MIS CUENTOS

Obra incluida en su libro "LOS COLORES DE MI ARCOIRIS"©


Nunca mas un día gris

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Los días suelen comenzar casi siempre de una misma manera para cada uno de los seres que habitamos este loco planeta que llamamos Tierra. Mis días se han tornado en iguales, el sabor de ese café matinal ha perdido el encanto, la dulce vos de mi esposa se transformo en un chillido difícil de entender, lejos quedo su musical susurrar, ya no están los encantadores sonidos de los hijos, ellos crecieron, y con alas propias volaron buscando sus destinos, el ladrido de Sultan un viejo pastor irlandés que tantos anos compartió con nosotros se había dejado de escuchar hace mucho cuando con doce anos se durmió para siempre, ni el pitar de la mina indicando el horario de cambio de turno, ni nada. . ., nada queda, todo lo importante ha pasado. Lo bueno y lo malo ya no esta. Es tan difícil encontrar alguna cosa que de sentido a una vida cuando todo esta enterrado, muerto, desaparecido u olvidado. Donde se buscan las nuevas metas??  Como se encuentra la luz si uno esta en absoluta oscuridad???
Así, los días se tornan en una cadena interminable e insoportable de amaneceres y ocasos, en una cuenta regresiva en la que quieres llegar al cero pues allí  duermes, y sereno de todo descansas y olvidas.  Un día tras otro todos color gris, ese color que significa para mi aburrimiento, eso eternos días grises . . .
Pero. . . Es esto todo???   Nací, crecí, me forme, construí una familia, trabaje jornada completa cuarenta y cinco anos, para esto. . . para llegar a viejo y esperar. . . y así sentado en la sala de mi casa vi por la ventana que da a la calle que un pequeño perrito entraba al jardín, cosa esta que no llamo mucho mi atención pues era común que alguien saque a pasear a su mascota sin correa, pero pasaban los minutos y nadie aparecía, decidí levantarme de mi cómodo sillón y salir a ver que ocurría con aquella manchita blanca con cuatro patas que invadía mi territorio. Al abrir la puerta el cusquito se asusto y de inmediato se metió detrás de una plantas que forman un montículo tropical que mi mujer cuida con esmero, me acerque haciendo ruiditos y silbidos. Y así como mágicamente apareció el, era una mezcla de osito en miniatura con perrito de juguete, todito blanco, meneaba su rabito contento, como si el fuera un naufrago en una isla desierta y yo el capitán de un barco de rescate, me pare a su lado y comenzó a hacerme mimos con sus patitas delanteras, me agache, lo tome con mis manos y el se entrego como si me conociera de siempre. Bueno –me dije- vamos a buscar al descuidado amo de este enano, así salí por la calle mirando si alguna persona estaba desesperadamente tratando de encontrar a la “joyita”, no tenia collar, ni nada que lo identificara, pregunte a algunos vecinos que veía por allí, pero nadie sabia nada acerca del animalito,  paso por delante mio un coche de la policía local, y lo pare, pero ellos solo podían informarme cual era el numero telefónico de la Asociación Protectora de Animales para que ellos vinieran a buscar al perito y se lo llevaran para ver si alguien lo podía adoptar, en fin habían pasado dos horas desde que aquel perrillo había chocado con mi jardín y yo seguía por allí buscando  que alguien me diera datos que me permitieran desprenderme de el y quedarme sin cargos de culpa por haberlo sacado simplemente a patadas de entre medio de mis flores.
Como me encontraba a unas diez calles de casa y el can no se dignaba a caminar a mi lado, lo cargue todo el tiempo en el camino de retorno, al llegar tanto el como yo teníamos sed, fuimos directamente a la cocina donde tome un cacharrito de acero y le puse agua fresca y yo me tome un enorme vaso de limonada . . . justo en ese momento mi esposa, Helen, entro . . . y algo ocurrió repentinamente con su mirada y su voz, era como si aquel pequeño ser bebiendo su agua la habían retrotraído a otros tiempos, su mirar había recuperado la juventud y el sonido de su voz estaba impregnado de dulzura y cari
ño, yo estaba duro, casi no podía creer lo que ocurría, Helen me miro y me dijo –De donde has sacado esta cosita preciosa- mientras se dirigía al frigorífico para ver que podía darle de comer al que ella ya llamaba “mi amorcito” , yo trate de explicarle todo, pero ella me interrumpía constantemente diciéndome cosas y planes para aquella manchita blanca, que –“Que imagínate cuando lo vea tal” o “ni te cuento cuando lo llevemos no se adonde”, esto era increíble... Trate en balde de hacerle entender que mi propósito era encontrar a sus verdaderos dueños pero ella me decía constantemente que si alguien lo buscaba ya seguramente aparecerían por allí y que yo no me meta en esas cosa que eran cuestiones de “Sultanito” y ella.
SULTANITO . . . habian pasado minutos desde que lo había encontrado en su cocina y ya tenia nombre.
De mas esta decir que esa noche en la mesa eramos tres, Helen, Sultanito y yo, y mas tarde en el sofá frente al T.V. también eramos tres, y por ultimo, mas tarde eramos dos en la cama, pero a los pies, sobre una alfombrita estaba el durmiendo como una bolita blanca aquel nuevo miembro de la familia.
A la ma
ñana siguiente Sultanito ( el tercer pasajero) era amo y señor de la casa, corría por los pasillos, lloraba si no nos encontraba, emitía ruiditos extraños todo el tiempo, se peleaba con mis calcetines y dejaba uno por aquí y otro por allí, en fin, la casa que el día anterior carecía de vida, había renacido, era como que si alguien ahora venia y decía ser el dueño de Sultanito se tendría que pelear con Helen y conmigo en una batalla a muerte por aquel trofeito, y aun así no le seria fácil a alguien sacar a ese nuevo miembro de la familia, de su casa.
Ese mundo aburrido nuestro había recobrado sentido, pero no solo era por el pequeño inquilino, había cambiado algo entre Helen y yo como por arte de magia, ella cantaba, sonreía, jugaba con el y conmigo, ese día salimos a pasear los tres por la calle y nos hacíamos chistes, y el sol hacia aparecer colores que en días grises como los de antes no se veían, había ocurrido un milagro, y el milagro se llamaba “Sultanito” . . .
Pero toda trama tiene su trampa, decía mi abuelo, a los tres días vino de visita nuestra hija Pierce que cada semana pasaba por casa para mostrarnos el avance de su embarazo, ese día entro con una sonrisa extraña, y cuando le presentamos a Sultanito no le llamo mucho la atención, yo empecé a sospechar algo, ella seguía sonriendo como escondiendo algo, hasta que no pudo mas y nos contó lo ocurrido . . . Ella nos veía desde hace un tiempo tristes y solos, aburridos, como sin vida, y recordó como jugábamos y disfrutábamos todos con aquel viejo pastor irlandés, y fue a un criadero de perros y nos compro aquel cusquito, pero sabiendo como somos, la mejor manera de que lo adoptáramos no era diciéndonos lo que haría, así que del criadero ella y Homer (mi yerno) habían venido hasta casa y escondidos desde la casa del vecino habían dejado al invasor en el jardín, y se habían quedado escondidos hasta que yo salí y me encontré con mi pequeño nuevo amigo.
Pierce nunca sabrá lo que cambio en la vida de su madre y la mía, su acción produjo efectos maravillosos en nuestro pequeño mundo, y ahora nuestros días no son mas grises.


Fin

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