Sitio oficial del escritor Asley Leyva Mármol

Jácara, el universo de una generacion audaz

Jácara comenzó como un juego de palabras que nos condujo hacia una singular universalidad. No sé si era solo mi percepción onírica o si todos los que me rodeaban en algún momento sentían el deseo de que nos acercáramos a pedirles una colaboración; era una certera manera de ser admitidos como los más recientes autores que pujaban por sus medios para ser escuchados.

Entrevista a Luis Rafael director de Jácara

Luis Rafael: Testimonio de una Odisea inconclusa

Boris Leonardo Caro

En la presentación del primer número de la revista, usted afirmaba que hacer una revista era reeditar la Odisea. ¿Cómo ha sido la "Odisea" de Jácara?

La historia de Jácara es una historia que se hace a sí misma. Cuando las personas llegan a lo alto del Kilimanjaro dicen que siempre habían pensado que esa era su meta, sin embargo la verdad es que fueron subiendo escalones y de pronto descubrieron que podían llegar a la cima y entonces llegaron. Esa es la historia de Jácara. La revista comenzó siendo un proyecto ingenuo. Estábamos en la Facultad de Letras del Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona, y había un grupo literario allí, un poco esnobista, un poco nihilista, que decía que no era posible hacer una publicación en esa Facultad porque había no sé cuantos problemas. Entonces nosotros, un grupo perdido en lo profundo de la facultad, hicimos ese primer número para demostrar que sí se podía. Pero ya hacer ese número, preparar esa primera edición de Jácara, fue una gran fiesta, sobre todo porque estuvo dedicado a Martí y supuso volver los ojos a una tradición de la cual consideramos que somos parte. Entonces empezamos a tomar conciencia de que la revista comenzaba a ser algo necesario para nosotros como jóvenes escritores, para trascender ese grupo nihilista de la facultad y para empezar a ser literatura propiamente. El segundo número lo dedicamos a Eliseo Diego, que había acabado de recibir el Premio Juan Rulfo. Entendimos que no era un poeta suficientemente validado, suficientemente reconocido y nos pareció una ocasión idónea esta del Premio para hacer un número en su homenaje y para hacer ver a todos el valor de Eliseo más allá del Grupo Orígenes y más allá de la poética de José Lezama Lima. Eliseo Diego vale tanto en el Grupo Orígenes como Quevedo y Góngora en el Barroco. Eliseo y Lezama son figuras independientes de un mismo movimiento, de una misma época, pero que tienen sus poéticas con ciertas afinidades y con muchísimas distancias, y no distancias de calidades sino estéticas, de preocupaciones filosóficas, motivadas por la formación de cada uno y por lo que quieren hacer con su literatura, incluso, sus posturas vitales. Ese fue el segundo número de la revista, un número que nos regaló la amistad con la viuda de Eliseo, con su hija Fefé y nos regaló la amistad también de Cintio Vitier y Fina García Marruz. Esto fue fundamental para Jácara porque si antes teníamos un vínculo, una empatía hacia Orígenes desde el punto de vista literario, comenzamos a tenerlo también desde el punto de vista humano. Luego nos ganamos por obra y gracia de esa amistad con los origenistas y esa filiación con los origenistas, la enemistad de los ciclonistas. Esto resultó un fenómeno interesante porque apreciamos ciertas turbulencias del discurso artístico literario cubano similares a las presentes en la evolución de las literaturas en el mundo. Sin embargo, este rechazo sobre todo nos motivó más en nuestra senda. Así que en vez de desilusionarnos cuando ciertos críticos comenzaron a hablar de las revistas de jóvenes y no mencionaron nunca a Jácara, conociéndola porque se la habíamos enviado y sabíamos que la habían leído, pues decidimos hacer un número, ya que el grupo cumplía un año, dedicado a nosotros. Un autohomenaje. En este caso hicimos un número un poco dadá, un poco surrealista. Sacamos una foto del grupo y después de hacerle muchas fotocopias las recortamos y las pegamos en los emplanes, es decir, ilustramos con pedazos de nuestras fotos las páginas. Uno de los miembros del grupo, que al final estudió Historia del Arte, Larry Javier, rellenó con algunos dibujos los márgenes. La revista ya empezaba a tener la estructura actual. A partir de ese número Jácara iba a salir siempre manuscrita e ilustrada con viñetas, a línea, de pintores. Aquí explicitamos nuestra estética y nuestras preocupaciones culturales y literarias. Hicimos notar, esencialmente, la madurez del grupo en cuanto a la unidad de pensamiento que había, de aspiraciones y, sobre todo, a la estética que estábamos manejando con ciertas afinidades, aun dentro del gran abanico de diferencias que debe haber dentro de cualquier grupo para que sea genuino. Luego vino un número cuatro que dedicamos a otro grande de nuestra literatura también bastante postergado, relegado, que es Luis Rogelio Nogueras, el Wichy. Nos sirvió para consolidarnos un poco más y para seguir haciendo homenajes a esas figuras que consideramos fundamentales en la tradición literaria moderna. La quinta salida fue una antología de poetas jóvenes cubanos. Ese número tiene un prólogo donde se habla de esta nueva generación de poetas y desmiente las aseveraciones de los que pertenecientes a las generaciones anteriores, decían que ya no había nada que hacer en la poesía, que los poetas jóvenes no estaban haciendo nada bueno. En ese prólogo, grosso modo, se dan las características de la nueva generación; y en el epílogo, Asley Mármol, entonces Sub-director de la revista, hace un panorama somero de la poesía cubana e inserta a esta generación que estamos presentando en la tradición literaria. Pienso que es algo útil que ha venido haciendo también Jácara: enseñarle a los jóvenes escritores que son parte de una evolución literaria, dónde están, sobre qué hombros están parados, y entonces explicarles por qué ven más lejos. El número seis estuvo dedicado al Grupo Orígenes, al gran legado que ha sido ese grupo a la literatura cubana. Nos parece que es la pléyade mayor de las letras cubanas del siglo XX, sobre todo porque es la mejor y más original continuidad del ideal modernista de José Martí, que involucra a la sociedad con los presupuestos artísticos y literarios. Ese número nos trajo otras satisfacciones porque fue presentado en Casa de Las Américas por Roberto Fernández Retamar, quien elogió significativamente a la revista. Además, porque coincidió que Casa de las Américas quería hacer un homenaje a Gastón Baquero, muerto en aquellos días, y Jácara había publicado, por vez primera en una revista cubana, un poema de este autor. La presentación, pues, se convirtió en homenaje merecido a Gastón Baquero. El séptimo número estuvo dedicado a España, a la influencia y confluencia de la literatura española en las literaturas hispanoamericanas. Aquí aparecen trabajos que evalúan desde la gramática y los presupuestos por los que Nebrija hizo su gramática, concluida en un año tan significativo como el 1492, hasta trabajos donde se ve la vinculación de la literatura española con las literaturas hispanoamericanas a través de cartas cruzadas entre Jorge Guillén y Chacón y Calvo, o a través de trabajos sobre la relación que se establece entre la generación de Orígenes y la generación del 27 española. Creo que las literaturas no están separadas por las geografías. Si algo separa a las literaturas más allá de las épocas es el idioma, por lo tanto me gustaría hablar de una literatura en lengua española que más o menos tiene búsquedas semejantes hágase en México, Cuba o en España. De eso también trató el número dedicado a España, de la existencia de un cuerpo literario común que era válido que se reconociera como tal. Luego hicimos un número sobre la literatura para niños y jóvenes, siempre relegada a revistas especializadas de niños y jóvenes que sólo leen especialistas y que los niños no leen. Entonces quisimos hacer desde Jácara un número especial sobre el tema donde publicamos desde literatura escrita por niños, literatura escrita para niños y ensayística sobre el tema, hasta literatura para adultos donde el niño era sencillamente personaje. Este número estuvo ilustrado por Alfredo Sosabravo. Nosotros conversamos con varios pintores ya reconocidos de la plástica cubana para que ilustraran la revista, gratuitamente, desinteresadamente, y ninguno se negó. Así la revista ha sido ilustrada desde el número 4 por el joven Roberto Diago hasta el número cinco ilustrado por Zaida del Río, el seis por Fabelo, el siete por Nelson Domínguez, el ocho por Sosabravo y el número nueve por Pedro Pablo Oliva. El número nueve está dedicado a América y al cuerpo literario que es la literatura hispanoamericana. Aquí, por lo tanto, hacemos revisión del enfoque con el que usualmente se ha visto el romanticismo en América, la vanguardia... Retomamos temas un poco desdeñados o ya desconocidos como el "Deslinde poético" de Alfonso Reyes, un texto fundamental en la literatura hispanoamericana en tanto es un intento de hacer una teoría literaria hispanomaericana como el que hizo Mariátegui, como el que luego ha seguido haciendo Roberto Fernández Retamar. Aludimos a la fraternidad que se ha producido entre figuras como, por ejemplo, Eliseo Diego y el poeta nicaragüense José Coronel Urtecho, a través de un grupo de manuscritos de este sobre la poética de Diego. Publicamos a escritores cubanos de relieve como Serafina Nuñez, como Jesús Orta Ruiz, otros como Basilia Paspamatiú, argentina radicada en Cuba, una poetisa muy particular. En la sección "¿Qué es? ¿Cómo se hace?", invitamos a Lina de Feria a explicar qué es y cómo se hace un poema. También presentamos un trabajo muy interesante de un profesor de la Universidad de Río de Janeiro explicando las particularidades del postmodernismo brasileño. Hay textos además de cubanos que están en el exterior, de extranjeros que están en Cuba, e incluso, hasta manuscritos de Pablo Neruda que hemos podido conseguir. Jácara ha sido en estos años un poco la maravilla de la confluencia y de la concurrencia. Es lo que hemos tratado de hacer en cada una de las ediciones de la revista y también en las colecciones del sello editorial Jácara destinado a presentar a jóvenes poetas y que han supuesto el primer libro de poetas que ya comienzan a inscribir su nombre en la lista del nuevo canon que re-establece en la literatura cubana y que tendrá a la larga que imponerse también en la literatura en lengua española. En el epílogo de Ásley L. Mármol que usted citaba, se establece una división generacional entre poetas que siguen atados al "fantasma conversacional y la herencia existencialista de los poetas de la década de los '80" y otros bajo la sombra de Orígenes, de cuyos autores, especialmente Eliseo Diego, se consideran epígonos.

¿A qué se debe este afán por diferenciarse explícitamente del resto de los poetas que les son contemporáneos?

No creo que haya un afán de diferenciarnos como generación como en efecto somos que una generación algo distinta de la inmediatamente anterior a nosotros. Sucede que la dialéctica es una verdad histórica, la evolución de todo se plantea desde la dialéctica: siempre hay negación y continuidad, ruptura y continuidad, como prefiero llamarle. Nosotros somos un poco ruptura, pero también somos continuidad. La generación de Jácara tiene el gran aserto de retomar la tradición de la literatura cubana, de reconocerse parte de una tradición. Nosotros consideramos que hay una tradición y que estará condenado al fracaso quien la ignore. Nosotros estudiamos esa tradición y tratamos de darle continuidad desde la modestia de nuestras obras. Y eso justamente es el postulado que nos hace una generación distinta, una generación nueva. Somos herederos de las fuentes primarias de la literatura universal, de la gran tradición literaria española y de la gran tradición hispanoamericana. Más inmediatamente de la literatura de José Martí de sus aspiraciones literarias y de ese replanteamiento del modernismo que se produce en la generación de Orígenes y que deseamos continuar y encauzar a partir de la época en la que vivimos y del contexto en el cual hacemos la literatura que hacemos.

¿Por qué una revista manuscrita?

Jácara es una revista manuscrita por muchas razones: primero, porque es una revista fuera de moda o fuera de las modas, y la moda es la infomática, la eléctrónica, las computadoras y las letras en computadora; segundo porque queremos hacer bastante explícito nuestro afán de ir a la tradición y nuestro afán de ir al individuo. Desgraciadamente las revistas publican en un mismo tipo de letra, en un mismo cuerpo de texto, a todo el mundo, sin diferencia. Jácara da la oportunidad a los autores de comunicarse desde sus ideas pero también desde sus grafías, le da la posibilidad a los lectores de conocer más a los autores y además asumir el reto de la literatura no sólo como reto de interpretación sino también como reto de descubrimiento, de poder descifrar esos manuscritos que muchas veces son y no el autor.

¿Qué estrucutura tiene la revista?

La revista no tiene estructura fija. Tiene un grupo de secciones que más o menos le dan cuerpo y que pueden ser valiosas como el "¿Qué es? ¿Cómo se hace?" donde solicitamos a los escritores que expliquen qué es y cómo hacen un determinado género. Ya lo han escrito varios: Lina de Feria sobre la poesía, Pablo Armando Fernández sobre la novela, Heras Léon sobre el cuento... La página del centro siempre la reservamos paran una gran sorpresa, la reservamos para algunos manuscritos especiales. Allí han aparecido manuscritos de Eliseo, Dulce María Loynaz, Pablo Neruda, Cintio y Fina. El inicio de la revista es casi siempre con poesía, luego hay un cuerpo de ensayística, usualmente también aparecen testimonios sobre escritores, una sección de artículos literarios, una sección de reseñas y, por último, a partir del número seis introdujimos una sección con opiniones, también manuscritas, sobre la revista, opiniones que recibíamos y que no teníamos donde publicar. Así fue que decidimos empezar a sacarlas en la revista. Ese es el cierre de cada uno de los números de Jácara.

¿De qué manera se distribuye la revista en Cuba y en el extranjero?

Jácara tiene canales de distribución subterráneos. No se distribuye por las pautas oficiales, se le envía a los colaboradores ante todo dentro o fuera de Cuba, donde estén. Se le hace llegar también a los amigos de la generación. Mandamos ejemplares, por supuesto, a las bibliotecas de Cuba, a las universidades y, en el extranjero, a las bibliotecas y universidades más importantes. Los corresponsales que tenemos en más de treinta países se encargan de reproducirla muchas veces, de hacer llegar su contenido a otras gentes, de divulgar su contenido y de situarla en bibliotecas importantes donde la mayoría de la gente interesada de verdad en la literatura y no en las modas literarias pueda encontrar Jácara y pueda leerla.

¿Cómo han conseguido tener tantos corresponsales en el exterior?

Los corresponsales se han hecho ellos mismos y no cometo traición si te confieso que inicialmente hubo varios corresponsales apócrifos. Jácara es una revista muy dispuesta a los juegos literarios y estos pueden ir desde seudónimos y heterónimos hasta corresponsales falsos, opiniones falsas, cartas falsas o supuestamente falsas porque desde que son en la letra, forman parte de la verdad más auténtica. Así nos hemos encontrado con personas en eventos, fuera y dentro del país, que han querido ser corresponsales, los hemos acreditado como tal y han tomado esta tarea muy en serio. Ellos se consideran parte de Jácara y de hecho lo son; son parte de lo que Jácara publica, de las colaboraciones que Jácara recibe y también de los éxitos de Jácara y del reconocimiento que poco a poco va ganando en Cuba y en el resto del mundo.

¿Por qué decidieron crear un sello editorial propio?

Hacemos un sello de ediciones Jácara, pues Jácara no es sólo una revista, es un movimiento literario que se expresa ante todo con la revista, pero también necesita de otras publicaciones y dar a conocer a jóvenes escritores que son valiosos y que en las grandes casas editoriales no tienen cabida aún. Algo muy singular, relacionado con este tema, es que en la revista se publica sin fichas a los jóvenes poetas junto a las grandes figuras de la literatura. Usualmente las revistas ponen una notas de los colaboradores, y el lector que está mal acostumbrado, que se guía por lo que dice la crítica, piensa que debe hacer caso sólo al que es catedrático y no al joven. Lo que deseamos es eliminar esas fronteras y que el escritor joven pueda competir, o estar al menos a un nivel más parejo con el escritor famoso, con la figura; al tiempo que la obra del escritor consagrado sirve a la obra del escritor joven para colarse en una tradición y también en un momento literario. Uno de los méritos de Jácara es que ha presentado a muchos escritores que hoy están colaborando con las publicaciones nacionales o internacionales pero que nadie quería publicar hasta que publicaron en Jácara, la revista que sí se arriesgó a dejarles una página o veinte para que pusieran ahí sus textos. Pues bien, para esos jóvenes, para esas ediciones príncipes es que hemos hechado a andar el sello de las ediciones Jácara, ediciones que nunca pasan de los cien o doscientos ejemplares. Estos libros tampoco se venden, se regalan, pero indican el primer paso en la carrera de escritores que van a dar de qué hablar y aportarán los suyo al cuerpo literario.

¿En qué condiciones se encuentra, a su criterio, la literatura cubana en la actualidad?

La literatura cubana en la actualidad es difícil de ver desde la actualidad, creo que habrá que verla en el futuro. En lo que a mí respecta, y en lo que respecta a muchos de mi generación, no nos detenemos a pensar en qué condiciones está la literatura en la actualidad sino que tratamos de producirla. Y cuando hacemos literatura no es para causar la envidia o la admiración de nuestro vecino o de nuestro contemporáneo. Lo hacemos para causar la envidia o para ganarnos la amistad, lo cual también es válido, de Cervantes, Shakespeare, Dostoievski o el Dante.

¿Qué importancia le atribuye usted a Jácara entre las revistas cubanas y para la literatura contemporánea?

Creo que Jácara es importante, primero, por existir. Además, por ser una revista dirigida por jóvenes; por presentar desde sus páginas una literatura nueva. La gran justificación para hacer una revista, y para que Jácara siga existiendo, es presentar nuevas literaturas, presentar a los jóvenes y echarlos a la historia. Una revista, cuando es auténtica, no ambiciona parajes de gloria, sino cuestas de sol, el viaje difícil hacia el futuro y, caminantes, lo sabemos, se hace camino al andar. Ítaca espera.

 

 

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