron varios relámpagos en el cielo y comenzó un chaparrón muy intenso. Los cazadores se replegaron, pero continuaban disparando. Las balas salían haciendo mucho ruido.

Todos estaban muy asustados. El ratón Ramón aprovechó la ocasión y comenzó a roer las rejas para rescatar a los rinocerontes. Cuando un cazador se dio cuenta, furioso de rabia, empezó a refunfuñar y apuntó a Ramón con su rifle. Los otros cazadores apuntaron al rebaño y al reno. Parecía que todos morirían allí mismo, pero pasó algo más imprevisto: un rayo bajó del cielo y les dio justo en los rifles y en los revólveres de los cazadores. Pues éstos eran de hierro que atraía a los rayos. Entonces, los revólveres y los rifles se prendieron fuego. Los cazadores debieron soltar sus armas porque se quemaban las manos y la ropa. Empezaron a gritar de pánico.

Los animales continuaron rodeándolos. Ahora, sin rifles ni revólveres no eran tan valientes. Los animales hicieron una ronda alrededor de los cazadores. El león rugía rabioso, el caballo relinchaba tan rabioso como el león, mientras Ramón continuaba royendo las rejas y ya estaba logrando romperlas para que salgan los rinocerontes.

Comenzaron los relámpagos y truenos haciendo un ruido espantoso que daba mucho miedo. La lluvia resonaba, había agua y fuego por todos lados. Estaba todo lleno de barro. De pronto todos se detuvieron. Ya no les tenían miedo a los cazadores, sino al revés los cazadores les tenían miedo a los animales. Los animales estaban enojadísimos. Los cazadores, llenos de barro y sin ropa temblaban de frio y miedo. Cuando los rinocerontes por fin salieron de detrás de las rejas, los animales se sentaron a decidir que harían con los cazadores. La primera que habló, como siempre, fue Rosita la ranita:

-Yo sé lo que haremos. Ellos son rrresponsables de la desaparición de casi todos los animales en la selva. Primero, los rrrasparemos con un rrrastrillo. Después, los rrrevolcaremos por el barrrro, les rrrromperemos sus rrrifles y sus rrrrevólveres. Al rrrrubio, le corrrtarrremos sus rrrrulos; a ése que no está rrrrasurado, lo rrrrasuraremos; los haremos ponerse de rrrrodillas; les haremos comer una rrración de rrrraíces de árrrboles para que les duela la barriga; les rrepartiremos muchas rrroscas y los haremos rrrrodar por la tierrrra. Así rrrecibirán su merecido y rrreflexionarán.

Cuando Rosita terminó su recital de reprimendas los animales estaban mareados. Los cazadores estaban hundidos en el barro hasta las rodillas y no podían moverse. El reno, que siempre era muy responsable, había ido en busca de una cuerda y una red para atarlos y enredarlos con la red. Les robó los rifles y revólveres. Entre todos los metieron en el remolque, reconstruyeron las rejas y comenzaron a remolcarlos hasta el río. Allí los subieron al barco, les dieron unos remos y los echaron de la selva. Les repitieron muchas veces que jamás vuelvan por allí porque entonces sí harían lo que Rosita proponía.

Colorín colorado, este cuento se ha acabado.

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Remolacha

 

 

 

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Relámpago