La Santa Iglesia Ortodoxa en Puerto Rico

¿Quién es san Espiridión?


 ¡Santo padre Espiridión, ruega a Dios por nosotros!

«En aquel tiempo, Jesús dijo: "Te alabo, Padre,
Señor del cielo y de la tierra, porque has
mostrado a los sencillos las cosas que escondiste
de los sabios y entendidos"». (San Mateo 11:25)

San Espiridión, nuestro patrono, es uno de los más conocidos y bienamados santos de Dios en la Iglesia ortodoxa. En su vida se recapitulan todas las paradojas del Evangelio: el pastor de ovejas se convierte en pastor de almas; el que no tenía educación confirma la fe ortodoxa y vence la impiedad de los herejes; el que no tenía tesoros terrenales es inmensamente rico en tesoros celestiales; el que se humilló alcanza la cumbre de la exaltación. Como está escrito: «Lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres» (I Corintios 1:25). Sus santas reliquias, atesoradas en la isla de Corfú (la antigua Cécira), permanecen incorruptas hasta el día de hoy. ¡Verdaderamente «Dios es admirable en sus santos»! (Salmo 67:35, LXX) Su fiesta se celebra el 12/25 de diciembre.

He aquí una breve vida del santo, tomada del Prólogo de Ochrid, por san Nicolás (Velimirović) de Žiča y Ohrid:

La isla de Chipre fue tanto el lugar de nacimiento de este famoso santo como el lugar donde pasó su vida en servicio a la Iglesia. Venía de una simple familia de agricultores, y permaneció simple y humilde hasta el final de su vida. Se casó joven y tuvo hijos, pero al morir su esposa, se dedicó completamente al servicio de Dios. A causa de su fervor, fue escogido como obispo de Tremitunte, y aún siendo obispo no cambió su simple estilo de vida, sino que continuó cuidando su ganado y arando la tierra él mismo. Consumía muy pocos de sus productos, y daba la mayor parte de estos a los pobres. Obró grandes milagros por el poder de Dios, haciendo que lloviera durante una sequía, levantando a muchos muertos, sanando al Emperador Constancio de una grave enfermedad, viendo y oyendo ángeles, previendo eventos futuros, y escrutando los secretos del corazón humano. Convirtió a muchos a la verdadera fe e hizo muchas otras cosas. Estuvo presente en el Primer Concilio Ecuménico celebrado en Nicea en el 325 d. C., y mediante sus claras y sencillas exposiciones de la fe, además de sus convincentes milagros, trajo a muchos herejes de regreso a la Ortodoxia. Vestía tan simplemente que cierta vez, habiendo sido invitado por el Emperador a su corte, un soldado le confundió con un mendigo y le pegó un golpe. El manso y sencillo Espiridión volvió la otra mejilla. Glorificó a Dios con muchos milagros, y fue de gran ayuda tanto a individuos como a toda la Iglesia de Dios. Entro a su descanso en el Señor en el 348 d. C., y sus reliquias, que obran milagros, reposan en la isla de Corfú, donde continúan glorificando a Dios con muchas maravillas.

¡Por las oraciones de san Espiridión, oh Señor Jesucristo, nuestro Dios, ten piedad de nosotros y sálvanos!

Interesantemente, san Espiridión no desaparece por completo de la literatura religiosa en castellano. El autor español Alonso de Villegas, en su obra Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594), recogió varias anécdotas de la vida del santo entre sus 3,600 ejemplos de virtud, agregándolas así para siempre a literatura española del Siglo de Oro. Las incluímos a continuación, siguiendo la ortografía, puntuación y división del texto de la edición del profesor José Aragüés Aldaz (1997).

DISCURSO DUODÉCIMO. DE CARIDAD CON ENEMIGOS

[7] Espiridón, obispo de Cipro, hallando en su casa ciertos ladrones, reprehendióles su mal trato. Amonestóles que dexassen semejante vida. Y avían entrado con designo de hurtarle un puerco; dióseles graciosamente. Es de Surio, tomo sexto.

[21] Aspiridón Monge, fueron unos ladrones de noche a hurtarle del corral algunas ovejas que tenía, y levantando las manos a un portillo para sacarlas se quedaron colgados dellas con invisibles lazos, y assí estuvieron hasta que a la mañana, viéndolos y entendiendo lo que pretendían, rogó al Señor por ellos y desató con sus palabras a los que avía atado con sus méritos. Y por el trabajo que avían padecido les dio un carnero, junto con que los reprehendió porque no se le avían pedido, que él se les diera. Dízelo Simeón Metafraste. 

DISCURSO CINCUENTA Y SIETE. DE OBEDIENCIA

[28] Espiridón, natural de la isla de Cipro, primero fue casado y tuvo una hija, que se llamó Irene, y después fue obispo en Tremitunte. Murió la hija, y una muger fue al santo obispo y díxole que le avía dado a guardar cierto vestido de brocado, que le rogava se le bolviesse, y no hallándose en toda la casa, afligíase la muger grandemente. San Espiridón fue al sepulcro de Irene y llamóla por su nombre. Ella respondió y dixo:

-¿Qué me quieres, señor padre?

-Que declares -replicó el santo- dónde pusiste el vestido que se te encomendó.

Irene señaló el lugar donde estava. Espiridón dixo:

-Descansa, hija.

Y buelto a su casa, hallóle donde le dixo, y entrególe a la muger que le pedía. Es de Simeón Metafraste.

DISCURSO SETENTA. DE RIQUEZAS

[2] En la Vida de Espiridón , obispo de Tremitunte en Cipro, escrita por Simeón Metafraste, y referida por Surio en el tomo sexto, se dize deste santo obispo que tenía en poco las riquezas. Dava a pobres la tercera parte de su renta, y otra tercera parte emprestava a los que con necessidad venían a él, y siendo dinero lo que le pedían (porque también prestava trigo y cevada), dezíales:

-Allí está la arca, tomad lo que quisiéredes y tened cuidado de bolverlo.

Sucedió que un hombre avía tomado prestada cierta cantidad, y bolviéndolo, como entendió que no lo mirava el santo obispo, en lugar de llevarlo a la arca se lo tornó a la bolsa, fingiendo que lo dexava allí. Passado algún tiempo, bolvió aquel hombre a que le prestasse más dinero, y el santo le embió a la arca, diziendo que tomasse lo que avía menester. Entró el hombre, y abierta la arca no vido dinero alguno. Bolvió y díxolo a Espiridón. Él respondió:

-Cosa maravillosa es lo que dizes. ¿Cómo es possible que a ti sólo se te desaparezca el dinero? Mira si tomaste emprestado y no lo bolviste, que, si lo bolviste, no se te negará lo que pides.

Oyendo esto, confessó el hombre su pecado, y el santo le perdonó, reprehendiendo con blandura su codicia y poca verdad.

Murió el emperador Constantino Magno, y dividióse el imperio entre sus hijos, que eran tres. Quedó Constancio, uno dellos, con el Oriente. Cayó éste enfermo y, viéndose muy fatigado, teniendo noticia de Espiridón, embió por él, y sólo con tocarle la cabeça con sus manos quedó sano. Dávale el emperador gran cuantía de dinero. Respondióle:

-No es justo, señor, que si has recibido de mí buena obra, la reciba yo de ti mala. Yo dexé mi casa, passé el mar, he padecido trabajos de invierno, fríos y tempestades. Por paga de todo esto, ¿dasme dineros, que son la ocasión de todos los males?

El emperador insistió en darle muchos y muy ricos dones. Recibiólos por no enojarle, mas al tiempo que se bolvía a su tierra los distribuyó entre los criados y familiares del emperador. Y sabido por él, dixo:

-Aora no me maravillo que quien tiene en tan poco el dinero haga tales y tantos milagros. 

DISCURSO SETENTA Y SEIS. DE VERDAD

[3] En la Vida de San Espiridón , obispo de Tremitunte, referida por Surio, tomo sexto, se dize que tenía en su casa una arca abierta con dineros en cantidad y dava largas limosnas, y si alguno le pedía prestado, dezíale:

-Allí está la arca, tomad lo que quisiéredes y tornaldo a bolver.

Sucedió que un hombre avía tomado prestado cierta cantidad y, bolviéndolo, como entendió que no lo mirava el santo obispo, en lugar de llevarlo a la arca se lo tornó a la bolsa, fingiendo que lo dexava allí. Passado algún tiempo, bolvió aquel hombre a que le prestassen más dinero y el santo le embió a la arca, diziendo que tomasse lo que avía menester. Entró el hombre, y abierta la arca no vido dinero alguno. Bolvió y díxolo a Espiridón. Él respondió:

-Cosa maravillosa es lo que dizes. ¿Cómo es possible que a ti sólo se te desaparezca el dinero? Mira si tomaste emprestado y no lo bolviste, que si lo bolviste no se te negará lo que pides.

Oyendo esto, confessó el hombre su pecado, y el santo le perdonó, reprehendiendo blandamente su codicia y poca verdad. Adelante se dize (y haze con lo mismo) que era grande el zelo que tenía a las cosas de la Iglesia. Juntáronse ciertos obispos con él a una fiesta que celebrava, y encomendó que predicasse Trifilo, obispo de Leda, el cual avía estudiado retórica mucho tiempo en Berito. Començado el sermón en presencia de los obispos y mucho pueblo, como Trifilo se preciasse de muy elegante, viniendo a tratar de aquel passo del Evangelio en que dixo Cristo al enfermo que curó de treinta y ocho años de enfermedad: «Toma tu gravato o carretón, y anda», por dezir gravato dixo cama, por mostrarse elegante usando de mejor vocablo. Desto mostró tanto sentimiento Espiridón que se levantó de la silla donde estava y, en presencia de todos, le dixo:

-¿Eres tú más elegante que el que dixo gravato, que se te haze de mal de usar de sus palabras?

Dando a entender que no se tiene de hazer caudal de los vocablos, ni elegancia, cuando se refieren palabras de Cristo, junto con que se va contra la voluntad, trocando los términos y vocablos en otros.