Durante cientos de años de profesión, las Universidades han formado centenares de miles de profesionales con
las titulos oficiales universitarios de " Peritos", " Directores de Industrias", "Técnicos
Industriales", "Peritos Industriales", "Ingenieros Técnicos",
"Ingenieros Técnicos Industriales", y finalmente "Ingenieros Técnicos especialistas". Todos
ellos han contribuido decisivamente en el desarrollo tecnológico y en el
bienestar de los ciudadanos de nuestro país.
Las enseñanzas industriales en España en 1867 mostraban un panorama muy
sombrío. En 1857, la Ley
Moyano había consagrado la desaparición de la enseñanza
elemental como enseñanza vinculada a la ingeniería. La enseñanza elemental
desapareció como estudio independiente puesto que se transfirió a los
institutos de 2ª enseñanza en forma de “enseñanzas de aplicación a las
profesiones industriales”. En los citados institutos se accedía a los diez años
para cursar estudios generales durante dos períodos docentes, finalizados los
cuales se abría, ahora, la posibilidad de cursar las citadas enseñanzas de
aplicación a las profesiones industriales.

La Ley Moyano,
al transformar las escuelas industriales profesionales (antes llamadas de
ampliación) en superiores, extinguió las enseñanzas profesionales. Tras el
cierre de otras escuelas superiores industriales (Gijón y Vergara en 1860,
Valencia y Sevilla en 1865 y 1866 respectivamente) desapareció también el Real
Instituto Industrial de Madrid en 1867. Así pues, la Escuela de Barcelona, a
partir de 1865 conocida con el nombre de Escuela de Ingenieros Industriales de
Barcelona, fue la única en su categoría. La Escuela logró subsistir gracias al acuerdo
tripartito para compartir su sostenimiento entre el Estado, la Diputación de Barcelona
y el Ayuntamiento de la ciudad y, en 1868, puso en marcha, en horario nocturno,
unas enseñanzas para obreros.
Esta situación empezaría a cambiar durante el sexenio revolucionario
(1868- 1874). El 21 de octubre de 1868, el ministro de Fomento Ruiz Zorrilla
promulgaba mediante decreto la libertad docente, a la vez que declaraba que “
la enseñanza es libre en todos sus grados y cualquiera que sea su clase”; por
lo que se autorizaba la fundación libre de centros de enseñanza. En enero de
1869, otro decreto autorizaba a las diputaciones provinciales y a los
ayuntamientos a fundar libremente con fondos propios toda clase de
establecimientos de enseñanzas. Al calor de este decreto surgieron diversos
centros en numerosos lugares, e incluso alguna universidad, como la Libre de Córdoba.
En pocos lugares se intentó crear una enseñanza industrial para obreros,
aunque cabe citar la
Escuela Libre Profesional de Huelva y la Escuela Industrial
de Artesanos de Valencia. En 1871, el Conservatorio de Artes de Madrid creó la Escuela de Artes y Oficios
de Madrid, nocturna para obreros, y que serviría de modelo a aquellas que
proliferarían por toda España durante la Restauración. Así,
por ejemplo, en 1873 la
Escuela para obreros de Barcelona daría lugar a la Escuela Libre
Provincial de Artes y Oficios de Barcelona, agregada a la Escuela de Ingenieros
Industriales de Barcelona y sostenida por la Diputación provincial.
Trece años más tarde, el Real Decreto del 6 de noviembre de 1886
potencia la Escuela
de Artes y Oficios de Madrid, que adquiere la categoría de Central (Escuela
Central de Artes y Oficios de Madrid), y se crean otras siete Escuelas de Artes
y Oficios nocturnas, sostenidas por el Estado, en Alcoy, Almería, Béjar, Gijón,
Logroño, Santiago y Vilanova i La
Geltrú, con el objeto de “ instruir maestros de taller,
contramaestres, maquinistas y artesanos”.
En el período comprendido entre 1886 y 1900, las Escuelas de Artes y
Oficios cambian sucesivamente de nombre: Escuelas de Artes e Industrias,
primero, Escuelas Superiores de Artes e Industrias, después. En 1895, el Real
Decreto del 20 de agosto establece el Plan de estudios que se podrá cursar en la Escuela Superior
de Artes e Industrias de Madrid, que da la posibilidad de obtener el título de
Perito mecánico – electricista. Dado que en 1989 se había creado la Escuela de Ingenieros
Industriales de Bilbao, el siglo XIX finaliza con dos Escuelas de Ingenieros
Industriales en España (Barcelona y Bilbao), con una estructura incipiente de
escuelas de enseñanza elemental y una única enseñanza de carácter marcadamente
profesional en la Escuela de Madrid que
otorga los primeros títulos de perito.
Fomento del Trabajo Nacional, organización patronal catalana, inspiró el
sentido de la reforma de la instrucción pública en España con su proyecto de
Escuelas Industriales, presentado en 1900 al ministro de Instrucción Pública y
Bellas Artes. Así, el Real Decreto del 17 de agosto de 1901 estableció los ejes
de la reforma de las enseñanzas industriales, organizando las enseñanzas
técnicas especializadas en estudios elementales y superiores de industrias. Los
primeros se impartirían en los Institutos provinciales y darían lugar al
certificado de Práctico industrial; los segundos se debían cursar en las nuevas
Escuelas Superiores de Industrias (las antiguas Escuelas de Artes e Industrias,
antes llamadas de Artes y Oficios) con el objeto de formar Peritos. En la Exposición del RD a la Reina regente puede leerse:
“Con la creación de las escuelas elementales y superiores de industrias,
trátase de formar prácticos y peritos bien instruidos en todos los pormenores
de la técnica industrial y avezados a las prácticas de taller”.
La reforma de Romanones creó Escuelas Superiores de Industrias en Alcoy,
Béjar, Cartagena, Gijón, Las Palmas de Gran Canaria, Madrid, Tarrasa, Vigo y
Vilanova i la Geltrú,
lo cual significaría, para algunas de ellas, la consolidación de sus escuelas
inicialmente llamadas de Artes y Oficios. En las nuevas escuelas se otorgarían
certificados de Mecánico, Electricista,
Metalurgista ensayador, Químico o Aparejador, según el caso,
títulos que darían derecho a ejercer las profesiones respectivas y a matricularse
en las Escuelas Superiores de Ingenieros Industriales de Barcelona y Bilbao,
así como en la Escuela
Central de Ingenieros Industriales de Madrid que se creó en
este mismo Real Decreto.
Sin lugar a dudas, en España y en el ámbito industrial, debemos
considerar el Real Decreto del 17 de agosto de 1901 de Romanones como punto de
referencia de la creación del título de Perito, es decir, de una nueva
profesión. A modo de ejemplo, en el libro conmemorativo L’Escola Industrial de
Terrassa 1902–2002. Cent Anys de Vida Universitària, que incluye la relación de
titulaciones impartidas por la escuela por años y especializaciones, para 1902 leemos: Título Perito - Especializaciones
Mecánica, Electricista, Químico, Industrias Textiles.
Una instancia elevada a Instrucción Pública, en representación de los
Peritos mecánicos electricistas que obtuvieron su título en la Escuela Superior
de Artes e Industrias de Madrid, solicitando que “se determinen los cargos para
los cuales habrán de ser preferidos los poseedores del mencionado título”, dio
lugar a la Real Orden
del 26 de agosto de 1903, que dispuso que los alumnos “ que hayan obtenido el
título de Perito mecánico electricista” en la Escuela Superior
de Artes e Industrias de Madrid “con sujeción al plan de estudios del 20 de
agosto de 1895, o el certificado equivalente, con arreglo al del 4 de enero de 1900,
y los que en la citada o en otra escuela adquieran el título de Perito
industrial en las condiciones que determinan el Real Decreto del 17 de agosto
de 1901 y su complementario de 10 de enero de 1902, se han de considerar
oficialmente autorizados:
1. Para servir de ayudantes a los Ingenieros Industriales, con
preferencia a cualquier otro aspirante que no acredite haber cursado y aprobado
éstos o más extensos estudios.
2. Para firmar proyectos y realizarlos en obras particulares cuya importancia
no exija la intervención de un Ingeniero industrial.
3. Para informar como Peritos en cuestiones de su especial competencia.
Además, serán preferidos en el Ministerio de Instrucción Pública y
Bellas Artes, y recomendados por éste a los demás Ministerios, para la
provisión, dentro de la demás condiciones que la regulen, de aquellos cargos
públicos que requieran conocimientos técnicos de su especialidad”.