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Ante la mirada de muchos, su amor era un imposible. Ella era paciente de distrofia muscular desde los nueve meses de edad. Él era un hombre independiente capaz de sostenerse por sí solo.
Ella vivía en Ceiba con sus abuelos. Él se había mudado para Michigan buscando nuevos bríos.
Hasta que un día, ellos sostienen que por destino divino, sus vidas se encontraron por casualidad en el ciberespacio tras ella haber colocado un “clasificado” sobre su interés de hacer amistades nuevas. Un año y medio después unieron sus vidas en matrimonio.
Hoy, Ana Julia de Jesús, también paciente de escoliosis, y Héctor Luis Rivero celebran ocho años de compartir sus vidas. Aseguran estar felizmente casados y más que listos para afrontar los nuevos tropiezos que les depara el destino.
Ayer, la pareja recordó junto a PRIMERA HORA el momento en que se conocieron, la primera vez que se vieron, la proposición de matrimonio y los escollos que les ha presentado el destino durante sus ocho años de unión.
“Son ocho años, todos tenemos un carácter y yo sé que el mío es un poco fuerte también, pero gracias a Dios nos hemos acoplado muy bien, nos entendemos muy bien y nos hemos aceptado”, reflexionó Julie, como le dicen de cariño sus familiares.
Se comprometieron el 1 de enero de 2000 y el 24 de junio de ese mismo año se casaron en una capilla católica del pueblo de Ceiba.
El primer encuentro entre ellos ocurrió a casi un año de haber comenzado a conocerse, para una celebración de San Valentín. Durante ese lapso de tiempo se mantuvieron en contacto por e-mail y llamadas telefónicas..
“Fue bien emocionante, me encantó. Él llegó bien chulito, me trajo un ramo de rosas y me abrazó... me encantó, me cautivó”, recordó Julie sobre ese primer encuentro en el aeropuerto con su ahora marido.
Para Héctor, se trató “de algo nuevo”, porque aunque sabía de la condición de su esposa, fue en ese momento que conoció en detalle cada una de las limitaciones físicas de ésta.
“Aunque siempre entre nosotros hubo una fuerza que nos unía más y más... Ella me inspiraba, además de su dulzura, su simpatía y su alegría”, dijo Héctor sobre esas cualidades que lo motivaron a no darse por vencido a pesar de que, admite, sintió temor.
“La misma alegría de estar con ella me dio la fuerza para seguir adelante... Mi lema es qué vas a hacer con lo que tienes hoy, a quién vas a ayudar... en mi caso la ayudo a ella”, indicó.
El amor entre esta pareja es evidente. Están juntos 24 horas al día, siete días a la semana. En ocho años han dormido separados una sola noche y fue porque Julie estaba recluida.
Mientras conversan no se quitan la mirada uno del otro. En momentos entrelazan sus manos y se dan una sonrisa cual cómplices de travesuras.
Julie, de 44 años, está más que segura que nunca de que Héctor es el amor de su vida. Los gestos, detalles y el amor incondicional que éste le ha demostrado en estos años, así lo evidencian.
Héctor es el que hace todo en la casa. De hecho, entre risas él dice que es “amo de casa y escritor”. Se encarga de la limpieza, de cocinar y de lavar ropa. La decoración del hogar es responsabilidad de ambos. Él coloca los cuadros, pero ella los escoge, comentó entre risas el hombre.
También es el encargado de bañarla, de desenredarle el cabello y vestirla, tarea que, admite, es una de las más difíciles. Como la distrofia muscular es una condición degenerativa, Julie no puede hacer fuerzas con sus manos.
Debido a la condición física de Julie y a que Héctor también está pensionado, la pareja decidió que no tendrían hijos, a pesar de que físicamente estaban aptos.
Superan prejuicios
Las miradas y comentarios de otros ante la noticia de que unirían sus vidas fue básicamente la primera barrera que tuvo que afrontar la pareja.
No sólo estaban los prejuicios que conllevaba el hecho de que ella fuera paciente de distrofia muscular, sino también el que se hubieran conocido a través de la red.
Julie admite que su familia tomó la noticia del matrimonio con cierta suspicacia. Sin embargo, para ella era totalmente comprensible, ya que el tiempo que éstos compartieron con Héctor antes de comprometerse fue corto.
“Tuvimos muchos temores y pasamos muchos problemas. Ésa es la parte que no se ve, pero a pesar de todo eso seguimos adelante”, dijo Héctor, de 54 años.
También han afrontado las complicaciones de las limitaciones estructurales que cada día tienen que pasar las personas con impedimentos en el país.
Debido a estas barreras arquitectónicas las actividades recreativas que han podido realizar en pareja se ven reducidas. Por ahora Héctor se encarga de hacer realidad cada uno de los sueños de Julie y, si no puede hacerlo por sí solo, busca la ayuda de terceros.