BONSAI HOMERO
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ARBOLES
EL PRIMER CONOCIEMIENTO
ESTILOS
COMO EMPEZAR?
EL MODELADO
SEGUNDA PARTE






    
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         LOS ÁRBOLES

Antes que nada debemos tener bien claro que, a pesar de su tamaño, un bonsái es como cualquier otro árbol, así que considero que antes de entrar en materia debemos entender y conocer como funcionan.

HISTORIA DE LOS ÁRBOLES

         En el reino vegetal, aparte de la clasificación científica, se utiliza (especialmente con fines prácticos), la distinción de las plantas según su envergadura y consistencia. Dejando de lado evidentemente a las formas primitivas desprovistas de flores, cual es el caso de las algas, los musgos, los hongos y los helechos, el resto de las plantas puede incluirse en 4 grandes subdivisiones;

  1. Las plantas herbáceas, que muestran una consistencia herbácea en todas sus partes.
  2. Los sufrútices, especies que muestran solo parcialmente una consistencia leñosa en la parte basal de la planta y el resto de naturaleza herbácea.
  3. Los arbustos, definición aplicada a todas las plantas leñosas, ramificadas a partir de la base, a veces incluso con aspecto de mata y por regla general no suelen sobrepasar los 5 metros de altura.
  4. Finalmente bajo el concepto de árboles se incluyen a todas las especies que disponen de un tronco columnar, de consistencia leñosa, del que parten toda una serie de ramificaciones que permanecen a una distancia mayor o menor del suele según las especies, de las características del medio ambiente u otras causas.

Aunque normalmente el nombre de árbol se reserva para los ejemplares que alcanzan y superan los 6 metros de altura, la forma y el porte son también características determinantes para comprender en esta característica a especies de menor desarrollo bajo la especificación de arbórea o pequeño árbol.

     Los biólogos y geólogos coinciden en que las CIANOFÍCEAS (algas verdiazuladas), fueron las primeras formas vegetales con clorofila, con una antigüedad entre 2000 y 3000 millones de años. Así que por unos 2000 millones de años las algas dominaron toda la superficie del planeta, hasta la aparición de las primeras formas terrestres provistas de vascular. Cuando estas formas aparecieron, los vegetales no solo debieron estar en condiciones de generar tejidos celulares capaces de producir paredes celulares capaces de resistir la acción del viento, si no también en condiciones de empezar a elaborar los complejos sistemas fisiológicos, que permitieran mediante el sistema radial y la estructura aérea, la nutrición, el metabolismo y la reproducción, ya que sobre tierra firme, (a diferencia de cuando vivían en un medio acuático), las plantas no podían disponer del agua como vehículo que permitiera a  los gametos móviles masculinos alcanzar los gametos inmóviles femeninos.

     Una vez se completaron todas las transformaciones necesarias, el siguiente paso hacia la adquisición de una estructura arbórea fue relativamente corto; sin embargo debió transcurrir un estado intermedio en el que la reproducción fue confiada a las esporas, puesto que aun no se habían desarrollado los órganos florales completos.

     Después nacieron los helechos, y cundo disminuyo el CO2 de la atmósfera, las radiaciones solares, fuente de energía, alcanzaron en mayor grado la superficie terrestre. Entonces nacido el gran grupo de vegetales que conocemos con el nombre de GIMNOSPERMAS, que comprende a las actuales coniferas y a otras familias como las gingkóaceas y las cicadáceas.

     Con el transcurso de los diferentes periodos geológicos se alcanzo finalmente la aparición de las ANGIOSPERMAS, plantas que disponen de verdaderas flores y de semillas encerradas en le interior de los frutos. Precisamente durante el periodo terciario, relativamente mucho mas reciente, aparecieron los primeros árboles semejantes a los actuales, muchos de los cuales todavía sobreviven en la flora actual.

     En los periodos interglaciares la evolución se acelero de modo extraordinario ya que las nuevas condiciones climáticas determinaron la desaparición o la instalación de las distintas especies, que para sobrevivir necesitaron superar enormes dificultades, favoreciendo el desarrollo de las mutaciones con características extraordinarias.

     Las especies estuvieron pues mas especializadas para sobrevivir a las nuevas necesidades impuestas por las nuevas condiciones ambientales. Y en la actualidad, a pesar de que el proceso evolutivo parece estar detenido, debe inevitablemente continuar si, como parece probable, actualmente vivimos en un periodo interglaciar.

 

 

COMO CRECE UN ARBOL

Estamos en invierno, tiempo de reposo en el mundo vegetal. Las hierbas han buscado refugio bajo tierra. Los prados, las margaritas y la s violetas están como encogidas en espera de de que una capa de nieve las proteja del viento. Sobre el suelo, únicamente los árboles navegan entre las nubes que

 

corren velozmente, invulnerables, entumecidos. Lo que distingue al árbol de las otras plantas es la estructura leñosa de la parte que se yergue sobre el suelo. A lo largo de los años va construyendo un gran andamio cada vez más alto y en el que colgar sus hojas, flores y frutos. Cada año el crecimiento del árbol es solo de algunas pequeñas ramas.

Los retoños de cada año brotan de una yema y terminan formando nuevas yemas. Las yemas son el estado de reposo común a la mayoría de los árboles de las regiones templadas en las que la duración de las horas de luz y la temperatura difieren mucho de una estación a otra. Cada una de ellas contiene en miniatura un nuevo brote completo, tanto si es de pequeñas ramas como de hojas o de flores.

Incluso antes de que los brotes del año en curso hayan alcanzado su tamaño final las yemas del siguiente año están ya a punto de aparecer. En junio o julio están completas, aunque el embrión que ellas poseen no nazca antes del próximo marzo o abril. Por tanto es la primavera del año anterior la que ha determinado el crecimiento del año actual.

Una de las yemas de cada uno de los retoños es distinta de las demás: es la que esta más alejada de las raíces, la ultima del vástago, la yema terminal. Cuanto mas vertical este esta yema respecto al centro del árbol mayor será su carácter dominante. Podemos decir que la fuerza de la gravedad es la que lo rige. Ejerce su dominancia mediante la ayuda de las hormonas. Esta yema forma en su extremo las hormonas auxinas y la gravedad se encarga de que se distribuya a las yemas subyacentes. Las auxinas tienen un papel regulador haciendo que la mayor parte de la savia quede disponible para la yema terminal, la cual puede de esta forma alargarse y formar la que será la yema dominante al año siguiente. Esta es la manera en que se desarrollan los árboles de estructura más simple –por ejemplo el abeto rojo-. En un árbol de hoja ancha es valida la misma explicación de la acción de las auxinas pero haciéndola extensiva a toda una serie de yemas terminales a medida que la copa se hace más grande.

Si se elimina la yema terminal la yema inmediata inferior es la que se hace cargo de la fabricación de las auxinas, una yema que sin esta acción hubiera estado en subdesarrollo, talvez una pequeña rama con algunas pocas hojas. Ha nacido una nueva yema terminal.

La meta final del árbol es formar una cubierta que le proporcionara una exposición máxima a la luz. En el bosque toda la luz proviene de lo alto: las ramas laterales languidecen y mueren. Bajo la competencia del los demás árboles solo una pequeña porción de ramas enderezadas puede alcanzar la luz. Pero en campo abierto el árbol construye su copa según el esquema que le es característico, tanto si se trata del gran abanico del olmo como si es el crecimiento en zigzag del roble.

Una de las cosas que simplifica la formación del ramaje es la enorme tasa de mortalidad de las ramas. Muchas de las yemas laterales mueren también. Si una rama produjera y conservara aunque solo fueran dos yemas laterales al año, en diez años el número total de ellas seria de 19683. Sin embargo, si se cuentan las yemas de un abedul de esta edad se encuentra únicamente 238.

Uno de los factores que complica la formación del ramaje son las influencias externas que obligan al árbol a crecer a una determinada altura: entre ellas la luz y el viento son las más importantes.

 

 

 

LAS HOJAS

La estructura leñosa permanente es propia de los árboles. Los órganos temporales que los cubren – las hojas, las flores y los frutos- no son leñosos y tienen la misma función que en las demás plantas.

La misión de la hoja es captar los alimentos. El noventa por ciento de la materia seca que forma el tronco, las ramas y las raíces, están constituida por glúcidos que las hojas han fabricado con la ayuda del cielo. Una hoja es muy pronto capaz de cubrir sus necesidades y cuando ha alacanzando la mitad de su crecimiento ya empieza a exportar nutrientes el resto del árbol.

Las hojas obtienen las substancias nutritivas tanto del aire como del suelo. Del aire mediante la fotosíntesis: exponen a la acción de la luz solar sus finos vasos rodeados de clorofila y llenos de agua. Gracias a la acción de la clorofila se produce una reacción entre el hidrogeno (procedente del agua) y el carbono y el oxigeno (procedentes del anhídrido carbónico del aire). El carbono es el alimento esencial del árbol: a partir de el puede fabricar el almidón y los azucares que necesita. Las hojas son también de gran efectividad como evaporadoras de agua siendo casi tan eficaces como la superficie de un estanque. El intercambio de agua que en ellas se produce es superior a las necesidades de la fotosíntesis e impulsa la circulación de la savia por todo el árbol. Esta agua que las hojas liberan a la atmósfera la bombean de las ramas y de las raíces y por tanto del suelo que circunda a estas. Junto con el agua, que puede llegar a los 900 a 1200 litros que un DIA de verano, las hojas bombean también sales minerales en disolución procedentes del suelo. Esta es la segunda fuente de alimentos sólidos que posee el árbol.

Las hojas tienen una vida corta, aproximadamente una media de seis meses. El tiempo más largo de permanencia de una hoja sobre el árbol es de siete y ocho años (en algunos abetos). La mayoría de las hojas, incluso las de árboles de hoja perenne, caen y son reemplazadas cada año.

La forma de la hoja no es en si misma importantes; puede diferir entre árboles de una misma especia e incluso entre dos ramas de un mismo árbol. Muchos de los árboles de hoja ancha poseen hojas “cortadas”, hojas dentadas, con el borde hendido. Muchas coniferas tienen hojas estrechas en forma de agujas, pero su función es la misma.

El color de las hojas varía según las especies. Un pigmento rojo que enmascara la clorofila les da un tiente cobrizo. Algunas veces el bajo contenido en clorofila les da un color amarillo o dorado. Pero la falta de clorofila significa una menor fotosíntesis y por tanto menor cantidad de sustancias nutritivas, los árboles amarillentos crecen poco. La ultima acción de la mayoría de las hojas es la mas espectacular; se trata de convertir, antes de su muerte, el almidón que poseen en azucares que el árbol puede almacenar en otros órganos como reserva de alimentos. Pero cuando las noches son frías, las hojas no pueden hacer llegar a las ramas los azucares que han fabricado, por lo que estos se acumulan en el tejido foliar. En muchas hojas el resultado de ello es la formación de un pigmento rojo.

 

LAS FLORES

Siempre es difícil el no caer en la trampa del antropomorfismo, es decir, de atribuir a los abetos inanimados nuestros propios sentimientos y móviles. Y esta dificultad se hace cuando uno va a hablar del sexo. ¿Cuál es el motivo, nos vemos obligados a preguntar, por el cual las plantas tienen que pasar por la arriesgada empresa de la reproducción sexual, confiando su semilla a los elementos o a los insectos, cuando ello no le proporciona ningún placer y reduce enormemente las probabilidades de éxito de su reproducción?.

Después de toda la mayoría de las plantas pueden reproducirse también por otros medios; por medio de mamones que nacen de las raíces o forman nuevas raíces a partir de una rama lateral que este en contacto con el suelo o mediante un trozo de planta (esqueje) que formara una nueva planta. Algunas plantas no poseen más que estos medios ya que su sistema sexual ha degenerado y  sus semillas no son fértiles.

Las flores  son los órganos sexuales de las plantas. Existen con el fin de poder intercambiar genes (y por tanto características) con plantas vecinas de su misma especie. Tan difícil como resulta el establecer contacto físico entre un grano de polen de un árbol y el óvulo minúsculo de otro y, sin embargo esto es lo que consiguen las plantas.

Existen tantas formas de flores como de plantas. El sistema de clasificación y nomenclatura de las plantas se basa en gran parte en la forma de sus flores. Hay lo que se llama la flor “perfecta” en la que se encuentran los dos sexos, lo cual debería facilitar las cosas. Sin embargo, (en palabras de CC. Sprengel, que en 1793 descubrió la relación existente entre las flores y los insectos) “la Naturaleza gusta de exponerse a los acontecimientos”. Existen toda clase de impedimentos y barreras para que las flores no puedan autofecundarse. El polen madura en distinta época que el óvulo. A menudo el polen de un árbol es incompatible con los óvulos del mismo o bien si por cualquier causa una flor logra autofecundarse cae del árbol antes de que haya podido convertirse en fruto.

Lo que necesita la flor es que se levante una ligera brisa que arrastre sus granos de polen y los esparza como una lluvia de oro sobre el árbol más cercano.

La polinización mediante el viento es la regla general para los árboles de un bosque. Por tanto sus flores no tienen por que ser vistosas ni tener perfume. Los árboles que necesitan atraer los insectos para que ellos transporten su polen (este es el caso de los árboles que viven aislados y de los que ocupan la periferia de un bosque) tienen flores de forma mas elaboradas. Así los cerezos, las magnolias, los sauces y todos los que constituyen el adorno principal de nuestros jardines. La mayoría de los árboles ornamentales poseen los dos sexos en cada flor.

Hablar de flores en las coniferas no es del todo correcto. Sus flores femeninas se llaman estróbilos. Tienen a estar situadas en lo alto de las ramas mientras que el polen se produce en las ramas inferiores, una precaución muy simple para evitar que el polen pudiera caer y fecundar los óvulos del mismo árbol.

Las flores permiten al floricultor combinar las características apreciadas de dos árboles distintos haciendo un híbrido. Para ello es necesario que los árboles sean genéticamente muy cercanos. Es tan imposible cruzar un sauce y un roble como hacerlo con un perro y un gato. Pero si el ve, por ejemplo, dos pinos, uno mas alto y el otro mas erguido que todos los demás, puede conseguir la polinización de uno de ellos por el otro. Pone un saco sobre el extremo de la rama que lleva los estróbilos femeninos antes de que estos estén maduros y coloca dentro del saco el polen del otro árbol. Con un poco de suerte los pinos resultantes de las semillas formadas serán a la vez altos y erguidos.

LOS FRUTOS

El fruto de un árbol de hoja ancha (o de cualquier planta con flores) es la parte femenina de la flor – el ovario interior con el óvulo en su interior- que ha sido fecundado y ha alcanzado la madurez. El óvulo se convierte en la semilla y el ovario en el pericarpio. Tomemos por ejemplo el melocotón: el óvulo es la almendra que esta dentro del hueso, el ovario es lo que se le cubre. La parte carnosa no esta constituida por el resto de la flor si no por el tallo inmediatamente inferior (pedúnculo floral).

El fruto tiene siempre un solo objeto: poner la máxima distancia posible entre el y el árbol del que se ha desprendido. Para ellos se ponen en juego adaptaciones muy ingeniosas para lograr la cooperación de las aves, los animales y los elementos.

Cuando un árbol reviste sus semillas con una sustancia envolvente de carne dulce, como hacen por ejemplo los ciruelos, esta sacrificando una gran parte del almidón que tanto trabajo le ha costado fabricar con el fin de asegurar la atracción de las aves. A lo anterior se suma la gran cantidad de almidón que ya las flores por si solas ponen en juego con el fin de atraer a los insectos. Se ha calculado que las 200,000 flores de un cerezo usan casi 12 Kg. De almidón.

Casi todos los frutos sirven únicamente de comida para los animales. Pero los árboles de un bosque son tan grandes y viven tantos años que es suficiente que de cada cien bellotas escape una de ser comida, una de cada cien de estas germine y viva hasta llegar a dar una encina adulta, para que la población de encinas se conserve.

La mayoría de las semillas maduran en otoño – en las coniferas el segundo otoño después de su fecundación. Durante el invierno permanecen en reposo en el árbol o en el suelo y germinan durante la primavera siguiente. El frió del invierno es necesario para activarlas y romper su reposo: con ello se evita que germinen en cuanto caen, con lo que morirían al llegar el tiempo de frió.

En una semilla madura se encuentran los primordios de una pequeña raíz, un brote delgado, con uno o dos cotiledones que actúan como órganos de reserva de alimento y generalmente como primeras hojas funcionales de la nueva planta. Los árboles con dos o más cotiledones producen la madera en anillos concéntricos: el esquema clásico de los árboles. Los árboles que solo tienen uno producen haces de fascículos fibrosos que crecen en longitud pero no en grosor. Un ejemplo de “monocotiledónea” es la palmera.

 

COMO FUNCIONA UN ARBOL

El corazón de un árbol esta muerto. Toda la vida del árbol esta concentrada en una banda de células, no más gruesa que una película, que separa la corteza de la madera. Si se rasca la corteza de cualquier tronco viviente se encuentra una delgada capa verde debajo de la cual yace el cámbium (de la palabra latina que significa “cambiar”). Solo el cámbium tiene el poder de formar nueva madera. Si se destruye un trozo de este alrededor del tronco el árbol muere.

El cámbium fabrica simultáneamente tres tipos de nuevas células.  Cada año deposita nuevas células leñosas en su cara interior, engrosando el tronco del árbol. Para adaptarse a este crecimiento en perímetro es necesario que también el crezca. Además tiene que ir añadiendo “folema” por su cara externa, para que también la corteza aumente su perímetro.

 Por esta estrecha banda formada por la corteza, el cámbium y el nuevo anillo de madera, es por donde funciona todo el sistema circulatorio del árbol. La savia asciende por el leño nuevo y desciende por el líber.

Falta aun descubrir el mecanismo mediante el cual las hojas que transpiran a más de 90 metros del suelo, pueden llegar a succionar la columna de agua que les nutre. Se cree que son las raíces las que empujan esta columna pero ello es igualmente misterioso. Actualmente se sabe que en primavera, cuando aun no existen las hojas bien desarrolladas, las raíces son capaces de impulsar el agua y que, una vez formadas, las hojas pueden realizar esta succión nutricia.

Los árboles de hoja ancha han realizado un paso evolutivo sobre las coniferas desarrollando una estructura leñosa con células mas largas, lo cual facilita la circulación de la savia. Una experiencia muy simple permite ponerlo de manifiesto. Si se arranca un pequeño trozo vertical de la corteza de un árbol y se hacen algunos cortes en el leño desnudo con un cuchillo, por encima y por debajo de las zonas de los cortes aparecen unas manchas blancas que demuestran que el aire ha hinchado las células. En un árbol de hoja ancha estas manchas son mucho mayores que en una Conifera.

Pero al poseer células más largas se corre el riesgo de que se formen burbujas de aire en la corriente de savia interrumpiendo el flujo. El verdadero peligro es el agua se hiela (y esto es lo que ocurre con la savia en los inviernos muy fríos), el aire que lleva disuelto forma burbujas. En las células pequeñas, como las de las coniferas, las burbujas se deshacen cuando el agua deshiela.

Recientemente se ha descubierto que en los árboles de hoja ancha la mayor parte de la savia asciende por el anillo del leño formado últimamente. No es necesario que se reconstruya la corriente por el leño del año anterior ya que el cámbium fabrica el leño en primavera, antes de que las hojas empiecen a succionar la savia. Pero este sistema entraña su riesgo. Debido a este procedimiento ha desaparecido el castaño de América y es posible que también ocurra lo mismo con el olmo; los hongos que llegan a matar estas dos especies bloquean las células leñosas del año en curso con lo que también bloquean la corriente de savia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




© HOMERO LARA

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