MIS CUENTOS

Obra incluida en su libro "LOS COLORES DE MI ARCOIRIS"©


 

Ese gran globo azul

Sub-titulo: "El rey del viento"

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Mi amigo Ken y yo nos habíamos criado juntos, pasando las diferentes etapas de la vida hasta llegar a los veinte años, teníamos un existir normal, el tipo de rutina habitual de un pueblo Californiano lindero a la playa, donde el surf y las olas forman parte de tus días.

Había terminado el periodo de clases, y queríamos durante las vacaciones alejarnos lo más posible de la University of West Los Ángeles, de La Ciénaga Blvd. , del campus, y sobre todo de las aburridas horas de estudio en la carrera de derecho. El caso era que podíamos hacer lo de siempre, o sea, playa y playa, o se nos presentaba la oportunidad de ir por indicación de los padres de Ken, al viejo rancho del abuelo, de quien lo único que yo sabia era que se llamaba Charly y que había sido un gran aventurero. Ken no conocía esa propiedad y sus padres habían ido solo en una oportunidad, y lo que ahora querían en realidad era que alguien de la familia fuera y viera si lo heredado hace tantos anos tenia algún valor real. Como se vera las opciones de vacaciones eran diametralmente opuestas, pero cerveza en mano estábamos tratando de evaluarlas y tomar una determinación, playa con mujeres bronceadas y marcha, o campo y vida sana. En principio, la respuesta saltaba a la luz, pero playa y mujeres es lo que habíamos tenido siempre, y no es que esa opción no nos gustara, pero, porque no hacer algo diferente este verano, y así fue como al día siguiente estábamos organizando como llegar al dichoso rancho del abuelo.

La cuestión era suficientemente complicada, dado que la finca del abuelito muerto quedaba en las afueras de Farmington, estado de Utah, cerca del Great Salt Lake, y si queríamos ir en coche debíamos salir de California y cruzar Nevada y luego cruzar medio Utah para llegar. La otra forma era el avión, y por más sencilla y rápida fue la que usamos. Tres días después estábamos partiendo del aeropuerto de Los Ángeles rumbo a Salt Lake City, donde rentamos una cuatro por cuatro y tomamos la calurosa y aburrida ruta que nos llevaba a destino, Farmington. Allí hicimos noche, para ello nos instalamos en el Motel Prettily, el lugar no tenia lujos pero su precio era bueno y no estaba invadido por ninguna gente rara. Por la mañana, muy temprano, salimos a buscar la dirección del notario que nos entregaría la documentación que hacia a Ken el feliz propietario de aquel rancho. Cuando conocimos a Richard Mannix, el abogado y fiel amigo del abuelo Charly, el se emocionó mucho al tener delante a Ken, el nieto de su amigo, y nos adelanto que el rancho estaba abandonado hace algún tiempo y que ni podía imaginar que podríamos encontrar allí, pero que seguramente algunas de las cosas del "Viejo Charly" nos llamarían mucho la atención.

Así pues, luego de un buen almuerzo, nos despedimos de Richard y con algunos víveres que habíamos comprado en el Seven-eleven del pueblo nos marchamos al campo, a descubrir como y donde vivía el notable abuelito.

Ruta, bosques, montana, curvas y más curvas . . . y después de cuatro horas llegamos a una viaja tranquera que en un destruido cartel de madera decía" Landscape’s Ranch", algo así como"Rancho del paisaje".

Ken ni idea tenia a que se debía ese nombre, pero ya lo descubriríamos al día siguiente, en ese momento era ya muy tarde, estábamos cansados, y teníamos que ver de que manera pesábamos la noche. Luego de romper el candado, pues con las llaves que nos dio Richard era imposible hacer nada debido a que el paso del tiempo y el óxido lo impedían, una vez adentro de la finca el camino se desdibujaba, fuimos abriéndonos paso entre la maleza muy crecida y dos horas después y lleno de picaduras de insectos y desfalleciendo llegamos a la casa principal, a esa altura la bruma del cercano lago cubría todo, y por más que había luna llena no se veía casi nada. Bueno las posibilidades no eran muchas y optamos por la mas fácil, hacer noche en el coche, esto no era lo ideal, pero en el estado en que nos encontrábamos podríamos haber dormido hasta debajo de una roca. En ese silencio sepulcral se oía una mezcla de zumbidos de mosquitos, cantos de búhos solitarios y ronquidos de Ken, mas yo dure poco despierto para escuchar semejante sinfonía y caí dormido profundamente acurrucado en la butaca volcada del vehículo que habíamos transformado en casa por esa noche.

Horas mas tarde nos despertaba un sol que por las ventanillas penetraba el improvisado habitáculo y como es de suponer al ver la hora que era nos queríamos morir, la 05:47 AM, solo habíamos dormido unas dos horas y media, pero con tanta humedad y ese sol asesino nos ahogábamos allí adentro, así que haciendo uso de las pocas fuerzas que nos quedaban bajamos del auto con ese mix de cuerpo dolorido, hambre, y cansancio, lo que se dice una fea manera de comenzar el día.

Ante nosotros se levantaba majestuosa un caserón de lineas victorianas que dejaba ver en sus muros los colores amarillo y blanco, y era fácil pensar que en sus épocas de gloria habrá tenido las características de una propiedad imponente. Luego de beber un zumo de melocotón que aun nos quedaba nos dedicamos a caminar por los alrededores y crecían dentro nuestro las ganas de entrar allí para ver cual era el íntimo mundo del abuelito que había vivido bajo aquel techo.

Las puertas y ventanas estaban selladas por hiedras y tierra que el tiempo y la naturaleza había depositado en todas partes, y como no se podía ingresar de otra manera, nos vimos forzados a conectar el malacate de la cuatro por cuatro y jalar de la puerta principal, tirándola abajo, lo que no dejaba de ser una verdadera pena pues se trataba de un portal de roble tallado hermoso, pero era esa la única manera de penetrar el claustro.

Adentro el tiempo se había detenido, la excelente construcción había impedido que los agentes erosivos de la naturaleza entraran, todo parecía estar como ayer usado, paso a paso nos quedábamos perplejos por lo que estábamos viendo. Esplendidos cuadros, maravillosas esculturas y tallas en marfil, un mobiliario digno de un palacio, enormes bibliotecas, ánforas y jarrones bellísimos, murales y tapices de una calidad optima, todo, pero todo puesto de manera estratégica y con un gusto refinado que demostraba que aquellos no era simplemente una decoración, esto como era obvio era una colección de artículos recolectada por todo el mundo, y esa recolección había tenido como ejecutor al abuelo de Ken y su muy buen gusto.

Había algo repetitivo, muchas fotos del famoso abuelito, sus amigos y más que todo un globo aerostático azul de gigantes dimensiones que parecía haber estado en muchos lugares y siempre acompañando a nuestro fallecido anfitrión.

En la segunda planta de la mansión había unas diez habitaciones y al final de un largo pasillo se encuentra la suite principal, eso era algo increíble, al abrir la doble puerta de nogal con incrustaciones de marfil, ébano y oro podías observar un techo totalmente espejado, paredes forradas en seda, tapices persas con diseños de antiguas fabulas griegas, y sobre la pared, junto a una cama renacentista tapizada en seda roja y tallada en madera de roble había una gran pintura del abuelo Charly con su globo azul que era tan nítida que parecía tener vida propia.

Debajo del fastuoso cuadro encontramos un libro que no puedo detallarles como era su tapa pues era difícil contar cuantas gemas estaban incrustadas sobre laminas de oro rojo y blanco, y que tenia una vieja pluma de marfil de lado, apoyada como si ayer se hubiera usado, les juro que ponía la piel de gallina, era su libro de vuelo, allí detallaba casi al segundo cada una de las experiencias vividas durante años en los lugares más lejanos del planeta. Así, tirados en el suelo y apoyando nuestras cabezas sobre el borde de la cama leímos varias horas sobre la aventurera vida de cómo el se autodenominaba el "Rey del viento", Charly había llevado una existencia que todo ser humano podía envidiar, en su recorrer había conocido personajes y lugares mas allá de la imaginación, había estado en situaciones de verdadero peligro y siempre salio bien parado, tenia su propio récord de romances, difícil es recordar con cuanta mujer había estado, y mucho menos contarles quienes eran ellas, figuras del espectáculo, políticas, y otras tanto aventureras como el, sin lugar a duda el que para ese momento ya era también "mi abuelo Charly" había tenido una vida difícil de creer, pero allí en su casa estaban todas las pruebas de que todo lo que decía el libro era verdad.

Ken y yo, nos quedamos durante veinte días y con ayuda de algunos obreros le lavamos un poco la cara al jardín y a la casa, y día a día descubríamos nuevas y magistrales aventuras de aquel hombre. Para el próximo verano tenemos planeado irnos a residir allí con dos amigas californianas que aparte de estar locas por nosotros quieren conocer las aventuras y desventuras del "Rey del viento".

No se, nosotros somos jóvenes, en una de esas podemos seguir su obra y llevar por menos que sea una temporadita de aventureros, lo que seguro tenemos allí es un buen maestro y un libro cargado de experiencias para copiar.

Así que sin mirar atrás iremos hasta donde el viento nos lleve !!!!!! Como el decía.

 

                                   Fin

 

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