En 1945 Salimos de Salaverna en la
madrugada, pasando por el pueblito de Mazapil al amanecer, mi papá no
quiso que nos fuéramos sín despedirnos de nuestro Padre Jesús de
Nazareno. Mi hermano Pedro se quedó enfrente de la entrada principal de
¡a iglesia, mi mamá y mi papá rezaron un rato y ya para despedirnos mi
papá metió la mano derecha a su pantalón y sacó una moneda de 10
centavos y nos dijo a todos: -es nuestro capital pero le sirve más a mi
Padre Jesús, nosotros vamos al desierto, qué podemos comprar.
En
1945 Salimos de Salaverna en la madrugada, pasando por el pueblito de
Mazapil al amanecer, mi papá no quiso que nos fuéramos sín despedirnos
de nuestro Padre Jesús de Nazareno.Mi hermano Pedro se quedó enfrente
de la entrada principal de ¡a iglesia, mi mamá y mi papá rezaron un
rato y ya para despedirnos mi papá metió la mano derecha a su pantalón
y sacó una moneda de 10 centavos y nos dijo a todos: -es nuestro
capital pero le sirve más a mi Padre Jesús, nosotros vamos al desierto,
qué podemos comprar.A mi mamá se le llenaban los ojos de lágrimas, mi
papá tomó a mi herma nita recién nacida en brazos y dijo: -vámonos ya.
Todos se persignaron (mi mamá me persignó a mi).Salimos de la iglesia y
cuando llegamos con Pedro mi hermano mayor (bueno él era el que quedaba
como mayor porque otros tres mayores ya habían muerto), le dijo mi
papá: -vaya a despedirse de nuestro Padre Jesús de Nazareno ahí nos
alcanza mi hijo, hay que aventajarle porque nos va a agarrar el sol muy
duro.Mi hermano Pedro se fue corriendo hacia la iglesia a despedirse de
nuestro Padre Jesús.De rato cuando íbamos saliendo del pueblito de
Mazapil Pedro nos alcanzó, era después de las 7 de la mañana y como
siempre llevábamos los dos burritos bien cargados: “el chaparro” con
los martillos, 2 palas, 4 fierros de barrenar y la forja de fuelle para
calentar los fierros y afilarlos con una lima bastarda como de medio
metro de largo, dos cajitas de madera con pólvora y una caja más chica
con los casquillos y un manojo de cañuelas; el otro burrito “el oreja
mocha” cargado con dos cajas de madera de esas de la pólvora, una con
ropa (casi toda de las niñas) y algunos trastes, (bueno con platos y
botecitos de los chiles, que eran los vasos donde nos servíamos).
Llevábamos un paquete de café El Oso,tortillas, un píloncillo y poquito
pinole.Según platicaba mi mamá, estos eran tiempos de hambre porque
todas las minas se habían parado, pero que en Salaverna y Mazapil años
atrás había habido mucho dinero y comercio pero con la Revolución, la
Guerra de los Cristeros y después la Segunda Guerra Mundial, se vino la
miseria, decía también que cuando pararon la Compañia Mazapil, la
primera semana les dieron un kilo de maíz y medio kilo de frijol, la
segunda semana les dieron 2 mazorcas y la tercera ya no les dieron
nada. Desde entonces empezó a salirse la gente a las partes más
cercanas como Saltillo, Monterrey y a las minas de Real de Catorce,
Charcas en San Luis Potosí.En ese entonces mi mamá y mi papá s vinieron
con toda la familia para Fresnillo a pie, platicaba ulla qie mi tío
Felipe Cázares y mi papá Prisciliano Cázares empezaron a trabajar en
The Fresnillo Company y que mi maná o m era muy conocedor para los
metales y para barrenar lo mandaron a explorar una yeta que se habían
encontrado en Tayoltita Durango.Entonces mi papá y tres hombres mas se
trasladaron hacia allá y como era pura sierra se presentaron muchas
complicaciones para llegar pero sí encontraron las vetas, sólo que a
los dos o tres meses tuvieron dificultades con los indios, quienes se
apostaron con flechas afuera de la choza esperando que salieran después
de prenderle fuego, afortunadamente ya habían salido de la choza porque
un indio estimaba mucho a mi papá y él les ayudó a escapar,
proporcionándoles una mula para que salieran más rápido de ahí que era
una selva y había muchos animales rastreros. El único que llegó a
Fresnillo fue mi papá, ya que dos compañeros murieron de
paludismo.Después de tiempo de andar trabajando en el Tiro General, un
día un americano le estaba pegando a un trabajador conuna cuarta y mi
papá le dijo: -déjalo ¿por qué le pegas? ¿No ves que está muy chico?
Además él no te hace nada. El gringo volteó con la cuarta en su mano
con la intención de pegarle a mi papá pero él lo dejó como santo cristo
a puros golpes y en ese mismo momento salió de la compañía y llegó a la
casa por mi mamá para irse a pie por el semi-desierto hasta Mazapil.A
mi papá lo buscaron por todas partes pero no lo encontraron, por eso
todos mis hermanos y yo nacimos en Salaverna, nada más mi hermana menor
nació en el mineral de Nuevo Mercurio.Caminamos casi todo el día y ya
para meterse el sol llegamos a un pueblito que se llama Cedros. En la
salida del pueblo al lado norte se encontraba una acequia con bastante
agua y ahí en unas tapias que había de piedra pasarnos la noche y otro
día por ¡a madrugada emprendimos nuevamente el viaje En ese tiempo yo
tenía 5 años de edad pero me acuerdo de todo. Me acuerdo del canto de
los pájaros, las chicharras y los grillos, del cascabeleo de las
víboras y de ¡os coyotes que nos acompañaban unos tramos muy largos, de
las manadas de cochinos jabalí, por lo que nos decía mi papá: -no
suelten sus varas de la mano y de vez en cuando den le una pajueieada
para que se asusten los animaíes.Continuarnos caminando como tres o
cuatro días más por el semi-desierto, ya se nos había acabado el agua
de la caramayola y estaba el sol en su mero punto, era medio día y por
obra de Dios que nos encontramos un charquito de agua muy pequeño,
diciéndonos mi papá: -dejen primero que los burros beban, si el agua
está mala los burros no la beben, cuando vimos que los burros no se
despegaban del charco, rápido con un botecito de los chiles mi papá
empezó a darnos agua y ya después llenó la caramayola y mi mamá nos
preparó un atolito de pinole diciéndole a mi papá arrímeseal catolico
viejo, a lo que mi papá contestó: -no vieja, déle a los niños, yo no
tengo hambre.Mientras tanto Pedro mi hermano mayor ya estaba asando un
conejo y nos lo comimos entre todos, junto con cuatro tortillas de
harina. Después de comer nos dijo mi papá: -debemos aparejar los burros
porque vamos a dar otra caminada, me late que detrás de esa sierra está
Candelaria. Mi hermano le preguntó por qué decía eso. El contestó: -
mira hijo, fíjate en las palmas, la mayoría están trasquiladas; para mí
que en este pueblo hay cocedores de pullas o sea que aquí tallan el
ixtle y la lechuguilla.También las varas de la candelilla están
arrancadas y en este pueblo no hay minas porque en el camino no existen
rastros de metal.Al metal inmediatamente nosotros los mineros lo
olemos, lo sentirnos hasta en el cuerpo.Caminamos más fuerte y con más
voluntad toda la tarde. Al oscurecer llegamos al pueblo de Candelaria
Está situado al pie de la sierra en el mero rinconcito del municipio de
Mazapil, colindando con el estado de Coahuila y Durango y el municipio
de Melchor Ocampo.Cuando entramos al pueblíto los perros no dejaban de
ladrar, de pronto nos adueñamos de una choza de ocotillo, había muchas
solas que la gente había dejado. Empezamos a descargar los burros y la
gente comenzó a arrimarse, rápidamente mi papa le dijo a Pedro: -saca
la mercería, está en la guaripa, dásela al “melón” para ver que podemos
vender (así le decía mi papá a Emilio, mi hermano que tenía siete años
de edad) y empezamos a ofrecer la mercería: peines, espejitos, aretes.
coloretes. Vendimos 40 centavos y la gente nos ofreció taquitos de
frijoles con carne muy sabrosa, después supimos que era de víbora.Mi
papá les dio cosas de la misma mercería y empezó a platicar de la
ciudad de Zacatecas, de Fresnillo, del mismo Mazapil, de la guerra y de
la miseria en que vivía la gente;comentó que en todas las ciudades
habla pobres, que la única que estaba bien era la ciudad de Fresnillo
porque ahí la mina no se había parado. Yo no me di cuenta hasta qué
horas se quedó platicando.Al otro día desperté con una mano en ¡a boca,
era mi mamá que me tapaba la boca y me hacía señas para que yo no
hiciera ruido, despacio bajó su mano izquierda y tomó la orilla del
suadero donde yo estaba acostado y le dió un fuerte jalón, fui a dar
junto a ella hasta la puerta del jacal, gracias a Dios que no nos pasó
nada. Había una víbora metida entre los ocotillos. De rato mi mamá me
platicó que estaba moliendo nixtamal y alcanzó a oír el cascabel de una
víbora, las niñas estaban con ella, así que nada más yo era el que se
encontraba en el jacal.Después de que mi mamá nos dió de almorzar, echó
en un morra lito unas gordas y me dijo: -mire m’hijo, vaya a llevarles
el lonche a su papá y sus hermanos allá en aquel cerro, váyase por toda
esa vereda; “yo de aquí lo miro’.Cargué el morral en mi hombro y empecé
a caminar.Eso pasó hace más de medio siglo, para ser exactos 54 años y
cuando me acuerdo se me salen las lágrimas, fue la primera vez que vi a
mi padre y a mis hermanos que se andaban matando en una mina.Cuando
subí a la cima de la sierra ya tenía rato que no miraba el jacal, menos
a mi mamá.Ahí sentí el verdadero miedo, caminaba hacia la derecha y
hacia la izquierda y gritaba: -papá, papá ¿dónde está? y seguía
caminando para otros lados.Me acuerdo que ya no encontré la vereda, por
lo que ya no me podía regresar.Me puse a llorar y más gritaba: -jpapá,
papá! En esos momentos salió un viejecito con una barba muy larga y me
dijo: -ya no llores, buscas a tu papá ¿verdad? Yo moví la cabeza
diciéndole que si.El tomó mi mano y me llevó más adentro de la sierra.
De rato me dijo: -mira, yo aquí te dejo. ahí detrás de esa piedra anda
tu papá.Rápido meencaminé y al llegar oí unos gritos que decían:
-váyanse, váyanse de aquí! ¡déjenme antes de que truene! icorre “pico”,
llévate al “melón”! Yo me paré en la orilla de un pozo que tenía un
ancho aproximado de 5 ó 6 metros por unos 8 ó 10 metros de hondo. Mi
papá venía escalando por entre las rocas y salir se le dificultaba,
pero Pedro tomó a mi otro herm; no de los brazos, dejándolo colgar y le
decía a mi papá:agárrese de Emilio papá, ¡agárrese! Mí papá alcanzó a
tomar a Emilio de los pies y Pedro los estiróEn ese tiempo Pedro tenía
14 años, rápidamente alcanzaron a salir del peligro y empezaron a
correr.Yo me quedé parado pero al pasar mi papá junto a mi, me llevó en
su carrera y nos tiramos al suelo.En esos momentos comenzaron a tronar
los barrenos que habían dado, gracias a Dios no nos ocurrió nada.Cuando
pasó el peligro me preguntó m napá ¿y usted qué anda haciendo aquí? Yo
le contesté - mamá le mandó el lonche nada más que me perdí aquí rrtba
de la sierra, pero un viejito me trajo hasta aquí y así fue corno los
encontré.Pedro mi hermano me dijo: -usted está k co. aqui no hay nadie
¿verdad papá? Mi papá no me quitaba la vista le la cara y con la mano
derecha me agarró la caoAhí en Candelaria estuvimos tres o cuatro neses
buscando mineral y nunca encontramos nada, también tallamos el ixtle y
la lechuguilla; trabajamos la candelilla y jamás supimos del viejecito
que me llevó con mi papá.Después de un año regresamos a Salavemna.
primero llegamos a ver a nuestro Padre Jesús de Mazapil, cuando mi mamá
le estaba prendiendo una veladora yo le dije. -mire mamá, este es el
viejito que ahí en la sierra me llevó a donde estaba mi papá y los
muchachos.Todos voltearon a yerme y mi mamá se puso a llorar.