Era una gélida noche,
En ese rincón, tenías frío.
Tus ojos,
Como dos universos tranquilos,
Se inundaron de compasión
Y me miraron
Y los miré.
Había algo en ellos,
En tus labios.
También había algo dentro de mí.
El viento
Se entremezclaba con mis respiros cortados
Y silbaba metafóricas plegarias de desolación.
Quise estar más cerca de ti
Así que me arrojé a tus brazos,
Me dejé aprisionar por el éxtasis de un dolor incomprensible.
Contemplamos la armonía de nuestros silencios
Mientras el mar se desbordaba por mis mejillas
Y las yemas de tus dedos se convertían en el elogio de mis sonrisas.
Las diáfanas estrellas
Estallaron diletantes en tu pecho
Y yo,
Ferviente a tu filarmónico fulgor,
Me alejé abnegada
Para verte brillar
Y partir hacia la inmensidad.