Hace muchos años la población de Fresnillo iba a ser devorada por una gigantesca serpiente que del mar venia y que a su paso arrasaba con todo. Lo anterior lo escuchamos de nuestros padres, ellos a su vez lo supieron de sus buelos...Fue hace muchos años, al parecer en tiempos de la colonia.
Hace muchos años la población de Fresnillo iba a ser devorada por una gigantesca serpiente que del mar venia y que a su paso arrasaba con todo.
Lo anterior lo escuchamos de nuestros padres, ellos a su vez lo supieron de sus buelos...Fue hace muchos años, al parecer en tiempos de la colonia. Los viejos lo platicaban según su muy particular manera de entenderlo.
Nadie se atrevía siquiera a cuestionarles, nadie se explicaba el porque se cernía sobre la población una amenaza de esa magnitud. Esta es una de las tantas versiones Esta serpiente se encontraba muy cerca de la poblaci6n, sus bramidos y ruidos que hacia al deslizarse por la tierra, eran claramente escuchados por los atemorizados habitantes.
Mucha gente la había visto y decía que surgió despu6s de una tormenta y fuerte granizada que flageló por varios días a la regi6n; afectaba también a la población de Fresnillo. Fue por el mes de agosto de hace muchísimos años, en tiempos de las lluvias... Era... una !!culebra¡¡ Así se le llamaba en aquellos tiempos a las trombas o tornados. Para frenar su devastadora fuerza se tenia que" cortar" con un cuchillo o tijeras. Se hacia cada vez que aparecía una "culebra", se le llamaba a la mujer mas vieja del poblado, la cual llevaba el cuchillo o tijeras, oraba continuamente para "cortar" la tromba y de esa manera evitar más daños a la comunidad. Todo mundo creia que la amenaza y peligro habían desaparecido luego de que el temporal amaino, pero.., no fue asi. Resulta que la" culebra" se convirti6 en la feroz serpiente que desde el mar venia a tragarse cuanto se encontraba al paso y se dirigía a Fresnillo.
Esta enorme serpiente viene hacia Fresnillo, según se escuchaba entre los habitantes, y agregaban: "viene a devorar a todos porque su comportamiento era de lo peor".
Se perdía el respeto a los mayores, los niños desobedecían a sus padres y los adultos trataban mal a los demás. Varios campesinos que vieron de cerca de la gigantesca sierpe, asombrados y alarmados llegaron hasta el pueblo minero para avisar del peligro que se cernía sobre los habitantes.
Todos ellos luego de haber escuchado a los labriegos, buscaron refugio y protecci6n en los templos. Tan solo algunos, muy pocos, intentaron salir de sus escondrijos para irse a otra parte, pero no se atrevían por temor de ser alcanzados y devorados por la serpiente. Un sacerdote fue quien finalmente se enfrent6 a la culebra, se hizo acompañar pot un niño. La serpiente al ver a quienes se atrevieron a hacerle frente, producía estridentes ruidos y se movía de tal manera que hasta la tierra temblaba.
Por su parte el clérigo y el pequeño rezaban sin cesar, pidiendo que este feroz animal se retirara del lugar y no causara mas daño. El conjuro rindi6 sus efectos, la serpiente se quedó petrificada. (Sierra de Valdecañas) Después de este suceso los habitantes de Fresnillo modificaron su manera de ser, fueron más respetuosos con los ancianos, con los niños. Respetaban a sus padres y a todos los adultos. Se comportaron mejor que siempre, fueron más solidarios. Pasan los años y el suceso jamás se olvida.. La enorme culebra se quedo convertida en montes serranos, se quedo convertida en piedra, por cierto hay ejemplos de su existencia. Hace varios años intent6 despertar y hasta movió su cuerpo, hizo que la tierra temblara. De lo anterior nos pueden platicar quienes habitan parte de la colonia Esparza, en las cercanías del tiro Buenos Aires. ocurrió en el año de 1993, en vísperas de la Semana Santa, al sentirse movimientos de la corteza terrestre y escucharse ruidos extraños en el subsuelo.
La gigantesca serpiente totalmente petrificada, se puede ver en que sitio quedó. Hacia el poniente, en la Sierra de Valdecañas. Su enorme cuerpo y cabeza desde cualquier parte de la ciudad se puede observar con cierta claridad. Hay que preguntar a nuestros padres para que nos orienten hacia que rumbo quedo esta culebra petrificada que venia a devorar Fresnillo. Por cierto, todavía permanece dormida, pero en cualquier instante puede despertar.
Todo depende del comportamiento de todos los fresnillenses, principalmente de los niños para con sus padres y hermanos. Nota: (Sierra del Valdecañas, se le ubica al poniente de la ciudad. Parte de sus cordilleras se asemejan al cuerpo de la serpiente. La enorme cabeza-peñasco de singular tamaño, se puede ver al norte de esta serranía.)
Se que Pantaleón murió un día, y que cuando era velado de repente sucedió un fenómeno sumamente raro,se soltó un aire muy fuerte provocando que las velas se apagaran. En ese momento se escucharon maullidos y ladridos de gatos y perros.
Se que Pantaleón murió un día, y que cuando era velado de repente sucedió un fenómeno sumamente raro,se soltó un aire muy fuerte provocando que las velas se apagaran.
En ese momento se escucharon maullidos y ladridos de gatos y perros. Algo ocurrió en el velorio, pues la gente comenzó a murmurar y se hacia con frecuencia la misma pregunta ¿qué está pasando? Don Eugenio hermano de Pantaleón, haciendo acopio de valor a toda prueba fue el único que se acercó al ataúd y trató de encender los cirios.
El fue quien se dio cuenta, antes que nadie, que el cuerpo de su hermano ya no se encontraba en la caja. Don Eugenio pidió de favor a los presentes que no dijeran nada de lo que hanía descubierto. Don Eugenio para simular que el ataúd guardaba el cuerpo de su hermano, lo llenó de piedras sin que nadie se diera cuenta.
Al llegar al panteón se enterró un ataúd vacío, pero que todos creían que ahí estaban los restos de Pantaleón. Días después del entierro se vio a Pantaleón pasearse por los pasillos de la casa grande de la hacienda, asustaba a todos los habitantes con su presencia.
Es más, hasta le vieron salir a la calle y dirigirse al templo. Pero ¿quién era Pantaleón?... Bueno, este era un esbirro de Natividad del Toro, el fiero comandante de la acordada en Fresnillo. Servía también a los hacendados para levantar a la peonada casa por casa para que fueran a trabajar en los campos de labrantío.
Cuando se aferraban los campesinos a no trabajar, Pantaleón los llevaba ante Natividad del Toro quien los torturaba, llegando a matar a algunos.
Pantaleón era también muy malo, decía la gente, pues hasta colgaba a las personas de los pies atándolos a las argollas cuando se negaban a obedecer al amo.
Dicen quienes aseguran que lo han visto por las ruinas de la casa grande, que Pantaleón anda busando a más gente para llevarlos al campo.
Se aparece llevando cuerdas en las manos. Como que anda buscando a quien torturar o castigar por desobediencia o para imponer su autoridad, mejor dicho cometer excesos y abusos de poder. ( Aportación de vecinos de la comunidad de Rancho Grande)
La chiquillería que integraba el coro para cantar imnos religiosos en la Parroquia de la Purificación de Fresnillo, al terminar con sus obligaciones, en numerosas ocasiones bajaban las empinadas escalinatas, de cantera de la torre como ‘‘alma que lleva el diablo’’.
Salían al atrio corriendo y brincando y hasta gritando como desquiciados. No querían ni deceaban toparse con ¡El fantasma del Campanario! La chiquillería que integraba el coro para cantar imnos religiosos en la Parroquia de la Purificación de Fresnillo, al terminar con sus obligaciones, en numerosas ocasiones bajaban las empinadas escalinatas, de cantera de la torre como ‘‘alma que lleva el diablo’’. Salían al atrio corriendo y brincando y hasta gritando como desquiciados. No querían ni deceaban toparse con ¡El fantasma del Campanario! Ya lo habían visto los compañeros, el sacristán, los organistas y hasta dos traviesos monaguillos.
Ellos fueron los que empezaron a divulgar las apariciones y advertían a cuanta persona subía al coro, ya fueran adultos o niños. Describían a este fantasma como un tipo vestido de militar y con tremendos bigotes y rostro adusto. Este militar, dicen...siempre se aparecía en el mes de febrero, luego en cualquier fecha, precisamente cuando más personas andan en el artio o suben al coro o al campanario. Dicen que...escondía el rostro y cuando alguna luz se filtraba en las oscuras escaleras, se le veía la cara ensangrentada y pelando tremendos ojotes.
Que traía en una de las manos una enorme pistola y en la otra un sable. Que era de estatura regular y medio regordete. Vestía un uniforme de paño color azul. La chaquetilla con brillante botonadura y en la cabeza llevaba una especie de kepí recortado.
Calzaba una especie de bota militar alta y muy lustrada y que es muy mal hablado cuando se dirige a quienes se encuentra ya sea en la torre, escalinata o en el atrio.
Que siempre se aparece mirando para todos lados y gritando ordenes para que Natera no se acerque al campanario. Su estampa y vocabulario es al parecer lo que más terror causa a quienes por desgracia se lo topan en elguna de las vueltas de la inclinada escalinata de cantera. Algunas personas que se han interesado en el fantasma del campanario, luego de la descripción que se hace, investigando aquí o alá, lograron conocer un sangriento episodio ocurrido ahí mismo en el año de 1913.
Supieron de un enfrentamiento a tiros entre las fuerzas del Gral. De Div. Pánfilo Natera y de José Natividad del Toro, que al parecer era el jefe de la acordada en Fresnillo. Del Toro se refugió con varios elementos armados en el campanario y de ahí abría fuego contra las tropas de Natera. La lluvia de metralla venía de todos lados, de abajo hacia arriva y veceversa. A pesar del fragor del combate, no se podía sacar de su escondrijo a Del Toro y para hacerlo bajar de la torre, se prendió fuego a gran cantidad de chile seco que se apiló a la entrada del campanario. Solamente de esa manera bajaron los afortinados de la torre, no así su jefe, el cual prefirió matarse disparándose un tiro en la boca que ser aprehendido por Natera.
Su cuerpo ya sin vida fue bajado a rastras por sus subalternos dejando manchas de sangre en los peldaños de la escalinata. La gente de Del Toro fue fusilada al capturárseles, supuestamente en el mismo atrio. El fantasma de José Natividad del Toro, aquel fiero comandante de la Acordada en Fresnillo, ha vuelto al lugar donde se quitó la vida. Algunos le han visto en el primer nivel del campanario, otros en el atrio y creen que es un vigilante policía, sin embargo cuando observan con más detenimiento a este personaje, se dan cuenta que su vestimenta y estampa no corresponde ni es de estos tiempos. De inmediato se retiran del lugar.
La fecha del enfrentamiento entre el Gral. Pánfilo Natera y José Natividad del Toro, fue en el mes de febrero de 1913. Del Toro se había apoderado de la cuidad de Fresnillo. Natera al frente de 300 soldados le hizo frente y recuperó la plaza. Del Toro se refugió con varios de sus oficiales en el campanario de la Purificación. (Monografía de Fresnillo 2004).
En los cuarentas sin que nadie supiera de donde salió, empezó a recorrer la calle de plateros, donde la Plazuela de la Cruz Verde, una encopetada dama cuya figura y vestimenta parecia haber salido de las revistas de moda de principios de siglo. Dormía donde se le daba posada y se alimentaba de lo que los vecinos le obsequiaban.
En los cuarentas sin que nadie supiera de donde salió, empezó a recorrer la calle de plateros, donde la Plazuela de la Cruz Verde, una encopetada dama cuya figura y vestimenta parecia haber salido de las revistas de moda de principios de siglo.
Dormía donde se le daba posada y se alimentaba de lo que los vecinos le obsequiaban. No era una pordiosera, mucho menos una loca. Su comportamiento hacia notar que era educada. Su ropaje aunque ajado por los años, la hacia lucir a su manera y con cierto garbo caminaba como tratando de decir con su rítmico contoneo que aún permanecía en esa época donde el esplendor, glamour y riqueza era común denominador en las clases altas de la sociedad minera.
Así como llegaba, de un día a otro, se retiraba. Nadie, absolutamente nadie se atrevía a preguntarle de donde era o se dirigía. Solamente y con grandes dificultades, porque no permitía que la acosaran con preguntas, se pudo saber que se llamaba Francisca de la Riva.
De pronto enmudecía y no volvía o no quería pronunciar palabra alguna. Como que no deseaba condescender con la plebe. El vecindario y la chiquillería empezó a familiarizarse con ese extraño personaje venido de la nada, pero que llamaba la atención de todos por la forma de vestir y de lucir gran cantidad de alhajas, de las cuales con el tiempo se vio que eran de bisutería, no así sus raídos vestidos y abrigos, mantillas, pieles y sombreros, que aunque deteriorados, en su esbelto cuerpo lucían de cierta manera.
La gente la respetaba y le llamaba cariñosamente y con disimulado temor a una violenta reacción, como ‘‘Pancha la Curra’’ o simplemente la pancha. La muchachada desde el principio que apareció por el barrio le hacían todo tipo de bromas, lo cual la enfurecía, pero no pasaba a mayores ya que de inmediato volvía a su indiferente actitud y comportamiento, como si se adentrara a otro mundo, a un mundo que solamente su confusa mente recreaba. Pancha la Curra vivió, por decirlo así, durante varios años.
En ciertas temporadas hacia su maleta y se despedía de quienes le daban posada, para emprender el viaje sin que se llegara saber a donde. Luego volvía a reaparecer en la misma calle y se dirigía a una de las casas que eran de un sacerdote, al parecer del padre Abasta, y que le administraba Don Domingo Robles, la númeri 29.
A propósito, otros decíres señalan que este religioso tenía numerosas propiedades en esa calle como en el callejón del Ciprés y Calle de la Luz. En tiempos más cercanos, la gente de edad que aún viven en las calles mencionadas, han expresado no una sino en varias ocasiones, que han vuelto a ver a Pancha la Curra. Camina con lentitud cargando sus deteriorados y empolvados velices y vistiendo el ropaje que es característico de ella. Es el personaje que regresa de una diferente y lejana época sin saber el porque. Algunos vecinos de las calles adyacentes a la Plateros también han expresado que esa aparición ha vuelto.
Creían que ya nunca jamás la verían por esa calles luego de que desapareció allá por los cincuentas. Dicen que ahora sí Pancha la Curra anda preguntando por aquí, por allá, de todas aquellas gentes que vivían en los antiguos y descuidados caseríos del padre Abasta. Nadie le ha podido dar respuesta ya que habla de épocas que ya se fueron.
Pancha la Curra camina de un lado a otro visiblemente cansada, hasta desorientada. Ya que no encuentra por ningún lado la casa número 29, ni el zahuán lleno de macetas y de pajarillos cantores, no encuentra aquel gigante mezquite que desde la calle s|e veía, ni las bardas de adobes de tierra colorada.
En las cercanías de Fresnillo, a un par de leguas hacia el norte, se localiza un conjunto de cerros de regular altura. Uno de ellos llama la atención por la flora y fauna existentes, no es nada conocido en los alrededores. Se le conoce entre los lugareños como el Cerro del Xoconostle, también Cerro Gordo. (I) Lo que enseguida trataré de explicar, al parecer ocurrió en tiempos en que este poblado era conocido como Real de Minas del Fresnillo, en el siglo XVII para ser más exactos.
Fue cuando el beneficio de la plata alcanzaba otros derroteros que convertían al Fresnillo en un lugar que ofrecía infinidad de oportunidades para enriquecerse tanto para mineros como para comerciantes, hasta aventureros que provenían de distintos países y de la región.
El Real de Minas del Fresnillo producía plata principalmente, aunque también oro, pero en cantidades menores.
Estas riquezas fundidas en lingotes, eran transportadas en carromatos tirados por bueyes. Transitaban fuertemente custodiados por el camino real hasta llegar a la ciudad de Zacatecas donde se depositaban en la Caja Real.
De ahí se enviaba a España. Pero parte de la producción se quedaba en Fresnillo, con los ricos mineros y uno que otro mercader. Estas riquezas atraían poderosamente a mineros con menos suerte, así como a bandoleros que mantenían asolados a los poblados de la región por sus frecuentes correrías. Para evitar que los asaltos, robos y crímenes pudieran arrebatar los lingotes de plata y oro a sus propietarios, se recurría a las fuerzas armadas que a su cargo tenían el resguardo real y que se encontraban acuartelados en el Presidio o Cantón Militar (ahora Presidencia Municipal).
Lo anterior de hecho no ofrecía seguridad alguna a los pobladores y se buscó otra manera de proteger tales tesoros. Precisamente para estar más seguros de que las riquezas que extraían de las entrañas de las minas se mantuvieran mejor resguardadas, se decidieron a esconderlas en cuevas que nadie conociera. Se determinó que fueran las que se localizan en el Cerro del Xoconostle. A ese lugar de hecho nadie se acercaba porque era un cerro muy extraño, del cual decían los lugareños, habitaba el diablo.
Decían lo anterior porque de esas cuevas se despedia un penetrante y asfixiante olor, incluso ninguna hierba crecía. Dominaba el páramo matorrales y maleza espinosa que brotaba de la tierra de color negro. Este cerro, según los antiguos, fue hace miles de años chimenea del Volcán de Colima, por ese se encuentra gran cantidad de ceniza de color negro.
Además los arbustos que allí crecen son de una especie sumamente rara y de horrible apariencia. Los lagartos y serpientes que ahí abundan, son oscuras y de piel escamosa y de horripilante figura que ahuyenta a curiosos. Esto fue tomado en cuenta por los mineros para ocultar sus fortunas. Creían que el temor al diablo que suponían habitaba esas cuevas, nadie se atrevería a incursionar en ellas, mucho menos en etratar de llevarse el tesoro de los mineros.
Pasaron los años y la gente empezó a olvidar lo que en el cerro se había depositado. Los mineros y mercaderes también y al parecer todo quedó en el olvido. Trascurrieron los años y pocos en verdad recordaban ese pasaje de nuestras tradiciones y se llega a mediados del siglo XX.
Fue en tiempos cuando se construía la Carretera Panamericana o Cristóbal Colón (II), y que pasa a escasos metros del Cerro Gordo. En ese lugar empezaron a ocurrir extraños fenómenos que los trabajadores no sabían a que se debían, pero los atemorizaban cada vez que se acercaban a las cuevas que permanecían ocultas en el exuberante follaje.
Decían cada vez que se adentraban por el cerro a cortar leña para calentar sus alimentos o encender fogatas en la noche al acampar en ese sitio, escuchaban ruidos extraños que salían como de abajo del pedregoso terreno.
Luego empezaba a salir humo negro muy espeso que atemorizaba a los obreros porque apenas podían respirar. Muchos de ellos enfermaron, otros prefirieron abandonar el trabajo.
Resulta que cerca del Cerro Gordo habitaba un humilde pastor que cuidaba su modesto rebaño de cabras, el fue quien explicó a los trabajadores de la carretera lo que en el cerro había. Les dijo que el diablo habitaba en ellas y que cuidaba un tesoro que dejaron los mineros españoles hacia muchos años.
El diablo, según el pastor, le había dicho que el tesoro sería de quien se lo llevara cuando el no estubiera en la cueva, al regresar y al ver que no se habían llevado el oro y la plata, se quedarían con él en su lúgubre morada.
El pastorcillo explicaba que él conoció al diablo cuando una de sus cabras se internó en el monte y fue a caer en una de las cuevas, cuando intentaba rescatarla se le apareció el curro, así le llamaban a lucifer, y le dijo del tesoro.
Asegura que él lo vio pero que no trató de llevarse nada. Incluso vuelve a asegurar que el diablo se retira de la cueva cada Viernes Santo, y es cuando se puede llegar ella, ya que aparece a la vista de todos. Desde entonces los buscadores de tesoros, que por cierto son incontables, han pretendido evadir la presencia del maligno, y acuden cada viernes santo al cerro para tratrar de llegar a la cueva y sacar el tesoro antes de las tres de la tarde, que viene siendo la hora en que Cristo murió en la Cruz.
Pero, ninguno de ellos ha logrado saciar sus ambiciones, según eso porque pretenden llevarse todo y por la premura del tiempo al final de cuentas nada obtienen y optan por emprender la huida, regresan con las manos vacías.
La cueva durante todo el año no es visible, solamente unas cuantas horas o minutos del Viernes Santo. (I).- Como referencia, en la cañada que se localiza entre los mencionados cerros, en la actualidad es el sitio donde se encuentran los desperdicios o basura que se genera en la población.
Es el tiradero municipal o relleno sanitario. (II).-La carretera Panamericana o Cristóbal Colón, es conocida también como la número 45 (Nota).-El cerro y cuevas existen,pero estas pocos las han visto de cerca. El extraño follaje también sobresale como la ceniza volcánica. A todo esto: ¿ Se atrevería Ud. a incursionar en ese sitio?
Eran los años en que la minería se adentraba en una bonanza que atraía a cientos de aventureros y mercaderes de todas partes, Hasta de otros países. El oro y la plata, según los pregoneros, ‘‘se sacaba a flor de tierra’’. Lo que enseguida contaré, tal y como lo escuché hace mucho tiempo, ocurrió por el año de 1585. Precisamente cuando se trabajaba con verdadero fervor las recientenente descubiertas minas de San Demetrio y de Frenillo. Su incipiente producción alentaba a los mineros a seguir con las agotadoras y peligrosas jornadas para obtener la tan ansiada riqueza.
Eran los años en que la minería se adentraba en una bonanza que atraía a cientos de aventureros y mercaderes de todas partes, Hasta de otros países. El oro y la plata, según los pregoneros, ‘‘se sacaba a flor de tierra’’.
Lo que enseguida contaré, tal y como lo escuché hace mucho tiempo, ocurrió por el año de 1585. Precisamente cuando se trabajaba con verdadero fervor las recientenente descubiertas minas de San Demetrio y de Frenillo.
Su incipiente producción alentaba a los mineros a seguir con las agotadoras y peligrosas jornadas para obtener la tan ansiada riqueza.
En torno a las minas, los trabajadores hacían correr como caudalosos riachuelos, las casi obligadas y avebturadas historias, ya fueran mito o realidad, pero...esta es una de ellas: Un empleado de mucha confianza de los propietarios de minas, de nombre Simón, era el encargado de llevar las talegas cargadas con monedas de oro y plata, para pagar sus jornales a los trabajadores de minas.
Durante años cumplió fiel y devotamente su misión. Sin embargo un día desapareció. Varios días después de su angustiante desaparición, su cuerpo sin vida fue encontrado cerca del arroyo conocido como la joya (III). El hombre de todas las confianzas de los dueños de las haciendas de beneficio de San Demetrio y de Las Minas del Fresnillo, Simón el viejo, fue asaltado y muerto por bandoleros que mantenían asolados los fundos y villorrios.
Ese día era muy especial, los mineros esperaban aemocionados su paga para reunirse con los suyos. Sin embargo no ocurrió así...Simón el viejo jamás cumpliría con su misión, jamás regresaría. Pero...¿dondé quedaron las talegas con el oro y la plata?. Los abitantes de los dos pueblos comentaban con tristeza: ‘‘Simón jamás llegó a la hacienda de beneficio de Don Francisco Ruiz de Guzmán’’, un próspero minero avecindado en el Fresnillo.
A él debería de entregar las talegas con la paga para los trabajadores de las minas y haciendas. Desde que se supo de su desaparición se temía lo peor por la presencia de los bandoleros y de los temibles guachichiles que merodeaban la región cometiendo infinidad de tropelías. Claro que se le buscó de manera desesperada por los alrededores, un grupo de gente armada iba al frente, eran de las tropas acantonadas en el presidio del Fresnillo.
Fueron varios los santos días que la patrulla de soldados y voluntarios andaban de un lado a otro, se iban por las sierras del oriente, luego por la Bufa y hasta San Martín. Lamentablemente no encontraban rastro alguno que les pudiera llevar a la localización del desaparecido. Fue hasta uno de los atardeceres cuando un indito que iba a San Demetrio cruzando por el arroyo de la Olla alcanzó a ver a Simón.
Este le llamaba angustiosamente, le pedía ayuda. Como el indígena no sabía nada de la desaparición del viejo, pues se le acerco sin temor alguno, Simón se encontraba sentado en el brocal del pozo. El viejo, diría después el espantado indito...’’ me llamaba desesperadamente, me pedía que le ayudara a sacar del pozo unas bolsas de cuero que se le había caído y que por su edad no podía bajar...’’ Me ofreció decía el indito ‘‘que si le ayudaba a sacar esas bolsas, tomara algo de ellas como recompensa.
El nativo desconfiado como todos los de su estirpe, comprendió que algo no andaba bien por la insistencia del viejo. Con tristeza y visiblemente aterrados, encontraron el cuerpo del viejo cerca del pozo. Había sido brutalmente asesinado por los bandoleros.
Lo extraño de todo esto es que las bolsas de cuero jamás se hallaron por ningún lado,nunca se supo de ellas. Ignoraban que el viejo antes de ser victimado las arrojó al profundo pozo. El trágico suceso dio paso a la leyenda.
Los mineros de los dos pueblos, como otras personas que realizan su recorrido por este paraje, dicen que han visto a un anciano sentado en el brocal de ese pozo y les llama pidiéndoles ayuda.
Quienes conocen lo que ahí ocurrió se persignan y siguen de frente, otros que lo desconocen tratan de ayudarle porque cren que es un mendigo.
Les ha pedido a los que se atreven a acercársele, que deciendan a la noria, ya que su edad no se lo permite, y saquen las bolsas que se le cayeron accidentalmente. Les dice que en recompensa pueden llevarse algunas monedas.
Algunos de ellos jamás vuelven a salir. Al parecer son los desaparecidos de los que jamás se ha vuelto a saber de ellos. El porque jamás salen del pozo o desaparecen... Bueno...dicen... ‘‘Es porque la ambición les gana y al pretender quedarse con todo el oro el peso del mismo como de sus aviesas intenciones los hace sucumbir’’ .
Pero, siempre habrá alguoen que jamás sucumbirá ante la ambición y será quien al final disfrutará el tesoro. El será quien habrá de difundir su propia experiencia y de esa manera se conocerá la leyenda.
Será un humilde pastorcito, el lleva sus ovejas y cabras apastar en ese lugar. El sí entendió sin temor alguno el llamado del viejo. Como le vio muy demacrado y hambriento, le brinda parte del agua que lleva en el guaje y le ofrece una de las dos gorditas de maíz quebrado que tenía en su morral; eran su comida de todo el día.
El pastor acata la petición y desciende al profundo pozo y saca las talegas, se las entrega al viejo sin abrirlas . Este le dijo al pequeño que había sido asaltado por bandoleros y para esconder la paga de los mineros arrojó las bolsas a la noria. Jamás le dijo que había sido asesinado.
El pasrorcillo jamás se imaginó que las bolsas de cuero contenían monedas de oro y plata. De este pastorcito nadie da razón, ya que también desapareció. Hay quien dice que se le vio después en otros reales, pero muy cambiado. Se cree que el viejo Simón le correspondió generosamente por haber sido escuchado.
Sin embargo no todo termina ahí, todavía hay quien jura y perjura, que un viejecito se aparece en diciembre en el brocal del pozo del arroyo de La Joya pidiendo ayuda para sacar las bolsas de cuero que ahí se le cayeron.
Quienes conocen la leyenda se se persignan y siguen su camino, pero, que pasa con otros que la desconocen? Nos dicen que muchos han desaparecido por ese paraje, incluso han buscado sus restos en el profundo pozo sin encontrar absolutamente nada. Del viejo Simón y del teroro de La Joya, como que nada se ha vuelto a saber.
Es posible que todavía esté en ese sitio, pero para tratar de comprobarlo, esperemos hasta el mes de diciembre. (III).-El arroyo es conocido como De la Joya, se encuentra, junto con la noria, entre las poblaciones de Plateros y Fresnillo.
Hay muchas leyendas de personas que se aparecen en la ciudad. Les relartaré una de tantas. La platican quienes la conocieron de sus padres y la trasnmitieron a sus hijos.
Hace poco la escuché en voz de un amigo. Dicen que en la esquina del Jardín Madero y Callejón Sor Juana Inés de la Cruz, (La Rinconada de la Purificación, como la conocemos), tiempo atrás era una casa de altos.
Muy grande, amplia, con ventanas que daban a la calle. Durante el tiempo de la Revolución, las personas que la habitaban dejaron la ciudad, se trasladaron a México. En ese tiempo la casa quedó abandonada durante muchos años.
Hay muchas leyendas de personas que se aparecen en la ciudad. Les relartaré una de tantas. La platican quienes la conocieron de sus padres y la trasnmitieron a sus hijos.
Hace poco la escuché en voz de un amigo. Dicen que en la esquina del Jardín Madero y Callejón Sor Juana Inés de la Cruz, (La Rinconada de la Purificación, como la conocemos), tiempo atrás era una casa de altos. Muy grande, amplia, con ventanas que daban a la calle. Durante el tiempo de la Revolución, las personas que la habitaban dejaron la ciudad, se trasladaron a México. En ese tiempo la casa quedó abandonada durante muchos años. Cuentan que las dos ventanas que daban al Jardín Madero se habían quedado abiertas, cosa que nadie extrañaba, pues así se habían visto siempre. En una ocación, dos trasnochadores que se dirigían a sus casas después de una noche de farra, ya cerca de las doce de la noche, se quedaron platicando en el jardín, cuando uno de ellos vio una luz, parecida a la de una vela, que se movía en la pieza de la casa con las ventanas abiertas.
Uno le avisa al otro, y ambos la vieron. Ya sabían las condiciones de la casa, que se encontraba desabitada, por lo que más extrañeza les causó. Al rato volvió a pasar la luz, esta vez si distinguieron que efectivamente, se trataba de una vela, que llevaba en su mano una Monja vestida de blanco, misma que se paseaba en la habitación de un lado a otro. Al poco rato desapareció. Después de algún tiempo de estar esperando para ver si veían de nuevo a la monja, cansados e intrigados por su experiencia se retiraron a sus domicilios, prometiendo volver, ya en su juicio al siguiente día a la misma hora.
El fenómeno se repitió día tras día, pero solamente aparecia a las doce de la noche en adelante y durante una hora aproximadamente. Ya intrigados, un buen día decidieron investigar más a fondo y se entrevistaron con una señora, pariente de la familia a quien le habían encargado las llaves. Le explicaron a la señora el motivo de su inquietud, quien extrañada les facilitó las llaves para que fueran a investigar, ya que efectivamente, ya hacia muchos años que la casa estaba sola. Esa misma noche los dos amigos se introdujeron a la casa y se instalaron en un rincón de la sala donde se veía a la monja.
Eran casi las doce la la noche. Ya tenían más de una hora esperando la aparición. De pronto, se escucha en algún lugar de la sala un ruido como de pasos arrastrados. Una tenue luz se veía en el pasillo que conectaba con la sala...esa luz se fue haciendo más intensa, hasta iluminar la habitación...Y, efectivamente, ahí estaba lo que ellos creían que era una monja.
No era más que un hábito de monja, que se movia como si estubiera un cuerpo adentro. Uno de los amigos, ante la inexplicable aparición, cayó de inmediato al suelo, fulminado por un ataque al corazón, mientras que el otro salía corriendo despavorido de la casa.
Alcanzó a llegar a la cercana Presidencia Municipal, donde atropelladamente les contó la visión que acaba de tener, para luego quedar completamente loco.
A las pocas horas sacaron el cuerpo de la persona que había muerto, a quién encontraron con un rictus de terror en su rostro. Semanas después, los dueños de la casa ordenaron desde México, que destruyeran el segundo piso de la casa, y nunca más se volvió a saber de la extraña aparición.
Al ocultarse el sol el disperso vecindario cercano a las faldas del legendario Cerro de Proaño se apresuraba a llegar a sus casas. Como que nadie quería permanecer en las calles de Fresnillo, precisamente al caer la noche. Nadie se atrevía a preguntar el porque, tan solo y por costumbre todo mundo prefería estar en sus viviendas antes de que oscureciera.
Al ocultarse el sol el disperso vecindario cercano a las faldas del legendario Cerro de Proaño se apresuraba a llegar a sus casas. Como que nadie quería permanecer en las calles de Fresnillo, precisamente al caer la noche. Nadie se atrevía a preguntar el porque, tan solo y por costumbre todo mundo prefería estar en sus viviendas antes de que oscureciera.
Como fuereño creía que era una costumbre local. Más tarde me enteré de lo que llevaba a las personas a estar en sus casas poquito antes de las siete de la tarde. Las primeras impresiones de hecho me sorprendieron, no daba cabida a lo que mis oídos escuchaban.
Lo atribuía a una broma o bien lo tomaba como una advertencia velada para no incursionar por esos lugares. A lo mejor pensé--, los mocetudos jovenzuelos me inducían con balandronadas a no pararme por sus barrios por temor a enamorar a alguna de las atractivas mozas que como ramilletes abundaban en todo el pueblo.
Me decían con cierta insistencia: ‘‘Mira Juan, no te andes por estos barrios por las noches porque se te puede aparecer la llorone’’. A veces me daba risa, pero en otras me quedaba callado; no quería contradecirles, mucho menos enfrentarlos, porque tenían la fama de ser ‘‘muy entrones’’. Un día pregunte a los viejos del barrio del sulfato sobre ‘‘la llorona’’. Yo sabía que un personaje parecido existió en la ciudad de Mexico en tiempos del virreynato o la colonia, pero jamás imaginé que en Fresnillo hubiera otro.
Lo que escuché me dejó pasmado. Mejor se los platico. Hce muchos años, narraban los ancianitos, cuando se trabajaba en las catas del cerro, era costumbre llevarles la comida a los mineros a las 12 del día. Acudían las esposas, a veces las hijas o hijos, o cualquier familiar; llevaban un gran canasto cubierto con un mantel bordado a mano, en su interior las cazuelas y jarros conteniendo la comida y bebidas, incluso dulces de alfajor de coro.
Agustina era el nombre de la esposa de uno de losmineros. Ella iba siempre muy bien vestida, con su pelo largo sujeto con listones de colores. Unas arracadas de oro pendían de sus oídos. Su rostro rebozaba de alegría y orgullo cuando se dirigía a llevarle la comida a su esposo; era una mujer muy agradable y atractiva.
En ocaciones llevaba a su dos menores hijos. Todos ellos, el minero, Agustina y los niños, se acomodaban alrededor del mantel que se colocaba en el pedregoso piso.
Se sacaban las cazuelas con las ricas viandas, se servía el caldo de res rebosado de verdura, carne y elote; luego venía la sopa de pasta, después los frijoles refritos. No faltaba la picosita salsa verde en el molcajete. Las tortillas calientitas eran cubiertas por un pequeño mantel. En un jarro de barro se llevaba el agua fresca sacada de la noria del común y para terminar consumían los dulces de alfajor de coco o de piloncillo.
Era una especie de ritual de lunes a vierne a las 12 horas del mediodía. Pero un mal día se destrozó de manera inesperada y violenta esta tradición familiar dio paso a la tragedia.
Resulta que Agustina llegó minutos antes de la cita acostumbrada y alcanzó a ver como su esposo se despedía muy amorosamente de una bella jovencita.
Hizo el coraje de su vida, casi enmudeció y tuvo que aguantarse la ira que le consumía las entrañas para acercarse a su infiel marido y entregarle la canasta con sus alimentos. Ninguno de ellos hablaba más de lo necesario. Días después de aquel, el esposo de Agustina le pidió que ya no llevara su comida al mediodía, porque tenía otra mujer.
Al escuchar de su marido tan hirientes palabras Agustina enloqueció y emprendió veloz carrera rumbo a las profundas catas del cerro para arrojarse a una de ellas. Su semi destrozado cuerpo fue encontrado muchos días después y se procedió a darle cristiana sepultura. Sus menores hijos quedaron al cuidado de unos parientes que vivían por el barrio del potrero Azul.
Paso algún tiempo y poco a poco la tragedia de Agustina se empezó a olvidar. Sin embargo una fría tarde del mes de enero, casi al oscurecer, varias personas por el rumbo de las Delicias empezaron a escuchar escalofriantes gritos, eran de una mujer que lloraba y gritaba a la vez. Se le escuchaba algo así: ‘‘Que será de mis hijos... Ay de mis hijos...’’ Decían que era alta, muy bien vestida, de pelo largo con listones de colores y que corría de un lado a otro llorando y gritando.
Desde entonces no tan solo los vecinos de esas calles, también de otras como la De la Luna, del Brreno, como del Muro, bueno... hasta la Plazuela del Huache, barrio del palomar y calle del puente, juran haber visto esa aparición antes de oscurecer.
Quienes la han sentido de cerca o visto, afirman sumamente nerviosos que...¡ es Agustina...! La que se arrojó a las profundidades de una cata del Cerro de Proaño cuando perdió la razón luego de que el marido la engaño con otra mujer.
Empezaron a decirle que era ‘‘Agustina...la llorona...’’, la cual pedía por sus hijos. Lo que aquí les narré me lo platicaron cuando llegue a Fresnillo a trabajar en la compañía, por el año de 1930.
Después de conocer el porque todos por el rumbo cercano al cerro donde están las minas antes de que caiga la noche se dirigen a sus casas, como bien dicen...prefiero esa costumbre que encontrarme con LA LLORONA.
Así me lo contaron...Ocurrió por los veintes, cuando la bonanza minera en Fresnillo atrajo la atención de mucha gente que buscaban afanosamente ser trabajadores de las minas por ser un empleo entonces "bien pagado".
Así me lo contaron...Ocurrió por los veintes, cuando la bonanza minera en Fresnillo atrajo la atención de mucha gente que buscaban afanosamente ser trabajadores de las minas por ser un empleo entonces "bien pagado".
Vinieron de todas partes del país, y de otros. Fue cuando llegaron los gringos de la The Mexican Coorporation a las Minas del Cerro de Proaño. Los de la The Fresnillo Company habían empezado en Los Jales de SantaAna.
Mi abuelo, de nombre Juventino, fue uno de los mineros contratados por los "gueros ", el era de Guanajuato. Dicen que era de los buenos para sacar metal por eso le pagaban hasta en dó1ares. Con lo que ganaba logró hacer su casa por la calle del Codo, tenia un zaguán, sala, recamara, varios cuartos, cocina con fogón, patio y corral; hasta su noria.
Desde sus grandes ventanales se miraba el cerro, se veía enorme porque había pocas casas por el rumbo. En ese tiempo era común que los obreros más calificados cubrieran hasta dos turnos, lo cual representaba para la empresa seguridad en la extracción del mineral de buena ley. Para el obrero le correspondían jugosas ganancias por el tiempo extra...Pues bien, uno de esos días sucedió lo que mi abuelo me contó. Resulta que, una oscura noche, mi abuelo se dirigía a su casa luego de salir del tumo de segunda.
Recorría a pié las polvosas calles y callejones, cuya iluminación era a base de focos que la compañía minera instalaba en las esquinas. Siempre se hacían acompañar varios obreros por seguridad, el grupo se iba desgranando conforme cada quien iba llegando a su morada...Mi abuelo fue el Ultimo de ese grupo, el resto ya había llegado a sus casas por el rumbo de la Barreno.
Otros más iban a la calle del Sulfato o hasta la colonia del Patrocinio (Esparza)...Como les decía, mi abuelo tenia su casa por el Codo. Bueno...Cuando me contó el abuelo su experiencia, lo veía muy emocionado, a lo mejor se ponía nervioso...Era como si volviera a vivir lo que le pasó esa noche. Su voz se le escuchaba entrecortada...Esa noche cuando llegaba a su casa, lo hizo de manera apresurada, llegó agitadísimo, platicaba mi abuela Sofía...Y, decía: "Que así se ponía cuando ocurría algún accidente en la mina". Es más, mi abuelita llegó a creer que hasta se había emborrachado.
Después supe el origen de su alteración. Un día antes de esa inquietante noche, mi abuelo llegó a su hogar muy tranquilo luego de haber terminado su jornada laboral y le platicó a su esposa que se había encontrado a un minero de nombre Jacinto que le pedía, mejor, dicho le suplicaba que:" avisara a sus familiares de su muerte..."Como era de esperarse mi abuelo no le hizo caso y hasta pensó que Jacinto andaba tomado o quizá marihuano. Decía Don Juventino que había visto muy raro a Jacinto, que hasta lo notó muy pálido, como si anduviera gaseado y lleno de raspones en las manos.
Creía que se había caído por la borrachera que se cargaba. Durante la noche no pudo conciliar el sueño, pues creía ver en todos los rincones a Jacinto pidiéndole que avisara a sus familiar es de su muerte.
Finalmente llegó la luz del siguiente día...Mi abuelo se dirigió a su trabajo para cubrir los tumos convenidos. Antes se dirigió, dijo que por" mera curiosidad".a la casa de Jacinto, por el rumbo del Sulfato...A1 llegar a ella por poco se desmaya. Escuchó lastimeros gritos, las mujeres lloraban desconsoladamente, los niños también; mucha gente lo hacia. Ante sus incrédulos ojos vela a muchas personas correr de un lado a otro. Llevaban flores, otros rezaban, otros mas sollozaban y apenas se oía lo que hablaban. Pero ó1 escuchó claramente lo que decían, lo cual le hizo estremecer. Todos los presentes lamentaban la muerte de Jacinto. Aves de dolor flotaban en el aire y se veían caras tristes por todos lados. Giraban en torno al camastro sobre el cual yacía Jacinto sin vida.
Había muerto en un accidente en uno de los socavones de la mina al empezar el tumo de tercera. El accidente ocurrió casi a la misma hora en que mi abuelo dice que se encontró a Jacinto.
Decía que nunca se le olvidaría esa triste noche y mucho menos las siguientes luego de comprobar que el minero le anunció su muerte casi al mismo instante en que sucedieron los trágicos hechos en uno de los socavones del Cerro de Proaño.
Además, me platicaba muy serio: "hay veces, al regresar de la chamba, como que Jacinto anda tras de mi con la misma plegaria". Otros trabajadores también han dicho que lo han visto por esas calles durante las noches buscando quien le haga el favor de "Avisar a sus familiares de su muerte"...
Los vigilantes del Teatro Echeverría reportaron a un menor de edad que jugueteaba en el tercer nivel. Administrativos e intendentes acompañaron a los gendarmes para buscar al pequeño y evitar de esa manera algún accidente mortal. Después de recorrer los pasillos, no de uno sino de varios niveles, no se pudo localizar al niño.
Los vigilantes del Teatro Echeverría reportaron a un menor de edad que jugueteaba en el tercer nivel. Administrativos e intendentes acompañaron a los gendarmes para buscar al pequeño y evitar de esa manera algún accidente mortal. Después de recorrer los pasillos, no de uno sino de varios niveles, no se pudo localizar al niño.
Lo anterior no hubiera tenido alguna repercusión o trascendencia si no se hubiera repetido el incidente que movilizó a todo el personal en la busqueda de ese menor que nuevamente se le alcanzó a ver en la parte alta yen los palcos.
En ésta como en otras ocasiones, no se le encontró por ningún lado. Este incidente vino a causar conmoción y preocupación, incluso miedo en el personal del teatro. Uno de esos días en que acuden numerosas personas a presenciar los eventos programados, un grupo de menores de edad se daban a la tarea de corretear y gritar por los sumí-oscuros pasillos.
Subían y bajaban atropelladamente las escaleras, brincaban de una butaca a otra, de plano, se daban a la travesura. De pronto se dejó de escuchar la gritería de los jovencitos, estos muy calladitos regresaban a sus asientos junto a sus descuidados padres.
Su actitud llamó la atención, se mostraban alterados, como asustados. Uno de ellos no aguantó el llanto y confesó a sus padres que hablan visto el fantasma de un niño que les seguía como tratando de decirles algo. Este niño se supo después, que cuando el teatro era utilizado como cine mudo, se cayó desde la galería perdiendo la vida al estrellarse sobre el piso de la sala principal. Su cuerpecito fue encontrado mucho después de haber ocurrido la desgracia ya que nadie se había dado cuenta.
ra uno de esos niños que escapan del cuidado de sus padres para darle rienda suelta a sus correrías o aventuras. Este infantil fantasma se aparece en las funciones cuando la presencia de los menores es notoria.
Se cree que cada vez que corre junto a los niños, no es para asustarles sino acompañarles en sus juegos, como si intentara hablarles para advertirles del peligro que se torre de acercarse a los inseguros barandales de cada nivel.
Este pequeño también ha sido visto por adultos, estos, aunque usted no lo crea, cuando se enteran de que es uno de los fantasmas que ahí se aparecen, jamás se atreven a recorrer los lugares mas oscuros, menos si van solos.
Otros mas reportan que también han visto apariciones de personas con vestimenta fuera de época que lo mismo andan por los pasillos, baños y camerinos, no se diga en el lugar donde se encuentra el pozo, en la parte baja del foro.
Se preguntan, Serian acaso los fantasmas de los ingenieros que cayeron del techo cuando se construía el teatro, o de los rebeldes o militares que murieron en una balacera, o de los que fueron asesinados cuanto era cantina? Quien sabe quienes serian...Pero, de todas estas fantasmagóricas apariciones, la que mayormente llama la atención, es la del niño. Es el que mas personas han visto o creen haberle visto, principalmente menores de edad.
Dicen que en altas horas de la noche han visto a varios encapuchados en el interior de una casona que se encuentra entre las calles de Ocampo y Santa Ana.
Dicen que en altas horas de la noche han visto a varios encapuchados en el interior de una casona que se encuentra entre las calles de Ocampo y Santa Ana. Estos sujetos visten de negro y nadie les ha visto el rostro. Dicen que son los del Santo Oficio o de la Santa Inquisición, y que cada vez que se reúnen es para castigar en la hoguera a brujas, hechiceros y adoradores del diablo.
A los llamados herejes. Cuando escuchaba lo anterior no daba crédito a lo que se decía... ¿ Como era posible que en los treintas del siglo XX todavía se hable de la Santa Inquisición ? A propósito quienes tienen sus viviendas en las cercanías de este sombrío sitio no quieren hablar de ello. Cuando se les pregunta de los encapuchados hacen como que no oyen y voltean hacia otros distantes lugares; disimuladamente evaden la platica o temen algo. Lo que si es cierto es que por la calle de Ocampo, casi frente donde creo estaba el templo del Refugio, había una fragua y carpintería.
Ahí se fabricaban muchas cosas, desde barandales o rejas para ventanales hasta carretones. Sus propietarios y empleados eran hombres muy fuertes, altos y robustos, pero muy callados. al parecer habitaban junto con sus familias la vieja casa contigua, se comunican por una especie de túnel que llegaba al patio central de la antigua y enorme consrucción. Platican que en esa casona, en sus oscuros sótanos y hace muchísimos años, aunque aseguran que también ocurre por estos días, se oyen escalofriantes gritos de dolor y muchos ruidos, como si arrastraran cadenas.
Luego aparecían los encapuchados muy silenciosos y con teas en la mano. Salían de los subterraneos, cruzaban el patio y se dirigían al cuartucho pegado a la escalinata de piedra que da a la entrada principal por la calle de Santa Ana, ahí se despojaban de su vestimenta para luego salir hacia la calle con otros ropajes.
Los vecinos que en ocasiones les veían casi murmurando se decían: "esos son los de la Santa Inquisición y salve Dios a quien hayan castigado o torturado para arrancar confesiones" Un día los propietarios de la fragua y carpintería desaparecieron misteriosamente. Se fueron de Fresnillo y nunca más se supo de ellos.
Era evidente que algo sobrenatural los había espantado a tal grado que prefirieron cambiar de domicilio. Años después por el rumbo se seguía comentando que las entradas y salidas de los vestidos de negro se daban por las noches hasta la madrugada, la casa que fue de los herreros y carpinteros quedó abandonada.
De los encapuchados nadie da razón, nadie les conocía ni sabia nada de ellos. Puede ser cierto o no, lo de la Santa Inquisición en Fresnillo, pero ¿Quien puede explicar lo que en tiempos más actuales esto sucediendo? Han vuelto los ruidos extraños y gritos de dolor.
Se escuchan en el interior de la casona, hasta en cualquier rincón. Como si vinieran desde abajo...dicen. Es más, hay quien asegura que durante ciertas noches han visto a varios sujetos encapuchados, tras de ellos aparecen cadavéricas figuras encadenadas y semidesnudos.
Lo que en seguida narraré, ocurrió por el año del senor de 1ó44. Fue en una de sus visitas a éste mineral de Fray Juan de Angulo ( I ). Cada vez que viajaba de Sombrerete a Zacatecas llegaba a este Real a saludar a sus numerosas amistades, ya que era merecedor de infinidad de atenciones por sus virtudes y servicios al menesteroso.
Lo que en seguida narraré, ocurrió por el año del senor de 1ó44. Fue en una de sus visitas a éste mineral de Fray Juan de Angulo ( I ). Cada vez que viajaba de Sombrerete a Zacatecas llegaba a este Real a saludar a sus numerosas amistades, ya que era merecedor de infinidad de atenciones por sus virtudes y servicios al menesteroso.
Se le recibió el1 la casa del Capitán Don Andrés Vanegas, el cual también era el propietario de una de las minas más ricas de la localidad. En ese tiempo la explotación y extracción del mineral había disminuido notablemente, a tal grado, citan los cronistas de la época': provocaban que el pueblo "se despoblara". Preocupado el Capitán por la critica situación económica que dificultaba cualquier acción que le permitiera rehacer su fortuna y de esa manera asegurar la manutención de su familia y trabajadores, pedía al religioso su consejo y oraciones.
Este le manifestaba que tuviera paciencia ya que uno de sus sirvientes, el más humilde, descubriría rico filón de oro y plata que cambiaria por completo la desolada imagen del poblado y de sus habitantes. Resulta que, al poco tiempo del augurio de Fr. Juan de Angulo, un esclavo negro del capitán descubrió la rica veta. Pronto llegó la esperada recuperación económica al reanudarse la explotación y beneficio de los minerales, también el comercio empezó a reavivarse y la comunidad volvió a repoblase de manera importante. El milagroso acontecimiento, así fue considerado, pronto se hizo notar, resulta que el Capitán Andrés de Vanegas, fervoroso creyente, en agradecimiento al favor recibido aportó gustoso una importante suma de dinero para que se construyera un templo "muy decente", así citan las crónicas que versan sobre la vida de Fr. Juan de Angulo y sus milagros. Se supone que el templo "muy decente", según el transcurrir del tiempo, es el Templo de la Purificación.
De acuerdo a nuestra particular apreciación. Años después del pronóstico del fraile, por el siglo XVIII, trabajaba las minas de Proaño el Capitán Dionisio González de Muñoz, el tenia su vivienda en las inmediaciones de la ciénega (Origen de los Ojos de Agua del Fresnillo, primer nombre de este paraje) y que se les localizan en el centro de la ciudad.
Le acompañaba su familia, integrada por su esposa y dos pequeños. Uno de ellos, al realizar sus juegos en compañía de otros amiguitos, en las cercanías de la ciénega, cayó accidentalmente a uno de los ojos de agua. Estuvo a punto de perder la vida ahogado, milagrosamente se salvó.
Este hecho fue del conocimiento de los padres del infante, el ojo de agua, al parecer, es el pozo que se encuentra en el atrio del templo parroquial. Los padres del menor, luego de reflexionar sobre la forma en que ocurrió el percance, prometieron construir en el mismo sitio donde su hijo estuviera a punto de perder la vida, un templo.
Lo que me contaron ocurrió un 2 de febrero, el día de la Candelaria.
La promesa fue cumplida, con el tiempo este templo se convierte en la Parroquia de Nuestra Señora de la Purificación del Real de Minas del Fresnillo. Son testimonios históricos, indudablemente, pero... Continuemos con la leyenda: Posteriores años, no recuerdo cuantos, pero fue después de haber ocurrido el milagro del Niño y la Ciénega, precisamente cuando el templo ya había sido construido, en el atrio, cérea de la noria ( Uno de los Ojos deAgua), que en ese lugar existe, se escuchan angustiadas voces de personas que llaman al niño; le previenen del peligro de caer en las cenagosas aguas.
Incluso, hay quien afirma que han visto a un nifio vestido a la usanza de aquellos tiempos en el atrio y que también se acerca a otros pequeños para advertirles de los peligros que encierra acercarse demasiado al pozo.