Elcio Rodrigues de Sa

A brazilian-panamenian composer

Entrevista

Entrevista con el compositor

y director musical

Élcio Rodrigues de Sá

 

Por Teresita Mans

Noviembre de 2004, vía Web

 

 

Parte I

§         Se me ha olvidado, ¿tu eres de Brasil, Bahia? ¿Qué lugar exactamente?

Bueno. Físicamente nací en São Paulo, pero cuando abrí los ojos estaba en Salvador, capital de Bahia, estado (provincia) del nordeste de Brasil.

Como la empresa donde trabajaba mi padre lo transfería frecuentemente, en aquellos tiempos, los primeros cuatro años de mi vida fueron un peregrinaje por 5 ciudades de tres estados. Fue en Salvador, entonces, donde pasé la mayor parte de mis primeros 25 años de vida. Todo mi referencial cultural básico proviene de esta impresionante región de Brasil.

Mi familia es de emigrantes dentro del país. Hasta los 50 y poco más, los “nordestinos” emigraban al sur de Brasil en busca de mejores oportunidades. Nosotros, ya en los 60, hicimos el movimiento inverso, contribuyendo con el proceso de industrialización de esta región. Yo viví eso muy de cerca pues mi padre trabajaba en la industria.

Sin embargo, solamente a los 10 años conocí lo que era vivir en la ciudad. Hasta entonces todo mi tiempo fuera de la escuela era en contacto directo con la naturaleza, pues vivíamos en los suburbios, en una pequeña península. 

Jamás me he acostumbrado a vivir en la urbe. Me marcaron profundamente aquellos años caminando descalzo, atrapando cangrejos, pescando, cazando, subiendo en árboles y por las noches, frecuentemente, dormir escuchando los tambores del “Candomblé” (Religión afro brasileña) que se propagaban desde los bosques cercanos. Una experiencia maravillosa.

 

 

  • ¿Tu familia es musical? (no Teresa, tu esposa, claro)[1] Tus padres, tíos, etc... ¿Tienes hermanos / as?

 

No, mi familia no tiene nada que ver con la música. Somos 3 hermanos, yo el mayor, y mi hermana hasta hoy se lamenta de que papá no le permitiera estudiar el piano, algo que ella amaba más que a cualquier otra cosa.

Pero a mí no logró impedir que me dedicara a la música. No fue fácil enfrentarlo. Solamente bajó la presión cuando, ya en la facultad, mi propio profesor de composición, Ernst Widmer, dirigió una obra mía en público.

 

§         ¿Siempre fuiste tú, musical? ¿Qué te atraía de la música? ¿Empezaste por sonidos, melodías? ¿Pasaste por lo de rigor cuando crecías: tocar en un grupo, fanaticada, presentaciones, atenciones?

 

No sé sobre lo de haber sido siempre musical. Mi madre, pocos años antes de morir, me contó que, ya en aquellos años en la península de Lobato, yo vivía inventando experimentos de sonidos con el agua, con tubos, con semillas, latas... pero yo no me acuerdo de esas cosas y sí de lo que mencioné arriba en cuanto a la vida al aire libre.

 

De lo que me acuerdo es que a los 11/12 años conseguí mi primera guitarra y nunca más me separé de una. Primero fui autodidacta, aprendiendo por imitación, sacando las músicas en libritos de acordes, etc. Me gustaba inventar sobre las cosas que aprendía.

De allí a tocar en los festivales de canciones de las escuelas fue una consecuencia lógica, haciendo piezas en dúo y creando pequeños grupos de música popular.

Mi familia, preocupada con mis tendencias, me envió a estudiar en un instituto técnico en São Paulo pues mi padre quería a su primogénito como ingeniero, como él... ¡Que va! No solamente era insoportable vivir en aquella metrópolis, como me cansé del ritmo de estudio intensamente canalizado para el área científica y reprobé por anticipación poco después de la mitad del año: desistí. Entré en crisis y solo quería volver a Bahia. Pero en todo eso nunca dejaba de practicar la guitarra, asistía a conciertos de todo tipo, festivales, exposiciones artísticas, etc.

De vuelta a Salvador, en poco tiempo empecé a hacer cursos libres de actor con vistas a trabajar en el activo campo del teatro infantil- juvenil, mientras seguía con mis canciones. De ahí pasé a componer para obras de teatro, tocar en la noche, vivía prácticamente de eso, mientras terminaba el curso técnico de música en el Instituto de Música de la Universidad Católica de Salvador.

Una productora me ayudó a montar mi 1er “show” en un teatro con una banda, todo muy influenciado por el tropicalismo de la época (Caetano e Gil). Hubo buena aceptación, pero vivíamos una época muy oscura social y políticamente hablando, bajo una intensa represión del aparato del estado en la dictadura militar. Toda mi generación carga cicatrices de esa fase.

Tuve todo tipo de enfrentamientos con la dictadura, con la censura institucional de derecha, porque yo no podía dejar de expresar mi discordancia con sus estupideces, arbitrariedades y violencia. Cuando ellos se pasaron de la raya, censurando mis letras, saboteando nuestros montajes, agrediéndome en la calada de la noche lejos de testigos, yo cambié de estrategia.

Para no tener que someter los textos de las canciones a la censura previa del estado, pasé a presentarme bajo el manto de la improvisación. Me explico: en aquél entonces yo practicaba el instrumento un promedio de 6 horas diarias y me encantaba improvisar, desarrollando las ideas sobre la marcha. De esa manera los promotores de las presentaciones me anunciaban por los canales “underground” como para una sesión de improvisación. De hecho, yo empezaba solando en la guitarra por unos 10 a 15 minutos y entonces entraba con la voz y decía todo lo que me daba la gana. Me burlaba de la censura.

En una ciudad de 3 millones de habitantes, algunas personas que frecuentaban los eventos culturales me reconocían y saludaban en la calle. Pero ya en ese entonces tocar en bandas, hacer canciones, etc., no era el centro de mis intereses en la música. Estaba para entrar en el curso superior de composición y quería desarrollar un trabajo artísticamente más ambicioso, más serio, en otro nivel.

Con la última banda, “A Ilha”(La Isla), durante todo un año nos presentamos una vez a la semana en el Instituto Goethe, donde cada vez más yo componía música instrumental y menos trabajos con textos. Los sonidos bastaban para expresar mis ideas.

 

  • ¿Qué te llevó a ser un estudioso de la música y a trabajar con voces? 

 

A inicios de los 70 yo ya había recorrido las principales ciudades de Bahia tocando y cantando. A la vez, escuchaba todo tipo de música: estaba atento a la música folclórica, a la popular y a la clásica. Sentía fuertes emociones tanto al oír el concierto para piano y orquesta, en la menor, de Grieg, como escuchando a los más populares de la región, los “côcos” de Jackson do Pandeiro, los “baiones” de Luiz Gonzaga y a las “canciones playeras” de Dorival Caymmi...

Pero, definitivamente, lo que me soltó todas las amarras para seguir adelante con el plan de estudiar música a nivel superior fue asistir a los conciertos del Grupo de Compositores de Bahia. Este grupo había nacido a raíz de fundarse la Escuela de Música (EMUS) y Artes Escénicas de la Universidad Federal de Bahia (UFBA), bajo el flujo creativo del compositor Hans J.-Koelreutter.

Las obras de compositores como Agnaldo Ribeiro, Jamary Oliveira, Lindembergue Cardoso, Ernst Widmer, Walter Smetak, entre muchos otros, alcanzaban los límites extremos de la creatividad con los sonidos. Una música que ultrapasaba las definiciones escolásticas y que me atrapó nada más oírla...

Nada de lo que había escuchado hasta entonces me satisfacía tanto como la producción estética de estos señores, que acabaron siendo mis profesores, después amigos, después compañeros de trabajo y hoy, los vivos, corresponsales a través de Internet.

La EMUS de la UFBA ha sido una escuela fundada por compositores de vanguardia y dirigida, la mayor parte de su historia (en este año cumple 50 años), por compositores... de esa manera el espíritu de la investigación y la creatividad siempre estuvo salvaguardado. La producción de los compositores de Bahia siempre estuvo a la par de lo más avanzado en Europa, Norteamérica y Asia.

 

Ya trabajar con voces, para mí, no tiene nada de especial en sí mismo: es solamente una de las tantas maneras de hacer música. Una vez acá en Panamá (1992), fue la manera más práctica de poder seguir creando y mostrar parte de mi trabajo. Presenté conciertos de cámara con música instrumental, pero era difícil: ni los músicos ni el público estaban acostumbrados a las nuevas posibilidades estéticas, como siquiera me conocían para ir a curiosear a mis conciertos...

En el 93 llamé a algunos cantantes que había conocido y fundamos el octeto vocal Vox Liber. Ahora somos un grupo de cámara con 12 voces. Nuestros conciertos siempre tuvieron buena respuesta de público, sin embargo el apoyo, tanto de la empresa privada como del estado, ha sido mínimo, rayando al cero.

Ya había trabajado con voces, en Brasil y en África, tanto con solistas como con voces corales y con formaciones mixtas de voces y orquestas. Para mí, nada de nuevo en el medio expresivo, solamente en el contexto cultural.

 

  • ¿Cómo fue que quedaste en África? ¿Y qué significó ese tiempo en Angola?

 

Al concluir el curso de composición y dirección musical yo había pasado por un profundo viaje a través de la música universal, desde el pasado hasta la vanguardia contemporánea. Había potenciado las herramientas para la creatividad, había estrenado, por año, por lo menos dos obras por los cuerpos de música de la escuela (grupos de cámara, coros, bandas y orquestas), además de las presentaciones con mi propio cuarteto, el “Fontes” - (flauta, saxofón, guitarra y violonchelo).

Sin embargo toda aquella experiencia me alejó del público que venía construyendo anteriormente. Además, la creciente crisis económica disminuyó drásticamente la producción en el área teatral y me quedé casi sin comisiones para las trillas sonoras.

Graduado y desempleado.

En 1981, por acaso, me encontré con el director de la Escuela de Música de Luanda en la biblioteca de la EMUS, buscando a profesores de música para trabajar en Angola. En un par de entrevistas acepté los términos del contracto y un año después embarcaba rumbo a África.

Del punto de vista económico esta movida significó mi independencia y tranquilidad. Sin haber completado ni mitad de mi carrera ya empezaba a ganar más que mis profesores y hasta más que mis actuales compañeros de trabajo en la Universidad de Panamá (UP).

Por otro lado, viajar a África fue como un encuentro con mis raíces por la parte de los ancestros de mi padre. Caminando por algunas calles de Luanda me sentía como en casa, como en Salvador. No solamente con referencia al estilo arquitectónico del periodo colonial ibérico (Portugal), como espiritualmente, pues a pesar de la intranquilidad político-militar yo me sentía entre hermanos.

Allá, además de  dar clases, fundar y dirigir el Conjunto Experimental de Música de la Escuela, presentar recitales, grabar para la radio y la televisión y escribir artículos para periódicos, también trabajé arduamente en la reestructuración de los currículos académicos y, conjuntamente con los demás profesores levantamos la escuela a un nivel antes impensable.

Fue muy enriquecedor convivir con los demás profesores, pues era un plantel internacional. Había profesores de Bulgaria, Portugal, Rusia, Angola, Brasil, Cuba, Argentina y Zaire (Congo).

Todo ese tiempo allá (4 años) lo aproveché también para recolectar piezas folclóricas de la más antigua tradición. Conocí una África hasta entonces insospechada y siempre que pude he utilizado temas de Angola para demostrar posibilidades musicales diferentes del cliché de tambores omnipresentes.

 

 

 

 

 

  • ¿Se pueden describir las voces como "personalidades"?

 

Entiendo tu pregunta como viniendo de una persona muy ligada al teatro.

En cierto sentido y en algunos géneros musicales las voces de una obra coral pueden asumir características similares a las que asumen los personajes de un texto dramático.

Sin embargo, el medio expresivo es distinto y rarísimas veces eso se puede mantener por mucho tiempo. Las voces tienden a alternarse en tramos de texturas más o menos homogéneas, donde se integran a un todo, o forman subgrupos poniendo en evidencia sus diferencias timbrísticas, contribuyendo a la variedad del contexto.

Por otro lado, “voz”, en música, también significa la función que cumple cada instrumento en una obra. Una pieza pude ser escrita para 2, 3, 4, 5 o más voces, independientemente de que sean voces humanas o instrumentos variados.

Así, cada una de ellas se desarrolla dentro de su propia extensión, poniendo de relieve su exclusiva característica sonora que le identifica, y cumplir roles previstos por el compositor que se vale de eso para establecer paisajes sonoros con diferentes contenidos expresivos.

Pero no se puede esperar que los matices del sonido puro puedan coincidir con las complejidades de los personajes de un drama teatral, aunque, en cierto sentido, las mayores obras de la historia de la música se acerquen a la defensa de una tesis, una ponencia, un ensayo o una novela.

 

 

 

 

 

Fin de la 1ª Parte

 

 

 

 

 

Entrevista con Élcio Rodrigues de Sá (Continuación)

 

Por Teresita Mans

 

 

Parte II

 

§         ¿Haz trabajado música en otras disciplinas?

Alguna vez hablando me dijiste que el mar era muy importante para ti... tu hija se llama Marina... luego, desde el tiempo que te conozco siempre te relaciono con mujeres fuertes. Marina (tu hija), Teresa (tu esposa), tus cantantes femeninas son fuertes, nos frecuentamos un tiempo, tu...tus mujeres, Mariela y yo. Y suaves no somos... hmmm, Élcio, mar, marina, música! todo femenino ... la fuerza de la luna y el sol juntos ... y no lo digo de mala forma... me llama la atención... ¿Qué me dices? ¿La música es mujer?

 

 

En este renglón hay muchas preguntas interrelacionadas y separadas también... A ver...

Como arte, yo veo a la música como parte de un todo más amplio, cuyas ramificaciones se entremezclan con todas las expresiones vitales.

Para la gran mayoría de las personas – incluyendo a muchos músicos profesionales- la música es entretenimiento, pasatiempo para relajar, o simplemente un medio para ganarse la vida, que algún día uno descubrió tener algunas destrezas para lograr vivir de eso.

Para una minoría la música - por utilizar un medio compartido por la física, la bioquímica, la medicina, entre otras áreas de las llamadas “ciencias”, así como también por servir como vehículo de expresión y de comunicación entre los seres en la cultura de las comunidades, como en la antropología, la sociología, la filosofía, el espiritualismo, la literatura, entre otras áreas de las llamadas “humanidades” – la música no solamente está relacionada con otras disciplinas, como también debería ser asumida con mayor responsabilidad tanto por quienes la practicamos profesionalmente como por quienes reciben su influjo.

Quizá por causa de mi formación general, me resulten evidentes estas relaciones. Mi área de experiencia vivencial, a través de investigaciones espontáneas generadas por mi propio interés, abarcan un poco de cada una de las citadas arriba, además de otras no tan visibles en los títulos generales de las áreas del conocimiento humano.

Reduciendo para el área artística, he trabajado la música con poesía, artes plásticas, teatro, danza, cine... algunas veces sólo con alguna de ellas, otras con varias de ellas reunidas en un solo concepto, multidisciplinario o integrado.

En todos estos campos, mientras estudiaba y después, tuve la suerte de contar con facilitadores serios y de peso, de los cuales aproveché el máximo posible tanto porque me gustaba y como porque intuía que sería importante para el desarrollo de mi vida.

 

El mar... Toda mi vida en Salvador siempre estuvo vinculada al mar. Viví en diferentes lugares, todos frente al mar. Lo más distante que estuve de él era como caminar un par de cuadras para darme un chapuzón. Nadar, pescar, bucear, navegar. Cuando viajaba para el interior me daba cuenta de que extrañaba al mar - buscaba a los ríos. Me di cuenta de que el agua me armonizaba conmigo y con la vida.

Hubo grandes fases donde, aparte las horas de sueño, me pasaba más tiempo adentro que fuera del mar. Nadaba por horas sin tocar tierra. Cuando no podía nadar me bastaba contemplar al océano para sentirme bien. He escrito muchas cosas usando al mar como catalizador.

Además del aspecto poético y pintoresco de la vida marina, hay una relación directa entre el elemento líquido y la salud integral del ser humano. La mayor parte del planeta es líquida y nuestros cuerpos físicos también. El fluido es un conductor y la temperatura, la composición, textura, presión, volumen, etc., en determinadas proporciones facilitan la circulación de datos, vectores de energía dentro y fuera del cuerpo, bajo el influjo de campos electromagnéticos, bioquímicos, cinéticos y hasta de otras naturalezas.

El sonido es uno de los elementos físicos que generan campos de fuerza en las moléculas, principalmente en las de los elementos más fluidos, o sea, a través del aire los sonidos reordenan el sentido energético de los líquidos. Dicho de otra manera, el sonido es una herramienta extremadamente poderosa y sutil, usada a diestra y siniestra por seres que no se encuentran habilitados para eso.

 

Bañarme en el mar cuando este posee bajo nivel de contaminación, y principalmente con el mínimo de interferencia de sonidos provocados por el hombre, me regenera profundamente. Reordena la circulación de la energía en mi ser y me libera de parte de la carga que todos recibimos por vivir en sociedad.

Es por eso que te dije que el mar es muy importante para mí. Es por el agua y por la grande extensión libre de interferencia humana.

Vivir en la ciudad de Panamá, con todo ese mar enfrente y sin poder bañarme, es como una tortura.

 

Yo no siento al mar o a la música como femeninos. Algunas de las manifestaciones que nosotros acostumbramos identificar como masculinas o femeninas están presentes por doquier. Según el código que cargas para interpretar a la vida, uno u otro aspecto de estos elementos puede ser encontrado en una música, o en la manera como se presenta el océano.

Pero son códigos, interpretaciones, no son las cosas en sí mismas... Nuestras culturas han creado muchos mitos al respeto. En el área de la música yo hago parte del grupo que mueve una sistemática campaña en contra de los mitos superfluos (¿será que existen los que no lo son?).

Por ejemplo, dicen que las tonalidades menores son tristes y las mayores son alegres... que hay terminaciones masculinas y finales femeninos... ando cambiando toda esta terminología preñada de prejuicios y carente de fundamento real.

 

Hay mujeres menos “fuertes” que otras, así como entre los hombres pasa lo mismo. No es una cuestión de feminidad o de masculinidad: es un aspecto de la energía vital personal que, cuando se pone en niveles comparativos, difícilmente será igual entre dos personas, sean machos o hembras.

Eso no tendría la más mínima importancia si nuestras culturas no hubiesen perpetuado, por conveniencia, los mitos del sexo fuerte y del débil, generando distorsiones y problemas muy profundos para las almas recorriendo un proceso educativo en este planeta.

 

Y tienes razón, las mujeres con las cuales mejor me relaciono son “fuertes” e ya me había dado cuenta de ello. ¿Qué te puedo decir?

Desde muy temprano me percaté de que esa historia de la dominación de un sexo sobre el otro era pura tontería: matriarcado o patriarcado? Vaya disyuntiva estéril... Decidí no apoyar  ninguna opción, muy por el contrario.

Las mujeres que hacen mucha gala de su aparente fragilidad, que exageran el aspecto cosmético de su apariencia y se desbordan en manierismos de trasfondo sexual, para mí, no son confiables. Son seres que perpetúan los falsos mitos, que buscan sobrevivir bajo paradigmas que supuestamente les liberan de otras responsabilidades. Lo inverso es igual.

Elijo a mis compañeras, compañeros, amigas y amigos por tan sólo su capacidad para amar. 

 

 

  • ¿Qué ha significado vivir en Panamá? ¿Qué encuentras aquí como músico?

 

 

Vivir acá ha sido parte de mi crecimiento personal. He aprendido mucho sobre la naturaleza humana, he desarrollado habilidades que quizás hubiesen quedado adormecidas en otro entorno y hoy siento que he incorporado muchos elementos de la cultura panameña a mi propio ser. Al fin son 13 años de vida.

En términos profesionales yo vine a Panamá para crear una academia de música con dos músicos panameños que conocía desde Brasil. Me interesaba salir de la grande institución que era la UFBA  y activar un negocio propio, más pequeño, donde pudiera influir en todos los niveles. Mal completamos un año de trabajo y me sorprendió la muerte de mi socio principal...

No era posible seguir con el plan adelante en un mercado que no me conocía. De los salones que habíamos alquilado para la academia me quedé solamente con uno, donde pasé unos 3 años dando clases privadas y organizando algunos conciertos. Allí fundé el grupo vocal de cámara Vox Liber con el cual sigo en actividad.

 

En todas las tierras donde he vivido logré forjar amistades muy fuertes y del mismo nivel de respuesta - y Panamá no ha sido una excepción - sin embargo en ningún otro lado sentí tanta resistencia a lo nuevo, tanta desconfianza sobre la integridad de uno, y tanta agresividad gratuita para con el que llega, como aquí.

No soy un empresario, pero la adversidad me está haciendo aprender a producir conciertos, tanto míos como de otros. Acabo de iniciar una sociedad donde estamos seguros de que vamos a dinamizar el mercado de los eventos artístico – culturales y la oferta de material para la formación artística.

En verdad, como músico y artista es un poco molestoso dedicar horas del día a cosas así, pero no veo otra manera de cómo contribuir para el crecimiento del campo de trabajo y de cómo equilibrar el presupuesto familiar en el entorno en que vivimos.

 

Resulta aterrador percatarse de que la creatividad sea el renglón menos atendido en las instituciones de enseñanza musical en Panamá. No se discute el asunto, no se sabe qué es y se desconfía de quienes pretendan impulsarla.

Las consecuencias de este estado de cosas han sido, son y seguirán siendo desastrosas para la sociedad. Esta sociedad, que gira al rededor del comercio y de las actividades generadas por el servicio de trasiego de mercancías, tiene las puertas casi cerradas a la creatividad. No ha aprendido aún a identificar, a defender y a estimular plenamente a sus creativos. La situación es tan crítica que siquiera los artistas, los músicos, saben qué es el respeto y el valor de los derechos de autor (hablo en términos genéricos).

Para mí eso significa mucho trabajo educativo por delante.

Los países que han alcanzado los más altos estándares de calidad de vida desde el siglo pasado para acá, son justamente los que más han reglamentado y estimulado el registro de patentes, la investigación y la innovación. Los otros, los que viven de usar y de imitar lo que es hecho por los demás, si no son ricos, están condenados a la miseria (hablo en términos culturales).

 

Volviendo a tu pregunta, yo encontré una linda familia acá en Panamá: muy unida, todos se llaman todos los días y se reúnen los fines de semana. Fue algo nuevo para mí y demoré en acostumbrarme; ahora me gusta.

(Mi familia original está regada por el mundo, en diferentes países y hace más de una década que no logramos reunirnos físicamente, sólo por Internet.) 

Esas cosas me han llenado, particularmente porque mi mujer es más feliz cerca de los suyos.

Por otro lado, como músico, estar acá es vivir frente a un desafío. Toda mi vida ha sido salir de un desafío encarando al siguiente, en eso nada ha cambiado, a no ser en cuanto a la naturaleza de los obstáculos.

Lo bonito es saber que hay muchísimo por hacer. Lo triste es ver que la mayoría de las personas que podrían hacer la diferencia por tan solo mover un dedo, no lo mueven y ni se percatan de eso.

 

 

§         Tus conciertos son conceptuales siempre, muy imaginativos, siempre hay que ver y escuchar. No es solo cantar por cantar... pareciera que quieres que interpreten también... que hagan la música suya, tus voces, que saquen imágenes de esas melodías...(?)

¿A tu grupo le costó esto? ¿Es natural en ellos, son de los afortunados? ¿Qué conlleva capacitarlos para esto?

¿Te atreves a decirme una pasión que estas trabajando para lograr? 

 

 

Me acostumbré a llamarlos de conciertos temáticos. Es una idea simple, sin embargo, como no es una costumbre extendida, demanda un gran esfuerzo de preparación y una continuada actitud de investigación, superación y asimilación.

No es nada fácil trabajar así con músicos... con actores, bailarines y artistas plásticos los resultados se alcanzan mucho más rápidamente.

Lo ideal sería que los integrantes de Vox Liber fuesen músicos, actores y bailarines...pero como eso es utópico en nuestro contexto, cuando es imprescindible invitamos a artistas de las áreas que necesitamos. Algunas veces llamamos a especialistas para que nos proporcionen un entrenamiento más adecuado. Una bailarina nos ha entrenado en movimientos de danza, una actriz nos ha enseñado elementos de interpretación y movimiento escénico, una artista plástica ha hecho talleres de manipulación de materiales para la confección de materiales escénicos, etc.

 

Cuando yo termino la composición de las piezas para un concierto temático, el grupo ya ha pasado por la parte inicial de la investigación, preparándose para el montaje.

Buscamos toda la información disponible sobre el tema general elegido y cada tema conlleva sus áreas específicas de investigación. Hay elementos estéticos, sociales, culturales, geográficos, históricos, etc., que destacar según el material disponible.

Cada uno de estos conciertos demanda un mínimo de dos años de preparación. Cuando llegamos al montaje tenemos una síntesis donde mucho material ha sido descartado y todos estamos cargados de la energía generada en el proceso.

 

A pesar de que controlo todos los niveles de realización, me esfuerzo por mantener en alto el espacio para la creatividad individual. No pocas veces he cambiado importantes detalles en las partituras, en el diseño, o en las estrategias de mercadeo, por ejemplo, gracias a la colaboración de mis compañeros. Les obligo a reflexionar sobre lo que hacen conmigo y les recuerdo siempre que somos un equipo. 

 

En la formación actual de Vox Liber cuento con 1/3 de integrantes que están conmigo desde los inicios (93/94)*. La mayoría está a más de 3 o 4 años**, lo que da al grupo una grata sensación de estabilidad. A todos nos ha costado la adaptación al trabajo en este nivel de exigencias, pero los resultados siempre nos señalan que estamos en un buen camino.

Entre dos temporadas de conciertos temáticos siempre hacemos un concierto menos “denso”, más variado, donde tratamos de proporcionar al público la oportunidad de conocer algunos aspectos de los repertorios que hemos montado anteriormente.

Este es el caso de “El Sendero del Arco Iris”, por ejemplo, que montamos en el Teatro Anita Villaláz en el 2001, y también de “Cara A Cara con Vox Liber”, que presentamos en este año, del 30 de noviembre al 3 de diciembre en la Casa Góngora.

En “Cara A Cara” tenemos 6 bloques de música divididos en dos partes. En la 1ª parte incluimos música africana, música panameña y música de origen indígena; la 2ª parte consta de canciones de los Beatles, temas espirituales y música popular brasileña.

Eso es lo más inmediato que tenemos.

El 2004 empezamos de manera atípica: montamos un concierto privado con música de Bach, Handel, Vivaldi, Verdi, Schubert y Beethoven, acompañados por una orquesta de cuerdas con oboe y teclado, en enero, en la Iglesia del Carmen.

Ahora lo cerramos con “Cara A Cara”, un recital “a capella” con una selección que contiene temas folclóricos y populares, además de algunas obras totalmente originales, arregladas en el mejor estilo polifónico y contemporáneo. Eso en una de las más antiguas casas (remodeladas) del Casco Viejo, dentro de un ambiente muy similar a las tertulias que se daban en el siglo XVIII y XIX.

Algo diferente para disfrutar.

 

*Cecilia Carrasco, Melissa Kingston y Abdiel Montenegro

**Ricaurte Garrido, Dayanara Amarís, Maricarmen Olave, Itzel Córdoba, Edgar Vásquez.

 

 

Nota (1): los más nuevos integrantes de Vox Liber son Sayra Saldarriaga, Jaime Tamayo, Eliézer Rodríguez, Diana Durán y David Camarena.

 

Nota (2): El coro de cámara Vox Liber cerró sus actividades en 2005.

 

 

 

 

 

 

Fin

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



[1] Teresa Toro es reconocida guitarrista panameña.

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