Pese a ser el estilo en boga, la mixtura de la velocidad del hardcore con la potencia del metal no es nada nuevo. Ilustres exponentes como D.R.I, Corrosion Of Conformity, S.O.D, The Acussed y Suicidal Tendencies, sacaron a la calle este sonido en los 80’s en Norteamérica. Mención honrosa también merecen los ingleses G.B.H, quienes se identificaban más con el rótulo de punk-core, pero fueron también precursores de esta marca, que unía, al son del stage diving y el mosh pit, tanto a thrashers como a punks.
Pero no todo perdura para siempre y varios de estos proyectos fueron decayendo, mientras otros tomaron un receso al llegar a los 90’s. La mayoría, en todo caso, siguieron activos, pero el impacto ya no era el mismo. Incluso G.B.H y D.R.I. bajaron a Sudamérica hace un par de años, saldando una deuda de décadas con sus fans. La pedante forma de ser de Billy Milano sepultó a S.O.D. En tanto, Suicidal Tendencies y Corrosion of Conformity tuvieron importantes cambios en su formación y sus últimas producciones se alejaron por completo del crossover.
Incluso los grandes titanes tenían sus raíces en el hardcore. Recordemos que el look callejero que caracterizaba la época dorada de Metallica tenía su crédito en Misfits. Anthrax, por su parte, sacó varios ‘breakdowns’ de la escuela de New York, instaurada por Agnostic Front y para qué hablar de Slayer, que mucha de su endemoniada velocidad se la debe a los ídolos de Washington, Minor Threat.
Ahora, los dividendos de este híbrido que hizo historia años atrás, han sido aprovechados por una camada de bandas que desarrollaron una nueva propuesta que los críticos han calificado como “New Wave of American Heavy Metal”. La flamante sangre que da vida al siempre taquillero mercado estadounidense, donde las tendencias rigen y muchas veces la trayectoria poco importa. Aunque éste no sea el caso, porque hay probadas divisiones inferiores de por medio.
Corría 1996 y la escena metalera norteamericana experimentaba una profunda crisis. Pese a que ese año coincidió con el exitoso debut del festival Ozzfest, encabezado por Ozzy, Biohazard, Slayer y Sepultura, el movimiento hard rock y en especial la música extrema, iban en picada. Las significativas asistencias de público al campamento de verano organizado por Sharon Osbourne (que no llegaban ni a la mitad de las 30 mil personas que ahora promedia este evento) fueron un importante estímulo, pero luego de su término, el problema se volvió a presentar.
Para más remate, la primera generación de bandas de nü metal o alternative metal, como se le llamaba entonces, comenzaban a captar la atención de todos los medios. La corriente más brutal se quedaba sin tribuna, los promotores de shows y otrora productores de grandes giras, escaseaban para el estilo. Sólo tenían ojos para bandas como Deftones, Korn, Coal Chamber, Godsmack y Sevendust. Nombres como Slayer y Pantera, quienes un par de años atrás habían estado en boca de todos con sus respectivos “Divine Intervention” y “Far Beyond Driven” (que debutó en el número uno del Billboard a comienzos del 94), se mantenían como los referentes más estables del metal en Estados Unidos y seguían llenando arenas.
Actos frescos, pero mucho más modernos como Machine Head y Fear Factory se establecían también, pero para los adictos más puristas e incondicionales a la Bay Area o la fructífera escena de death metal de Florida, eso no era “true metal”. Las asistencias de público bajaron ostensiblemente y cada vez era más complicado tener giras de grupos europeos de metal extremo en Estados Unidos y sólo el festival de Milwaukee sobrevivía como espacio masivo. Europa en tanto, se mantenía firme.
Se acercaba el nuevo milenio y el “Imperio del Nü Metal” era más poderoso que nunca. Eran dueños absolutos de giras y festivales; más de una decena de nombres con disco de platino y bandas nuevas saliendo por montones. En el ambiente subterráneo, excelentes grupos como Neurosis, Soilent Green, Eye Hate God y Crowbar, pese a cautivar a los críticos con una propuesta densa y vanguardista, que captó la atención y el culto en el Viejo Continente, no lograban llamar la atención en su propia tierra.
LA IMPORTANCIA DE HATEBREED

Pese a no ser un referente directo de la New Wave of American Heavy Metal, el aporte de Hatebreed y las puertas que ellos abrieron son indudables. Fueron los primeros en traer de nuevo la mezcla de hardcore y metal a las masas, que tanto impacto causó en los 80’s. Grupos como Snapcase, Earth Crisis y Vision of Disorder tuvieron fallidos intentos en los 90’s y Hatebreed, con una previa de más de 4 años promocionando sin cesar su primer álbum “Satisfaction is the Death of Desire” de 1997, cimentaron el camino hacia ese objetivo, que vio sus primeros frutos en su exitoso debut en el Ozzfest 2001, donde se comieron, literalmente, el second stage.
El cuarteto de New Haven, luego de haber posicionado su nombre, comenzó a organizar sus propias giras como cabeza de cartel. Con su poder de convocatoria en alza, aprovecharon de llevar siempre bandas death y hardcore en sus tours, con el propósito de levantar el movimiento. Agrupaciones como Cephalic Carnage, Hate Eternal, Sworn Enemy y Terror, fueron algunos de sus acompañantes. Años más tarde, estos variados carteles serían una costumbre en la mayoría de los conciertos de rock duro en Estados Unidos.
Su frontman, James Jasta, se transformó en un líder de opinión, respetado por toda la escena. Además de ser el conductor del retorno del Headbangers Ball en MTV2, (una versión mejorada del taquilla espacio de los noventa animado por Richie Lake), mantiene en pie su sello Stillborn Records, donde acoge desde bandas hardcore más jóvenes como The Promise, a viejas glorias como Sub Zero.
Justamente, Hatebreed fue una de las agrupaciones que le dio la oportunidad a dos de los puntales del fenómeno metalcore, Shadows Fall y Killswitch Engage, cuando tenían editado “Of One Blood” y “Killswitch Engage” respectivamente. Luego, con ese empujón y su talento, esas promisorias bandas brillarían con luces propias.
LA MECA, MASSACHUSETTS
Aunque su explosión se vivenció en 2002, la generosa escena de Massachussets que ahora todos idolatran, tiene una larga historia antes del suceso. A diferencia de los distintos movimientos que han originado algún boom mediático y donde prevalece la batalla de egos, la competitividad y la rivalidad, acá, desde su génesis hasta hoy, hay solamente hermandad.
Los pioneros fueron Overcast, banda que incluía en sus filas a Mike D y Pete, miembros fundadores de Killswitch Engage y Brian Fair, actual vocalista de Shadows Fall. Fueron uno de los primeros referentes del sonido que ahora todos tildan de “metalcore” y al no tener pares, compartieron cartel con números como Cannibal Corpse y Brutal Truth. Se disolvieron en 1998 y obtuvieron el status de banda de culto. Ahora en Norteamérica realizarán un par de shows de reunión, y re-grabarán gran parte de sus viejas canciones, aprovechando el excelente momento que goza el sonido que ellos comenzaron.
Shadows Fall ya existía en la época de Overcast, de hecho los telonearon en un par de shows. Su primer vocalista era Philip Labonte, quien ahora canta en All That Remains, otro exitoso exponente. También en esta ciudad se crió Unearth, quienes explotaron con su segundo largaduración “The Oncoming Storm”, pese a ganarse una gran reputación con “The Stigns of Conscience”.
Por otro lado, los primeros del “barrio” en dar el golpe fueron Killswitch Engage cuando ficharon por Roadrunner Records y editaron la obra prima “Alive or Jut Breathing”… la dominación se avecinaba. Esta placa publicada en 2002 fue un martillo en la sien para todos los críticos, pues todos concuerdan en que hubo un antes y un después de ese lanzamiento.
El aura de “Alive” desde el primer día en las calles tenía la vibra de un clásico como el “Vulgar Display of Power” de Pantera. Su impactante sonido mezclaba todo el sello de la escuela de Gotemburgo (In Flames, At The Gates y Dark Tranquility) con la garra del hardcore de New York y el thrash de la Bay Area. Los reviews los dejaban en el cielo y su misma casa discográfica los calificaba como el lanzamiento más excitante del sello desde el “Arise” de Sepultura. El ambicioso e histórico ejecutivo de Roadrunner Records, Monte Conner, se sobaba las manos. Nuevamente había acertado.
Un inmejorable e informativo registro audiovisual para adentrarse en esta flamante comunidad metalera, es el documental que incluye el DVD de Killswitch Engage “Set This World Ablaze”. El material incluye interesantes declaraciones de miembros de los actos más relevantes de esta nueva ola y no sólo de Massachussets. También aportan con narraciones los integrantes de Lamb of God, Mastodon, As I Lay Dying, Every Time I Die y God Forbid, entre otros. Una prueba fehaciente de la unidad que caracteriza a este emergente movimiento, donde todos reman para el mismo lado.
OZZFEST 2003: EL TRAMPOLÍN DEFINITIVO
Muchos coinciden en que uno de los momentos relevantes en la consolidación de este sonido fue la versión 2003 del Ozzfest. El ‘second stage’, siguiendo la costumbre de las últimas ediciones, contaba con varias bandas nuevas que, con suerte, tenían dos años de trayectoria y en su mayoría eran nü metal, a excepción de Nothing Face, leyendas en el género. Motorgrater, Grade 8, Endo y Memento integraban parte de la lista de aparecidos.
Producto de los positivos resultados que demostraron grupos como Meshuggah y Down en el año 2002, esta vez se le daba la chance a Cradle of Filth y Voivod, en representación de la escuela más tradicional. Pero los que literalmente se robaron la película fueron Shadows Fall y Killswitch Engage, dejando con la boca abierta a todos. Las cifras hablan por sí solas. Luego del impacto causado en el Ozzfest, las ventas de sus respectivos discos se dispararon. “The Art of Balance” de Shadows Fall facturó, sólo en los States, más de 100 mil copias, siendo el primer trabajo del catálogo de Century Media en alcanzar esa cantidad, mientras “Alive or Just Breathing” de Killswitch, manejaba similares números.
Siguiendo con el oportunismo que lo caracteriza desde su primera jornada, las versiones venideras del Ozzfest incluyeron los actos más calientes de este movimiento, que también aprovecharon de gran forma esa vitrina. Entre los beneficiados se puede nombrar a Trivium, Lamb of God, As I Lay Dying, Unearth, Chimaira, The Black Dalia Murder y Bleeding Trough. La edición 2006 mantiene esta constante.
LOS DIVIDENDOS PARA LA VIEJA ESCUELA
Como en mucho tiempo no se había vivenciado, el metal en todas sus ramas goza de su momento más saludable en el país del norte. Si entrando al nuevo siglo, aparte del Milwaukee no había festivales del género, ahora la oferta es más que generosa. Asimismo, la frecuencia de tours se incrementó con creces.
¿Quién pensaría que los polacos Behemoth tocarían frente a un promedio de 500 personas por función? Ahora es factible gracias a sus shows con The Agony Scene y Chimaira. Obituary retornó el año pasado a lo grande con disco nuevo y una gira que, según ellos, superó con creces sus expectativas. Dead To Fall, uno de los pesos pesados del entorno core de Victory Records, les hicieron compañía.
Las raíces escandinavas del sonido de Bleeding Trough abrieron los manipulables oídos de los nuevos chicos y los introdujeron a propuestas más clásicas como Dimmu Borgir, con quienes realizaron una dupla de temer en vivo. “Death Cult Armageddon”, de estos últimos, editado el año pasado, fue el disco más exitoso en la historia de Nuclear Blast al vender más de 100 mil copias.
Cannibal Corpse siempre fue la banda más exitosa del death metal. Ya desde “Vile” comenzaron a figurar en los charts de música popular, pero ni el más optimista los hubiera imaginado como headliner de una gira de verano, auspiciada por la tienda Hot Topics (Sounds of the Underground).
Los iconos del thrash alemán, Kreator, catalogaron su reciente tour con Napalm Death por Norteamérica, como el más exitoso de todos. Incluso, a Devin Townsend se le brindará una oportunidad este verano en el segundo escenario del Ozzfest con Strapping Young Lad, cuando desde la salida de “City” lo merecía con creces. El fenómeno global de Judas Priest con Halford de vuelta entró por la puerta grande como número estelar el año pasado. Una realidad muy distinta a la vivida años antes, cuando con “Ripper” Owens fueron invitados al escenario chico.
Una de las grandes influencias de estos nuevos artistas que ahora acaparan portadas y llenan teatros, es el sonido de Gotemburgo y como era de esperarse, la escena sueca ha sacado provecho. Soilwork, The Haunted y Arch Enemy, más que revelaciones ya van por la consolidación. In Flames, quienes para “Colony” llevaron de tour a Shadows Fall y Killswitch Engage, ya son un nombre grande. El suceso de “Come to Clarity” les pavimentó el camino al estrellato, al menos por este año y el próximo.
UNA LARGA PROYECCIÓN
Esta alianza entre la nueva y la vieja escuela sólo puede traer beneficios para la escena metalera gringa. Que Nile venda 5 mil copias en su primera semana en Estados Unidos hace parecer que la idea de haber teloneado a Chimaira no fue tan ilusa. Carteles de ese tipo abundan en la actualidad.
Más de algún detractor puede considerar esta “New Wave of American Heavy Metal” como un destello pasajero. Pero, notando la increíble variedad de bandas que están saliendo y las decenas de brillantes placas que son editadas cada trimestre por este tipo de nombres, una pronta desaparición se estima poco probable.
El disímil carácter de esta verdadera armada de agrupaciones refleja el saludable momento de la escena y un panorama alentador. Pocos de los puntales del llamado metalcore se han estancado. Cada uno ha evolucionado de acuerdo a su línea. El frenético noise core, tiene a Norma Jean como sus fieles representantes. Mastodon con su alocado sonido persigue obsesivamente el avant garde; Lamb Of God llega a ciertos momentos grindcore; Every Time I Die se está perfilando más al rock & roll y Bleeding Trough hace cada vez más sentir sus raíces escandinavas.
Otros interesantes exponentes que expanden aún más los horizontes y alternativas de esta escena son los matemáticos Dillinger Escape Plan y Converge. God Forbid también da una excelente muestra de cómo se puede tocar metal tradicional con la espiritualidad de Bad Brains. En tanto, el virtuosismo y la elegancia queda para Shadows Fall.
Difícilmente estos nombres salgan del mundo underground. Es improbable que estos grupos vendan millones de copias o sean número uno en MTV, ya que pese a toda la sobreexposición, seguimos refiriéndonos a ellos como rock duro. “The End of Heartache” de Killswitch Engaged, podría ser la placa más exitosa y ni siquiera es disco de oro. El nü metal era otro cuento y no hay mucho que comparar. En esta comunidad no hay personajes como Fred Durst. Sólo un puñado de jóvenes que se han esforzado tocando en vivo y tienen hambre de dejar una marca sin salirse de los parámetros del concepto underground.