Puerto Rico, una pequeña isla arrinconada en el Caribe, parece un lugar
improbable para una misión cristiana ortodoxa; sin embargo, los últimos
cien años han contemplado varios intentos de establecer una presencia
ortodoxa permanente en el país. El primero de estos intentos fue el
resultado de varias olas de inmigrantes de Europa del Este que se establecieron en Puerto Rico a través del siglo XIX, y que
incluso llegaron a establecer una iglesia en San Juan a principios del
siglo XX. Debido a los pocos números de los inmigrantes, a su efectiva
aculturación y a los subsiguientes matrimonios con la población local,
todo trazo de identidad cultural y de fe cristiana
ortodoxa desapareció de su descendencia. Hoy en día, aunque pueden
encontrarse muchas personas con apellidos eslavos en Puerto Rico,
ninguna de ellas esta consciente de la herencia cultural – y mucho
menos de la fe – de sus ancestros.
A mediados del siglo XX, nuevos intentos de establecer la fe ortodoxa
en Puerto Rico resultaron en la formación de un grupo mayoritariamente
autóctono. Desafortunadamente, la poca supervisión eclesiástica directa y la falta
de guías seguros y experimentados en la vida de la Iglesia resultaron
en el eventual fraccionamiento y en el aislamiento de este grupo de la Ortodoxia. En la
actualidad, pueden encontrarse varios núcleos sectarios e ilegítimos que
descienden de aquella comunidad, pero enajenados completamente del
conocimiento y la práctica de la fe ortodoxa.
Además de esto, el padre John Owen, un sacerdote de la Iglesia Ucraniana bajo el Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, sirvió como misionero en Puerto Rico en la década de los '80. Desafortunadamente, su ardua labor no produjo fruto permanente, y su obra cesó por completo con su retiro y regreso a los Estados Unidos.
Mientras tanto, la composición política, económica, demográfica y
religiosa de Puerto Rico comenzó a cambiar drásticamente en los años de
la posguerra. Importantes cambios constitucionales prepararon el camino
para la transformación de una economía agraria en una industrial, con
la consecuente expansión de las zonas urbanas y suburbanas. A finales
del siglo XX, la isla casi llegaba a los cuatro millones de habitantes,
y de acuerdo con sociólogos y encuestadores, estaba encaminada a
convertirse en el primer país latinoamericano con una mayoría
protestante.
Nuestra misión tiene su origen en 1995, cuando el padre Peter,
su esposa y su hija llegaron a Puerto Rico desde Australia. Con
el arribo del padre Andrés en 1996, se decidió comenzar una
nueva misión ortodoxa en la isla. Originalmente bajo la jurisdicción de la Iglesia Ortodoxa
Rusa en el Extranjero, nuestra misión pasó al Patriarcado Ecuménico de
Constantinopla en 1998, tras la supresión de los servicios religiosos
patrocinados por la Asociación Helénica desde 1997. Nuestra principal meta es vivir fielmente la
Santa Tradición que nos ha sido entregada por nuestros antepasados en
la fe, pues esta es la vida del Espíritu Santo en la Iglesia.