Angel Rafael Nungaray

Poetas vivos de Jalisco

 

Raíz del cielo en el temblor de la poesía

Sí existe un colibrí en la poesía, un movimiento rápido y luminoso, profundo y etéreo, éste sería Melissa Nungaray. Poeta del temblor del instante. Poeta del ver. Vivir, tener edad y experiencia no es suficiente para escribir. Muchos creen que estos tres elementos dan mayor credibilidad a lo que se escribe. Afortunadamente el poema nada tiene que ver con la verdad o con la mentira. Con la credibilidad o con el engaño. Existe algo que separa al poeta del poeta. Y ese algo es tan sencillo como sus versos. Cuando Melissa escribe:


La patria

es un símbolo de miedo

y la vida una flor

como la esperanza.


Uno sabe que es un poeta quien escribe esos versos. La edad nunca ha sido un requisito indispensable para la poesía, aunque a nuestra instituciones y a algunos poetas les ha dado por empeñarse en separar a todos en edades y necias generaciones. Es tan absurdo juzgar a un poeta por su edad para bien o para mal, tan absurdo como si nos negáramos a leer a los mayores de treinta sólo por la frese aquella de “desconfía de los mayores de treinta años”, como absurdo sería sólo leer a mayores de cincuenta años sólo porque ellos ya han vivido, tienen experiencia y (supuestamente) saben de lo que escriben.

Al poeta se lee y eso es todo.

No creo que la edad tenga que ver con la inocencia, pues pienso que todos somos inocentes. Tampoco creo en la inocencia como pureza, ni la inocencia como sinónimo de ignorancia. Creo en la inocencia como ese instinto creador que nos lleva a hacernos preguntas o a darnos respuestas dentro del poema.

La poeta Melissa Nungaray no es inocente porque ignore o porque tenga siete años (y creciendo); es inocente porque dentro de su poesía nos enseña, nombrando, invocando y evocando, cada uno de los sujetos que conforman un serio mundo poético y real que nos rodea y aturde. Raíz del cielo debe leerse no de principio a fin. Hay que entrar en él como en todo buen libro de poesía, a brincos lentos y a chispazos de lectura.


El viento y la flor

son una naturaleza

se van creciendo.


Y así va creciendo la doble naturaleza del principio del poeta mago, del poeta brujo, del poeta que hace de cualquier elemento una iluminación. La poesía de Melissa Nungaray viene de un fuego primigenio de la vida, viene de la primera noche del hombre, eco de cuando las cosas comenzaron a tener nombre, de cuando la naturaleza comenzó a colgar entre sus ramas a la poesía.

No preguntemos: ¿cómo pasa eso?, ¿cómo una niña (ahora y siempre) nos habla con voz de sabio y nos sienta alrededor de la hoguera de las visiones? Nos muestra el calor humano y nos dice las cosas como ella las ve. No preguntemos: ¿Cómo sucede esa magia? Disfrutemos, disfrutémosla como se goza la poesía.

Siento mucha pena por aquellos seres que no puedan compartir el gozo, que no puedan con un buen corazón acompañar la magia de la poeta Melissa Nungaray. Pero así es esto. Lo que nos pide la poeta en su poema “Los poetas”:


Los tigres, los perros, los diablos y los ángeles

se juntaron para ser una buena familia

inspirados por Dios.

“Ser una buena familia”, parece que tardará un poco. Pero Melissa, como poeta, lo ve venir y lo evoca para paz y felicidad nuestra. Al leer Raíz del cielo me doy cuenta de que la poeta Melissa Nungaray no es creadora de arte, es creadora de Naturaleza.

Algo que muchos creadores aspiran alguna vez llegar a crear. Porque el arte se imita y la naturaleza se crea a sí misma. Melissa se crea a sí misma. Aunque muchos crean lo contrario.

Melissa Nungaray, poeta nacida entre poetas, sabe que el tiempo es hoy más relativo que nunca. Que es la imaginación dentro del espacio poético lo que impera.

Son los poemas dentro del temblor de la poesía de Melissa los que harán, en algún momento, raíz, sí, pero del cielo.

Raíz del cielo, del sueño, del habla, raíz de la poeta Melissa Nungaray cuando escribe, casi profetizando:


El libro se abre

entre los ángeles

entre las raíces del cielo.

 

                                                                            Marco Fonz

                                                                              

 

 

Sobre Alba-vigía

Melissa Nungaray no es una promesa de la poesía mexicana, es una realidad que nos aplasta con su grandeza. A su corta edad (hoy cuenta con 9 años) ya tiene varios libros publicados y va deslizándose con maestría innata entre la metáfora y la imagen que se queda en el lector, como se queda una postal ya conocida dentro de la reflexión que nos asalta al comprender aquello que nadie puede explicar.

De forma increíble Melissa se convierte no en la vocera de la humanidad sino en la conciencia de la misma humanidad monstruosa y caníbal.

No dudo que Melissa no persiga convertirse en la conciencia de alguien más y de su imprescindible existencia. ¿A caso no son la locura y la infancia las etapas más honestas de nuestra vida en sociedad? ¿No es entonces Melissa una voz nueva de la conciencia de nuestra estresada sociedad?

Melissa podría ser la existencialista del Siglo XX y haber saltado dentro de la máquina del tiempo para llegar a nuestro inicio de milenio sin problema alguno para adaptarse; pero seguro, es un alma vieja que ha vuelto del Nirvana con sus ojos ancestrales y su alma sabia. Es una palabra suelta en el aire que flota de una orilla del mundo hacia la otra parte que nos arranca los suspiros. Y pese a otras opiniones, creo que Melissa es una esperanza nueva en carne y hueso para la poesía mexicana.

Este libro es, lejos de lo que a primera y distraída lectura pareciera, una emisaria de la esperanza genuina, del amor que nos anuncia la redención y del resurgimiento de nuestra esencia imperfecta conversa en Ave Phoenix.

Melissa Nungaray se sabe frente a la puerta de la pubertad —época épica del descubrimiento de una misma— como una oruga que se cristaliza para convertirse en crisálida. No parece que esto le provoque temor sino que se expone como una colonizadora de los miedos y avezada exploradora de las vértebras de la vida que como olas en picada, producen ecos en el huracán del salto cosmogónico de la humanidad en pleno siglo XXI.


El mundo contempla

la resistencia de la vida

cuando quito la corteza

de mi humanidad.


Mónica Gameros

 


Melissa Nungaray

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                         

 

 

 

 

Collages de Melissa Nungaray

 

 

                                                                            

  

 

 

 

Dibujos de Eduardo Gutiérrez de la Cruz

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  Ilustraciones: © Rocío Coffeen