MIS CUENTOS

Obra incluida en su libro "LOS COLORES DE MI ARCOIRIS"©


Hombrecitos Verdes 

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Guamini es una perdida localidad situada en la Provincia de Buenos Aires, de aquel austral país del cono sur llamado Argentina, y este es el relato de lo que le sucedió a mi amigo Carlos Helguera Paz, cuando una cálida noche del verano de 1987 tomo la ruta que une la Ciudad de Buenos Aires y el perdido pueblo ya citado, los hechos y acontecimientos relatados a continuación son verídicos.

Carlos era por aquel entonces gerente de ventas de una empresa que se dedicaba a la importación y venta de vehículos de uso específico, o sea, ambulancias, coches de bomberos, camiones transportadores de caudales, porta helicópteros, coches fúnebres, camiones recolectores de residuos, etc. Esto era un desarrollo comercial pionero dentro del mercado argentino, dado que hasta ese momento el suministro de esa clase de unidades la hacían empresas nacionales, la entrada en competencia de estos nuevos productos habían revolucionado esa franja industrial pues ellos podían ofrecer una tecnología de punta no vista en el país y debido a la situación cambiaría a precios muy competitivos. El caso es que la demanda era mucha para el sistema de venta y comercialización que Continental Group tenia en Argentina, y sus empleados, desde el de mayor grado, hasta el de menor importancia estaban haciendo un esfuerzo para ver crecer las posibilidades de su futuro empresarial.

Era domingo por la mañana y Carlos sabia que seria bueno poder estar con el intendente de Guamini el lunes en horario matinal. Y por más que la comodidad y el agrado de pasar ese día completo con su familia era grande, sabia que, la única manera de cumplir con la cita requería era salir de su casa o bien durante la madrugada del lunes, o por la tarde de ese mismo domingo y hacer noche en alguna población cercana a su punto de destino. Fue atrasando la decisión hasta que repentinamente a eso de las ocho de la noche, se duchó, se cambió, tomo una muda de ropa, puso un traje en una percha, junto toda la documentación que tenia que llevar, se despidió de sus hijos y esposa, y salio veloz en su coche hacia la ruta que no solo lo llevaría a una junta de negocios, también le haría pasar por una verdadera experiencia de las llamadas del tercer tipo, un encuentro con vida extraterrestre.

Para acceder a la ruta debía tomar hacia el oeste hasta una cuidad llamada 9 de Julio, allí dejar la carretera principal y empalmar con una ruta secundaria que lo llevaría derecho hasta Guamini, él había recorrido este camino varias veces pues en el plan comercial que Continental había realizado la zona oeste era hasta el momento la de mayor expansión, y muchas localidades de esa orientación geográfica ya eran clientes activos. La ciudad de Buenos Aires distaba en 750 Km de Guamini, y por razones de comodidad cuando algún agente comercial se dirigía a esos lares usaban como base de operaciones una ciudad llamada Coronel Suárez, esto era debido a que allí el hospedaje era mejor y los servicios de comunicación de mayor calidad, cosas que el que esta de viaje de negocios siempre valora, en Argentina se realiza una de las mejores crías de caballos para polo del mundo y Coronel Suárez es el eje de este tipo de crianza, lo que hace que lleguen allí personajes de todo el planeta en busca de animales pura raza para el uso en este deporte.

Carlos conducía un buen coche, y lo hacia muy bien, eran muchas las horas que había pasado en su vida al volante, acostumbrado a viajar de noche llevaba siempre por costumbre unas latas de Coca-Cola, esto le proporcionaba azúcar y cafeína dos elementos que ayudan para combatir el sueno.

Ya había tomado en camino regional y ahora solo lo separaban de su destino 550 Km de una ruta solitaria, recta y aburrida.  Habrían pasado dos horas y se percató que la noche era clara, había luna llena, las estrellas brillaban en todo su esplendor, pero, en el horizonte, justo frente a él, se veía una extraña luz blanca, no podía ser un avión pues su trayectoria era ascendente y descendente, luego lateral, y luego se mantenía estática, siempre brillando, no producía destellos, pero su brillo no era común, parecía como querer mostrarse deliberadamente, Carlos en su coche seguía avanzando y repentinamente la radio que venia escuchando comenzó a hacer interferencias, y así hasta que quedo solo un zumbido agudo pero agradable, el ya a esta altura sabia que algo extrañó pasaba, pero miro para adelante y por el retrovisor para atrás y no se veía la luz de ningún otro vehículo, solo le restaba seguir rumbo oeste y pensar que todo aquello era solamente un cúmulo de casualidades, más en ese instante su radio dejo de emitir aquel zumbido y el aire acondicionado dejo de tirar frío, ya era mucho, miro su velocímetro e indicaba 150 Km/h, todo en el tablero de instrumentos del Camaro estaba perfectamente, levanto el pie del acelerador y bajo su velocidad a 100 Km/h, abrió la ventanilla lateral y el cristal del techo, afuera parecía todo estático, no había viento, la claridad de la noche le permitía ver bastante, los Plumerillos, una planta clásica de la zona, tenia sus largos tallos rectos, cosa que era raro pues eso indicaba que no había ningún viento, pero nada, nada de viento, el se repetía a sí mismo que ya todo esto pasaba de castaño a oscuro, pero al igual que minutos antes miro aquella extraña luz y vio que parecía estar muy cerca, algo así como unos cien o doscientos metros, pero ahora no delante de él, ahora estaba paralela a la ruta, como siguiéndolo a él, como Carlos siempre dice cuando cuenta su historia, “Yo estaba con las rodillas temblando”, y de repente sucedió lo más raro de todo, la extraña luz desapareció como por arte de magia, en el estremecedor silencio comenzó a escucharse el mismo zumbido de la radio pero esta vez venia de afuera e iba en aumento, y a unos 300 mts. se veía una zona iluminada con mucha intensidad, y lo más raro de todo es que la luz que iluminaba esa zona no venia de ningún lado, aparte en la medida que se acercaba se notaba que la zona en cuestión era perfectamente rectangular y ocupaba unos 50 ó 60 mts. cuadrados, allí adentro no es que parecía de día, era como si cada milímetro de ella estaba iluminada por una luz muy fuerte que no salia de ningún lado, y aquel zumbido al pasar por su frente llego a su máxima intensidad.

Carlos en ese momento podía detener su marcha o seguir, él estaba como catatónico, helado, confuso, y en un acto reflejo acelero a fondo y rápidamente su coche circulaba a 190 Km/h y la imagen de aquella luz de iba desvaneciendo en el horizonte de su luneta trasera.

A los pocos minutos, la radio y el aire acondicionado comenzaron a funcionar correctamente, mas Carlos seguía aun perplejo.

Pero. Que había sido todo aquello ???

Por un instante se le paso por la cabeza retornar, pegar la vuelta y volver a aquel sitio, pero pensó en su familia, vio que ni atrás ni adelante se veía ningún vehículo, y siguió raudo y veloz a su original destino.

Una hora y pico mas tarde arribaba al hotel, se registró y el conserje le pregunto si se sentía bien pues estaba pálido, el en pocas palabras le contó lo sucedido y la respuesta de joven no tardo en salir,”Mire Don Carlos, aquí estas cosas son comunes, los lugareños ya están acostumbrados, y han venido de muchos lugares del mundo a estudiar los fenómenos de las luces, dicen que es una de las zonas de mayor acceso a encuentros con vida de otros planetas de toda la Argentina, algunos dicen que si uno llega al zumbido y se detiene es abducido y los extraños se lo llevan, por eso, Don Carlos ahora suba, péguese un buen baño, y siéntase contento de no haber parado, en una de esas lo único que encontraban mañana de usted era su coche parado en la ruta con el motor encendido, ya paso lo mismo hace un año con unos médicos que venían para aquí, ahora suba y descanse”.

Carlos tomo las llaves, subió al ascensor, marco el tercer piso, entro en la habitación 309, se tiró en la cama y llamo a su esposa para contarle la extraña historia, y es el día de hoy en que sabe que nunca sabrá si hizo lo correcto en seguir adelante, realmente él piensa que es como si ellos querían comunicarse con él, todo parecía una invitación.

Días después, recorriendo el mismo camino, pero ahora de vuelta, y de día, trato de encontrar el lugar y lo hacia buscando algo raro, alguna coloración diferente en el terreno, pero nada había, solo quedaba en su mente aquel zumbido, el mismo que escucha algunas noches de luna llena cuando mira a las estrellas.

                       *Fin*

 

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Carlos Hugo Becerra nació en Buenos Aires, Argentina, el día 16 de mayo de 1957.

Su padre, Hugo Walter Becerra, acaudalado empresario y su madre, Adelina Rosa, dama de la sociedad porteña, lo criaron inculcándole los mayores valores familiares, sociales y humanos. Recibió de ellos amor, y le dieron acceso a una educación privilegiada, cursando estudios primarios y secundarios en los mejores colegios de la ciudad. Obtenido su titulo de Bachiller en Ciencias Sociales, otorgado por el Instituto Belgrano, luego estudió en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

A fines de los 70´s se casó con Silvia Beatriz Álvarez, madre de sus dos hijos, Carlos Norberto y Lionel Walter, estos niños fueron, son, y serán por siempre fuente inagotable de satisfacciones para él, así como inspiración constante para su obra literaria.

Durante las dos décadas posteriores alterno su profesión y su trabajo en el comercio automotor, con labores dentro de la Administración del Estado y una surgente vocación por las letras que guardaba solo para su placer personal.

Con el comienzo del nuevo milenio Carlos inicia una nueva etapa en su vida, luego de concluir su unión matrimonial, emigra de su tierra natal y se radica en los Estados Unidos de Norteamérica (USA), para ser más exacto en Miami, Florida, allí se adapta con facilidad a las costumbres sajonas, y unos años mas tarde deja América con destino al viejo continente. España lo aloja con aprecio y mora en Vigo, Castelldefels, y Cervelló.

En esta última ciudad se vincula con Isabel Vargas Orozco, su actual mujer, y encuentra en ella estabilidad emocional, amor, y ternura; elementos estos que lo llevan a saber que se ha cruzado con la persona con quien desea compartir su vida, sus pasiones, y su destino.

Carlos, no es ser extraño como algunas personas lo definen, lo que ocurre es que él valora y privilegia la calidad de vida y el buen gusto por sobre todas las cosas.

Amante del viajar, cosa que se pone de manifiesto en su andar por más de treinta países, en cada uno de ellos roba un poco de esencia, aromas, colores, lenguas, sabores, y por sobre todo su química de piel a piel, es este saber el que le permite plasmar en sus cuentos, poesías, ensayos, y narrativas poeticas su personal matiz.
El aconseja leer sus obras en compañía, esto facilitara la lectura y la comprensión, y posibilitara que se produzca el fenómeno de la comunicación, si esto ocurre, la labor literaria estará cumplida, y el como autor, agradecido.

Actualmente Carlos e Isabel residen en Melilla, tierra del continente africano, lar de cultura mora y cristiana, allí gozan de su pequeño mundo, rico en armonía y pasión por la vida. En este ámbito que baña el Mediterráneo, que acaricia la brisa del Sahara, y que es cubierto por un manto de estrellas gigantesco, es donde Carlos y su pluma intentarán dibujar sus futuras obras literarias. Y de esta manera llevar a la practica una frase que a el le gusta mucho: " No es lo importante en la vida hacer arte, lo verdaderamente importante es hacer un arte de nuestra vida".
Sus obras, editadas en E-books son: "Los colores de mi arcoíris", "Caminando caminos ajenos", y "Cuentos Mortales", material que fue patrocinado por Librairie Hachettes (FR) en sus presentaciones digitales.

Dijo un crítico: "De las obras de Carlos Hugo Becerra lo importante no es si te gustan o no, lo valioso es el sabor a armonía que te dejan dentro"

Dice Carlos: "Mortales, vivid cada día como si fuera el último, amad la ternura y el reír, respetad si queréis ser respetados, y nunca, pero nunca id a dormir con una pena o un anhelo pendiente pues jamás se sabe si habrá un mañana"


 

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